Todo el mundo que ha estudiado un poquito de Historia y de economía conoce lo que se ha llamado el Milagro Alemán y el Milagro Japonés. Esto no es más que la extraordinaria recuperación económica que tuvieron Alemania y Japón después de ser destrozadas en la Segunda Guerra Mundial.

La verdad es que a priori puede parecer algo increíble: que un país destruido, sin infraestructuras en pie, socialmente inestable y prácticamente sin economía llegue en 20 años de nuevo a la cabeza de los países más ricos y desarrollados del mundo. Influyeron muchas variables, claro, pero para mí la clave está en una de ellas: el Efecto Experiencia. Es gracias a él que su capacidad de recuperación ha sido infinitamente mayor.

El Efecto Experiencia es lo que llamo yo a los conocimientos acumulados por las propias personas, que en este caso es lo que para mí volvió a levantar sus países a pesar de no tener prácticamente medios materiales. O sea, la materia prima humana: el saber hacer, lo que queda almacenado en las personas cuando un país ha llegado a ser uno de los del grupo de cabeza. El saber hacer bien y de un modo eficiente un trabajo, y también los conocimientos técnicos en los que han apoyado la economía de su país cuando estaba en la cima; el saber de qué modo funcionan bien las cosas, en definitiva. Teniendo esto y algo de paciencia, y sabiendo utilizar las rentas obtenidas por el camino, lo normal es devolver su país a donde estaba antes de la destrucción.
Y esto es lo que no ha tenido España en los últimos 2 siglos y pico. España a inicios del siglo XIX era un imperio empobrecido porque seguía haciendo las cosas del mismo modo que en el siglo XVI; del modo que le había hecho convertirse en el país más poderoso, pero dos siglos más tarde: un imperio que no había sabido adaptarse a los tiempos. España era un país sin industria, con escaso interés por tenerla, cuyas bases populares no tenían prácticamente cultura, a pesar de existir una burguesía liberal que sí la tenía y que pretendía tirar del país palante: pero si el país, o sea, el pueblo en general, no pone de su parte poco se puede hacer. La revolución de la Edad Moderna fue la democratización de la capacidad de crear riqueza: desde entonces la cultura y la educación del pueblo son la base para la riqueza futura, y sabiendo que en España no había de eso, es normal que acabáramos como acabamos.
Esto es lo que veo que está cambiando últimamente. Hemos mejorado mucho, sobre todo y en primer lugar gracias al ímpetu del propio país, las ganas de mejorar después de mirarnos en el espejo de Europa. Esto ha hecho que avancemos en varios aspectos, y en algunos de ellos convertirnos incluso en un país innovador: la innovación es la consecuencia del saber hacer bien las cosas y tener la inquietud para incluso mejorarlas: así es como estamos adquiriendo la Experiencia.
Por supuesto, queda mucho, muchísimo, todavía por mejorar, aún estamos bastante atrás en la mayoría de los aspectos con respecto a los países más avanzados de Europa; pero seguimos teniendo el ímpetu y las ganas de mejorar, cosa que invita al optimismo.
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