Esto es algo que llevaba bastante tiempo dándole vueltas en la cabeza. No por nada, sino porque siempre me ha chocado el que escriba de un modo distinto al que hablo: que el castellano que uso para expresarme por escrito luego no se corresponda con mi manera de hablar andaluza. Así que me lo planteé, hace varios meses por primera vez, sin éxito, más como un reto personal que como otra cosa. Partiendo de ahí, pues he estado mirando cómo poder plasmar por escrito mi modo de hablar, el dialecto andaluz (con unos rasgos más bien generales), de un modo que refleje lo mejor posible nuestra manera de expresarnos. Aunque bueno, como ya digo, más que nuestros, de todos los andaluces, son los míos y los que he observado a mi alrededor, porque de otro modo sería imposible recopilarlos todos.
La cosa ha sido bastante complicada, porque no hay un único modo de hablar ni unos fenómenos lingüísticos uniformemente extendidos por nuestro territorio; ni siquiera sé dónde acabaría o empezaría el territorio al que pudiera aplicársele esta gramática. Pero aún así es imposible negar que los andaluces en general tenemos un modo de hablar genuino y una gran parte de fenómenos comunes que diferencian nuestra habla del castellano normativo. Así que aquí lo que pretendo hacer es una recopilación de los más comunes y más generales para dar forma a una hipotética gramática propia; que sería una propuesta más que otra cosa, pues ya existe por ahí alguna otra tan válida como esta.
- Nivel 1: adecuación de las palabras a la eliminación de fonemas
Vamos, lo más común por estas tierras: el no pronunciar las s y demás consonantes de final de palabra/sílaba, menos las que acaban en n, y algunas en r y l. Hay bastantes salvedades, pero habría que estudiar palabra por palabra y ver cómo se pronuncia cada una para establecer una regla o unas excepciones más concretas.
También el comernos muchas d entre vocales, especialmente en los participios. De este modo los participios pasarían a ser comío por comido, acabao por acabado, etc, o los adjetivos derivados de participios, como atontao, colgao, etc. De hecho es un fenómeno que se está produciendo ya incluso en buena parte del resto de la península. Por supuesto, en femenino también funcionaría, aunque el -ada del final se transformaría en una á, acentuada: atontá, colgá, etc.
Para representar esto he tenido que inventarme algún modo de representarlo por escrito. Y he llegado a que la representación escrita más lógica y que más se adecúa a estos sonidos sería inventar unas nuevas vocales más abiertas. O sea, señalizar las ya existentes con la diéresis: ä, ë, ï, ö, ü, para representar las vocales ligeramente más abiertas que quedan de eliminar las consonantes al final de las palabras.
Esto me dio un pequeño problema, ya que, entonces, ¿qué pasaría con las vocales que ya están señalizadas con la tilde? Por ejemplo, la palabra ciprés. Si le quito la s, se quedaría ciprë, pero entonces no sabría en qué sílaba colocar el acento al no poder poner en la misma letra la tilde y la diéresis. Así que tuve que inventarme otra nueva para señalizar estos casos: sería ponerle un acento circunflejo (^) a la letra en cuestión. O sea, acabaría la cosa como ciprê.
Todo esto es una mierda, ya que si las tildes normales son ya una complicación para la gente, no merecería la pena ponerse a inventar más signos; si no fuera por los plurales, que no tendrían otro modo de distinguirse si no.
Mientras, el mismo fenómeno en medio de una palabra derivaría en la duplicación de la consonante: cogello (la ll dejaría de ser el fonema que tiene hasta ahora, sino que sería una l doble… aunque de eso hablo un poco más adelante), attô (actor), avvertî (advertir), etc. Como siempre, habría excepciones.
Las x actuales, sin embargo, se transformarían en doble s: éssito, tassi.
Sin embargo, las palabras que ahora empiezan con es y continúan con consonante (estar, escondite, extraño…), al no pronunciar nosotros la e se produce que la s sigue ahí de un modo implícito y provoca el desdoblamiento de la consonante siguiente, con lo que siguiendo la regla anterior tendríamos palabras como ttar, ccondite, ttraño. Pero como soy contrario a hacer un idioma feo a la vista, simplemente quitaré la e, sabiendo que la s casi no se pronuncia: stâ, scondite, straño. Esto también ha pasado en casi todas las otras lenguas latinas, aunque se pronuncie de un modo distinto al nuestro.
- Nivel 2: acortaciones de palabras, uniones y apostrofaciones
Es algo que también pasa ya en casi todas las lenguas romances, como el francés y el italiano, que es la unión de dos palabras en una sola o la apostrofación de artículos y pronombres reflexivos con los verbos que empiezan por vocal. De hecho, en español tenemos dos ejemplos muy claros: el del (de + el) y el al (a + el). Sería continuar en ese sentido reflejando lo que ya se produce en la realidad.
En primer lugar eso se debe al acortamiento de un montón de palabras: na (nada), to (todo), pa (para), mu (muy), ónde (dónde), ca (cada), o incluso ara/ora (ahora). De ahí saldrían otros, como pal (pa + el), pallá (para + allá), pacá (para + acá), nel (en + el), ánde (a + ónde), possí (pues + sí), pol, pollö, polla, pollä (por + el, los, la, las), etc.
También se uniría la forma verbal voy a en un via, cuando introduce otra acción. Ej: Via comerte to el tigre. Sin embargo, si dices voy a con significado de desplazamiento (o sea, el verdadero sentido del verbo ir), no se abreviaría. Ej: Voy al stadio a vë al Betis.
Las apostrofaciones son algo muy extendido en cualquier lengua romance, excepto en el español. Es algo muy evidente que pasa constantemente al hablar: los artículos el y la, cuando van seguidos de una palabra que empieza en vocal, se unen a ella. Ej: l’abuelo, l’imagen, l’último.
También, como en francés, apostrofamos las partículas reflexivas de los verbos al comenzar el verbo en vocal: s’arrepintió, m’elige, t’acomplejas, etc.
Y en tercer lugar, apostrofamos los ques cuando es una conjunción (esto es, cuando no lleva tilde) y es seguido de una palabra que comienza en vocal. Ej: el día q’asesinatte a tu madre, el felpudo q’aqqirí ayê, y así sucesivamente.
Aunque también hay excepciones: a veces, cuando la palabra siguiente a un demostrativo o posesivo empieza por e seguido de 2 consonantes, la que se omite es la e del comienzo de la segunda palabra: la’rmana, mi’rmana, su’ntierro.
También se apostrofaría de cuando la palabra siguiente empieza por vocal. Ej: Stoy ciego d’alcohô, Vaya manera d’arrasâ con to.
Los artículos el también se unen a la palabra anterior si termina en vocal. Ej: Coge’l coche y vete a comprâ, Tu cuñao parece’l más tonto del lugâ, etc. A excepción, claro, de cuando la palabra siguiente empieza por vocal, que se uniría el a ella. También sucedería con la preposición en. Ej: No m’as dejao’n tol día, pesao. Aunque con en, si la palabra siguiente empieza por vocal, se uniría a ella. Ej: He venío n’ese coche, Via pasâ lä vacacionë n’Almería.
- Nivel 3: depurando la eficiencia del lenguaje escrito
Como los andaluces somos tirando a flojos, no nos gusta más esfuerzo de la cuenta. Y eso incluye escribir letras que no vamos a pronunciar. Por eso, uno de los niveles que creo más importantes de esto que me he propuesto ha sido depurar nuestro abecedario; o sea, eliminar las letras innecesarias por nuestra pronunciación del alfabeto heredado del español.
En primer lugar, la h se va fuera de nuestro alfabeto. Es muy obvio: si la h no se pronuncia, ¿para qué la escribimos? Pues lo dicho: a chuparla.
En segundo lugar, se trata de hacer el lenguaje más eficiente. Recuerdo que los mayores problemas al estudiar ortografía en el colegio de pequeñito era cuando no se sabía qué letra escribir al haber dos con la misma pronunciación: es el caso de la b y la v, la g y la j, la ll y la y, la z y la c y la q/k.
Por tanto, se trata de dar una pronunciación en exclusiva a cada letra. Siguiendo con el mismo razonamiento de antes, me parece absurdo escribir úes cuando no se pronuncian. Por ejemplo: guerra, que. Así que le daré ese sonido en exclusiva a esas letras y ya no tendremos que escribir las úes. El fonema /k/ para la q, y el fonema /G/ (de guerra) para la g. Esto dejaría libre el sonido /x/ para la j en exclusiva (de jefe o general; ahora se escribiría jeneral). Aunque el fonema sería distinto, del /x/ castellano pasaríamos a pronunciar la j como la h aspirada inglesa (fonema /h/), que es como lo hacemos aquí en Andalucía.*
Esto lleva a otros cambios. Si la q se queda con el fonema /k/, la c pierde parte de su uso. Ahí he tenido un dilema: teniendo un fonema y dos letras, el fonema /θ/ (de zapato) y las letras c y z como candidatas para transcribirlo. Al tener que decantarme por una (siguiendo la política de depurar el lenguaje escrito), lo he hecho por la z para representar este sonido, ya que me parece una asociación mucho más natural. Pero no me gustaba la idea de desterrar la c, esta maravillosa letra que nos ha acompañado siempre, así que he mantenido por una vez el sistema del castellano: z para za, zo y zu, y c para ce y ci. Esto admitiría discusión, por supuesto.
El otro problema sería el sonido de la ch (/t∫/), ya que he largado a la h. Para este, he tirado de la x, que es algo que se está extendiendo por el lenguaje internáutico y que es una derivación de la x de las lenguas levantinas. Ej: qoxe, marxa, etc.
Con los otros fonemas/letras lo he tenido más fácil: nosotros sólo pronunciamos el fonema /b/, así que se lo quedaría la letra b y la v se iría a chuparla también. Y más de lo mismo con la ll e y, con la diferencia de que aquí me hacía falta la ll para ilustrar un sonido de l doble en algunas palabras, así que el fonema /y/se lo quedaría la y. Por tanto la y conjuntiva entre palabras se cambiaría a i, como en catalán. A modo de ejemplo, Sevilla se escribiría Sebiya.
- Nivel 4: omisiones y fenómenos gramaticales propios
Aquí hay varias cosas que nos suceden, derivadas sobre todo del hablar rápido. Por ejemplo, hay muchas veces que nos comemos el de. Lo omitimos sencillamente. Así, en vez de decir Voy a casa de mi hermana, decimos Voy a casa mi hermana. De aquí se puede inducir una regla para permitir la omisión, que sería algo como que si hay dos o más grupos sustantivales seguidos, el objeto (sea sujeto u objeto directo) sería el primero, mientras que los siguientes lo complementan; o sea, existen los de, pero están omitidos. Ej: Boi a qasa’l (del) qapuyo (de) Antonio.
De igual modo, también omitimos los he de la primera persona del singular de los pretéritos perfectos compuestos. En vez de decir La he liao parda, diríamos La liao parda. Realmente, dicho sonaría igual que la tercera persona (L’a liao), pero al escribirlo se distinguiría bien.
Por último, en el tema de los signos de interrogación (?) y admiración (!), creo que lo más lógico sería eliminar el signo inicial, que solo se usa en el castellano, para darle mayor dinamismo. Vamos, como en todos los demás idiomas.
*En mi primera versión, esta de aquí arriba, usé la j para nuestro fonema /h/. Pero revisándolo, creo que es mejor utilizar la h, ya que internacionalmente es la letra con la que se relaciona ese fonema y lleva a menos confusiones, dado que además antes he echado a la h del hipotético alfabeto andaluz.
En fin, como ya digo, no existe un andalú formal o completamente normalizado, pero el objetivo de este conjunto de reglas es poder transcribir nuestro modo de hablar para conformar un dialecto/lengua escrito que lo refleje, y eso, creo que más o menos lo consigue.
Pues ya está, esta es mi propuesta de dialecto andaluz que he hecho. Por supuesto, esto no es ni definitivo ni una imposición a nadie ni nada. Ha sido un proyecto, un ejercicio de recopilación, que, si a alguien le interesa como tal, se puede retomar y mejorar hasta que demos con uno que contemple mejor todas las variantes que haya en Andalucía de modos de hablar. El por qué he hecho esto, fundamentalmente, ha sido porque a mí me gustaría que un día se reconociera nuestro dialecto como algo con identidad propia en sí mismo, ya que creo que tiene entidad suficiente para ello; en vez de ser considerado un modo de hablar mal el castellano, que es lo que ha pasado siempre. Y con esto no quiero hacer ninguna reivindicación política ni crear polémicas nacionalistas/regionales ni nada de eso. Simplemente he querido sacar del menosprecio nuestro dialecto, que no es sino parte de nuestra cultura y patrimonio, el reflejo de nuestro carácter genuino hecho habla.
Para terminar diré que como experimento que es, voy a crear la versión andaluza de este blog, simplemente por poner en práctica este dialecto escrito que he creado. Así que iré ‘traduciendo’ allí todas las entradas que vaya publicando aquí. Si alguien tiene curiosidad y se quiere pasar por allí para ver cómo queda, aquí lo tiene: Dö Bariablë.
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