Voy a meterme en camisa de once varas. Lo sé y sin embargo voy a hacerlo. Voy a dar mi visión de los nacionalismos regionalistas de mi tierra. Muchos que me conocen ya saben lo que pienso, pero aquí voy a tratar de explicarlo mejor.
Primero un poco de contexto histórico. Todos sabemos que si hoy día estamos teniendo estos problemas de nacionalismos en España es por el gracioso y dicharachero Sr. Franco. El tío, que muy listo no era, se dedicó a intentar construir Una España, Grande y Libre, a base de imponerlo por la fuerza, sin darse cuenta de que así estaba consiguiendo el efecto contrario. Como por un efecto rebote, ahora no tenemos ni Una unida, sino varias dentro; ni Grande, aunque lo intentamos, de otro modo, por supuesto; si acaso Libre, que era algo que rezaba su eslogan pero que realmente no sé a qué se refería, con esa idea de libertad que tenía el hombre. Normal que en esa época se gestaran los movimientos nacionalistas, o más que gestarse, que venían de antes, se popularizaran, gracias a la política de represión cultural y lingüística del glorioso Caudillo. Eso en la Transición se tradujo en mucho poder político a nivel regional en algunos sitios para los políticos nacionalistas, que, cucos como son, han usado para ir aumentando poco a poco su base de votantes; dicho de otro modo, con políticas sociales y, sobre todo, metiéndole mano a la educación, que es lo más fundamental, han ido manipulando a la gente desde chiquititos para que se unan a su causa, que ahora ya no tenía tanta razón de ser. Así, en muchos sitios ahora salen de los institutos pequeños monstruitos nacionalistas dispuestos a hacer cualquier cosa -y no me refiero solo a quemar fotos- contra el opresor gobierno central; en realidad, para apoyar el verdadero objetivo de los políticos: la consecución de privilegios políticos y/o económicos para la región de turno, lo cual eterniza al gobierno nacionalista, y con ello, el problema; lo cual, en las demás regiones es sentido como una ofensa, porque ninguna comunidad debería tener derechos o privilegios por encima de las demás, menos basándose en unas diferencias culturales que no son tantas ni tan importantes, y mucho menos exclusivas de la región de turno, además manipuladas y manidas a más no poder. Esta radicalización de la gente crea aversión desde el resto de España, y así las diferencias se hacen cada vez mayores, volviendo de nuevo al principio del proceso.
Porque, ¿por qué cuando veo un texto o escucho a alguien hablar en gallego o en valenciano no me siento atacado, y cuando me pasa con el catalán -que más que ser diferentes entre sí, catalán y valenciano, la diferencia es que los hablantes lo usan de un modo muy distinto- 0 el vasco sí ? Eso no es un problema de tolerancia, es un problema político. Es un problema de los politicuchos de esas regiones que usan las lenguas como arma política contra el gobierno central, manipulando a la sociedad en base a ellas y basando en ellas todos sus argumentos. ¿Por qué en España a ciertas personas no les cabe en el sentido común que coexistan dos lenguas en una misma región, mientras que en cualquier país grande del resto de Europa es lo más normal del mundo? Porque señores, antes había opresión de los catalanoparlantes por parte de las autoridades, pero hoy se da justo lo contrario: en ciertas partes te miran hasta mal por utilizar el castellano, que es igual de oficial que la lengua de turno. Hoy día todo el tema de los nacionalismos es más que nada puro afán de protagonismo histórico por parte de algunos.
A ver si nos enteramos de una vez de que todos somos diferentes, los de Cataluña de los de Madrid, los de Sevilla de los de Granada, y los de Gijón de los de Oviedo, y tenemos que vivir con ello y soportarnos unos a otros, porque de lo contrario mal vamos. Toda política que se basa en la división y la desunión no tiene futuro. En un mundo donde se están formando cosas como la UE, en donde se tratan de limar todas las asperezas entre países de siglos pasados para evitar futuros conflictos, no tiene sentido que existan nacionalismos regionalistas, basados precisamente en crear conflictos donde no los hay. ¿Y para qué? Para que algunos tengan más poder y más dinero del que disponer, eso lo sabemos todos; no precisamente porque sean más diferentes de lo que somos los demás. Y con esto no quiero decir que no haya regiones que tengan razón en alzar su voz contra un gobierno central excesivamente opresor: pero me estoy refiriendo a cosas como el Tibet; no a la España actual, donde hoy día no existe represión ninguna. Arrimemos el hombro y preocupémonos más de cosas como la corrupción, y tratemos de paliar las diferencias entre unas regiones y otras en vez de acrecentarlas, para construir un estado más fuerte en el que quepamos todos, que eso sí nos interesa a todos.
















