La solución de la crisis
Esta anotación viene por la entrada del otro día; más bien, la entrada del otro día venía a cuento por esta, que estaba gestándose. Porque estamos en una crisis que nos hemos buscado solitos. Una crisis sin nada que ver con la financiera mundial, que era muy difícil de prever al contrario que la nuestra. Y aunque nos digan que no vamos a salir de ella hasta 2011, la realidad es que probablemente se alargue mucho más; pero nos viene bien, era necesaria. Es el problema del crecimiento económico fácil, dinero proveniente de la especulación sin ninguna inversión real y sin crear valor añadido de verdad, que cogemos algunos vicios. Ya nos lo enseñaron de pequeños: el dinero no lo regalan, hay que currárselo, para que sea consistente; si no, tan pronto como viene se va.
Ha sido la diferencia de la economía española estos últimos años. Mientras que en cifras estábamos parejos a países como Italia y casi alcanzando a otros, la economía española era mucho más débil, porque estaba sustentada en nada: el ladrillo, la diferencia que tiene, es que no requiere ninguna formación de sus trabajadores, prácticamente ninguna inversión en investigar nuevas tecnologías; y así, si te pegas el batacazo en una economía basada en una industria de verdad, metida en sectores punteros y diversificada, te puedes reponer fácilmente porque tienes conocimiento acumulado, mientras que con una economía basada en la construcción no sabes más que hacer edificios, no hay experiencia cognoscitiva de nada.
Por tanto, si nuestros empresarios hubieran sido un poco listos, y en vez de reinvertir en lo que parecía la gallina de los huevos de oro, el negocio que nunca dejaba de generar dinero (pero que todos, incluidos ellos, sabían que algún día dejaría de hacerlo), hubieran diversificado en mercados, expandiéndose para tomar posiciones fuertes en otros países menos agotados de cara a esta eventual crisis, o lo que es más importante, hubieran reinvertido en sectores que requirieran tecnología y conocimientos punteros, no estaríamos donde nos encontramos ahora.
Son sectores como la informática (y sus derivados: la domótica, robótica, internet, etc), las energías renovables (donde lo estamos haciendo relativamente bien hasta el momento, eso es verdad), la aeronáutica (no tan mal, pero mejorable), la nanotecnología, la biotecnología y biomedicina, la genética… los que decidirán el reparto de beneficios del futuro y en última instancia los países que serán más ricos en el mundo que se nos avecina, y donde hay que invertir para colocarse en vanguardia cuanto antes.
El principal problema de este país es la falta de inicitiva. Parece que aquí existen dos castas intransgredibles, los ricos y los pobres; o lo que es lo mismo, los empresarios y los currantes. Pero no es así: los empresarios son currantes que un día tuvieron una idea y la llevaron a cabo. Los empresarios son solo tíos espabilaos, no son nadie de otro mundo ni de otra clase social. Son gente normal como cualquier otro que un día arriesgaron y ahora están obteniendo las rentas. Pero aquí se prima el conservadurismo, nadie quiere arriesgar y prefiere que se lo den todo hecho. Aquí la gente sale de la carrera deseando que le contraten en una empresa grande, le den un puesto de 8 horas diarias, un buen sueldo mensual, un mes de vacaciones y un jefe del que echar pestes. Pero nadie arriesga. Todo el mundo se queja de ese sistema, pero nadie hace nada para cambiarlo. ¡Si no te gusta tu empresa o tu jefe, coge y monta tú la tuya, cojones! ¡Si no hay trabajo, en vez de quejarte y criticar al gobierno, coge y créalo tú! Es más fácil de lo que parece, solo hay que echarle huevos. Te puedes pegar la hostia, pero lo que has aprendido por el camino te servirá para la próxima vez. Te pueden criticar, pero por lo menos lo has intentado. Es necesario que la gente tome conciencia de que la economía, igual que internet, tiene que transformarse en 2.0.
De la crisis y el clamor popular por venganza
Por lo que he visto por ahí la gente anda un poco perdida con esto de la crisis. En general, no se sabe muy bien ni de dónde viene ni qué pasa exactamente ni por qué estamos así, pero todos andamos igualmente con la mosca detrás de la oreja. Yo no soy ningún experto, pero de algo me entero, ya que he estudiado relacionado con esto.
Primero, hay que diferenciar la crisis mundial de la española. Son distintas, aunque se hayan juntado en el tiempo y se acaben relacionando. La crisis que se está dando en todo el mundo es financiera, o sea, de los bancos, de las fuentes de financiación. La nuestra es sobre todo económica, de la actividad productiva propiamente dicha, debido a que hemos agotado nuestro modelo de crecimiento de los últimos años. A la vez se está juntando con un encarecimiento brutal de los precios por la crisis energética (debido en parte a su vez a que ciertas personas la han estado utilizando como fuente de generación de dinero: también se les llama especuladores). Y bueno, todo esto a la vez ha dado esta crisis del copón.
El antecedente más claro, al que apunta todo el mundo, es el del Crack del 29. No sé qué pasó exactamente (para eso leer la Wikipedia), pero básicamente fue un poco lo que ha pasado ahora: hubo un período de buenas perspectivas durante tan largo tiempo que el valor de las acciones se fue inflando poco a poco por encima de su valor real, por efecto de las especulaciones, hasta que no se pudo sostener y pinchó. Al final estalló la burbuja, o sea, había tanta gente queriendo vender sus acciones, a un precio tan exageradamente alto, que no encontraban comprador y los precios empezaron a caer. Y cayeron, tanto que esta vez lo hicieron muy por debajo de su verdadero valor. Hubo mucha gente y empresas que perdieron mucho dinero, estos no podían pagar sus deudas, los acreedores tampoco ya que no cobraban, y así hasta quebrar los bancos, que tampoco podían pagar sus propias obligaciones de pago. Los ciudadanos que tenían dinero en ellos se encontraron de repente con que no tenían nada; así que los demás fueron corriendo a sus bancos para sacar su dinero y no encontrarse en la misma situación, colapsándolo todo. Total, que gente que antes era rica de repente no tenía nada. El sistema se fue al carajo.

¿Está pasando lo mismo aquí? Pues no lo sé. En realidad no se sabrá de qué magnitud es esta crisis hasta que se haya pasado, pero si no es peor que la del 29 será la segunda peor. Esta vez la cosa ha sido que con todo esto de la subida de precios por el combustible muchos se han encontrado con que no podían pagar sus deudas (estos años ha habido un elevadísimo nivel de endeudamiento: créditos, hipotecas…), y ha sido el punto de inicio de la cadena. Precisamente en el mercado hipotecario de EEUU, con sus propias particularidades. La cuestión ha sido más o menos así: si un tío mete en un banco 100 €, este banco los reinvierte. Si resulta ahora que ese banco los ha reinvertido alegremente (las perspectivas de la economía eran buenas, de seguir creciendo) en malos activos (llámalos hipotecas subprime o como quieras, activos financieros con alto riesgo de impago: o sea, dándole la hipoteca a un tío sin mucha seguridad de que te la vaya a devolver, pero cobrándole intereses más altos por ello), pues esos activos no valen lo que se suponía que valían porque no se están devolviendo, y a lo mejor, el banco, en vez de tener esos 100 €, ahora tiene 50: el riesgo ha jugado su papel aquí. Por lo tanto, ese dinero se ha volatilizado por las buenas. Y ahora ve y dile al que al principio te metió los 100 € que ahora no los tienes. Pues eso es un poco a grandes rasgos. Por eso, decir que la crisis que se la paguen ellos queda muy bonito y tal, pero no deja de ser mero populismo. Todos los que dicen eso me parece que no se han parado a pensar que lo que está en juego son en primer lugar sus propios ahorros. Y un banco, antes que pagar todo lo que se supone que tiene en sus cuentas (que no lo tiene realmente, ya sabemos cómo funcionan los bancos; y menos ahora, que lo han invertido en activos que les han hecho perder miles de millones, y esto a su vez ha hecho que sus acciones valgan mucho menos), se declararía insolvente o en bancarrota y dejaría a todo el mundo sin un duro. Eso es lo que ha pasado en Islandia, donde los bancos eran los principales generadores de riqueza.
Por eso, primero que se nacionalicen los bancos para asegurar los ahorros de todos, y luego que se escarmiente a quien se tenga que escarmentar. Pero no al revés porque habría otro crack del sistema financiero y acabaríamos la mayoría en la miseria más absoluta. Aunque de momento el pánico y la quiebra de los bancos se están evitando gracias a las nacionalizaciones.

De todos modos parece que en España el sector financiero está relativamente fuerte (y digo esto a la espera de ver lo que pasa en los próximos meses, que también nos puede tocar echar el cierre a algún banco), aunque no lo sabemos realmente. En realidad, no sabremos si es fuerte o no hasta que no haya pasado todo, porque muchas veces ni los propios bancos saben si tienen invertido su dinero en activos de buena o mala calidad: si siguen palmando bancos, tarde o temprano le tocará a algún banco español que tenga acciones de otro banco quebrado de un día para otro, continuando la cadena.
Pero nuestro principal problema ha sido la construcción, y eso que cualquiera con dos dedos de frente lo veía venir de lejos. Cuando confías el crecimiento de toda una economía a un solo sector pasa lo que ha pasado aquí. Tarde o temprano ese sector deja de crecer a ese ritmo, por puro agotamiento (algún día la gente tendría que dejar de querer más casas) y todo se viene abajo; si no se ha diversificado antes, que es lo que se habría tenido que hacer antes, más y mejor.

Pero entonces, ¿quién tiene la culpa de todo esto? ¿Los Gobiernos? Aunque el español debía haber sido un poco más previsor con la construcción, a los otros les ha explotado lo de los bancos en la cara sin esperárselo igual que a todo el mundo. Entonces, ¿los banqueros? Hombre, ellos son responsables en parte por ir invirtiendo el dinero de la gente sin mirar la calidad de lo que compraban, pero es que ese no es el problema, porque nadie se esperaba que las hipotecas en los EEUU y los bancos que quebraron después fueran a ser como de verdad fueron: las expectativas eran de seguir creciendo la economía. De hecho, dudo mucho que los bancos supieran lo que estaban comprando, sino que, como la mayoría de nosotros, actuaron movidos por asesoramiento de expertos. ¿Entonces de quién es la culpa, de esos expertos? Lo dudo también, ya que ellos pensaban que de verdad era un valor rentable, si no, no lo habrían recomendado. ¿Y la gente, no podía haber hecho nada para evitarlo? Parece que el pueblo es siempre la víctima de los abusos de los bancos, pero también podrían estar un poco más atentos. No hace falta ser un crack de las finanzas para estar al tanto de que endeudarse a 40 o 50 años con tipo de interés variable (¡por favor, que son 50 años! ¿¿Quién puede pensar que los tipos se mantendrán bajos durante tanto tiempo??) no es muy razonable. Si no tienes casa, espérate o vete de alquiler, pero entramparse hasta las cejas durante el resto de tu vida no es buena idea. Aunque bueno, suponiendo que la peña no era consciente de eso, entonces, ¿quiénes son los responsables últimos de todo este barullo financiero? Si hubiera que apuntar a alguien, habría que hacerlo a los ‘listos’ que se inventaron eso de las hipotecas subprime, en parte al gobierno de los EEUU, que fue el que lo permitió, y en parte a los bancos que han especulado más de la cuenta con el dinero de la gente. Pero yo no sé hasta qué punto son responsables, porque es normal que al cabo de un tiempo de crecimiento continuado se inventen otra cosa de la que sacar todavía más financiación, se especule, ya que las expectativas eran todavía buenas, rebajando la calidad del producto, o sea, aumentando mucho el riesgo de impagos sostenidos en la buena marcha de la economía. Impagos que en algún momento tendrían que materializarse, porque ya sabemos que la economía es y seguirá siendo cíclica.
Dicho todo esto, para mí no hay un culpable sino el mismo sistema, que no es tan malo en el fondo pero que a veces da lugar a burradas como esta. Porque, ¿ahora qué hacemos, metemos al sistema en la cárcel? ¿O lo cambiamos y volvemos al comunismo o socialismo más radical? Muchos podrán decir ahora que el sistema es una mierda, que la avaricia de los ricos nos está llevando al carajo, o qué sé yo… pero qué quieren ellos, ¿vivir en un estado de pobreza permanente como en un estado comunista? ¿Y se vive mejor allí? ¿Querrían ellos perder sus coches, ordenadores, ratitos de ocio y viajes en su tiempo de vacaciones? Por supuesto que es posible un sistema mejor, pero yo todavía no he escuchado a nadie proponerlo. Lo que nos queda probablemente es seguir con este e ir corrigiendo los errores que vayan surgiendo: evolucionarlo a mejor, que es lo que se ha hecho siempre hasta ahora. Porque dudo mucho que haya algún sistema más perfecto, o mejor dicho, menos imperfecto, en la práctica.
El efecto experiencia
Todo el mundo que ha estudiado un poquito de Historia y de economía conoce lo que se ha llamado el Milagro Alemán y el Milagro Japonés. Esto no es más que la extraordinaria recuperación económica que tuvieron Alemania y Japón después de ser destrozadas en la Segunda Guerra Mundial.
La verdad es que a priori puede parecer algo increíble: que un país destruido, sin infraestructuras en pie, socialmente inestable y prácticamente sin economía llegue en 20 años de nuevo a la cabeza de los países más ricos y desarrollados del mundo. Influyeron muchas variables, claro, pero para mí la clave está en una de ellas: el Efecto Experiencia. Es gracias a él que su capacidad de recuperación ha sido infinitamente mayor.
El Efecto Experiencia es lo que llamo yo a los conocimientos acumulados por las propias personas, que en este caso es lo que para mí volvió a levantar sus países a pesar de no tener prácticamente medios materiales. O sea, la materia prima humana: el saber hacer, lo que queda almacenado en las personas cuando un país ha llegado a ser uno de los del grupo de cabeza. El saber hacer bien y de un modo eficiente un trabajo, y también los conocimientos técnicos en los que han apoyado la economía de su país cuando estaba en la cima; el saber de qué modo funcionan bien las cosas, en definitiva. Teniendo esto y algo de paciencia, y sabiendo utilizar las rentas obtenidas por el camino, lo normal es devolver su país a donde estaba antes de la destrucción.
Y esto es lo que no ha tenido España en los últimos 2 siglos y pico. España a inicios del siglo XIX era un imperio empobrecido porque seguía haciendo las cosas del mismo modo que en el siglo XVI; del modo que le había hecho convertirse en el país más poderoso, pero dos siglos más tarde: un imperio que no había sabido adaptarse a los tiempos. España era un país sin industria, con escaso interés por tenerla, cuyas bases populares no tenían prácticamente cultura, a pesar de existir una burguesía liberal que sí la tenía y que pretendía tirar del país palante: pero si el país, o sea, el pueblo en general, no pone de su parte poco se puede hacer. La revolución de la Edad Moderna fue la democratización de la capacidad de crear riqueza: desde entonces la cultura y la educación del pueblo son la base para la riqueza futura, y sabiendo que en España no había de eso, es normal que acabáramos como acabamos.
Esto es lo que veo que está cambiando últimamente. Hemos mejorado mucho, sobre todo y en primer lugar gracias al ímpetu del propio país, las ganas de mejorar después de mirarnos en el espejo de Europa. Esto ha hecho que avancemos en varios aspectos, y en algunos de ellos convertirnos incluso en un país innovador: la innovación es la consecuencia del saber hacer bien las cosas y tener la inquietud para incluso mejorarlas: así es como estamos adquiriendo la Experiencia.
Por supuesto, queda mucho, muchísimo, todavía por mejorar, aún estamos bastante atrás en la mayoría de los aspectos con respecto a los países más avanzados de Europa; pero seguimos teniendo el ímpetu y las ganas de mejorar, cosa que invita al optimismo.
Globalmente escéptico
El otro día en clase de inglés tocó hacer una exposición en clase. Era un tema particularmente interesante para darlo en una clase tan banal. Se trataba de la globalización. La tan ibérica timidez en público hizo que nadie quisiera exponer delante de todo el mundo, excepto un señor mayor; luego decidí hacerlo yo, más por probar a hablar inglés que por otra cosa. El caso es que, sin ponerle mucho ímpetu, expuse mi opinión allí: opinión escéptica de alguien que no es procapital a pesar de estudiar ADE, y que tampoco es antiglobalización como mandan los cánones de la juventud políticamente comprometida en estos tiempos. Allí, claro, estaba el típico rastamandi que hay hoy día en todos sitios, y que por supuesto se me lanzó al cuello a la mínima, junto con algún otro (seguro) estudiante de bellas artes, biología, filosofía o algo por el estilo.
Lo que yo dije se puede resumir en una frase: la globalización es un proceso natural, con sus pros y sus contras. No es algo sobre lo que podamos decidir apuntándonos a los pro o a los antiglobalización. Va a ocurrir de todos modos, y va a ir cada vez a más queramos o no. La clave es saber adaptarse y encauzarla bien para que tenga menos efectos negativos.
La globalización es algo que ha surgido del desarrollo de los medios de transporte y las tecnologías de la información, sumado al capitalismo predominante. Entre las buenas, la fundamental es la enorme difusión de la tecnología y la información, que ahora están al alcance de cualquiera en cualquier punto del planeta. También buena, aunque no tanto, es el aumento de la inversión internacional; quizá tenga hasta más aspectos negativos que positivos. Me explico. Todo el mundo sabe que hoy día existe un proceso de deslocalización en las empresas; más que de las empresas, de las fábricas o centros de producción en sí mismos. Para el que no sepa de qué va esto, es cuando se llevan la fábrica que ha estado toda la vida en el pueblo en que se fundó la empresa, y donde los trabajadores cobran como mínimo 2000 € al mes, a un país como China o Marruecos, donde cada trabajador no cobra más de 200-300 €/mes. En principio no está mal planteado: para los países desarrollados los beneficios aumentan espectacularmente, y para los países subdesarrollados, están captando un dinero del exterior que no tendrían de otro modo, y están creando en sus países trabajo que antes no existía. El problema viene de que la diferencia de beneficios que obtienen unos y otros es brutal. Mientras que los países subdesarrollados obtienen una pequeña miseria (aunque siempre sea mejor que nada), los países desarrollados multiplican los beneficios por mucho, con lo que la diferencia de riqueza entre el 1º y el 3º mundo no hace más que aumentar. Además, hay que contar que las grandes multinacionales que hacen esto no solo se ahorran mucho dinero en salarios, sino que además abusan de su poder en las negociaciones con las administraciones e instituciones de ese país. Por lo general no existe seguridad social, la inversión en seguridad y prevención de riesgos laborales se la pasan por el forro, pasan de los sindicatos de estos países como de la mierda (en los que hay, que no es lo normal), y hacen a esas personas trabajar en jornadas de más de 10 y 12 horas, entre las que se cuentan, además, niños. Es de eso de lo que se quejan todos los grupos antiglobalización, más que de ella en sí misma.
Ese es el precio por querer unirse tan rápidamente al carro de los primeros. Porque quien dice explotación de los trabajadores, puede decir también contaminación masiva del entorno, infradesarrollo social y marginación rural. Son todos problemas relacionados con la globalización a lo bruto que se vive en los países en desarrollo. Quieren desarrollarse industrialmente lo más rápido posible y no prestan atención a la misma vez a todo lo demás. Quieren realizar el proceso industrializador que se vivió en Europa en 200 años en 25. Claro que todo el mundo, los antiglobalización los primeros, se olvida de que para poder mantener políticas sociales, culturales y medioambientales, hace falta dinero; dinero que no tienen y que el único modo de conseguir es aceptando las condiciones que les imponen las multinacionales, y dinero que están invirtiendo en primer lugar en mejorar la calidad de vida individual de los ciudadanos. En el primer mundo nos preocupamos por el medio ambiente y demás aspectos secundarios porque tenemos las necesidades básicas muy cubiertas. Ellos todavía no; al menos no todo el mundo. Es la pescadilla que se muerde la cola, como se suele decir.
La pregunta que se hace todo el mundo desde aquí, es ¿qué podemos hacer nosotros? Mi respuesta en clase fue simple: más bien poco. Por lo menos en el plan en que han ido las cosas hasta ahora. Cuando hablas con alguien preocupado por el tema, siempre te dice que nos tenemos que movilizar todos para conseguir algo, que tal y que cual. Pero yo, desde mi escepticismo, nunca he visto ese todos del que hablan; a lo sumo un pequeño grupo de gente que se manifiesta aquí o allá. Al 95% de la gente se la suda lo que pase en China o en Sudáfrica, o al menos no hace nada por ello. La gente quiere vivir bien, tener dinero para sus caprichitos, sanidad gratis y sin colas, que no haya atascos cada vez que tienen que coger el coche, un colegio bueno cerca de casa para que vayan sus hijos (y barato) y un gimnasio en el que ponerse en forma después del trabajo. África está demasiado lejos. El otro tema es el cómo. Desde luego no creo ser el único que piensa que ir por ahí quemando contenedores cada vez que se reúna el G8 sea un medio para mejorar el mundo. ¡Organización, señores! Asóciense, presionen de un modo racional, manifiéstense con cabeza; porque tal y como han ido las cosas hasta ahora no creo que se consiga mucho por ese camino. Para mí, la única manera de cambiar la globalización hacia mejor depende fundamentalmente de los gobiernos de aquellos países. Si ellos no son conscientes de sus propios problemas y no tratan de solucionarlos, poco se puede hacer desde fuera. En segundo lugar, las multinacionales también podrían hacer algo evitando los abusos; pero eso no cortaría el problema de fondo, que es el desarrollo desequilibrado del país.
Pero una cosa sí es cierta: para que todo esto mejore el granito lo tenemos que poner todos. Educando las conciencias poco a poco y tratando de cambiar nuestro entorno de un modo más racional y más perdurable, con la esperanza de que en el futuro abarquemos un entorno más amplio, y quién sabe, quizá hasta más lejano.



