Y no se hable de ideología, que no hay tal. No es sino barbarie, zafiedad, soecidad, malos instintos, y lo que es -para mí, al menos- peor, estupidez, estupidez, estupidez. De ignorancia no se hable. He tenido ocasión de hablar con pobres chicos que se dicen revolucionarios, marxistas, comunistas, lo que sea, y cuando, cogidos uno a uno, fuera del rebaño, les he reprochado, han acabado por decirme: “Tiene usted razón, don Miguel; pero, ¿qué quiere usted que hagamos?”. Daba pena oírles en confesión. Pero luego se tragan un papel antihigiénico en que sacian sus groseros apetitos y ganas ciertos pequeños burgueses que se las dan de bolcheviques y de lo que hacen servil ganapanería populachera. Tragaldabas que reservan ruedas de molino soviético para hacer comulgar con ellas a los papanatas que les leen. ¿Papanatas? Otra cosa. Que así como se leen los clandestinos libritos pornográficos para excitarse estímulos carnales, así se leen estas soflamas para excitarse otros instintos. La doctrina es lo de menos.
(…)
Cada vez que oigo que hay que republicanizar algo me pongo a temblar esperando alguna estupidez inmensa. No injusticia, no, sino estupidez. Alguna estupidez auténtica, y esencial, y sustancial, y posterior al 14 de abril. Porque el 14 de abril no lo produjeron semejantes estupideces. Entonces los más de los que votaron la República ni sabían lo que es ella, ni sabían lo que iba a ser “esta” República. ¡Que si lo hubieran sabido…!
Miguel de Unamuno, en un artículo llamado Justicia y Libertad
3 de Julio de 1936, en el diario Ahora (aunque transcrito entero aquí)
No se trata de desprestigiar el término República, como hace el diario ABC rememorando ese artículo. Se trata de que se deje de idealizar la II República, que mal que le pese a muchos no fue un modelo de Estado ejemplar ni de lejos. ¿Que puede que haya una Tercera República que sí lo sea? Pues sí, puede ser. Pero la Segunda no lo fue, dejemos de decir más gilipolleces al respecto.
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