Las Sevillanas de la Crisis
Tres años llevo ya de exilio feriante, lo peor sin duda del irme por ahí. Pero este está siendo el peor con diferencia gracias al puto Facebook: no puedo soportar tanta alusión al sagrado rebujito sin que me caiga un lagrimón por la mejilla.
Pero es igual, me viene la sonrisa de nuevo al ver las ocurrencias de los amigos. En especial, me he descojonado cuando he escuchado las sevillanas que se ha marcado mi amigo el Peluka de Triana con su grupo Trianeando, que ya traje por aquí una vez cuando se hicieron llamar Los Tobillos Flamencos. Parece ser que las Sevillanas de la Crisis se están haciendo famosas en el Real de la Feria y hasta a nivel nacional. No es para menos, es todo un artista este chaval (os recomiendo que le echéis un vistazo a la página del grupo), y para muestra, os dejo con la canción (la letra anda por aquí).
Muerte de una estrella mediática
Desde el primer día que llegué aquí, cada vez que ponías la tele, había una noticia que tenía en vilo a todo Chile: Felipe Cruzat era un niñito de 11 años que necesitaba con urgencia un trasplante de corazón o moriría con total seguridad. Pues ayer por fin murió, al no llegar ese corazón, y a pesar de que estaba todo el sistema sanitario chileno y todo el país volcado con él. Y hoy, portada en todos los periódicos.

Este tipo de cosas lo que me hace es cuestionarme muchas cosas. Fundamentalmente, por qué se sigue tanto el día a día de este chaval, y se vuelca todo el mundo con él, y no con las otras decenas de niños que puede haber en su misma situación a lo largo del año. Por qué nos enseñan todas sus miserias, las de sus padres pasándolo mal, todas esas fotos felices de su infancia… Evidentemente, sé la respuesta, y no es otra que porque vende. El sufrimiento ajeno, el morbo, vende, y cuanto más cercano, más. Porque lo más sangrante de todo es que una vez que este chavalín ha muerto, todo el mundo se olvida de que eso está pasando ahora mismo en otra casa, con otras caras y otros nombres, pero probablemente igual de cerca… y sin el apoyo de nadie.
Sí, circos mediáticos aparte, se puede argumentar que un caso de estos puede servir para concienciar a la sociedad de problemas varios. Pero en realidad no es así: en realidad no es más que prensabasura. Detalles escabrosos para conseguir la venta y consumo rápido y feroz de información. Y ahora que aquél murió, a inventarse otra estrella mediática involuntaria más para seguir con el proceso.
Los Tobillos Flamencos
Y no, no me estoy refiriendo al de Van Basten. Los Tobillos Flamencos es el nombre internáutico actual de 2 prendas buenos de Triana y un nota que no conozco, pero que tiene que ser por el estilo. Cuando los notas estos se juntan, les da por componer canciones tratando de no tardar más de 5 minutos y grabarse luego, con lo que queda una cosa más o menos así. Como no se escucha muy bien, voy a poner la letra más abajo.
Yo me levanto temprano
a las 12, eso es lo que hay,
y en vez de ponerme babuchas
del tirón me pongo mis Nike
Me acerco por el recreo
con el Gafas y con mi primo,
pero la Vane ma dicho
que tas liao, que tas liao con el ChinoDesi, Desi, Desi, eres mi vida, te quiero Desi
desde que tú me mangaste la camisetita de Messi
Desi, Desi, Desi, no te olvides de mí
qué tiene el nota ese que no me hayas visto a míYa no vas a los banquitos
no veo al Moji y to esta gente,
estoy to emparanoiao
como te coja te parto los dientes
Sabes que a mí no me gustan
las peleas ni cosas desas,
pero como coja al Chino
que yo le parto, que yo le parto to la cabezaYa no quemas coches conmigo
ni en el Factory mangamos nada,
ya no fumamos un yordo
despidiendo a la madrugada,
Desi vuelve pronto conmigo
porque sin ti, porque sin ti yo no soy nadaDesi, Desi, Desiré te quiero más que a mi vida y siempre te querré
aún conservo tu nombre grabado en mi piel
te dí el collar de mi madre
Desi, Desi, Desiré aún conservas los corales que te regalé
y esos muelles rosas que por ti chirlé
¿por qué has dejado de amarme?Desiré, Desiré, Desiré
Ya no te lo digo, me lo quedo, Desiré
Y de regalo, su otro gran éxito: Amor en Vietnam, una desgarradora historia de cómo Rambo encontró su verdadero amor.
Cómo ser una leyenda en 4 películas (y media) (III)
Por fin he llegado a la 3ª entrada, que ya era hora. Esta es la que realmente importa, la que de verdad ha motivado esta serie de entradas. Una vez comentado el Bruce Lee actor (parte I, parte II), ahora toca hablar de su faceta como pensador. Bruce Lee había estudiado la carrera de filosofía en Seattle, y esto lo aplicó, como todo lo demás, a las artes marciales.
Todos sabemos que las artes marciales orientales tienen mucho trasfondo espiritual, cosa que las diferencia de los estilos de lucha occidentales, más prácticos y de un concepto más cercano a lo deportivo. Las artes marciales orientales son métodos de autodefensa, más próximos a lo militar, y muy influidos por la espiritualidad y el pensamiento oriental; cada arte marcial tiene sus propios golpes y estilos, códigos éticos y filosofía que la sustentan, y obviamente todo esto varía según cada una, sus orígenes e influencias posteriores. Bruce Lee se inició primero en Wing Chun y más tarde aprendió algo de Kung Fu, ambas de origen chino como él. En su época, estas artes marciales orientales eran tirando a sectarias: en su aprendizaje los chinos tenían autoimpuesto no enseñar a gente que no fuera de su raza, y el que aprendía un sistema de lucha difícilmente salía de su disciplina hacia otros estilos o códigos.
Pero Bruce Lee era un estudioso del tema, y se dio cuenta de que dentro de un mismo estilo de lucha, había movimientos que eran mejor asimilados por unos estudiantes que por otros; y aunque todos tenían que aprender todo el sistema, cada persona era más efectiva con una determinada serie de movimientos. En definitiva, se dio cuenta de que todos somos distintos, y que lo que vale para uno, puede no valer para otro. A partir de ahí se dedicó a estudiar varias artes marciales, y a sacar lo que mejor se adaptaba a su estilo de lucha de cada una de ellas: él lo llamó Jeet Kune Do (el Camino del Puño que Intercepta).
El Jeet Kune Do es la gran aportación de Bruce Lee. Más que como estilo de lucha, como filosofía. Él desarrolló un estilo de lucha que no era propiamente un estilo. Era SU estilo, exclusivo para él. Es a lo que dio forma después de ir probando varias técnicas e ir sacando de cada una lo que mejor le iba a la suya propia. Como consecuencia, estableció un sistema que era un no-sistema, un estilo sin limitaciones: si alguien quería estudiar su sistema probablemente acabaría teniendo un repertorio completamente distinto al de Bruce. El Jeet Kune Do es la evolución personal de cada uno aplicada a las artes marciales: el camino propio en la adquisición del arte de pelear, sin acotarlo a ningún estilo concreto. Aquí estuvo la verdadera revolución de Bruce Lee, en un mundo, el de las artes marciales, con códigos muy estrictos y definidos.
Pero lo importante de todo ello es que, a pesar de ser una filosofía enfocada a las artes marciales, es perfectamente exportable a la vida en general. Hay un principio por encima de todos los demás, el de la flexibilidad ante las circunstancias; pero lo verdaderamente relevante que propugna es el no limitarse a ningún dogma, ningún camino, sino crear nuestro propio camino espiritual sin atenernos a ningunas normas establecidas por otros; estableciendo de este modo un dogma basado en el no-dogma. Algo tan simple como decir que el camino que hemos de seguir cada uno es único y personal.
Por todo esto, para mí Bruce Lee tiene muchísimo más valor como pensador que como artista marcial, que ya es mucho. Claro, que tampoco dice nada nuevo. Son más los que han ido en esa dirección: yo considero la filosofía del Jeet Kune Do de Bruce Lee perfectamente equiparable al I just believe in me de John Lennon; y al pensamiento de tantos otros que también se han dado cuenta que el Hombre debe explorar su camino antes que seguir reglas preestablecidas sin preguntarse por qué. Pero precisamente por eso quería dedicarle esta entrada a Bruce Lee, que algunas veces ha sido una verdadera inspiración para mí; no sin haber hecho antes un repaso a su legado cinematográfico. Ahora por fin sabemos de dónde venían ese carisma y esa tremenda seguridad que derrochaba: él había encontrado su camino.
Cómo ser una leyenda en 4 películas (y media) (II)
Antes hablé de las dos primeras películas de Bruce Lee. Aquellas dos películas le lanzaron al estrellato del cine de artes marciales en Hong Kong; pero a la vez que la Golden Harvest se daba cuenta de la mina que tenía entre manos, Bruce llegó un punto en que estaba hasta los huevos de películas mediocres y de ser dirigido por directores de oficio. Así que, siendo ya una estrella, decidió rodar él mismo su propia película. Un movimiento bastante arriesgado cuando lo más fácil hubiera sido seguir haciendo películas en Hong Kong, cobrando una pasta, y vivir tan ricamente.
El caso es que el tío se escribió, se produjo, dirigió y actuó en su propia película, llamada originalmente The Way of The Dragon (aquí en España El Furor del Dragón). Hoy día, El Furor del Dragón es un título mítico, pero entonces solo fue el vehículo para que Bruce tuviera por primera vez total libertad de acción; nadie mejor que él mismo sabía aprovecharse al máximo. Para empezar se escribió el guión. En principio tiene un argumento tan absurdo como el de la mayoría de películas de peleas, pero Bruce demostró ser algo mejor guionista que la mayoría de los guionistas hongkoneses. Tiene algunas sutilezas dignas de mención y algunas escenas para lucimiento propio que son impresionantes. Por ejemplo, la escena en la que por primera vez va a hacerles una demostración de sus habilidades. Uno lleva 30 minutos de película sin ver ni una sola hostia, cuando escucha de boca de Bruce Lee os voy a hacer una demostración; entonces te acomodas y te preparas para ver al crack en acción… para nada, porque entra otro personaje y les dice que lo dejen por ahora. En ese momento no te queda otra que resignarte a ver otro rato de no-pelea, pero no deja de ser un detalle genial en una peli de artes marciales. Total, que el tío no da una piña hasta que no tiene más remedio que hacerlo porque los malos le vacilan más de la cuenta.
Los personajes son los típicos de una película de este tipo: los malos, más chulos que un ocho, y los buenos, unos acojonaos de la vida. Y Bruce, el único capaz de colocar a cada uno en su sitio. Destaca el hecho de que se le ocurriera rodar esta película en Roma. Aunque ninguno de los personajes es romano o tiene que ver con la localización de la peli, este simple hecho hizo aún más genial la pelea final contra Chuck Norris. Rodar esa escena en el Coliseo (cuando aún estaba abandonado y abierto a todo quisqui), nos da la idea de unos Lee y Norris que vienen a ser una especie de gladiadores modernos, cargando la batalla de simbolismo además de enmarcarla en un escenario increíble.
Esa lucha en concreto (que también significó el salto a la fama de Chuck Norris) es considerada la mejor pelea jamás rodada en el cine. No es raro. Bruce ya había demostrado que a la hora de llevar a cabo las coreografías era el mejor; pero esta vez, además, se enfrentan Bruce Lee y Chuck Norris, que por aquel entonces había sido 7 años seguidos campeón del mundo de kárate; y si a eso le sumas que estaba filmada en el Coliseo de Roma, sólo puede quedar una maravilla.
Esa película le dio definitivamente la fama y le hizo la mayor estrella del cine de artes marciales de Hong-Kong, fijándose también en él la industria cinematográfica americana. Bruce había comenzado a rodar su próximo proyecto, que iba a llamar Juego con la Muerte, cuando recibió la llamada de Hollywood para la que iba a ser su primera película con proyección internacional: Enter the Dragon (Operación Dragón por estas tierras).

Con esta película conoció el mundo a Bruce Lee. Lo que llama la atención es que comparta protagonismo con dos notas (John Saxon y Jim Kelly) que hoy día son completamente desconocidos para casi cualquiera, lo cual le resta algo de peso; pero se entiende puesto que la apuesta de los estudios americanos era bastante arriesgada para entonces, y así paliaban los posibles riesgos. Bueno, el caso es que Operación Dragón fue un éxito mundial, como era de esperar, y a partir de ahí la fama de Bruce Lee no hizo más que extenderse; más si se tiene en cuenta que murió 2 semanas antes del estreno. Su muerte temprana le convirtió en leyenda, y su funeral en Hong Kong fue masivo.
Más tarde, la Golden Harvest intentó aprovechar como pudo el tirón de la superestrella recientemente fallecida. Bruce era ya una leyenda en Hong Kong, así que cogieron los 30 minutos que había rodado de Juego con la Muerte antes de que le llamaran de Hollywood, y se inventaron una broma de película, con dobles haciendo de Bruce Lee y escenas eliminadas de otras películas, para poder sacar provecho de esos pocos minutos. Como ya digo, la película, como tal, es de vergüenza ajena; pero merece la pena verse solo por esas últimas escenas. Son escenas solo de pelea, excepcionalmente buenas, como a lo que nos tenía acostumbrado este hombre; y entre ellas otro momento mítico del cine de artes marciales: la lucha contra su discípulo en la vida real, Kareem Abdul-Jabbar.
Bueno, lo dejo aquí de momento… Porque sí, habrá una tercera parte.
Cómo ser una leyenda en 4 películas (y media) (I)
Esto lo escribí hace algún tiempo en mi blog antiguo, pero como no llegué a continuarlo, me lo reservé para hacerlo el día que tuviera tiempo y ganas. Como ahora.
No hablo de otro que de Bruce Lee: El Dragón. Es imposible resumir lo que significó, pero lo voy a intentar. Él hizo que las películas de artes marciales fueran reconocidas como un género más.
Las dos primeras películas no eran nada del otro mundo. No, más bien eran una puta mierda. La primera película, Kárate a Muerte en Bangkok, era la típica peli hongkonesa en serie. No he visto muchas películas hongkonesas, pero se nota. Tenía un guión de esos que parece que escriben tres en una tarde, sólo cambiando el orden de las situaciones y los nombres de los personajes. Pero esta era distinta de las demás: tenía como protagonista a un tal Bruce Lee. Ya desde el primer momento que aparece en pantalla se nota: va a ser un mito; luego lo confirmará con creces. En una película que en condiciones normales no valdría ni para pasar un rato entretenido, es increíble cómo la sola presencia de Bruce Lee como protagonista soporta un guión patético, unos secundarios lamentables y unas coreografías tristísimas, hasta transformar lo que hubiera sido una auténtica patata en un objeto de culto. Cada vez que aparece se come la pantalla sin ni siquiera necesidad de pelear: su carisma lo invade todo. Le añade a sus personajes unos gestos personales y una chulería inconfundible, que les dan muchísima personalidad y eclipsa a cualquiera que aparezca junto a él. Incluso en la dimensión interpretativa, uno no puede más que asombrarse de la naturalidad con que actúa y se mete en la piel de sus personajes hasta hacerlos creíbles y todo, como si hubiera tenido vocación de actor toda su vida.
Pero cuando empieza a pelear es cuando uno de verdad ve la magnitud de su figura. Cambiamos de unas peleas impersonales, más bien feas y con intercambios de golpes con poco sentido a una colección de poses y posturas técnicas espectacularmente bonitas. Uno no puede dejar de mirar a la pantalla, es como si los golpes ya no dolieran a la vista. Al contrario, son tan plásticos que transmiten mucho más el dolor; pero sigues sin poder apartar la vista. Él hace de las artes marciales un arte estético. Sin embargo, no es solo eso. Con él las peleas parecen de verdad. Puedes apreciar perfectamente cómo se anticipa a los movimientos de sus rivales; cómo domina la situación, controlando cada uno de los gestos de sus enemigos; la rabia contenida que libera en sus golpes… Bruce se come las coreografías también. Les da fuerza y velocidad. Controla los tiempos mejor que nadie. En definitiva, enseña a las coreografías lo que es una pelea de verdad. Y si a todo eso le añadimos sus característicos gritos de guerra, tenemos un auténtico crack.
Eso es de Kárate a Muerte en Bangkok, que es una producción supercutre -spóiler: no sobrevive ni el apuntador-. Pero se ve que la productora advirtió lo que tenía entre manos y para la siguiente, Furia Oriental, contó con más presupuesto, y como no podía ser de otro modo, más protagonismo.
Eso ya es de Furia Oriental. ¿No os recuerda ese escenario típico oriental con la fuente japonesa sonando de fondo, a la última escena de Kill Bill, vol. 1?. Y la provocación llamando a Petrov, ¿no os recuerda a Morfeo en Matrix?
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Pues hala, otro día sigo.
Los punkabbestias
Todos los sitios tienen su gente chunga. En Bologna eran los punkabbestias.
Otro ejemplo:
La palabra es bastante fea, pero les describe bastante bien. Según la wikipedia italiana es una asimilación de las palabras punk, obvio, y el término abbestia, que viene a ser en toscano como a lo bestia, algo muy exagerado. Ese bestia tiene un doble significado, refiriéndose también a los perros que llevan siempre en plan vagabundo.
Ellos vendrían a tener allí la función que aquí tienen los canis: la de ser gente a evitar; aunque con un par de diferencias. Se podrían resumir en que tienen una pinta mucho más chunga y son mucho menos peligrosos. En cuanto a la pinta, es una extraña mezcla entre yonqui, vagabundo y asiduo de raves (o ravelo). Es lo que te quedaría de coger a un gótico, quitarle el maquillaje y dejarlo un mes en la calle drogándose. Ahora, eso sí, no te tocan tanto los cojones. Son gente que no suelen hacer daño a nadie. Lo más que te pueden molestar es cuando se ponen pesados pidiéndote vino o algo para fumar, pero basta con decirles en tono serio un ¡QUE NO, QUE TE VAYAS!, y se van. Pero es verdad que la imagen que dan a la ciudad es feísima, y más en Bologna, donde los hay por miles.
ACTUALIZACIÓN: estando por Barcelona estos últimos días del año 2007, me he encontrado con un par de típicos punkabbestias. No les pregunté de dónde eran, pero estoy seguro de que eran italianos aún sin hacerlo.





