Y con el ondear de una bandera, y el simple ‘clic’ de una cámara, Cataluña fue reconquistada.
xD
Pues este fin de año, como viene siendo tradición siempre que podemos, hicimos un viajecito. Este año ha tocado un destino al que le teníamos muchas ganas, que siempre está tan cerca y tan lejos a la vez: Marruecos. La verdad es que teniéndolo ahí al lado, y habiendo aun así muchos españoles de turismo, no entiendo por qué no es un destino más turístico de lo que es ahora mismo. O sea, sí, se entiende en parte: las infraestructuras, turísticas y no, son peores, la información es menor, los riesgos son mayores… Pero ya digo, aun así, es que lo tenemos ahí al lado, y prácticamente no le hacemos ni puto caso en beneficio de la Europa del norte.
Pero bueno, como ya digo este año nos ha tocado ir a Marruecos, porque parte de los que hemos ido tenían muchas ganas de conocerlo, y yo muchas ganas de volver, y sobre todo, de conocer las ciudades importantes, como las que hemos conocido en este viaje: Fez y Marrakech. Nos han quedado muchas cosas por ver, como para volver 2 o 3 veces más, pero bueno, eso lo dejaremos para más adelante. Nuestro itinerario en este viaje ha sido: Tánger, Tetuán, Chauen, Fez y Marrakech. Hay que tener en cuenta que el país, aun siendo de los pequeñitos de África, es casi tan grande como España (sin contar con el Sáhara Occidental, claro, porque por ahí no paso amigo Mohamed), y nos hemos dejado bastantes cositas, como Mequínez y las ruinas romanas de Volubilis, Rabat y Casablanca, Asilah (Arcila en español), Esauira… y sobre todo, el Atlas y el desierto al sur de Marruecos, que según me han dicho es lo más bonito y completamente distinto de lo que hay en el norte, en la parte donde vive la mayoría de la población.
Así que bueno, fuimos para allá prácticamente sin ninguna idea preconcebida. Yo ya había estado una vez hace como 7 u 8 años, pero fue en un rollo completamente distinto: con familia, solo 4 días, solo por el norte muy norte… Y la verdad es que tenía muchas ganas de volver, porque vi muy poquito y me faltaba lo más importante. Pues nada, nos planteamos el viaje con un coche de alquiler, ya que cogíamos el avión de vuelta desde Marrakech a Sevilla. Además, el tener matrícula marroquí nos evitaría alguna que otra situación complicada. Así que llegamos a Tánger Med, el nuevo megapuerto que se ha hecho el Rey marroquí para quitarle el tráfico marítimo a Algeciras, y de allí nos fuimos a Tánger a pasar la noche, ya que teníamos reservado el coche para la mañana siguiente.
Al llegar a Tánger, primer choque con lo que es el país: para empezar, al bajar del autobús, en el momento en que nos estaban dando las maletas con el consiguiente barullo formado, uno de los que había por allí intentó mangarme la cartera. Me di cuenta porque tenía los bolsillos muy apretados, pero si no llega a ser por eso podría haber sido distinto y haberla perdido en el minuto 1 en tierra marroquí. Estábamos en una ciudad que no conocíamos, fuera del centro, sin hablar el idioma, y sin poder fiarnos de nadie. Nos dijeron que fuéramos en taxi, pero yo, conociendo cómo son los taxistas, no me fiaba, y mucho menos en Marruecos. Así que preguntamos por allí en una gasolinera, con mi francés patatero, y nos dijeron que el centro estaba andando a unos 20 minutillos. Pues para allá que nos fuimos.
Estuvimos caminando un rato por la zona nueva de Tánger en dirección a la medina, por donde caía nuestro hotel. La ciudad nueva la verdad es que no tiene nada de particular: es como cualquier ciudad europea, con sus avenidas, su especulación urbanística, sus restaurantes de comida rápida y demás comercios, y poco más. Llegando a la medina se nos acercó un abuelete marroquí y nos empezó a hablar en español perfecto Hola qué tal, de dónde sois, ¡ah, españoles!, muy bonita España, etc etc etc. Hasta que llegó el momento que nos esperábamos: ¿Queréis hachís? ¿No queréis? ¿Necesitáis alojamiento? Yo conozco… Yo me pegué un rato diciéndo que no, que muchas gracias, que no necesitábamos nada, que ya teníamos alojamiento, y el tío seguía ahí, haciéndonos preguntas, que si en qué hotel estábamos, que él nos podía guiar, que si qué necesitábamos, que si nos pasaba algo que no queríamos hablar. Ya a los 10 minutos sin que el tío pillara las indirectas, que no le queríamos con nosotros, nos empezamos a mosquear y a poner violentos. No decíamos nada, ni le respondíamos, pero el abuelo seguía: ¿a qué hotel vais? Yo lo conozco, os puedo llevar… Ya no sabíamos qué coño hacer para largarlo. Si el tío nos decía Es por aquí, nosotros íbamos por la calle que no era, y aun con esas, el puto abuelo seguía siguiéndonos. No había manera de hacerle un puto quiebre, al abuelo. Ni Cannavaro, joder. Menos mal que teníamos una guía y en ella había un mapa, en el que tras buscar un poco (y con el abuelo parado a nuestro lado sin que le hiciéramos ni puto caso y sin que quisiera largarse tampoco) encontramos la calle de nuestro hotel. Que por la medina no es fácil orientarse, pero de algún modo lo conseguimos; y por fin, llegamos a nuestro hotel. Y el abuelo se tuvo que quedar en la puerta. Qué pesado, cojones.
Así que llegamos al hotel, nos dieron las llaves y subimos a la habitación esperando encontrarnos quién sabe qué. Pero no, la habitación no estaba mal. O sea, el hotel este en Marruecos era de 4 estrellas, creo, pero esa habitación sería la de uno de 2 o 3 en España. Pero bastante contentos estábamos, ya que nos esperábamos cualquier cosa, que nos habían contado cada historia sobre los alojamientos marroquíes… Pues nada, dejamos las cosas y salimos a cenar. Un rico showarma marroquí (el primero de unos cuantos).
Y nada, cenamos y nos fuimos a dormir temprano, que no teníamos ni energías ni grandes esperanzas en la noche marroquí xD. Así que al día siguiente nos levantamos, nos dimos un paseo por la medina, y nos fuimos a esperar al miembro de nuestro grupo perdido el día anterior (percances con el pasaporte…). Pues le recogemos y ponemos rumbo a Tetuán. Por las carreteras se ve un paisaje bonito y muy peculiar, ya que Marruecos tiene ahora mismo una vida como de bastantes años atrás en comparación con España, y eso se ve perfectamente por la carretera, al pasar por los pueblos: hay cosas que en España ya no se ven mucho: personas arando con los bueyes, pueblos que tienen la mitad sin asfaltar, y cosas así; además de un montón de burros ayudando a transportar o trabajar la tierra. Lo dicho, como España pero hace 50 o 60 años. Además no tuvimos ningún problema con la policía, nos pararon una vez los gendarmes marroquíes llegando a Tetuán pero no nos pusieron ninguna traba, así que tiramos para adelante y bien.
Pues una vez llegamos a Tetuán aparcamos el coche, un poco a tomar por culo, y nos fuimos a la medina a buscar nuestro hostal. El hostal de Tetuán fue el único que no teníamos cuando fuimos a Marruecos, y lo encontramos el día anterior buscando en el ordenador de nuestro hotel de Tánger. Hay que decir que si quieres un buen alojamiento en Marruecos los precios están en torno a los 20-30 € mínimo. Si vas a algo por debajo de eso te arriesgas a encontrarte cualquier cosa. Pues en Tetuán nos arriesgamos, ya que al ser la ciudad menos turística de todas a las que fuimos había menos información sobre alojamiento por internet y menos alojamientos para turistas. Pero bueno, el caso es que llegamos con las mochilas a cuestas y nos metimos por la medina a buscar nuestro hostal reservado el día anterior. En un principio habíamos quedado con el dueño o encargado del hostal, de nombre Nordit, en la Plaza de la Paloma blanca. Claro, llega a Tetuán y ponte a buscar la Plaza de la Paloma Blanca, cuando ni siquiera entendíamos las letras en las que estaban escritas los nombres de las calles xD. Así que llegando nos pusimos a buscar por todos lados una paloma blanca o algo que se le pareciera, mientras los amigos marroquíes se nos enganchaban al coche para intentar hacer de nuestros guías, incluso corriendo a pie detrás nuestra mientras nosotros íbamos en coche. Pero después de dar unas cuantas vueltas encontramos la famosa plaza, pues en cuanto la vimos nos fue bastante obvio, con una pedazo de estatua de una paloma blanca en medio de la plaza xD. Nos pusimos a llamar a Nordit y no lo cogió, pues nos tocó buscar el sitio por nuestra cuenta. Así que nada, andando y andando, y tras preguntar a un farmacéutico (apunte para los futuros turistas en Marruecos: si os perdéis preguntadle a un farmacéutico, son bastante más de fiar que la gente de a pie, que están deseando sacarte unos dirhams en cuanto pueden), llegamos a nuestro hostal, La Gacela, y allí encontramos al amigo Nordit, que resultó ser un personajazo de los buenos.
Llegamos a nuestro hostal, en un riad (casa típica marroquí), y la primera impresión fue un poco… regular. Hablamos con el encargado para que nos la enseñara y la sensación que daban las habitaciones era de más bien poca higiene. Bueno, para empezar nos enseñó la primera habitación y de allí salió una peste entre de humedad y de cerrado que nos hizo mirarnos con una carita un poco chunga. Pero las demás estaban un poco mejor (poco xD), así que ya que no teníamos otra cosa, y que era barato (como 5 €), nos quedamos allí. Luego a la hora de dormir nos dimos cuenta que las camas no tenían sábanas, y las colchas, que era lo único que cubría los colchones, llevaban bastante tiempo sin cambiarlas. Así que esa fue la noche en que peor dormimos con diferencia (apunte para turistas: aquí uno de mis amigos se llevó un saco de dormir que fue una idea genial para aquella noche, fue sin duda el que mejor durmió de todos). Además hay que contar con que en mitad de la noche, el encargado se había puesto a limpiar el cuarto de baño (o sea, el agujerito en el suelo típico marroquí, del que salía una peste a mierda curiosa, que invadía toda nuestra planta), y entre el ruido de la limpieza y los amagos de potar nos dio la noche. Y también, en torno a las 6 de la mañana, debía haber habido una llamada a la oración, porque lo único que se oían eran cantos o rezos, pero como si fueran los de una secta de las películas, porque además se escuchaban cercanísimos, y la cosa la verdad es que acojonaba bastante.
Pero bueno, esa fue nuestra noche. Entre que soltamos nuestras cosas y nos fuimos a dormir nos dimos una vuelta por la medina, con un marroquí que se nos enganchó de guía. Éste nos hizo la jugada bastante bien, porque estaba en el hostal cuando llegamos, y empezó a contarnos que era el sobrino de Nordit, así que nos fiamos de él. Además los marroquíes siempre hacen lo mismo: hacen como que no tienen interés, y poco a poco se te van enganchando: Hola amigo, bienvenido a Marruecos. -se va unos pasos hacia delante- ¿De dónde eres? Ah, España, Andalucía. Bonita. Yo tengo familia allí. Muy bonita, se vive muy bien. -se va otros pasos hacia delante- Yo quiero practicar español, no quiero dinero, sólo practicar, porque me gusta mucho tu idioma. -se va otros pasos hacia delante- ¿Queréis ver la mezquita? Es por aquí, venid. ¿O la kasbah? Por aquí, por aquí. ¡Amigo, amigo, por aquí!. Y claro, uno acaba hasta los cojones de decir que no queremos ver nada. De hecho, lo peor de todo, es que hacen que tengas que evitarles, y si de verdad querías seguir ese camino, con tal de no tener que aguantarle te vas por otro. Caminar por una medina en Marruecos significa decir 40 veces a la hora que no. Pero bueno, éste del hostal se nos enganchó con la historia de que era el sobrino de Nordit, que la verdad, todavía no sé si es verdad o no, y creo que nunca lo sabré. La ruta turística típica que hacen estos ‘guías’ no oficiales siempre incluye algún bar de comida típica marroquí (que la verdad es que al que nos llevaron en Tetuán era un antro muy auténtico, pero la comida, sin estar mala, tampoco nos flipó), y un montón de negocios cuyos dueños serán amigos del tío en cuestión. El nuestro nos llevó a una tienda de alfombras, desde la que había una vista muy guapa de las azoteas de Tetuán, eso sí, y una supuesta tienda de perfumes e hierbas berebere donde nos intentaron timar. Y teniendo Marruecos una renta per cápita rondando los 5000 $ (en España está en torno a los 30000 $) hay muchísima gente dispuesta a pegarse todo un día haciéndote de guía por unos cuantos €uros o dirhams. Así que nos dio una vuelta por la medina de Tetuán, que la verdad, no nos vino mal del todo, porque nos dio tantas vueltas que yo creo que nosotros nos habríamos perdido a la segunda si hubiéramos ido solos; y además el llevar un guía nos espantó a todos los demás pretendientes y no tuvimos que estar todo el rato diciendo que no. Al final el precio por esas cuantas horas de visita fueron unos 10 l€rus entre todos, y porque nos estuvo comiendo la oreja para que le diéramos más de los 5 € que queríamos darle en un principio.
Tetuán y el resto de ciudades marroquíes tienen una estructura un poco curiosa. Casi todas las que vimos se componen de dos partes (o más, pero fundamentalmente dos): la medina, o centro antiguo, y la ciudad nueva, o centro nuevo. Las medinas son las típicas ciudades árabes, enrevesadas y estrechas, y datan la mayoría de varios siglos atrás; pero las ciudades nuevas vienen de la época del colonialismo francés, que cuando estuvieron por aquí se dedicaron a hacer ciudades más del estilo europeo, con avenidas, comercios como los que conocemos nosotros, etc. Aunque la zona de Tetuán y Chauen pertenecían al Protectorado español, del que de hecho Tetuán era la capital, y allí esa zona nueva se llama directamente Ensanche. En Tetuán la verdad es que se nota mucho la influencia española. Hay muchos carteles de negocios y vestigios de aquella época en español, y bueno, más gente de lo normal habla español, porque en Tánger por ejemplo se notaba que fue mayor la influencia francesa y la gente hablaba mayoritariamente francés.
Pues una vez nos dejó el guía nos dedicamos a pasear un poco por el Ensanche de Tetuán, y la verdad es que no hay nada reseñable. Nos tomamos el típico té a la menta y unos pastelitos. Creo que de toda la comida que comimos/probamos esta semana, lo mejor fueron los pasteles y los dulces. Son los típicos dulces árabes, o parecidos, que a diferencia de los europeos se componen más de hojaldre, miel, frutos secos, etc. Ya los había probado en Marsella, pero siguen estando muy buenos y siendo completamente diferentes, además de baratos, aunque para no variar también nos intentaron timar. Cuando alguien se os acerque ofrenciéndoos ser vuestro intérprete, guía, ayuda, o simplemente conversación en plan buena gente, sed conscientes de que no es por simpático, sino que más bien os va a intentar cobrar el servicio de alguna manera, os deis cuenta o no. Luego ocurrió la anécdota del viaje en casa de Nordit, que os cuenta mi amigo David en este vídeo. Entre eso y varias cosas, nuestro amigo Nordit se ganó el apodo de Ñordit, así que cada vez que íbamos, ejem, al excusado, nos acordábamos de él.
La noche que pasamos en Tetuán ya la he contado un poco más arriba, así que una vez nos hubimos levantado, recogido y todo, nos fuimos a buscar el coche para hacernos al camino en dirección a Chauen. El paseíto en carretera fue entretenido y sin problemas, y más tranquilo de lo que hubiéramos pensado en un primer momento. Así que llegados a Chauen a mediodía más o menos, nos dimos un par de vueltas por allí. Chauen es un pueblo muy turístico, es muy pequeñito, pero es tan bonito y tan especial con todas esas casas pintadas de celeste, allí enclavadas en mitad de la montaña, que merece una visita por huevos. Aunque lo que hicimos allí fue prácticamente solo eso: pasear, para arriba y abajo, hasta que nos aburrimos. También tuvimos un encuentro con un personajazo marroquí que a mí me dio un susto de muerte. El típico borracho del pueblo, como imagino que habría en España o cualquier otro país en cada pueblo antiguamente antes de que existiera la tele y demás entretenimientos caseros, pero que en Marruecos sigue existiendo; estuvo a punto de pegarme un codazo en la cara por las buenas, aunque por suerte controlaba lo suficiente como para parar antes. La cosa es que allí te puede pasar cualquier cosa, tienes la sensación de que es una aventura porque es un sitio mucho menos estructurado de lo que es hoy día Europa (al menos Europa Occidental, que es a lo que estamos acostumbrados).
Así que después de pasear por la bonita Chauen nos dirigimos a Fez, que es el sitio que más me intrigaba de todos. Me intrigaba porque es una ciudad muy conocida, pero menos que Marrakech, la ciudad turística por excelencia de Marruecos, en la cual ya habían estado y me habían contado varios de mis amigos. Así que llegamos, y para empezar fue una locura encontrar el camino hacia nuestro hostal. Llegamos con el coche y lo único que había era murallas por todos lados, la preguntabas a uno que por dónde se llegaba al sitio donde teníamos que ir y nos mandaban a quién sabe dónde, pero luego siempre acabábamos volviendo al mismo sitio. Mirábamos el mapa y claro, la cosa parecía muy clara: estaba cerca de la muralla, al sur. Pero llega ahí con tus huevos. Nos metíamos por la medina y no había manera: callejuelas por todos lados, calles por donde ni siquiera cabía el coche, calles sin salida… Hasta que le preguntamos a un chavalín que nos guió con muy buena disposición -esperando, claro, que le diéramos algo-. Tuvimos que salir de la medina hacia el sur, coger la carretera, y entonces volver a entrar. Ni de coña lo habríamos encontrado solos. Pero bueno, el caso es que al fin llegamos al hostal, con bastante sorpresa por nuestra parte, porque por fuera parecía un casa hecha polvo, sin cartel ni nada, pero al entrar había un albergue auténticamente europeo, muy cuidado y bien decorado. Con precios también europeos, eso sí. Pero el sitio era muy agradable, así que nos quedamos allí un rato tranquilitos.
Nuestro plan en un origen era irnos al día siguiente a Rabat, pero dando una vuelta por Fez vimos que era inabarcable en el tiempo que teníamos si queríamos irnos al día siguiente a Rabat, así que decidimos quedarnos allí un día más. Y mereció la pena, porque Fez me encantó. Es la ciudad más auténtica de todas las que visitamos, además de bonita y con muchísima historia por todas partes. Ni pisamos la ciudad nueva en este caso, pero ni ganas que teníamos, porque la medina sola era gigante, había demasiado que ver. Nuestro hostal organizaba excursiones regularmente, así que nos apuntamos a la de la medina del día siguiente, por primera vez con un guía oficial. Y estuvo bien, más o menos, aunque es que ni con los guías oficiales puedes fiarte de lo que te dicen. Nos llevaron -de nuevo- a una tienda de hierbas berebere, en principio con objeto turístico, pero claramente también para que le compráramos algo al colega; y luego a los curtidores, que están muy guapos y merecen la pena, pero que también, claro, tuvieron un momento para intentar conseguir que compráramos algo. Y lo típico: el guía diciéndonos que la calidad de los de Fez es la mejor, que la de Marrakech es mala y poco cuidada, etc. Es que nunca te puedes fiar de lo que te dicen, nunca sabes si es verdad o te quieren camelar.
Pero bueno, nos dimos la vuelta, y comimos (lo mismo: en un sitio muy turístico, donde tenía la sensación de que nos estaban timando, pero que el guía nos decía precios sólo para vosotros, esto en otro sitio no lo encontráis, etc; y todo mientras el guía se pegaba un banquete con sus amiguetes al lado nuestra, y que me parecía que era a nuestra costa). Ya una vez por la tarde decidimos pegarnos un paseo hasta la Mellah, la parte judía, que se encontraba al otro lado de la medina, en un lugar aparte pero todavía formando parte del centro histórico. Era un buen paseo, pero fue bastante interesante, porque pudimos deambular a nuestro aire por primera vez. Fez lo bonito que tiene es que es una ciudad de verdad: la gente vive su vida allí, no es ningún escenario restaurado para el turismo. Y la vida que se da allí me da la sensación de que es más cercana al estilo de vida medieval que al moderno que tenemos nosotros. Te ves las calles de la medina llenas de gente yendo y viniendo, otros transportando cosas en sus burros para todos lados, los artesanos trabajando en sus talleres de cara a la calle, y todo el centro lleno de gente y de vida, en definitiva, como debía ser antiguamente en los centros de las ciudades. Además la peculiaridad que tiene la medina de Fez es que es completamente claustrofóbica, estás siempre cerrado, las calles están todas definidas por muros y no se distinguen prácticamente los edificios unos de otros; y por si no fuera poco, hay partes que también están cerradas por arriba, con toldos, tejadillos, etc, supongo que para evitar la lluvia o el sol cuando pega demasiado fuerte.
La Mellah, por el contrario, es completamente distinta: tiene calles, más anchas que las de la medina, se distinguen los edificios y estos tienen balcones, etc. Pero sigue siendo una zona con un estilo peculiar, bastante arabizado. Allí además está el Palacio Real. El Rey debe tener un buen puñado de palacios, porque en Tetuán también había otro, y en todos además hay bastante presencia de guardias y mucha seguridad -en Tetuán estaba toda la plaza del palacio cortada al público-. Esto de ser Rey en Marruecos tiene que ser la hostia, creo que fue nuestro guía de Fez, que nos dijo que este rey era bastante más abierto que su padre, porque aparecía en actos públicos con su mujer oficial, mientras que su padre nunca lo hacía. Luego, claro, puede tener todas las mujeres que quiera, que para algo es el rey y es musulmán, pero éste por lo visto tiene una oficial, y los marroquíes por fin pueden ponerle cara. Además, por cierto, era una constante en cualquier negocio de cualquier ciudad, encontrarse con una foto del amigo Mohamed VI, con su mujer o sin ella. Me parece verdaderamente increíble que todavía haya pueblos que participen en un culto a la personalidad de alguien como esto, y es que además, los tenemos ahí al lado, no son un país perdido por ahí entre las montañas ni nada parecido.

Mohamed VI con la princesa Lalla Salma (foto: Hola.com)
Pues eso, la medina de Fez tiene además el récord de zona peatonal más grande del mundo; y para nosotros también obtuvo un récord: el de la gente más pesada de todas las ciudades en las que estuvimos. En este post interactivo, perfectamente escrito en español de Argentina, está bastante bien explicado el tema, para el que le interese y quiera vivirlo. Y es que es verdad: aquí los lugareños no te dejan ni a la de 3, y como además es un puto laberinto, no tienes cojones de despistarles porque al final el que acaba perdido eres tú. Nos pasó una vez que casi nos vimos peleándonos con un grupo, porque hubo uno de ellos que nos estuvo persiguiendo durante 15 putos minutos, hasta que conseguimos dejarle atrás. Fueron 15 minutos eternos, en los que ya no sabía cómo decirle que nos dejara en paz: llegué a pedírselo por favor, que nos dejara, que no queríamos nada; y el tío ahí sigue que sigue, hablándonos en español, italiano, inglés, francés… lo que hiciera falta con tal de conseguirse unas perrillas. Es que viendo que no le hacíamos ni caso el tío hasta nos insultaba, en cualquier idioma que se le ocurriera (a mí me llamó racista por no hacerle caso xD, y en inglés me dijo ‘fuck off”), para medio minuto después volver con palabras amables otra vez a ver si conseguía algo. O sea, increíble lo pesados que pueden llegar a ser. De hecho nos perdimos yendo para el hostal por culpa del tipo este, porque nos metíamos en cualquier calle que encontráramos para poder perderle y al final quienes nos perdimos fuimos nosotros, como era de esperar. Pues eso, después de dejarle atrás nos lo volvimos a encontrar con unos amigotes y casi nos peleamos porque llegaron a acercarse demasiado y nos sentimos verdaderamente amenazados. Por suerte allí son pesados pero parece que violentos no. O por lo menos con nosotros no llegaron a serlo.
Así que nada, nos fuimos al hostal y allí estuvimos hasta el día siguiente que cogimos el coche en dirección a Marrakech. Fue una paliza de viaje de unas 8 horas, en el que hasta pinchamos nuestro amado Picanto. Gracias a eso nos tocó cambiar la primera rueda de nuestra vida, pero menos mal que estábamos cerca de una estación de servicio y esta cerquísima de Mequínez, por lo que un simpático marroquí (simpático por la previsión de la más que probable comisión que se iba a llevar) dejó su puesto de trabajo en la estación y nos guió con su motillo hasta los proveedores de neumáticos de Mequínez, al que fuera más amigo suyo, imagino. Pero por suerte nos cambiaron la rueda en un plis, no salió muy caro teniendo en cuenta la urgencia que era para nosotros y lo que podrían haberse aprovechado los amigos del taller, así que nos pusimos en camino otra vez hacia abajo.
El viaje fue tranquilito, jugando a divisar burros como gente madura que somos, y disfrutando del paisaje, porque conforme vas yendo hacia el sur cambia bastante. Deja de ser un paisaje típicamente mediterráneo, con sus bosques, sus montañas, sus zonas de arbustos y de vegetación seca, para ir convirtiéndose en otra cosa: cuando vas llegando a Marrakech atravesar el bosque de palmeras en el que se encuentra es una auténtica maravilla, sumado además a las montañas nevadas del Atlas al fondo, tras las que empieza el desierto. Vamos, un paisaje precioso.
Eso sí, cuando entras a Marrakech eso deja de ser precioso para ser un puto caos. Conducir allí es una locura, parecido a lo que puede ser Nápoles. Hay semáforos y pasos de peatones, pero los respetan sólo de cuando en cuando; lo normal es ver coches atravesados por todas partes en atascos en cualquier sitio, haciendo giros imposibles para tomar la dirección que quieren, peatones cruzando por enmedio de los coches, bicicletas incluidas, y para empeorarlo todo, scooters y motos que aparecen por el sitio que menos te lo esperas. Vamos, una locura. Estuvimos como una hora o dos dando vueltas por Marrakech entre que salíamos de atascos y encontrábamos la oficina de nuestra compañía de alquiler de coches para dejarlo.
Por suerte llegamos a tiempo (bueno, un poco tarde, pero eso allí da un poco igual), dejamos el coche y nos pusimos a caminar hacia el hostal. Y otra vez lo mismo: para empezar caminata larga porque la oficina estaba en la zona nueva, con un loco pegado a nosotros durante parte de la misma, y luego, una vez llegados a la zona amurallada, incapaces de orientarnos. Le preguntamos a 50 personas más o menos, y al final llegamos a nuestro hotel. Que qué maravilla de hotel, gracias al amigo que lo encontró con un descuento por internet. Un 5 estrellas a precio de uno de 3 en España, y llegamos y flipamos. Que si dos televisiones, que si neverita, que si cama que te cagas, que si jacuzzi… Y entre que estuvimos haciendo el tonto un rato, ya descansando de tantas pamplinas, escuchamos un golpeteo en lo que era una puerta corredera en nuestro propio dormitorio -o sea, no la puerta principal, sino una que ni siquiera nos habíamos dado cuenta que estaba-. Va uno de mis amigos a mirar y dice Aquí hay un tío. En principio no nos lo creímos, pero de repente asoma la cabeza de un nota y se pone a mirarnos. Mi asombro en ese momento me hizo quedarme sin habla, pero el nota empezó a hablar y hablar, y de repente teníamos 4 polacos y un polaquito en nuestra habitación. Nos pusimos a presentarnos, y el tío empezó a decirnos -todo en inglés, claro- que habíamos despertado al niño con tanta tontería de perroflautas en un hotel pijo, pero nada, nos pusimos a hablar y el tío era buena gente, así que nos despedimos y fuimos a buscar la cena: nuestra cena de Nochevieja, intentado encontrarla antes de que nos dieran las uvas (literalmente); pero las de España, que eran una hora antes.
Nos fuimos a buscar la cena, pizzas para llevar xD, y nos fuimos corriendo para comernos gajos de naranja en vez de uvas, que es lo que había por allí xD. Pero yo llegué justo cuando habían acabado las campanadas, aunque eso no fue excusa para no abrir el cava y echarnos unos copazos. A lo que al momento aparece nuestro amigo polaco llamando por la puerta que nos unía, con una botella de absenta. Y eso nos mató. Eso y la dialéctica de este chaval, que parecía no tener fin. Así que esa fue nuestra Nochevieja, visto además que en Marruecos no esperábamos encontrar mucha fiesta así improvisadamente.
Pero bueno, mejor estábamos al día siguiente para ver la ciudad. Una vez completado nuestro traslado nos dispusimos a pegarnos el pateo de la ciudad. Y la verdad es que Marrakech es muy bonita, y tiene un aire tan auténtico que hechiza -aunque eso se pierde un poco con tanto turista-. Tiene además bastantes más sitios interesantes de lo que me esperaba: estuvimos en el Palacio Bahia, que es precioso, en el Palacio Badi, que ahora ya no son más que ruinas, y varios sitios más. Me quedé con las ganas de visitar a fondo la Madraza Ben Youssef, pero al final nos quedamos sin mucho tiempo. Aparte de eso, lo más conocido: la plaza Jamaa el-Fna, y el alminar de la mezquita Koutoubia, hermano de la Giralda. En esa época, en la que se construyó la Giralda, compartían capitalidad del Imperio Almohade Marrakech y Sevilla, habiéndose trasladado por primera vez la capital árabe de la península de Córdoba a Sevilla. Y en esas construyeron la Giralda, que fue además la torre más alta de Europa por unos cuantos siglos, lo cual yo no lo sabía. La de la Koutoubia es un poquito más baja, pero aun así es imponente. Aunque de la mezquita hay media que está sin construir y te deja un poco desencantado porque podría haber sido mucho más magnífica de lo que ya es.
Luego la plaza de Jamaa el-Fna tiene un encanto increíble. En la práctica esta plaza es como cualquier otra, un terreno de cemento muy grande, pero mucho más asimétrico de lo que suelen ser las plazas en Europa. Lo bonito es el uso que se le da a ese espacio: por un lado puestos de recuerdos para los turistas, por otro restaurantes bajo carpas, por otro un montón de puestos de zumo de naranja, que te lo hacen en el momento y fresquísimo (aunque da un poco de asquito porque los vasos son muy muy reutilizados, sólo limpiados pasándolos por un barreño con agua); y luego la noche, que la llena con gente de toda especie y pelaje: que si encantadores de serpientes, que si músicos de alguna tribu, que si cuentacuentos, que si malabaristas de cualquier tipo. Es una locura la cantidad de gente que hay montando y viendo los espectáculos por ahí. Lo malo es que los amigos ya se conocen de qué va el rollo y a la que te ven sacando alguna foto (y están más que atentos, os lo aseguro) se acerca uno de ellos a ti y te pide pasta por el mero hecho de haberles sacado la foto. Al final saqué una de escaqueo, pero aun así me vieron y estuvieron buscando al dueño de la cámara que había sacado esa foto mientras yo me alejaba discretamente.
Luego tuvimos otra mañana más antes de coger nuestro avión, pero la verdad es que para mi gusto nos faltó tiempo para Marrakech. Pero bueno, ya volveremos, que para eso hay vuelos directos desde una capital almohade a la otra. Lo que me hizo este viaje, es ver mi tierra andaluza con otros ojos. Ahora veo el centro de Córdoba o Sevilla y me lo imagino lleno de musulmanes andalusíes viviendo de un modo parecido a como lo hacen los marroquíes en sus medinas hoy día, con sus talleres abiertos al público, gente por todos lados y yendo en todas direcciones, otros intentando venderte especias -porque, si hay algo absolutamente característico de Marruecos, es el inconfundible olor a especias-, todos caminando por la antigua medina de Granada -el Albaicín-, en alto como la mayoría de medinas que hemos visto en el viaje, y transportando con sus burros cuesta arriba sus mercancías… O sea, me hace ver mi tierra de un modo completamente distinto. Porque hay que recordar que hace unos mil años, la región más próspera, desarrollada y culta del mundo era Al-Ándalus. Que mientras al norte de la frontera con los reinos cristianos, ni siquiera la mayoría de los reyes y gobernantes de dichos reinos sabían leer ni escribir, en Al-Ándalus la cultura era algo muy extendido entre el pueblo y cualquiera sabía escribir poesía o hacía estudios sobre alguna materia. Que mientras en Europa se vivía la Edad Media (o Edad Oscura en inglés), en Al-Ándalus no conocieron eso: aquí no se sufrió en demasía el apagón cultural del resto de Europa. Todo eso vino luego con los cristianos, cuando echaron a los moriscos, aunque aun así Andalucía siguió siendo la región más próspera gracias al comercio con América (aunque con mucha más desigualdad ahora) durante unos cuantos siglos más.
Yo por eso a los musulmanes les tengo muchísimo respeto, porque ellos nos dieron a los antiguos andaluces la mayor época de prosperidad que ha conocido esta tierra, y si ellos son ahora quienes están viviendo una época de oscuridad no puedo tratarles con desprecio: por lo que fueron y por lo que nos dieron. Porque además esto de las civilizaciones es cíclico, un día estás en lo más alto y con el tiempo te desgastas y acabas cayendo a lo más bajo. Y volverá a pasar, seguramente, con ellos, con nosotros, y con todo el mundo, sin duda.
Bueno, pues varios meses después (más concretamente 2), me pongo a escribir sobre mi viajecito por los Balcanes de Semana Santa. Que estoy mu perro, la verdad, como para ponerme a escribir; además de por todas las cosas que han pasado en estos meses de revoluciones y tal.
Pues mi viaje consistió en una semanita por la mitad noroccidental de los Balcanes: esto es, Eslovenia, Croacia y Bosnia y Hercegovina. Estuve conociendo las ciudades más representativas de la zona y alguna otra, donde tenía algún amigo que visitar. Aunque una vez metido en el tema, siempre te quedan ganas de conocer otras ciudades, que estando allí te enteras de que tienen cosas que ver, y de profundizar más en la cultura y el modo de vida de la gente de esos lugares. Pero bueno, eso se tiene que hacer viviendo allí y requiere mucho más tiempo; casi una vida si queremos conocer en profundidad los matices de cada sitio que visitamos (y ni aun así lo conseguiríamos creo yo).
El caso es que primero estuvimos en Trieste, que era paso obligado para coger el autobús que nos llevara a Croacia. Yo ya había estado en Trieste hace 5 años, durante mi erasmus, pero mi hermana no, así que nos entretuvimos en dar una vueltecita por la ciudad. Trieste es una ciudad que me resulta bastante agradable de ver. Al menos el centro. Luego si te vas un poco fuera no es tan bonita. Pero el centro es agradable, bastante neoclásico, con muchos edificios bonitos especialmente de la época en que formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, del cual era el puerto más importante; más unos cuantos restos romanos que la hacen una ciudad bastante interesante de ver, aunque no sea de las más famosas turísticamente hablando de Italia.
Luego de allí tiramos para Croacia, para Pula más concretamente, a visitar a una amiga mía. Pula es un pueblecito turístico de la península de Istria, con sus bastantes playas alrededor, bosquecitos, y un lugar muy agradable para pasar las vacaciones en general. La sorpresa fue cuando llegamos a Pula, que yo sinceramente no me esperaba nada, pero allí tenía su arena romana casi entera (una de las 4 que quedan en el mundo enteras; a saber: las de Roma, Verona, Nimes y ésta, según me dijo mi amiga). Pero luego no sólo tenía esto, sino que el pueblo, aun siendo muy pequeñito su centro histórico, tenía sus pocos edificios venecianos, un templo romano reconstruido pero enterito, arco del triunfo, y sus bastantes detalles históricos dando fe de sus épocas de esplendor pasadas, tanto con la Antigua Roma como con la Serenísima República de Venecia. Porque la península de Istria siempre ha sido una zona de influencia itálica, y hasta hace no mucho (desde la II Guerra Mundial) parte de Italia; de hecho hoy día es una zona bilingüe italiano-croata (aunque cada vez menos) y el dialecto de la zona es una especie de italiano-veneciano-medio croata un poco raro. Pues eso fue el primer día, que tuvimos una buena anfitriona (hola Paola
) que nos llevó por allí enseñándonos los sitios interesantes y nos dio buen alojamiento y un sitio donde dormir agusto.
A partir de ahí fuimos más a pelo. Durmiendo en autobuses nocturnos o de vez en cuando en algún albergue. Al día siguiente partimos para Zágreb, porque era la capital y porque era zona de paso obligada para ir al siguiente destino: Sarajevo. Pues nada, estuvimos por allí dando unos cuantos paseos, y la sensación fue un poco agridulce: se podía adivinar la grandeza aristocrática de un pasado no muy lejano, pero se entremezclaba con edificios comunistas superfeotes y con una dejadez típica de un país que no tiene mucho dinero para gastar en reparaciones estéticas de los edificios, que al final dejaban una ciudad pues bastante gris y sin mucha gracia. Pero a pesar de todo, hay un par de zonas bonitas: la del centro, con la plaza central, la Catedral y la iglesia de San Marco; y una calle que sale hacia el norte que debe ser muy típica o turística porque está bastante bien conservada y con personalidad, y es donde se concentraban los restaurantes para guiris y los bares de copas ‘guays’. Pero bueno, estuvimos unas horas dando vueltas y la verdad es que más de 3 o 4 horas no hay que echarle.
Por la noche partimos para Sarajevo en nuestro albergue con ruedas. La verdad es que el transporte allí es bastante más caro de lo que esperábamos, alrededor de 20-30 € cada trayecto; que bueno, eran sus buenas 7 horas, pero siendo nocturno y una zona no comunitaria con peor economía (a priori) que en la Zona Euro me lo esperaba más barato. Pero no era así. Además, también se ve que el turismo por la zona empieza a florecer, sin llegar a ser agobiante todavía, y los precios se van inflando poco a poco.
Pues eso, llegamos a Sarajevo a las 6 de la mañana, con una rasca del copón, y nos metimos en la primera cafetería que pillamos para hacer tiempo mientras salía el sol. Aunque entre medias, claro, tuvimos que sacar moneda local, marcos convertibles bosnios. Eso fue otro berenjenal, aprenderte primero el cambio de €uros a kunas croatas, y luego el cambio de kunas croatas y €uros a marcos convertibles bosnios, para tratar de entender cuánto dinero tenías encima y cuánto costaba cada cosa. Y bueno, aunque en general es más barato que aquí, tampoco lo es tanto como pueda parecer. Pero bueno, estábamos en Sarajevo y había que salir a darse una vuelta. Lo primero que ves por allí impacta, porque la estación de autobuses, donde nos dejaron, está un poco fuera del centro, y para llegar hasta él tienes que andar por zonas un poco devastadas y con bastantes signos de guerra todavía. También hay que pasar por el famoso hotel Holiday Inn, donde se alojaban los corresponsales de guerra extranjeros durante el Sitio de Sarajevo, y justo al lado de la “Avenida de los Francotiradores“, por donde también había que pasar puesto que es una de las calles principales de la ciudad. Luego poco a poco vas llegando al centro, donde sigue habiendo detalles chungos: edificios tiroteados, otros en reparación, monumentos en honor a las víctimas de la guerra, etc; junto con lo que es la Sarajevo histórica: mezquitas, iglesias, catedrales (católica y ortodoxa), sinagogas, y en general una mezcla de religiones y etnias tan extraña y brutal que uno acaba entendiendo que estallase la guerra, y fuera precisamente allí donde fue más larga y cruenta, tras la disolución de Yugoslavia.
Porque lo chungo no es que se disolviese Yugoslavia ni la idea de la Gran Serbia de los nacionalistas serbios; no, lo chungo es que en Bosnia, al estar justo en el medio del antiguo país federal, había de todo: un montón de población serbia, otro montón croata, y los bosníacos musulmanes originarios, y también, claro, comunidades judías, todo mezclado en ese territorio, y en esa ciudad que es Sarajevo especialmente. Hay que recordar que fue precisamente aquí donde estalló también la I Guerra Mundial (más concretamente ahí), y por un nacionalista serbio además. Claro, ellos serían de etnia serbia o croata, pero nacidos o criados allí, con lo cual se sentían tan bosnios como serbios o croatas, y normal que no quisieran separarse de lo que es su patria originaria.
Pero aparte de todo lo que es la reciente Guerra de los Balcanes, la verdad es que Sarajevo es bonita. Bonita y curiosa. Por lo que ya digo: la mezcla de culturas y religiones. Porque uno piensa que Europa en su mayoría es cristiana, sea católica o protestante, pero cuando va por aquella zona se da cuenta de que no, de que hay una parte de Europa musulmana, consecuencia de la influencia turca durante tanto tiempo, que no solemos ver o hacer caso pero que también es importante. Y los bosnios son parte de ese legado musulmán europeo. Se ve en todas partes: en la gran cantidad de mezquitas, en el antiguo bazar, en los minaretes que surcan el cielo de la ciudad, en la gran cantidad de tumbas y cementerios musulmanes que hay por todas partes… en fin, por todos lados. En las mujeres también. Se ven muchas mujeres con velo, aunque también se ven tantas otras sin él. Lo cierto es que la convivencia, sin saber que ha habido una guerra entre ellos, parece perfecta; pero supongo que habrá un montón de diferencias y rencillas ocultas que a la mínima chispa saltarán a flor de piel.
Porque de los bosnios me llamó especialmente la atención una cosa: su amabilidad. No sé si se deberá a que todavía no están muy acostumbrados al turismo, pero te veían por allí sacando fotos y, incluso sin tener ni papa de inglés, se paraban a tu lado a explicarte qué era eso a lo que le hacías fotos. Y así pues con todo. En cualquier tienda, en el albergue donde dormimos, donde fuera, se les veía gente amable y cercana, bastante accesible, vamos, buenos en general. Luego ya no sé hasta qué punto será cierto, pero era la sensación que dejaban. Claro, menos los policías, que tenían bastante pinta de chungos.
Por cierto que en Sarajevo se dio la anécdota del viaje. Fue durante la visita al túnel de la ciudad, por el que colaban mercancías y víveres durante el asedio serbio. Fuimos para allá mi hermana, yo, y nuestro amigo japo que habíamos conocido en el albergue, y nos metieron en una sala a ver un vídeo con imágenes de la gente traficando con cosas por el túnel durante la guerra. Y fue sentarnos a ver el vídeo, y se escuchó desde el fondo de la sala: ¿Agustín?; yo me giré y lo primero que propelí fue un ¡Coño! ¿Qué haces tú aquí?. Claro, a eso siguió un descojone general de las 6 o 7 personas que estábamos allí. Pues eso, una chavala que conozco de Sevilla, que sin ser mi amiga hemos coincidido varias veces por ahí, y voy y me la encuentro en Sarajevo. En el puto túnel. Un martes de Semana Santa a las 2 de la tarde. Vamos, lo mires por donde lo mires, no hay muchas posibilidades de encontrarte alguien conocido de Sevilla en el túnel de la ciudad de Sarajevo un martes de Semana Santa a las 2 de la tarde. Pero el mundo es un pañuelo, como dijo alguna vez alguien.
De allí nos fuimos a Móstar, y en Móstar nos encontramos tres cuartos de lo mismo. Si Sarajevo es la capital de Bosnia, Móstar lo es de Hercegovina, por lo que tiene cierta importancia tanto histórica como política. Y también sufrió bastante los efectos de la guerra, hasta el punto de que su monumento más importante, el Puente Viejo, acabó destruido -y reconstruido hace bien poquito-. Lo cual es una pena, y deja una buena idea de lo que tuvieron que ser los combates allí en su momento. De hecho se siguen viendo heridas de la guerra por todos lados. Paseando por allí me daba por pensar que tiene que ser tremendo vivir viendo todos los días las cicatrices de lo que tuvo que ocurrir allí, cuando vecinos se mataban unos a otros. ¿Seguirán viviendo las mismas personas que un día se mataban en la misma ciudad donde lo hacían?. No lo creo, tiene que ser algo durísimo. No creo que nadie pueda vivir bajo esa presión.
Pues eso, en Móstar vimos algo parecido a lo que había en Sarajevo, aunque sin tanta mezcla; aquí había sobre todo mezquitas, y alguna que otra iglesia, aunque no muchas. Mezquitas, eso sí, muy bonitas, que junto con la parte del centro histórico y el Puente Viejo hicieron que mereciera la pena la visita. Y la impresión de los bosnios (o hercegovinos en este caso) seguía siendo la misma: gente muy amable que te trataba bastante bien, dentro de lo que cabe. Aquí además nos alojamos en casa de una señora que nos acometió al bajarnos del autobús para ofrecernos su casa, que la utilizaba como pensión para turistas. Según me ha contado un amigo que hizo un viaje parecido al mío el verano pasado, esto es muy común por esta zona, y en temporada alta es incluso peor (o mejor, como lo quieras ver), según él te asedian al bajarte en cualquier sitio para ofrecerte alojamiento; relativamente barato además (como 5-7 € la noche). Bien por ellos, me parece muy bien que se saquen su dinerito con los turistas así, en vez de timarles de cualquier manera.
Pues después de los dos días y pico en Bosnia, hartándonos de Burek tanto para desayunar como para cenar varias veces, volvimos a Croacia. Esta vez fuimos hacia la costa dálmata, a Dubróvnik, que tenía muchísimas ganas de conocerla por todo lo que me habían hablado de ella, que al final te acaban despertando la curiosidad. Y no decepcionó. Dubróvnik en sí es bastante más grande, una ciudad típica de veraneo con sus casitas y sus chalets subiendo por las colinas, pero cuando llegas a la parte antigua eso no tiene nombre. Es como caminar por una ciudad del siglo XVI en pleno siglo XXI. Está todo perfecto, y aunque en otros sitios puede parecer que artificial y muy reconstruido, aquí es como si no hubiera pasado el tiempo, como si se hubiera mantenido congelada la ciudad mientras pasaban los siglos a su alrededor. Claro, luego te pones a informarte y sí, aquí ha pasado la guerra como por todas partes, pero los pocos edificios que fueron dañados por los obuses serbios fueron luego reconstruidos cuando llegó la paz. Normal, esta gente necesita turismo para conseguir divisas, y Dubróvnik se merece como pocos otros destinos una o unas pocas visitas.
El caso es que la antigua República de Ragusa es preciosa, con sus calles empedradas, sus muros y sus fortalezas intactas (no por intactas, sino por reparadas), sus torres y sus iglesias, y toda la parafernalia de una ciudad renacentista. En los libros de Historia no nos lo enseñan, o por lo menos no mucho más allá que de pasada, pero la República Ragusina aguantó desde el siglo XIV hasta el XIX como ciudad independiente, hasta que llegó el amigo Napoleón y se puso a configurar Europa como le dio la gana. Y por suerte para nosotros, nos llegó la ciudad casi entera de cómo fue hasta nuestros días. Paseando por las callejuelas, a uno le parece hasta raro no cruzarse con gente vestida a la manera renacentista, o asomarse al puerto y no ver los galeones o bergantines que tuvo que haber en su momento.
Me dio pena no poder conocer la parte más moderna, sobre todo para contrastar y para poder ver qué parte del glamour y el encanto de la ciudad antigua se había contagiado con el resto; pero íbamos con bastante prisa. Aunque realmente la ciudad vieja te la ves en 2 o 3 horas, porque grande, lo que viene a ser grande, no es, y luego ya por muy bonitas que sean las callejuelas no dejan de ser todas muy parecidas. Así que estás por allí, dejas que te apuñalen con un par de helados o cafés, y ya. Poco más hay que hacer allí. Porque pasarse una temporada allí tiene que ser muy agradable (no en vano es una zona de veraneo pijo), abrir la ventana y ver esas espectaculares vistas tiene que curarle todos los males a cualquiera. Pero lo que es de turismo exprés, de ir a un sitio a conocerlo y punto, e irse al siguiente, en Dubróvnik no hay mucho para entretenerse. Así que a la noche nos cogimos otro de nuestros albergues rodantes, aka artobús, y nos largamos a Zágreb de nuevo, con destino Liubliana.
Pues después de un par de horitas de nuevo en Zágreb, que nos dio para echar un cafelillo y bichear alguna tienda y poco más, nos cogimos el tren hacia Eslovenia. Los paisajes eran bastante bonitos, con sus montañas, y sus valles, y demás -aunque no tan bonitos como los del trayecto Sarajevo-Mostar, lo que viene siendo el valle del río Neretva-, y tras un buen puñado de horas llegamos a la capital eslovena. Al principio era bastante escéptico, porque llegamos y allí no había nada recalcable, después de que hubiéramos añadido la ciudad al viaje improvisadamente al ver que teníamos un día libre; pero conforme te acercas al centro la cosa mejora. Y la verdad es que es muy bonita, el centro tiene un aire aristocrático bastante cuco, que no había visto hasta ese momento en el viaje en ninguna parte. El centro es pequeñito, pero son varias calles repletas de caserones nobles y edificios artísticos y bien cuidados; aunque si sales un poco de allí, ya empiezas a ver proliferaciones de arte más tirando a comunista y calles que se caían a pedazos. En cualquier caso la sorpresa fue muy agradable, aquí se notaba ya la influencia más germánica y menos mediterránea en lo que se veía por la calle, tanto estéticamente como en la manera de interactuar de la gente. Y esto hace que, aunque tenga un aire de pueblecito cuidado con mucha gente, a pesar de ser la capital, la hace un sitio muy atractivo para querer habitar una temporada, tranquilo y agradable. Aunque la verdad es que viendo el mapa me faltó mucha ciudad por ver, porque lo ves y los barrios se extienden por lo que sería 10 veces la parte del centro, y a lo mejor viendo alguno de esos barrios cambiaba de opinión; pero ¿en qué ciudad actual no pasa eso?.
Así que nada, estuvimos allí en Liubliana un día y pico, de relax total, porque la ciudad invitaba a ello, y nos fuimos hacia Italia, desde donde salía nuestro avión. Eso ya sí que fue una paliza, en un día pasamos por Gorizia y Treviso (que me encantó, típica ciudad italiana medieval: es flipante cómo conservan los italianos sus ciudades y sus obras de arte) para echarnos una siestecita nocturna como pudimos en el aeropuerto de Treviso y coger el avión de vuelta a casa.
Pues esta no fue sino mi segunda visita a los carnavales de Cádiz. La primera, que fue más improvisada que otra cosa, no pasó del macrobotellón en que se convierte la ciudad el sábado de carnavales. Pero esta vez quería saborear sobre todo el verdadero ambiente de carnavales el domingo, que salía el carrusel de coros, así que para allá que nos fuimos a echar el finde.
En realidad tengo poco que contar con palabras ya que hice un vídeo en el que sale todo lo que más o menos vivimos. Lo único que tengo que decir es que los carnavales de Cádiz me encantan. No son solo la fiesta descontrolada que parecen la mayoría de fiestas de carnaval de muchos sitios; en Cádiz se respira ingenio. Hay una auténtica competición por ver quién tiene el disfraz más ingenioso, por hacer reír a los demás con tu disfraz o con tus actuaciones, porque aquí la gente se mete tanto en el papel que te tienes que reír por cojones. Como ese momento en que nos estábamos comiendo un bocadillo en una pollería y aparecieron un puñado de tíos disfrazados de pollos que se pusieron a gritar ¡¡Menos pollo, más ensalada!! durante lo menos 5 minutos, en solidaridad con sus maltrechos congéneres. Puro ingenio. O los mineros chilenos que aparecen en el vídeo, que tenían asignado el papel de cada uno: Este es el de las dos mujeres, este el nosequién… otro con un cartel señalando a sus bajos que decía ‘manguera para apagar incendios’. En los detalles es donde se nota más la inventiva que tienen los gaditanos, que a mí me parece inagotable e imposible la mayoría de las veces. En definitiva, que me encantan, así que os dejo el vídeo en el que salgo haciendo un poco el payaso y enseñándoos lo que es esto y unas cuantas fotos con lo que había por allí.

Antes de ir a Cádiz estuvimos comiendo y viendo actuaciones en Rota. Y aquí es donde se ve lo que digo. Esta chirigota representaba una partida internacional de póker con ricos de todos los países. Y en ella había un gaditano, en paro, como debe ser, pero que podía jugar gracias a que estaba subvencionado por el ayuntamiento xD (todo esto lo contaban en las canciones, claro
)

Este momento fue increíble. Pasaba el tío disfrazado de cavernícola con su pene gigante en la carretilla cuando alguien dijo '¡anda que como te corras la que vas a liar!. Y el colega respondió '¿Sí? Pues espera', meneó un poco la 'colita' y salió disparado un chorro de corrida artesanal que nos dejó a todos locos xD

Otro momento flipante. Sale en el vídeo, pero verlo en vivo fue impresionante... cuando empezó a llover y nos resguardamos todos donde pudimos, nosotros nos pusimos debajo de una cornisa enfrente de esa tarima. Cuál fue nuestra sorpresa cuando enmedio de la gente corriendo y resguardándose los de esa chirigota ¡se pusieron a cantar ahí debajo como si no pasara nada!
Luego ya el tema del concurso de agrupaciones musicales es otro mundo completo, en el que yo me voy metiendo poco a poco gracias a unos cuantos amigos aficionados. Pero como no puedo hablar de los carnavales sin mencionarlas, os dejo con un vídeo de este año, para el que quiera meterse un poco más en el ambiente (aunque sé que es difícil de entender muchas veces por la calidad del sonido; pero cuando entiendes la letra merece la pena pararse a escucharlo).
Eso es Marsella, la punta de lanza de la invasión africana xD. Es flipante darse un paseo por allá, porque por zonas parece verdaderamente que estás en algún bazar de Túnez o de Marruecos, solo que con algún que otro arco de triunfo por medio y cosas de esas que tienen los franceses. Recuerda mucho a Nápoles, pero de un modo bastante distinto. Aquí no es solo que haya un porcentaje de canis (aquí se llaman racailles) ciertamente elevado, que las calles estén mal limpias y el tráfico bastante desordenado. Aquí es que buena parte del centro está habitado fundamentalmente por árabes, magrebíes y subsaharianos, que por esas zonas hay más pastelerías y salones de té árabes de verdad (no como los de Granada, que son bastante de pega) que boulangeries, y por supuesto, infinitamente más kebabs que creperías o algo que se le parezca. Y los puestos, todos por medio de la calle.
Es bastante curioso, la verdad, porque todos tenemos otra imagen de Francia, y cuando llegas aquí se te rompe en pedazos. Pero luego, por la parte turística, Marsella tiene su puntito. Ya digo que es como Nápoles, muy sucia y descuidada, pero que si se cuidara (y están empezando a hacerlo, regeneración urbana mediante) sería bastante bonita y agradable. Hay zonas bastante bonitas por las que merece la pena darse un paseo, y se respira por todas partes que es una ciudad completamente volcada al mar. Tiene ese sabor mediterráneo de buena parte de Italia que la verdad es que me encanta. Aunque la sensación general es que… para vivir, mejor me quedo en Montpellier xD.
Pero bueno, eso me ha hecho reflexionar sobre los flujos migratorios, que no son más que eso. ¿Acaso en Europa vivió siempre el hombre blanco? Los pueblos y las razas se han trasladado de unas tierras a otras siempre buscando recursos para su subsistencia, y así como un día vinieron los normandos a Francia desde el norte, ahora están viniendo los magrebíes y otros pueblos desde el sur. Solo que ahora no hay guerras ni conquistas por medio, ahora solo hay búsqueda de trabajo donde supuestamente lo hay. Y este proceso me parece que ocurrirá en toda Europa en mayor o menor medida, sobre todo desde África hacia los países del sur -aunque es cierto que en todas partes hay inmigrantes de todas partes-, por lo que nos mezclaremos de nuevo con las gentes del sur y este del Mediterráneo. Además, por si no hubiera poca ironía en esto, que un siglo y pico después sea Europa la que esté siendo ‘colonizada’, lo estamos siendo por los pueblos de nuestras antiguas colonias. Porque al ser pueblos con una formación en general mucho más escasa, hay un factor que juega un papel muy importante a la hora de esta ‘retrocolonización’: la lengua. En los países que antiguamente eran colonias de Francia se sigue hablando francés, y los emigrantes que quieren huir a Europa a buscar trabajo, ¿a dónde van sobre todo? Pues a Francia, claro. Y luego cogen y te montan debates sobre la identidad de la nación… Aunque vamos, eso lleva pasando en Inglaterra con paquistaníes e hindúes muchos años ya.
Esto mismo nos está pasando a nosotros con los países latinoamericanos, que al estar (estaba) recuperando España una posición económica fuerte, va a ser un imán para todos los emigrantes de los países de habla hispana cuando quieran irse fuera a buscar trabajo y cuando la situación en sus países de origen no sea buena. Si a eso le unes el efecto llamada, por el que unos inmigrantes ya asentados llaman siempre a sus familiares y amigos para que se asienten donde están ellos y ayudarles (eso pasó en Alemania con los turcos), pues es lo que creo que nos vamos a encontrar a mayor escala en los próximos años.
Pero bueno, eso solo son los nuevos flujos migratorios, no son buenos ni malos, solo hay que adaptarse a ellos. Pararlo es imposible, aunque sí es verdad que hay que frenarlo un poco porque la capacidad de absorción de inmigrantes de nuestros países es limitada. Pero debemos ir acostumbrándonos. Y encontrar el modo de aprovechar este aumento de flujo de capital humano hacia Europa, en vez de marginarlo o criminalizarlo, como están haciendo algunos. Esto a medio y largo plazo nos beneficiará, aunque dejemos de ser todos blanquitos a primera vista.
Bueno, pues seguimos con huelgas. No porque me apetezca sin más, sino que por donde voy pasando hay una huelga, así que toca hablar de ello. Si hace un par de semanas me encontraba con la destrucción antisistema en Barcelona, estas semanas pasadas me ha tocado vivir una huelga francesa en Montpellier. Tengo esta entrada en el tintero desde hace un par de semanas, pero como mi internet era una mierda por entonces no me fiaba de poder subir las fotos a Flickr en condiciones.
Los franceses por aquí son bastante más elegantes, porque por otras partes del país también la están liando pero bien.
El caso es que me ha pillado aquí y tuve ocasión de hacer unas fotillos de una de las manifestaciones de las últimas semanas. Porque sí, aquí ha habido manifestaciones todos los días. Se ve que a los franceses les gusta más una huelga que a nosotros un puente del Pilar.
Yo creo que aquí lo que ha tocado los cojones especialmente ha sido la actitud de Sarkozy -que es su actitud de siempre, por otra parte-, de Me da igual la huelga, vamos a sacar esta ley sí o sí (cosa que han hecho al final). Y con el pueblo francés no se juega. Dejando de lado que me parece que en esta ocasión los franceses no tienen razón -muchas veces el pueblo se equivoca, y en este caso la edad de jubilación va a haber que subirla tarde o temprano-, es toda una demostración de fuerza del pueblo, de que aquí quien manda somos nosotros, puto enano. Mientras que en nuestro querido país se ha hecho una huelga sin convicción, y donde más fuerza tenía, para mí la ha perdido con tanta tontuna antisistema.
Respecto a la falta de convicción de la huelga en nuestro país, es que yo creo que sencillamente no tenemos confianza en nuestros políticos. Es tal el desencanto, estamos tan asqueados de la política, nos han mangoneado ya tanto, que hacer huelga es decir ¿¿¿pa qué???, si mañana nos la van a intentar colar de nuevo. Yo creo que más que una huelga contra la reforma de la ley laboral, en España haría falta una toma del poder en condiciones y mandar al paredón a todo el mundo, para medio ver una solución al tema. Los políticos de nuestro país son el quiste que no nos deja avanzar, y en ‘políticos’, incluyo a los sindicatos y a la clase empresaria, que se dedican a politiquear siempre sobre todo para sacar todo el beneficio propio que puedan. Así lo único que consiguen es que les perdamos el respeto y dejemos de confiar en ellos, pues nunca buscan el bien común, como ya se ha demostrado.
Ya se ha convertido en un tópico, pero con motivos. Cada vez que se organiza algo en Barcelona que huela a anticapitalismo, antiEstado, antisistema, o algo parecido, se lía gorda. Y no lo entiendo. No lo entiendo porque no es lo mismo una cosa que otra. La semana pasada, por pura casualidad, me pilló en Barcelona, y por pura casualidad también me encontré con la manifestación por la calle cuando estaba dando un paseo con una amiga. Y allí había de todo: muchos con banderas independentistas (¿pero no era una manifestación en contra de la reforma laboral?), alguno con banderas republicanas (¿ein?), y hasta algunos cuantos con banderas de la URSS (WTF?!).
A ver, me gustaría que alguien me explicara qué tienen que ver unas cosas con las otras. No entiendo que porque el capitalismo tenga una crisis (crisis, por otra parte, difícilmente evitable, ya que nuestra economía, como casi todo lo concerniente a la Humanidad, va por ciclos, de prosperidad y decadencia, como todo lo demás), haya que añorar un sistema de organización económica que se demostró históricamente y con bastante claridad muy poco válido en la realidad, aparte de todo lo tiránico que conllevaba. No entiendo tampoco que si vas a protestar contra una reforma laboral (la cual estoy seguro que la mayoría de la gente no conoce más que de oídas) me traigas una bandera independentista o republicana. Como si fuera lo mismo. Señores, no es el momento ni el lugar. Y entiendo mucho menos que en aras de todo este amasijo de ideologías y protestas distintas en la misma manifestación, se hagan pintadas en comercios que no te han hecho nada (y aún menos que se los asalte: ¡valientes luchadores anticapitalismo! Anda que fueron a asaltar la frutería del barrio, exactamente tan capitalista como Levi’s y Movistar). Vamos a ver, si no te gusta el capitalismo ni la idiosincrasia que subyace en él, ¡coño!, ¡vete al campo y planta tu huertito con tus cabras y vive tranquilamente dejándonos a los demás en paz! ¡Nadie te lo prohíbe, cojones!. Si no te gusta el mundo en el que vives, se empieza a cambiar por uno mismo; pero desde luego no imponiéndoselo a los demás. Son demasiadas cosas que no entiendo.
Pero bueno, estamos hablando de Barcelona, bastión progre por excelencia. Y como últimamente lo que está de moda es echar pestes de todo lo que huela a dinero y capitalismo (aunque mira, ese móvil que tienes no lo has fabricado tú, ¿no?), y en consecuencia añorar el comunismo o ideologías imposibles parecidas obviando el hecho de toda la gente que estaba deseando escapar de él, pues vamos allá, sea lo que sea por lo que están protestando. Y de paso quemamos contenedores, que así se nota que estamos de verdad cabreados (¿contra qué?, contra quién? Eso no te lo sabrá decir ninguno).
Y bueno, allí estuve yo, parte de la enorme cantidad de voyeurs con cámara infiltrados en la manifa, que éramos una buena parte, la verdad. Señores, luchar por un mundo mejor, sí. Intentar que haya menos diferencias en el mundo, también. Tratar de que el sistema económico sea más humano y menos monetario, pues mira, también. Pero hacer el capullo no, y quemar mobiliario urbano y tocar los cojones del personal en nombre de todo eso, mucho menos.