El dogma de la no violencia

Es una discusión que he tenido en varias ocasiones en los últimos tiempos: ¿por qué estoy en contra de la no violencia? Es decir, esto hay que matizarlo, como siempre. No estoy a favor de la violencia; simplemente estoy en contra de la no violencia de manera absoluta.

Me ha pasado hasta con gente modernita, supuestamente progresista, que dicen que “no violencia siempre, pase lo que pase”. Bueno, ya hemos visto cómo acabaron esas manifestaciones pacíficas y no violentas: con gente con la cara partida, sin haber cambiado nada, y algunos hasta en la cárcel por el simple hecho de no querer pasar por el aro ante varios gobiernos criminales que hemos tenido, y protestar (lo cual por cierto es nuestro derecho; y aunque no lo fuera también lo apoyaría).

1374182840_425008_1374226545_noticia_fotograma.jpg

típica manifestación no violenta en España.. la violencia ya la ponen los policías

 

No es que esté en contra del dogma de la no violencia en particular: es que estoy en contra de todo tipo de dogmas. Los dogmas son afirmaciones o reglas impuestas de manera absoluta sin que la mayoría de la gente conozca su motivo ni su origen. Así, hacen que las personas actúen por inercia y como auténticos borregos, sin preguntarse ni cuestionarse nunca nada. Dentro de estos dogmas, tengo que reconocer que el de la no violencia es de los mejorcitos que puede haber; pero sigue siendo un dogma.

Todo esto viene del mito de Gandhi, que no sé hasta qué punto será verdad o estará construido a posteriori por algunos interesados en ello; pero como suelo decir, revoluciones no violentas (y eso hay que relativizarlo, puesto que murió mucha gente inocente igualmente, aunque fuera por parte de las tropas británicas) ha habido una en la Historia, mientras que todas las demás lo que han sido es justo eso, violentas. Porque en la mayoría de los casos no les dejaron otra opción, básicamente. Pero aun así, es verdad que ese tipo de revolución contiene muchos riesgos.

el-dos-de-mayo-de-1808-en-madrid

malditos violentos! si lo hablamos, nos vamos por las buenas seguro..

 

También Jesucristo decía aquello de “poner la otra mejilla”, pero curiosamente los cristianos nunca han sido un ejemplo de pacifismo cuando se trata de defender o expandir su modo de vida.

El tema de que sea un dogma es para evitar que un brote violento se convierta rápidamente en una espiral en la que acabe todo el mundo envuelto en una especie de guerra civil. Por esa parte bien. Pero luego, como está pasando hoy día, existen situaciones en las que el sistema está tan podrido y tan al servicio de unos pocos y en contra de la mayoría, que existe el riesgo de que la no violencia bloquee la capacidad de respuesta de la sociedad. ¿Qué pasa cuando nos damos cuenta que los jueces sirven a los más poderosos y dejan de impartir Justicia? ¿Nos tenemos que quedar parados sufriendo injusticias una y otra vez? ¿Eso no es violencia institucional? ¿Que te roben tus impuestos y tus ahorros para dárselos a unos incompetentes, no es también violencia institucional?

 

Rodrigo_Rato-vacaciones-Mallorca-barco_MDSIMA20150724_0136_21

esta apacible escena, a mí me resulta violenta

 

La violencia debe ser el último recurso que se utilice, puesto que antes hay muchas opciones que se pueden utilizar. Pero tampoco hay que descartarla por completo. Porque además los corruptos y los delincuentes utilizan esta misma idea para seguir haciendo de las suyas mientras nos exigen a los demás que nos estemos quietos, ya que “la violencia es mala”. La violencia es mala en un sistema en el que funcionen las instituciones y no sea económica ni socialmente violento con la mayoría; pero no en algunas otras ocasiones. Es más, al ser un dogma puede ser utilizado tanto para unos hacer el bien, como para otros hacer el mal; como sucede con todo, por otra parte. Por ejemplo, cuando la policía infiltra policías como manifestantes violentos en manifestaciones pacíficas, para hacer quedar mal al conjunto. El Poder sabe utilizar cualquier recurso que tiene a mano para perpetuarse y tratar de acabar con las reivindicaciones legítimas de los que están en su contra.

Es como cuando los intolerantes utilizan ese argumento con los demás, diciendo que como somos tolerantes tenemos que tolerar su intolerancia. Luego, si somos intolerantes con los intolerantes, utilizan eso para justificar su propia intolerancia, y si somos tolerantes con ellos al final acaban imponiendo su intolerancia. En cualquier caso siempre ganan. Como en todo lo demás, la cuestión es saber distinguir qué intolerancia es mala (generalmente la retrógrada) y cuál buena (generalmente la que actúa contra la primera intolerancia), pero no la intolerancia en sí.

Hay que tener en cuenta que la idea de Justicia es inherente al ser humano, y aunque hemos creado sistemas que tratan de impartirla de manera mejor o peor, nunca son perfectos y a veces se equivocan (unos más, y otros menos). En los casos más flagrantes, esta idea de Justicia interna explota en un brote violento, y tiene todo la razón del mundo en hacerlo. Otra cosa son los ataques violentos gratuitos como el de ayer al mongolo de las gafas, que no tiene justificación posible por muy sinvergüenza que sea (o por muchos sinvergüenzas que se escondan tras su impasibilidad y su careto de cemento armado).

tumblr_nzgvwgAOTB1r7w37ao1_1280.png

te lo mereces desde hace mucho, aunque no como lo de ayer

 

En cualquier caso es un recurso muy delicado que hay que tener cuidado al utilizar. Si se utiliza, hay que hacerlo con sabiduría, contra los responsables de una situación y por parte de los que han sufrido esa situación, no nadie más: con proporcionalidad. Si nos ponemos a ajustar cuentas contra unos por lo que han hecho sus cercanos, acabamos justamente en el ojo por ojo, en una guerra civil: matando a un hermano o compañero por algo que hizo otro, y así hasta el infinito, hasta que estalle de manera abierta. Para saber si alguien que ha sido violento con otro tiene razón de serlo hay que investigar las razones y motivos que le han llevado a eso antes de juzgarlo.

Portadas-ABC_EDIIMA20140103_0465_13

violencia buena y violencia mala según los mismos.. sospechoso, no?

 

Yo creo que el problema son los dogmas en general. Aquí de lo que estamos hablando es de una lucha por el poder, de que hay unos cuantos que lo detentan desde hace demasiado tiempo y no lo han sabido utilizar para lo que sirve: para mejorar nuestro país; y se resisten a abandonarlo. Por eso nos imponen reglas morales a los demás que luego se pasan por el forro de los cojones cuando les conviene. Por tanto, al final lo que se tiene que imponer es la fuerza de la mayoría, que no necesita de violencia para conseguirlo puesto que generalmente tiene la razón, pero que el uso puntual de ella cuando sea pertinente no debería darle miedo.

Desconexión

Me resulta curioso que, con lo propenso que he sido yo hacia todo lo relacionado con las nuevas tecnologías, ahora esté un poco renegando de ellas. La culpa no la tiene otro que Internet.

Siempre, de pequeño incluso, cada vez que veía un cacharrito me ponía a investigarlo hasta sacarle el funcionamiento. Me pasó con los primeros vhs que aparecieron en mi casa, con las minicadenas, y vamos, con todo. Eso, a los de mi generación, nos daba una ventaja cualitativa en casa, ya que solíamos ser los únicos que sabíamos cómo funcionaba el cacharro que fuera. Y a veces tenía cierta utilidad privada, como cuando tus padres te decían ¡Se acabó la consola! y te apagaban la tele pensando que te habían apagado el juego; pero no: le dábamos a pausa y luego seguíamos.

El caso es que de un tiempo a esta parte noto cómo mi conexión con los aparatejos ha sufrido un cierto retraimiento. Y la culpa no es más que el hecho de que ahora ya todos tienen conexión a internet, y una gran parte de ellos incluso cámara. Todo esto, claro, después de leer las noticias relacionadas con el tema: 1, 2, 3. Que el tema no es internet, por supuesto, sino los que lo usan mal. Pero como pasa con todo, y ha pasado siempre, y seguirá pasando, en cuanto inventas algo que se supone que es para el bien, aparece alguien que empieza a darle mal uso y a joder al personal.

1984-Big-Brother-Poster

el Gran Hermano se ha hecho real

Básicamente, teniendo cualquier cosa nuestra privada conectada a internet, estamos abriendo una ventana a nuestra privacidad que no sabemos quién coño va a utilizar para espiarnos. Yo no tengo nada que ocultar y estoy totalmente a favor de la transparencia, pero no me vale una transparencia unidireccional, donde haya quien nos pueda espiar y nosotros no podamos saber ni quién es, ni nada de ellos. No sé qué utilidad le puede sacar esta gente a nuestros chats privados, o nuestras fotos, o lo que sea; pero el hecho solo de que puedan espiarnos sin que nosotros nos enteremos en cualquier circunstancia ya es bastante perturbador; prefiero cortar esa posibilidad en la medida de lo posible y estar más tranquilo.

Obviamente es jodido vivir hoy día sin Whatsapp, por ejemplo; y eso no te asegura que no te espíen, pues los sms los interceptan igualmente, al igual que las llamadas de teléfono. Pero ya es una opción menos. Yo estoy tendiendo, no sé si me equivocaré o no, a procurar sacar lo menos de mí que quiero que sea público. Igual que antiguamente, que si no querías que algo se supiera, mejor que no se lo dijeras a nadie; pues hoy día lo mismo. Es más, si no quieres que algo se sepa, ni lo hagas. No hace falta que sea un gobierno, cualquier persona un poco versada en nuevas tecnologías puede hacerte un marcaje más estrecho del que pensamos: sólo llevando un móvil en el bolsillo todo el rato ya alguien puede saber nuestras coordenadas exactas a cada instante. Así que ahí hay que ponderar lo que queremos: si valoramos más la privacidad o la comunicabilidad. Yo lo que tengo claro es que ahora mismo me quiero volver todo lo análogico que pueda, aunque de momento sin renunciar a móvil, Facebook y etc. Pero si uno decide esto, tiene que ser consciente de los peligros que esa decisión entraña.

Ilusiones

Vivimos en un mundo lleno de mentiras. Mentiras alimentadas por esta bestia que es el capitalismo. Quizá sea este, la mentira, el mayor motor de esta bestia. Lo que la mueve y hace girar sus ejes.

Vivimos en un mundo de ilusiones. Ilusiones de que podemos ser lo que queramos ser. Mentira. En su día dije por ahí que “Nada es imposible, pero no todo es posible”. No todo es posible. Especialmente a corto plazo. Deberíamos grabárnoslo a fuego en las entrañas.

Ilusiones de que todo es inmutable, que las cosas son como tienen que ser, y que nunca han sido de otra manera; y por supuesto, de que ninguno de nosotros podemos cambiarlas. Mentira. La mentira más fundamental para que siga siendo verdad.

Ilusiones de que tenemos derecho siempre a lo mejor, al más guapo/a de la reunión, y a que todo sea perfecto, y de que es el dinero o el sistema el que nos garantiza este derecho. Mentira. Aunque vivamos en un mundo cada vez más hipócrita, donde la gente se mueva por apariencia y por intereses, no significa que todos seamos así; y mucho menos, que todos debamos ser así.

Ilusiones de que el dinero significa algo. De que las marcas de la ropa que llevas o el coche que conduces miden el éxito personal o alguna otra majadería capitalista engullida por el borrego que no se atreve a rascar más allá de la fachada.

Ilusiones de que un puesto de trabajo en un escalafón más alto te hace mejor que los demás. De que estás ahí porque te lo mereces y los demás no porque no se lo merecen. Ilusiones, como todas las demás.

Y ante todo, ilusiones de que ser honesto sirve de algo en esta vida, y quizá te ayude a que todo sea mejor o más fácil. Una mentira más de todo este tinglado. Quizá la más dolorosa de todas.

Publicaciones 2.0

Las cosas han cambiado mucho en los últimos pocos años. Hace alrededor de 10 años se pusieron de moda los blogs, con lo que cualquier mierdecilla como yo podía ponerse a escribir y soltar sus opiniones, más o menos desarrolladas, como si le pagaran por hacerlo. Antes de eso, si uno quería que su opinión fuera oída (o leída), tenía más bien pocas opciones: o eras un periodista de renombre, o escribías un libro, que lo más probable es que no lo leyera nadie, o te bajabas al bar de la esquina a discutir con los tertulianos de siempre (en mi caso era la evolución de esto: el botellón de los viernes o la barrilada universitaria correspondiente). De repente, con los blogs, uno podía opinar de todo y con su opinión pululando por la nube, algunos desconocidos hasta lo leerían, y así podría sentirse casi un columnista de El País.

JR+Mora+22M+manipulación+informativa+de+El+País

Antes de que se muriera el periodismo en él, claro.

Esto a mí en particular me ha ayudado mucho. Me ayudó sobre todo a superar la censura esa que decía que no se podía hablar ni de política, ni de religión, ni de fútbol (y menos en casa), y así poder hablar u opinar de cosas que me interesaban, aunque estuvieran “prohibidas”. Me ayudó también a tener que poner en orden muchos pensamientos antes de poder soltarlos y escribirlos, con lo que al final, mis opiniones estaban más elaboradas que las del típico parroquiano del bar o tertuliano de Tele5 o Telemadrid. Somos un país pasional, y esa norma había quedado establecida para evitar discusiones acaloradas que pudieran acabar en odios permanentes o peleas viscerales donde se acabaran sacando hasta los odios de la primera comunión. Por eso, a mí, estas dos cosas me han ayudado y me han servido a poder ser capaz luego de discutir en persona: sin apasionamiento, ya que por lo general lo he meditado todo antes, y sin miedo al qué dirán, porque ya lo he soltado antes en mi blog y no ha pasado nada, e incluso ha habido gente que me ha comentado y piensa lo mismo que yo. Esta es otra de tantas cosas que tenemos que agradecerle a internet.

Pero luego vino Facebook, y luego vino Twitter. Aquí han empezado a cambiar las cosas con la suma de muchas de esas personas que habían interiorizado al máximo esa regla de no se puede hablar de esto ni de esto ni de esto otro… junto a otras muchas más reglas que han hecho de nuestro país una masa de borregos sin cerebro. Yo hablo de mi país, que es España, porque es lo que he mamado y lo que conozco mejor; pero creo que es perfectamente extrapolable a muchos otros sitios y/o a muchas otras épocas. Cada sitio tiene sus cosillas buenas y sus cosillas malas, y en España el problema es lo que podríamos llamar el gen del borreguismo: que aquí se recompensa el no pensar, el obedecer y seguir a la masa ciegamente como un puto borrego que no sabe que tiene una cabeza con cerebro encima de los hombros. Esto es fruto de muchas cuestiones históricas, pero básicamente es la mediocridad del que no ha sabido todavía rebelarse y tomar control de su propio destino (hablando de España como ente, pero que al final se trata de la sociedad que formamos un montón de individuos como yo mismo). De ahí que nuestro país lleve tantos años (y siglos, podríamos decir) gobernado por chorizos y sinvergüenzas que sólo quieren sacar tajada a costa de los demás. Lo de los últimos años no es nada nuevo, aunque nos hayan engañado a todos con la película esa de la Transición, la democracia, y etc.

Con la llegada de la democracia sí que podríamos decir que parte de la responsabilidad de este desastre es de las personas que ahora sí participan activamente en la política (aunque sea votando). Antes no participaban, no hacían nada, simplemente dejarse llevar y procurar salir adelante en el día a día; ahora, ya no es solo el votar, que vale, uno se puede equivocar (que no pasa nada si somos capaces de reconocerlo y rectificar): el problema son los que se equivocan y se siguen creyendo en posesión de la verdad, dando lecciones por ahí y enmendándole la plana a todo el mundo, incapaces de hacer autocrítica y reconocer los puntos en los que estaban equivocados. Cuando todos los demás somos capaces de ver que las cosas no funcionan y no van bien, estos son los que siguen tragándose las mentiras (porque es mucho más fácil, claro, supongo yo), y encima, corrigiendo a todo el que tiene una visión ni medianamente crítica. Estos son los que hacen que el país esté hecho una mierda. Es decir, en términos empresariales, estos son el cuello de botella intelectual de España, en los que se apoyan los chorizos para encaramarse al poder y justificar su posición y todos sus abusos. Los que hacen que no avancemos.

España.

España.

De Facebook y Twitter, que los he mencionado antes, Twitter es otra historia. Si bien a mí me sirve mucho para informarme, al final acabas siguiendo a personas que piensan parecido a ti -incluso los que podríamos decir que no piensan-; y si te enzarzas en una discusión con uno que no lo hace, al final casi nunca se llega a nada -aunque haya dado lugar a unos cuantos ¡ZAS! épicos dignos de enmarcar. Por eso, para mí, la verdadera lucha se encuentra en Facebook.

ZASCA

ZASCA

En Facebook es donde te encuentras a aquellos que he comentado previamente que son nuestro cuello de botella. Por desgracia muchos son gente conocida, amigos, muchos con los que tienes aprecio personal sincero y habéis pasado muchas cosas juntos. A veces hasta familia. Pero una cosa no quita la otra: es gracias a esta gente desinformada y sin punto de vista crítico que nuestro país se encuentra hundido en la mayor mierda que hemos conocido -al menos, toda mi generación-, y es, en ellos, donde reside la clave del cambio: esa parte de la masa social que puede decantar la mayoría hacia un lado o hacia el otro. Por eso, desde hace un tiempo, y por desgracia, porque a nadie le gusta situarse en esta posición, he tomado una postura en Facebook bastante agresiva, ya que, si queremos que cambien las cosas en nuestro país, lo que tienen que cambiar ante todo son las mentalidades de las personas que lo formamos. No es agradable ponerse en plan porculero y tocapelotas con gente conocida, con la que has pasado muy buenos ratos en muchas ocasiones; pero alguien tiene que hacerlo: alguien tiene que decir las cosas poco agradables que han conformado la realidad que estamos viviendo, y ponernos en guardia ante las que pueden venir, que pueden ser mucho peores. Que es mucho más bonito vivir inconscientemente, viviendo solo para el fútbol o para salir por la noche y follar. Pero es que está todo conectado: si votas a unos chorizos que se dedican a saquear nuestro país y destrozar nuestro futuro, a lo mejor en unos años tu preocupación en vez de salir por la noche es qué coño vas a hacer para darle de comer a tu familia; como le está ocurriendo a mucha gente en España a día de hoy. Por eso, entre otras cuantas cosas, he tomado consciencia y me he sentido en la obligación de hacer algo al respecto. Por desgracia, porque me gustaría que fuera algún otro el que lo hiciera, y así no me tendría que haber ganado yo tantas antipatías y hasta odios, de gente que hasta hace no mucho era mi conocida. Alguien tiene que hacerlo, y creo que me ha tocado a mí.

La partida

Como querer la tierra propia
pocas cosas hay en la vida:
amor del que desde nacida
se mama hasta en la inopia.

Lo vamos regando poquito
a poco, sin que en general
veamos lo irracional
de amar este mero puntito.

Pero como quiera, te llena
todo tu ser, todo entero;
hasta que un día, por dinero,
o quizá amor, llega la pena.

Toca partir, abandonarlo;
aun acostumbrado, se quiebra
tu corazón, que ya no enhebra
más partidas sin denostarlo.

¿Volveré? Quién sabe, ni cuándo;
la vida es un río y me lleva,
sea lejos, o a una cueva;
donde sea, con tu amor ando.

Ambivalencia

Creo que con solo esa palabra puedo resumir lo que es mi visión actual de la vida. Ambivalencia. ¿Qué significa? Dos sentidos. Dos explicaciones, a menudo contrapuestas.

Ejemplos; por miles: el fútbol puede ser el deporte más bonito o puede usarse para matar a uno que no te ha hecho nada; el dinero, la fama, pueden ser algo grandioso y merecido, con los que ayudar a hacer el mundo un lugar mejor… o pueden ser la causa de la autodestrucción de una persona, o el motivo por el que destruir tantas otras cosas; la familia, puede ser el refugio de cualquier persona, el bálsamo que cure cualquier herida… o puede ser el origen de esas heridas.

¿Qué es entonces bueno o malo? Bueno o malo no es nada en sí mismo, sino el uso que se le dé o deje de dar. Para dar usos buenos hace falta tener mucha sabiduría, mientras que el no tenerla implica equivocarse a menudo y causar más daño que otra cosa. Pero de nuevo, equivocarse tampoco es malo; de hecho, es necesario, para descubrir cuáles son esos usos buenos y cuáles son malos, mediante la observación y análisis de las consecuencias. Ya lo decía mi tocayo santo: “Errar es humano; lo que es diabólico, es perseverar en el error”.

El problema es que las personas necesitan reglas simples para vivir, porque la mayoría no usan esa cosa que tienen encima del cuello con ojos, pelo y otras cosas. “Insultar está mal”, aunque nadie te explica que hay veces en las que los insultos son merecidos y necesitan ser dichos; “La familia es lo mejor”, aunque muchas veces sea la causa de más problemas que soluciones. Etc, etc.

Pero por eso, en casa cosa material, en cada proyecto o idea que tenemos, está contenido el uso potencial bueno y el uso potencial malo al mismo tiempo. Cuál de los dos ocurra en la realidad, depende de la disposición personal nuestra. Y ahí está la verdadera cuestión de todo. Por más buenas intenciones que tengamos, si por dentro no estamos bien, lo que sea que hagamos probablemente cause más daño que buenas consecuencias. Pero a día de hoy (y me imagino que ha sido siempre así, aunque no puedo hablar más que de lo que he vivido yo), en este mundo tan rápido que vivimos, prácticamente nadie se para a mirarse por dentro. Todo consiste en vivir a todo trapo, ganar dinero, gastarlo, y que le den por culo al de al lado. Hasta que te toca dejar de vivir a todo trapo. Ahí ya es cuando te preocupas por todas estas cosas subrepticias.

«¿Qué es, pues, el bien?. La ciencia. ¿Qué es el mal?. La ignorancia»

Séneca

El momento se va acercando

¿El momento de qué?, os preguntaréis. Pues el momento de probablemente cerrar esto. No porque quiera, que siempre tengo alguna mierda que soltar por aquí. Pero sí que es verdad que, aunque he intentado retomar la constancia de otras épocas, no lo he conseguido nunca, entre otras cosas porque esto quita mucho tiempo y cada vez tengo más cosas que hacer; y por si eso no fuera poco, me he ido metiendo en muchas otras historias que también requieren su tiempo correspondiente. El caso es que tiempo para escribir por aquí cada vez he ido teniendo menos. También porque tengo un par de proyectos de algo escrito mucho más serio, que no tiene cabida en este blog, sino que más bien irá -si lo acabo algún día- en formato libro.

Así que, por todas estas razones, voy sintiendo que cada vez está más cerca el momento en que cierre esto. Lo hago agradecido, porque he aprendido a escribir aquí: todas las horas de práctica y que he dedicado a este blog no han caído en saco roto. Gracias a esto, en parte, es por lo que he tomado la decisión de escribir algo más serio. Veremos en qué se queda. Pero vamos, la razón más importante por la que probablemente chape esto en algún momento, es que en cuanto esté asentado en España (que puede ser este año o dentro de 2 o 3), me meteré seguramente en alguna historia política; y para evitar situaciones comprometidas, por pura prudencia, cerraré esto. Mientras tanto a lo mejor escribo alguna cosa, pero como ya he dicho antes, las ganas y el tiempo que tengo son cada vez menos.

No lo quiero dejar de momento porque siempre tengo algo que contar. Pero por ejemplo, este año pasado se me han quedado en el tintero algunas entradas que quería haber escrito, que sea por pereza o por escasez de tiempo, no he acabado escribiendo. Así que en esta tesitura, cada vez tiene menos sentido mantener esto abierto. Pero bueno, que veremos cómo va evolucionando la cosa.