Deseando irme, pero no tanto

Hoy, en el autobús, me ha entrado la melancolía. Me he puesto a pensar en lo poco que me queda aquí, y en las cervecitas de despedida que me quedan estos días. Es lo malo del autobús, que te tiras un rato sin nada que hacer y se te va la cabeza a lo que menos te puedas imaginar. En este caso he estado pensando en las ganas que tengo de pasar una larga temporada fuera de aquí.

No es que se viva mal en Sevilla, pero son muchas las cosas que te acaban quemando. Cosas como el tremendo clasismo de esta sociedad, donde según como vayas vestido estás perteneciendo a un grupo o a otro, con los pijos en un extremo con esa mirada de superioridad, y los canis en el otro con esa hostilidad suya, fácilmente convertible en agresión arbitraria. O el desastre que está hecha ahora mismo la ciudad. No son solo las obras, es todo; es que no funciona nada bien y arreglan una cosa a cambio de despreocuparse de la de al lado. La tremenda dejadez en que se encuentran muchas partes de la ciudad me puede. Por otro lado, no aguanto ya las noches de salida, que suelen ser bastante siesas si no te gusta pagar 10 € para escuchar una mierda de música. Y para terminar, cómo no, los tontos sevillistas. Si ya eran inaguantables cuando no ganaban nada, ahora son sencillamente insufribles. Qué pesados por dios.

Pero a ver, uno se pone a pensar, y le entra la morriña precoz. Se le viene a la mente la primavera y su olor a azahar, el ambiente que hay por las noches en la calle, el ir de tapeo con los colegas, las barriladas, las niñas sevillanas, el encontrarse con un amigo por la calle y que se te alegre el alma, la feria, y tantas otras cosas. Quizá suene a tópico, pero Sevilla tiene algo especial que hace que llegue hasta el fondo de ti. Toda Andalucía lo tiene. Y sé que la echaré de menos mientras no esté.

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Así dejo Sevilla

Faltan dos semanas para que me vaya y he querido hacer unas fotos, para contrastar cómo está Sevilla ahora y cómo estará cuando vuelva, dentro de un año. No son todas las obras que van a cambiar la ciudad estos meses, pero sí son las que más me afectan, las de las zonas por donde me muevo más o menos frecuentemente. Además, así veis el caos en el que vivimos a día de hoy. Mapa (usar el zoom en el grupo de fotos de Sevilla).

Alameda

Alameda

Setas de la Encarnación

Pza. Nueva

av. de la Constitución

av. de la Constitución

Catedral

Puerta de Jerez

c/ San Fernando

el Prado

zona Carlos V

zona Viapol

zona facultad de Económicas

Puente de las Delicias

Pza. de Cuba

av/ de la República Argentina

Muelle de las Delicias

Jardn de las Delicias

Te comento

“Bueno, te comento lo que vamos a hacer. Primero, te voy a golpear en la cabeza durante… un rato. Luego voy a rajarte en los brazos y en las piernas. Después te mutilo. Pero no sé todavía el qué. Esas cosas las improviso sobre la marcha. Si, por ejemplo, te corto una mano, puedo ponértela sobre la cabeza como si fuera una diadema. Esas mariconadas dan mucho juego. Puedo hacer que te comas tu propia oreja. Incluso si me lo curro puedo sacarte las tripas sin que te mueras. ¿Acojona, eh? (…) Cuando te desangres y estés a punto de morir, te pego un tiro en la boca.”

Eduardo Noriega, Bosco
Tesis

A la final

Todavía queda en mí algo de la tensión acumulada que he vivido durante las dos horas de partido. Ha sido un partidazo increíble, de los que hacen época, de los que enganchan a un deporte, al baloncesto en este caso. Posiblemente los dos mejores equipos de este Mundial enfrentándose en lo que ha sido una final anticipada, con igualdad desde el principio hasta el fin y emoción a cada momento sin que nadie consiguiera tener una ventaja decisiva. Pero al final ha sido nuestro el partido. Hemos ganado de un punto. Ventaja mínima para un partido totalmente equilibrado. Si hubiéramos perdido no me quedaría más remedio que escribir esto mismo; aunque seguramente estaría abatido por no poder jugar la final después de haber jugado tan bien. Pero Argentina también lo ha merecido hoy, y no lo hará. En fin, cosas del deporte.

Y al otro lado, Grecia, que se han comido con papas fritas a los americanos. Lo de los americanos no tiene nombre. Vienen de sobrados y acaban yéndose a casa con la cabeza gacha. Normal en un equipo que no sabe jugar en equipo y que se trata de una selección de circunstancias. Allá ellos.

Mientras escribo esto, intento entrar en marca.com y está colapsado. Es increíble cómo nos ponemos cuando alguno de nuestros equipos nacionales hace algo importante y las pestes que echamos mientras no lo hacen. Aunque luego siempre nos alegramos cuando hacemos algo. La verdad es que somos unos sufridores cansados de sufrir. Yo no; debe ser porque no soy de ningún equipo y los únicos colores que siento son los de la selección, pero me trago toda competición internacional importante que juegue España. Y aunque normalmente te lleves una decepción tras otra, cosas como lo de hoy te hacen verdaderamente feliz durante un rato largo. España debería ganar más competiciones de selecciones; estas cosas sí que unen.

Fotos: as.com, nytimes.com