Pequeña nostalgia de rebujito

Esta semana pasada ha sido la feria de abril. No me he acordado lo màs mìnimo, excepto por los nicks de la gente en el messenger, y tampoco la he echado de menos. Pero ha servido para que me acuerde de los amigos de Sevilla, que se lo habràn pasado del carajo un año màs, y para pensar que el año que viene estarè otra vez por allì, no solo para lo malo, sino tambièn para lo bueno.

una de rebujito para Bologna, por favor!

A Napoli del tiròn (II)

Cuando supimos a dònde se dirigìa el otro grupo fuimos directos para allà. Bueno, ‘directos’. Nàpoles en el mapa parece pequeñito, pero a la hora de andar no veas. Estuvimos andando un rato hasta que al final nos encontramos con ellos en el Castello dell’Ovo. Para mi sorpresa, en el viaje habìa mucha màs gente conocida de la que pensaba; algo menos sorprendente era la proporciòn, alrededor de 30, españoles – 20, del resto del mundo.

El Castello dell’Ovo es uno de los 3 castillos que tiene Nàpoles. Està metido en el mar, aunque, para hacernos una idea de còmo han sido siempre los napolitanos, estaba màs preparado para la defensa contra los levantamientos de la propia ciudad que contra lo que pudiera venir del mar. Primeras fotos integrados en el grupo.

acoplamiento completado!

Màs tarde fuimos a la Piazza del Plebiscito, guapìsima, y nos fuimos a comer al poco. Fuimos en busca de una pizzeria: Pablo, el argentino, Jaime, dos lituanas y yo, y nos dio por meternos en el Quartiere Spagnolo, el barrio español, el que es el barrio chungo de la ciudad. A ver, es que ìbamos andando por la tìpica calle cèntrica llena de tiendas buenas de ropa, giramos a la izquierda en una callejuela, y de repente nos encontramos en un barrio sùperchungo, pero que a la vez es la Nàpoles màs autèntica. Es difìcil de describir, pero es donde se nota de verdad el aire de esta ciudad: gente por la calle hablando o haciendo cualquier cosa, la ropa colgada de las ventanas encima de la calle, los perros tumbados en medio de la calzada, gente con scooters parriba y pabajo saltàndose las señales de direcciòn prohibida a la torera… Menos mal que era de dìa, porque tambièn acojonaba; sobre todo cuando nos encontramos un coche reventado en medio de la calle, con señales de bala en el capò y en una de las puertas. Y varios notas a su lado tomàndose una cerveza y charlando como si tal cosa.

Despuès de hacer el guiri con un poco de miedo por ese barrio, nos comimos una pizza y volvimos con todo el mundo. Desde ahì nos fuimos a otro castillo, el de Sant’Elmo, que està en lo alto de un monte en medio de Nàpoles y tiene unas vistas guapìsimas, y luego recorrimos el centro por la parte normal, bàsicamente lo que habìamos visto nosotros solos por la mañana. Cuando hubimos visto un poco el centro a velocidad de sprint fuimos a coger el metro. Hasta ese momento pensàbamos que la infiltraciòn estaba siendo un èxito, pero en una de estas que me acerquè a uno de los organizadores para enterarme de los planes que habìa cuando se los contaba a los otros, se me volviò y me dijo:

– ¿Y vosotros què vais a hacer? ¿Cenàis hoy con nosotros?

Se me puso cara de sudoku de momento, pero cuando me sobrepuse fui a consultarlo con mis compañeros de acoplamiento, que por supuesto estaban de acuerdo en cenar con todo el mundo. El otro grupo lo tenìa incluido en su cuota, asì que nosotros solo tenìamos que pagar aparte el precio: 7 € pizza napolitana + bebida.

Al rato de llegar al albergue nos dividimos en las habitaciones de amigos y conocidos. La putada es que habìa pocos chicos, unos 10 y 40 chicas (¡el paraìso!), y entonces a casi todos les habìa tocado en la habitaciòn algùn organizador, lo cual nos reducìa bastante las posibilidades. Al final Paco y Jorge durmieron en una habitaciòn y yo me metì en la habitaciòn de Maribel, donde dormìan ella y otras 3 chicas, que me acogieron y me dejaron un pedacito de suelo encantadas.

mis conqus (coinquilinas)! el ùltimo dìa

Cuando nos hubimos adecentado un poco nos fuimos a cenar todos juntos, a un restaurante cerca del albergue. Tenìamos medio restaurante reservado, pero en el otro medio habìa un grupo de señores viejetes, de 40-50 años, cenando y con bastante guasa, que fue aumentando conforme iban sacando limoncello. Tenìan una buena liada, uno de ellos habìa traìdo una guitarra y cuando no estaban de cachondeo y bebiendo, se tocaba algo, y los otros aplaudìan como posesos cuando terminaba cada canciòn. Era como la tìpica cena de mafiosos que se ven en las pelìculas, solo que sin ser mafiosos (o al menos parecerlo). Nosotros mientras ìbamos pidiendo y comiendo, porque èramos unos 50ypico y las pizzas salìan de 4 en 4: un autèntico coñazo; cuando la pizza le llegò al ùltimo grupo, el primero habìa terminado hacìa hora y media.

los vecinos de mesa

Entre todo ese lìo de pizzas para un lado y para otro, el napolitano de la guitarra empezò a tocar algo para nosotros, canciones napolitanas al principio, y luego siguiò con canciones en algo parecido a español. Mientras, sus compañeros se soltaron y empezaron a decirles piropos y sacar a bailar a las chavalas del viaje, que algunas de ellas eran guiris del norte y llamaban bastante la atenciòn (aunque me da la sensaciòn que hubiera dado igual). Entre una cosa y la otra, acabamos de comer y Fabio, el organizador buena gente que nos invitò a la cena, empezò a sacar botellas de limoncello para nosotros. Yo no sè de dònde salìan, pero no se acababan nunca. Asì que nosotros tambièn empezamos a bailar y cantar en breve, lo que duran dos chupitos de limoncello, hasta que nos fuimos al rato del restaurante. Nos fuimos y los napolitanos seguìan allì, ¡y ya estaban cuando llegamos nosotros!.


Nos llevamos las botellas de limoncello al albergue y nos tomamos unos pocos chupitos màs, los justos para acabar bastante contentos y con las manos pegajosas, y nos fuimos a dormir, que el dìa siguiente tocaba pateo serio.

(continuarà…)

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A Napoli del tiròn (I)

Como dije, hace una semana estuve en Nàpoles y alrededores. Màs que contar lo que me pareciò aquello, os voy a contar el viaje en sì, que fue para nosotros una aventura de inicio. Ademàs, para que no me pase como con el de Roma, que se me fue la pinza y acabò siendo un tochòn, voy a dividirlo en varias entradas.

El planteamiento era este: el viaje estaba organizado por la ESN, pero como lo avisaron un mes antes y no sabìa còmo iba a andar de pasta y tiempo, al final cuando quise apuntarme ya no quedaban plazas. Entonces, como una semana antes del viaje, hablando con Paco (que le habìa conocido poco antes tambièn), me comentò que èl igual se iba con un amigo a la aventura, osèase, iban en tren a la vez que los de la ESN y se enchufaban al grupo una vez en Nàpoles, durmiendo en el mismo albergue pero en el suelo de la habitaciòn de algùn amigo de los que iban. Me pareciò una buena opciòn, y sabìa que o iba a este viaje o no iba a poder ir en otro momento no solo a Nàpoles, sino tampoco a Capri y Pompeya, asì que me unì al grupo.

Ese era el planteamiento, pero no sabìamos si ìbamos a lograr unirnos al grupo sin llamar la atenciòn de los organizadores (que era el plan inicial), o si nos pillaban què nos iban a decir, còmo nos iba a resultar el desplazamiento alternativo (ellos tenìan autobùs alquilado, obviamente, y nosotros pensàbamos hacer los mismos trayectos pero con transporte pùblico), si nos ìbamos a poder colar en el albergue… en fin, un mar de dudas.

Asì que asì iniciamos el viaje, sin saber muy bien què iba a pasar. Quedamos en la estaciòn de tren de Bologna con nuestros avìos de aventureros, mochila y saco de dormir, para coger el tren nocturno hasta Napoli. El grupo principal del viaje tambièn iba de noche, en el autobùs, asì que pretendìamos llegar a la vez que ellos y acoplarnos lo màs pronto posible. Bueno, pues cogimos el tren, pensando en coger un compartimento para nosotros y pegarnos la gran sobada hasta llegar, pero con lo que nos encontramos es que estaba lleno, con la gente sentada en los pasillos y todos los compartimentos ocupados. No exactamente ocupados, puesto que en cada uno entran 6 personas y en ellos no solìa haber màs de 3, durmiendo tumbados, por supuesto, pero es que el tren estaba ocupado en su mayorìa por inmigrantes y gente de todo tipo de calaña, y cada vez que veìas algùn asiento libre y abrìas la puerta del compartimento te venìa un olor a humanidad que empujaba hacia atràs. En algunos sitios era imposible de soportar hasta en el pasillo. Asì que bueno, nos echamos como pudimos en el pasillo, cagàndonos en la madre y resto de parientes cercanos del que vendìa cafè y refrescos con el carrito cada vez que pasaba, y con la esperanza de que se bajara gente suficiente en Roma como para ocupar nosotros un compartimento y dormir algo. Cosa que por suerte sucediò.

Jorge y Paco en el tren nocturno hacia Nàpoles

Llegamos a Nàpoles a eso de las 8 y pico. A los del autobùs todavìa les quedaba un poco, asì que nos dispusimos a darnos una vuelta mientras llegaban, despuès del cafè reglamentario. Nada, un par de horitas en las que para empezar pillamos un mapa, y luego nos vimos un poco el centro, la catedral y callejeamos por allì como autènticos guiris mientras los otros dejaban las cosas en el albergue. Todo esto con la mochila y el saco de dormir a cuestas, por supuesto.

'no lo parece, pero en verdad somos napolitanos'

(continuarà…)

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24

¡Un año màs pal bote! Me voy haciendo viejo, lo noto. ¡Cago en la puta! Aunque bueno, tambièn he madurado, eso tambièn lo noto. Esta es la època en la que empiezas a ser libre y se empieza a tomar un rumbo definitivamente. La sociedad te secuestra a los 13 y te libera ahora a los 23. Has ido ganando seguridad en ti mismo, y ahora es cuando sabes lo que quieres y què tienes que hacer para conseguirlo. No està mal. Aunque tambièn se pierden energìas: ya no doy tanto de sì, ni para salir, ni jugando al fùtbol, ni nada. Que me voy haciendo mayor, vaya, no hay màs vuelta de hoja. Y yo que hace tiempo pensaba ¿còmo coño se llega a ser mayor?. Pues ya lo sè; poco a poco, muy a mi pesar, lo he ido sabiendo.

Bella Napoli

Estos dìas tampoco he estado por aquì porque me he pegado un viaje bien guapo a Nàpoles. Asì que, en cuanto tenga un poco de tiempo y recopile fotos, me marco una entrada contàndolo. Hasta entonces chavales.

La dejadez lleva a la dejadez

Llevo ya una semana sin escribir por aquì, y es que la flojera me ha afectado hasta a esto. 2 semanas de vacaciones de Pascua, justo cuando me disponìa a ir a clase, estudiar y ese tipo de cosas. Han sido 2 semanas de no hacer absolutamente nada, en las que mi vida ha consistido en dormir, tirarme en el parque y jugar a la play, sin dejar de lado la borrachera nocturna de rigor. Ha habido alguna excepcional excursiòn de fin de semana, pero nada que me haya sacado especialmente de esta dinàmica de cama-cèsped-sofà.

Han sido 2 semanas, en las que al principio me ha venido muy bien el descanso, que ya tocaba, pero que han acabado conmigo inmerso en el hastìo. Al final, estos dìas me costaba hasta levantarme del sofà, ni para ir a tirarme al parque. Pero joder, si es que si no tienes nada que hacer tampoco te puedes sentir mal. Lo que pasa es que al tercer dìa pierde la gracia. Asì que, ahora por fin, vuelvo a hacer vida de persona, que uno puede acabar hasta los huevos de no hacer nada. Para que asì vuelva a tener sentido perder el tiempo.