A Napoli del tiròn (I)

Como dije, hace una semana estuve en Nàpoles y alrededores. Màs que contar lo que me pareciò aquello, os voy a contar el viaje en sì, que fue para nosotros una aventura de inicio. Ademàs, para que no me pase como con el de Roma, que se me fue la pinza y acabò siendo un tochòn, voy a dividirlo en varias entradas.

El planteamiento era este: el viaje estaba organizado por la ESN, pero como lo avisaron un mes antes y no sabìa còmo iba a andar de pasta y tiempo, al final cuando quise apuntarme ya no quedaban plazas. Entonces, como una semana antes del viaje, hablando con Paco (que le habìa conocido poco antes tambièn), me comentò que èl igual se iba con un amigo a la aventura, osèase, iban en tren a la vez que los de la ESN y se enchufaban al grupo una vez en Nàpoles, durmiendo en el mismo albergue pero en el suelo de la habitaciòn de algùn amigo de los que iban. Me pareciò una buena opciòn, y sabìa que o iba a este viaje o no iba a poder ir en otro momento no solo a Nàpoles, sino tampoco a Capri y Pompeya, asì que me unì al grupo.

Ese era el planteamiento, pero no sabìamos si ìbamos a lograr unirnos al grupo sin llamar la atenciòn de los organizadores (que era el plan inicial), o si nos pillaban què nos iban a decir, còmo nos iba a resultar el desplazamiento alternativo (ellos tenìan autobùs alquilado, obviamente, y nosotros pensàbamos hacer los mismos trayectos pero con transporte pùblico), si nos ìbamos a poder colar en el albergue… en fin, un mar de dudas.

Asì que asì iniciamos el viaje, sin saber muy bien què iba a pasar. Quedamos en la estaciòn de tren de Bologna con nuestros avìos de aventureros, mochila y saco de dormir, para coger el tren nocturno hasta Napoli. El grupo principal del viaje tambièn iba de noche, en el autobùs, asì que pretendìamos llegar a la vez que ellos y acoplarnos lo màs pronto posible. Bueno, pues cogimos el tren, pensando en coger un compartimento para nosotros y pegarnos la gran sobada hasta llegar, pero con lo que nos encontramos es que estaba lleno, con la gente sentada en los pasillos y todos los compartimentos ocupados. No exactamente ocupados, puesto que en cada uno entran 6 personas y en ellos no solìa haber màs de 3, durmiendo tumbados, por supuesto, pero es que el tren estaba ocupado en su mayorìa por inmigrantes y gente de todo tipo de calaña, y cada vez que veìas algùn asiento libre y abrìas la puerta del compartimento te venìa un olor a humanidad que empujaba hacia atràs. En algunos sitios era imposible de soportar hasta en el pasillo. Asì que bueno, nos echamos como pudimos en el pasillo, cagàndonos en la madre y resto de parientes cercanos del que vendìa cafè y refrescos con el carrito cada vez que pasaba, y con la esperanza de que se bajara gente suficiente en Roma como para ocupar nosotros un compartimento y dormir algo. Cosa que por suerte sucediò.

Jorge y Paco en el tren nocturno hacia Nàpoles

Llegamos a Nàpoles a eso de las 8 y pico. A los del autobùs todavìa les quedaba un poco, asì que nos dispusimos a darnos una vuelta mientras llegaban, despuès del cafè reglamentario. Nada, un par de horitas en las que para empezar pillamos un mapa, y luego nos vimos un poco el centro, la catedral y callejeamos por allì como autènticos guiris mientras los otros dejaban las cosas en el albergue. Todo esto con la mochila y el saco de dormir a cuestas, por supuesto.

'no lo parece, pero en verdad somos napolitanos'

(continuarà…)

Parte II | III | IV

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