Agresividad al volante

Estos días que he desarrollado mi faceta de conductor he descubierto una cosa importante al respecto. Ya intuía algo de antes, pero mi experiencia en el tema ha resultado definitiva: conducir eleva (mucho) la agresividad del conductor. No sé por qué ese subidón irrefrenable de testosterona, pero cuando uno conduce el cabreo que lleva en lo alto porque llega tarde, porque ha perdido el Betis, o porque se le ha fundido la bombilla del cuarto, se multiplica por mil; y con él la violencia verbal en el ambiente.

Yo, que soy malhablado de normal, cuando conduzco el nivel de improperios llega a niveles inconcebibles. Difícilmente dejarían ir a niños en el coche conmigo. Pero es normal, es que cada vez que se te cruza un coche por medio y te hace frenar cuando no debes te dan ganas de arrancarle la cabeza de cuajo al notas; aunque luego resulte que es una señora llevando tranquilamente, con cierta torpeza, a sus niños al cole. Pero da igual. El mecagoentuputamadre se lo sueltas, quizá coronado con un hijadeputa para que sea un poco más impresionante todavía. Y que te haga un aspaviento o algo, que entonces ya le sueltas lo indecible.

Pero luego te bajas del coche y eres una persona normal. Con cierto residuo del subidón de violencia que acabas de experimentar, pero nada más: se te puede hablar; eso sí, es recomendable hacerlo con delicadeza, por si acaso.

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