De la Navidad

Hay gente que odia la Navidad actual. Es normal, lo comprendo perfectamente. La Navidad que celebramos hoy día no tiene nada que ver con el significado religioso con el que surgió. La Navidad que celebramos hoy día consiste básicamente en gastar, gastar mucho, como consecuencia de mil reuniones con gente que muchas veces ni te va ni te viene. Gastar por gastar en la mayoría de los casos. No culpo al Corte Inglés y demás afiliados al capitalismo que intenten aprovecharse de las costumbres adquiridas para estas fechas.

Por otra parte, si la Navidad siguiera dedicándose a Jesús, San José, la Virgen, la mula y el buey, entonces sí que no tendría sentido. Entonces sí que daría coraje. ¿Por qué carajo voy a celebrar yo que naciera este nota hace 2000 años? ¡Como si él hubiera hecho algo por mí! Lo que ha hecho la evolución del tiempo es que nos quedemos con las costumbres
que aún siguen siendo actuales en un mundo occidental en el que las religiones tienen ya poco que decir, gracias a Dios. Y ha deformado otras, claro, eso también. Todo se ha quedado en una mera cuestión de interpretación.

Hay quien critica que todo este gasto poco tiene que ver con el sentido original de la fiesta. El que quiera ver en la Navidad actual algún motivo de celebración que tenga algo que ver con la fiesta original mejor que desista. Es como si vas a la Feria de Abril y dices ¿¿Dónde está el ganado?? Pues lo mismo. No lo busques, que no está, tontorrón. También hay quien te manda un email en cadena de estos con abetos, bolitas de colores y gilipolleces varias, casi a diario. Espero no ser el único, pero ¿alguien se ha parado a pensar qué carajo tiene que ver un abeto con la Navidad? Yo no veo ninguno por la calle. Es como el puto Santa Claus. Ya, de tanto que lo hemos visto en las películas americanas, no nos queda más remedio que identificarlo con estas fechas. Al puto gordo cabrón. ¿Y qué coño hacen los americanos vendiéndonos a un gordo hortera que vive en Laponia, si no saben ni dónde cae Finlandia? Asco me dan.

Bueno, cada año es lo mismo. Es difícil abstraerse de tanto bombardeo mediático navideño en esta época. Así que bueno, uno ha aprendido a intentar ver el lado profundo de la Navidad. Yo, el Belén me lo paso por el forro. Los villancicos y el ir a misa también. Y ya casi que el ver a la familia se va perdiendo poco a poco. Lo que queda es, unas fechas, en las que la gente procura mostrar su afecto a aquellos a los que aprecia; con comidas megacaras, con regalos innecesarios, o con lo que toque. Lo importante es lo que quieres transmitir con ello; más bien, lo importante es a quiénes quieres transmitírselo, si son capaces de entenderlo. Porque, en fin, al final todo es una cuestión de interpretación.

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