¡Qué buenos tiempos aquellos!

Los de mi generación nos estamos haciendo viejos, eso se nota. Ya no vemos los dibujitos, ya no jugamos con juguetes… ahora solo nos dedicamos a salir como mejor entretenimiento. Y tampoco. Los de mi generación estamos ya para menos trotes. Mientras que antes salíamos semanas enteras si podíamos, ahora una resaca nos mata por completo y necesitamos descansar un diíta al menos; y de vez en cuando preferimos algún plan tranquilito de tapas o cervecitas y no tanto desfase. Nos estamos volviendo puretas; esos puretas que antes evitábamos para ir a sitios que ahora llamaríamos de niñateo.

La edad pasa, eso está claro. Ya no podemos hacer lo mismo que antes, bien porque el cuerpo no aguanta, bien porque tu cabeza te demanda otra cosa que despierte más inquietud en tu interior. Pero es el signo de la evolución personal de cada uno. Aunque los de mi época compartimos muchas cosas que posiblemente nos marcaron por igual. Ayer me llegó el enésimo email rememorando nuestra infancia, con un enlace al YouTube:

Lo que yo no entiendo es la nostalgia gratuita, cuando decimos ¡Qué buenos tiempos aquellos!. Bueno, yo me lo pasaba muy bien en mis tiempos viendo mi Bola de Dragón (cosa que sigo haciendo de vez en cuando :P), o jugando a las primeras consolas con esos gráficos ultrapatateros; claro que sí, todos nos lo pasábamos bien de pequeños; pero una cosa es eso y otra pensar que vivimos la mejor infancia de la Historia. Los que ahora le dicen a los niños que deberían ver series míticas como Oliver y Benji o Fraggle Rock en vez de tanto ordenador y tanta mierda son los mismos a los que hace 15 años les decían sus tíos o padres deberías salir más a la calle a jugar al fútbol a que te dé el aire por lo menos, o a los que les decían sus abuelos pues yo me lo pasaba muy bien tirándole piedras a los burros en vez de tanta televisión, ¡esos sí que eran buenos tiempos!.

Claro que si uno de esos mismos tan orgullosos de su infancia ve ahora cosas como los Power Rangers, o las Mama Chicho (lo más parecido a carne que uno veía con 9 años), o se acuerda de la cinta de Parchís que le regalaron de pequeño y que escuchaba todos los días, se puede llegar a avergonzar de sí mismo y de aquella época. Pero es lo que nos tocó.

Y luego los pobres niños de hoy día, los que están viviendo los tiempos de la corrección política y la preocupación de todo el mundo, desde sus papis a las televisiones, por darles contenidos audiovisuales lo más insulso y educativos posible, pero que dentro de unos años también recordarán su magnífica infancia como ¡Qué bonitos eran los Lunnis!, o ¡qué bien me lo pasaba en el tuenti en mis primeros días de internet!, y les dirán a sus hijos y sobrinos y hijos de vecinos que deberían aprender a pasárselo tan bien como ellos, sin sus nuevos juguetitos tecnológicos o el internet revolucionado que vivirán dentro de unos años. Eso si han escapado a la fiebre de los padres internetizados de hoy día, haciéndoles revivir su propia infancia poniéndoles otra vez La Abeja Maya y Heidi, y comprándoles LEGOs cuando seguro que están más interesados en Shin-Chan, a pesar de que sus padres lo vean abominable, pero que es de lo que luego hablan en clase con sus compañeros.

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Quiero

(…)
No quiero dinero, quiero estar sano como un gusano,
casado con el pasado, cansado de estar pensando;
salva a mi alma de la celda, que vuelva a la selva, libre;
como cuando se acaba el libro y sonaba el timbre.
Tías de una noche, de día me dan vergüenza,
quiero un chocho que me escuche, me achuche con toda fuerza;
no creo en los hechizos, sí en la magia del momento;
muchas veces hecho trizas, ahora bien por el momento.
Quiero versos maravillosos sin más sollozos;
orgulloso de ser yo, es mi autoestima en días borrosos.
Soy el doloroso placer, como dar vida;
si no ví nada cuando vine, ¿qué habrá cuando me despida?
(…)

Artesano del arte insano
Donde Duele Inspira, Flowklorikos

El significado de los nombres

Cuando aprendes idiomas una de las cosas que empiezas a hacer casi sin querer es empezar a relacionar palabras en tu idioma con los demás, o incluso entre los otros mismos. Hay un montón de cosas que uno no se imagina de dónde vienen hasta que aprende otra lengua y se da cuenta. Me vienen a la mente así de repente, por ejemplo, soldado, del italiano soldato, asueldado; o finestra, que es italiano, y en francés es fenetre, mientras que en español no tiene nada que ver y se le llama ventana.

Pero lo que me resulta más curioso es el tema de los nombres. En este mundo globalizado estamos ya acostumbrados a escuchar nombres extranjeros y no le damos ninguna importancia, pero hay algunos nombres de lo más conocidos que uno no se imagina que puedan significar nada. Por ejemplo, Cristóbal Colón, que hasta que uno no aprende italiano no se da cuenta de que Cristoforo Colombo (no sé por qué, traducido como Colón), en español querría decir Cristóbal Palomo. O que Michael Schumacher vendría a ser Miguel Zapatero. Curioso cuando menos. La verdad es que así, traducidos a tu propia lengua, un nombre que era así como mítico, pierde bastante fuerza. Y también los nombres más trillados, como, bueno, este que lo sabe todo el mundo, pero que no por ello deja de ser gracioso: el del Sr. George W. Bush, que en español se llamaría D. Jorge C. (Caminante) Arbusto. Le viene perfecto… seguro que se refiere a su capacidad intelectual ;).

no tiene toda la cara de un arbusto rodante del desierto texano??

La marca del dolor

“Así fue el fin de Beleg Arcofirme, el más fiel de los amigos, el más hábil de todos cuantos se cobijaron en los bosques de Beleriand en los Días Antiguos; por mano de quien más quería. Y ese dolor se grabó en el rostro de Túrin y nunca se borró de él.”

Los Hijos de Húrin, J.R.R. Tolkien

Sevilla 1 año (y 1 mes) después (III)

Voy a acabar el repaso de Sevilla post-erasmus de una puta vez. Lo que me falta es comentar un poco algunas zonas del centro. Lo que más ha cambiado ha sido la zona de la Alameda, que en realidad la han dejado bastante bien comparado con cómo estaba antes, a pesar de que queden unas cosillas por acabar; aunque para mi gusto le falta algo que no sabría explicar para estar perfecta. La pena es que no podamos aprovecharla como es debido (ahora me despacho a gusto al respecto un poco más abajo). La zona de la Alfalfa y de la Plaza de la Pescadería, pues igual: no está mal, pero tampoco ha quedado superguapo. Y las famosas setas, pues parece que van a quedar para dentro de un añito o dos. Repaso en fotos:

Alameda de Hércules: hace un año

Alameda

Alameda

Zona de la Plaza de la Alfalfa

Alfalfa

Pza. de la Pescader�a

Pza. de la Pescader�a

Plaza de la Encarnación: hace un año

las setas

Aunque aquí, como en la anterior entrada, también hay algo que no se puede ver con las fotos. Y es la vida nocturna. Estas zonas, la Alameda y la Alfalfa, eran antes los únicos sitios donde se podía salir por el centro de Sevilla de bares. De repente y mientras yo estaba fuera, el alcalde decidió que era hora de hacer cumplir la dichosa ley antibotellón en una ciudad donde ya está demasiado enraizado para eliminarlo. El resultado es que se ha cargado todo el ambiente nocturno. Sí, puede que ahora los vecinos de esta zona duerman mucho mejor, pero a costa de que los jóvenes no puedan divertirse en su propia ciudad y de que no se pueda prácticamente estar en la calle a partir de cierta hora. Eso, en una ciudad que vive en la calle, es lo mismo que matarla.