Cómo ser una leyenda en 4 películas (y media) (II)

Antes hablé de las dos primeras películas de Bruce Lee. Aquellas dos películas le lanzaron al estrellato del cine de artes marciales en Hong Kong; pero a la vez que la Golden Harvest se daba cuenta de la mina que tenía entre manos, Bruce llegó un punto en que estaba hasta los huevos de películas mediocres y de ser dirigido por directores de oficio. Así que, siendo ya una estrella, decidió rodar él mismo su propia película. Un movimiento bastante arriesgado cuando lo más fácil hubiera sido seguir haciendo películas en Hong Kong, cobrando una pasta, y vivir tan ricamente.

El caso es que el tío se escribió, se produjo, dirigió y actuó en su propia película, llamada originalmente The Way of The Dragon (aquí en España El Furor del Dragón). Hoy día, El Furor del Dragón es un título mítico, pero entonces solo fue el vehículo para que Bruce tuviera por primera vez total libertad de acción; nadie mejor que él mismo sabía aprovecharse al máximo. Para empezar se escribió el guión. En principio tiene un argumento tan absurdo como el de la mayoría de películas de peleas, pero Bruce demostró ser algo mejor guionista que la mayoría de los guionistas hongkoneses. Tiene algunas sutilezas dignas de mención y algunas escenas para lucimiento propio que son impresionantes. Por ejemplo, la escena en la que por primera vez va a hacerles una demostración de sus habilidades. Uno lleva 30 minutos de película sin ver ni una sola hostia, cuando escucha de boca de Bruce Lee os voy a hacer una demostración; entonces te acomodas y te preparas para ver al crack en acción… para nada, porque entra otro personaje y les dice que lo dejen por ahora. En ese momento no te queda otra que resignarte a ver otro rato de no-pelea, pero no deja de ser un detalle genial en una peli de artes marciales. Total, que el tío no da una piña hasta que no tiene más remedio que hacerlo porque los malos le vacilan más de la cuenta.

Los personajes son los típicos de una película de este tipo: los malos, más chulos que un ocho, y los buenos, unos acojonaos de la vida. Y Bruce, el único capaz de colocar a cada uno en su sitio. Destaca el hecho de que se le ocurriera rodar esta película en Roma. Aunque ninguno de los personajes es romano o tiene que ver con la localización de la peli, este simple hecho hizo aún más genial la pelea final contra Chuck Norris. Rodar esa escena en el Coliseo (cuando aún estaba abandonado y abierto a todo quisqui), nos da la idea de unos Lee y Norris que vienen a ser una especie de gladiadores modernos, cargando la batalla de simbolismo además de enmarcarla en un escenario increíble.

Lee y Norris en acción

Esa lucha en concreto (que también significó el salto a la fama de Chuck Norris) es considerada la mejor pelea jamás rodada en el cine. No es raro. Bruce ya había demostrado que a la hora de llevar a cabo las coreografías era el mejor; pero esta vez, además, se enfrentan Bruce Lee y Chuck Norris, que por aquel entonces había sido 7 años seguidos campeón del mundo de kárate; y si a eso le sumas que estaba filmada en el Coliseo de Roma, sólo puede quedar una maravilla.

Esa película le dio definitivamente la fama y le hizo la mayor estrella del cine de artes marciales de Hong-Kong, fijándose también en él la industria cinematográfica americana. Bruce había comenzado a rodar su próximo proyecto, que iba a llamar Juego con la Muerte, cuando recibió la llamada de Hollywood para la que iba a ser su primera película con proyección internacional: Enter the Dragon (Operación Dragón por estas tierras).

Operación Dragón

Con esta película conoció el mundo a Bruce Lee. Lo que llama la atención es que comparta protagonismo con dos notas (John Saxon y Jim Kelly) que hoy día son completamente desconocidos para casi cualquiera, lo cual le resta algo de peso; pero se entiende puesto que la apuesta de los estudios americanos era bastante arriesgada para entonces, y así paliaban los posibles riesgos. Bueno, el caso es que Operación Dragón fue un éxito mundial, como era de esperar, y a partir de ahí la fama de Bruce Lee no hizo más que extenderse; más si se tiene en cuenta que murió 2 semanas antes del estreno. Su muerte temprana le convirtió en leyenda, y su funeral en Hong Kong fue masivo.

escoltado por miles de personas

Más tarde, la Golden Harvest intentó aprovechar como pudo el tirón de la superestrella recientemente fallecida. Bruce era ya una leyenda en Hong Kong, así que cogieron los 30 minutos que había rodado de Juego con la Muerte antes de que le llamaran de Hollywood, y se inventaron una broma de película, con dobles haciendo de Bruce Lee y escenas eliminadas de otras películas, para poder sacar provecho de esos pocos minutos. Como ya digo, la película, como tal, es de vergüenza ajena; pero merece la pena verse solo por esas últimas escenas. Son escenas solo de pelea, excepcionalmente buenas, como a lo que nos tenía acostumbrado este hombre; y entre ellas otro momento mítico del cine de artes marciales: la lucha contra su discípulo en la vida real, Kareem Abdul-Jabbar.

Bueno, lo dejo aquí de momento… Porque sí, habrá una tercera parte.

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