Indignado como nunca

Lo de ayer no tenía nombre. Pocas veces me he sentido tan indignado en esta ciudad que es Sevilla como en la pasada noche. Porque resulta que en el ansia del Sr. Monteseirín por hacer de su ciudad un sitio habitabilísimo para la gente de bien, ayer nos encontramos con que los bares de la Alameda empezaron a cerrar a la ¡¡1 de la madrugada!!. La Alameda de Sevilla, último refugio de la gente mínimamente inquieta de esta ciudad, guarida de los que reniegan de la juventud aspirante a señorito mayoritaria por estos lares, en la que se premia el catetismo y el conformismo; esa misma que podría decirse que es el lugar donde se concentra la movida juvenil más alternativa, y quizá por eso sea un especie de referencia de inquietud cultural en la ciudad. Pues ahí, ahora, nos cierran los bares a la 1. En Sevilla, donde salimos de casa para disfrutar de la noche a las 12 de la madrugada. Para mí es un verdadero escándalo.

Y es que el señor alcalde Monteseirín se ha empeñado en que su ciudad tiene que competir en habitabilidad con sus vecinas del norte de Europa, sin caer en la cuenta que aquí la gente hace vida en la calle porque el clima nos lo permite y casi nos obliga. Sí, tenemos que convivir todos en el mismo sitio, pero la ciudad es tanto de los que quieren pasarse un viernes por la noche durmiendo como de los que quieren disfrutarlo bebiendo y juntándose en la calle, conociendo gente y encontrándose por ahí. Porque si me cierras los bares, señor mío, estás quitándole el aire a la juventud, que es el motor del cambio y del dinamismo de una ciudad, la semilla de la innovación social y cultural. Pero claro, este señor prefiere darle la razón a los que duermen, prefiere la ciudad dormida que ha sido Sevilla en los últimos siglos que permitir que despierte y se active un poquito, vaya a ser que se vuelva más difícil de manejar. Prefiere prolongar el letargo de una juventud cateta y capillita antes que dejar que adquiera un mínimo de iniciativa, que esas cosas se contagian y no sientan bien.

Y el problema no viene del ruido o la suciedad del botellón o la movida. Porque si le declaras la guerra al botellón no vas a evitar que se siga haciendo, en esta ciudad nuestra, lo único que estás consiguiendo es desplazarlo y difuminarlo, como viene pasando en estos últimos años. Tampoco vas a acabar con las ganas de salir, divertirse y pasarlo bien de los jóvenes porque cierres los bares. Lo único que vas a conseguir así es cargarte tu ciudad, dejar que siga siendo el culo de España, un cascarón muy bonito sin alma dentro, aniquilado por el inmovilismo social que la caracteriza.

El problema es que en vez de preocuparte por dar cabida a todos, te decantas por unos dejando de lado los demás, que son tan ciudadanos como los primeros. El verdadero problema, en definitiva, es querer imponernos tu idea de cómo debe ser nuestra ciudad, por muy equivocada que esté.

Mucha policia

3 coches de policía ayer a la "indecente" hora de las 2 de la madrugada... y mientras, q no se te ocurra darte una vuelta por algún q otro barrio de Sevilla, q policía vas a encontrar más bien pocos

ACTUALIZACIÓN: un poco más del tema.

Los Tobillos Flamencos

Y no, no me estoy refiriendo al de Van Basten. Los Tobillos Flamencos es el nombre internáutico actual de 2 prendas buenos de Triana y un nota que no conozco, pero que tiene que ser por el estilo. Cuando los notas estos se juntan, les da por componer canciones tratando de no tardar más de 5 minutos y grabarse luego, con lo que queda una cosa más o menos así. Como no se escucha muy bien, voy a poner la letra más abajo.

Yo me levanto temprano
a las 12, eso es lo que hay,
y en vez de ponerme babuchas
del tirón me pongo mis Nike
Me acerco por el recreo
con el Gafas y con mi primo,
pero la Vane ma dicho
que tas liao, que tas liao con el Chino

Desi, Desi, Desi, eres mi vida, te quiero Desi
desde que tú me mangaste la camisetita de Messi
Desi, Desi, Desi, no te olvides de mí
qué tiene el nota ese que no me hayas visto a mí

Ya no vas a los banquitos
no veo al Moji y to esta gente,
estoy to emparanoiao
como te coja te parto los dientes
Sabes que a mí no me gustan
las peleas ni cosas desas,
pero como coja al Chino
que yo le parto, que yo le parto to la cabeza

Ya no quemas coches conmigo
ni en el Factory mangamos nada,
ya no fumamos un yordo
despidiendo a la madrugada,
Desi vuelve pronto conmigo
porque sin ti, porque sin ti yo no soy nada

Desi, Desi, Desiré te quiero más que a mi vida y siempre te querré
aún conservo tu nombre grabado en mi piel
te dí el collar de mi madre
Desi, Desi, Desiré aún conservas los corales que te regalé
y esos muelles rosas que por ti chirlé
¿por qué has dejado de amarme?

Desiré, Desiré, Desiré
Ya no te lo digo pero te lo desiré

Y de regalo, su otro gran éxito: Amor en Vietnam,  una desgarradora historia de cómo Rambo encontró su verdadero amor.

http://www.goear.com/files/sst5/3aa5f17e2cefdbbe4271a3c0242f061d.mp3″

Reporte de mi vida irlandesa nº 3

Bueno, pues ya estoy de vuelta. Una vuelta traumática, como suele pasar. Es lo que pasa cuando de estar to agustito por aquellos parajes de Dios, vuelves y te encuentras con que tienes que ponerte a estudiar de buenas a primeras, y una asignatura de mierda que no te apetece nada. Pero bueno, es lo que hay.

Los últimos días me los pasé como los anteriores, aunque hice alguna visitilla turística más aprovechando que ya me quedaba poco tiempo. En concreto estuve por la zona oeste-noroeste de Irlanda, los condados de Galway y Mayo, que es sencillamente preciosa. Más abajo hablaré un poco más de ella (y de algún otro sitio en que he estado también).

Respecto a Irlanda, pues me ha fascinado. Los que lleven por aquí un tiempo sabrán que yo soy ya medio italiano desde el año aquel que me pegué de erasmus en Bologna. Italia me atrapó a base de vivirla; aunque también es verdad que ya iba un poco predispuesto (un poco lo que me ha pasado también esta vez). Y es que para mí hay mucha diferencia entre ir a un sitio de turismo, y ver de pasada los 4 monumentos que tenga, o vivir allí una temporada. A mí lo que me gusta es sobre todo lo segundo. Es cómo de verdad te metes en lo que estás viendo y cómo captas la cultura y la forma de ser de esas gentes, lo que ha llevado a crear eso que ves. Yo me he tirado un mes escaso así en Irlanda y me ha encantado tanto como mi querida Italia.

Irlanda al principio jode por el tiempo, ya lo expliqué en la entrada anterior. Pero si te adaptas al clima empiezas a disfrutarla. Lo que la hace diferente es sobre todo su gente. No tienen nada que ver con los de las islas de al lado, aunque vayas en un principio con esa idea. El que hablen inglés no es más que el resultado de la insistencia de los ingleses por invadirles y asimilarlos culturalmente; pero los irlandeses consiguieron resistir durante muchos siglos y mantener durante bastante tiempo su lengua y su cultura, signo de cómo son, muy suyos. Es difícil de explicar cómo son sin estar allí y verlo por uno mismo, pero más o menos podría decir que son unos tíos muy relajados a los que les gusta la juerga casi más que a los españoles (y se emborrachan el triple). Por eso me he sentido casi como en casa (excepto por el tiempo, claro) y me he identificado aún más con el sitio. A los tíos les gusta vivir por encima de todo, y se ve desde los bares, donde te puedes encontrar alguna que otra viejecita bebiéndose un cervezón y charlando con las amigotas, o quien se tercie, hasta la calle, donde puedes ver fácilmente grupitos de chavales parados simplemente hablando (y esto a pesar de que llueva) y gente tocando y cantando cada 2 pasos. En Cork, en la calle Saint Patrick y alrededores había días que te encontrabas un tío o un grupo en cada esquina; pero es que en el Temple Bar de Dublín cuando estuve, que era lunes, había uno cada 5 metros, sin exagerar.

cantando en la calle de Cork, una tarde cualqiera

cantando en una calle de Dublin, cualqier hora es buena

the Temple Bar de Dublin

Y luego el país, lo que es la tierra, es increíblemente bonita. Las ciudades en general no son gran cosa de bonitas (ni de grandes), pero lo que es la campiña da gusto. Es una verdadera maravilla. Irlanda es un país para coger el coche y perderse por las carreteras (o más bien, por los caminos de cabras asfaltados, que es lo que son allí). Además, conducir por allí me ha encantado también. Es como una montaña rusa. No sé si será que la calzada es superestrecha y cada vez que te vas a cruzar con un coche de frente te entra canguele (y si es un camión ni os cuento); o que el que no haya arcenes le da un punto de riesgo, controlado, más emocionante; o que los baches y las continuas subidas y bajadas por las colinas lo hacen más divertido; no lo sé, pero es mucho más divertido que conducir en otros sitios. Las carreteras principales son graciosas, pero es que las secundarias son ya la polla: a pesar de no haber casi arcenes y ser un constante vaivén por las curvas y los cambios de rasante, te encuentras cada 2 x 3 con la señal que te recuerda la velocidad máxima: 100 km/h. Y cuando la ves te quedas pensando ¡Pero si como vaya a más de 80 me mato!. Pero bueno, allí son así, estarán acostumbrados.

la carretera entre la 2ª y 3ª ciudad de Irlanda.. de chiste

una carretera secundaria

Luego hay algunos pueblecitos y ciudades bonitas. Este mes he visto algunos que me han encantado: Galway, Westport, Kinsale… Pero hay que tener en cuenta que la tercera ciudad del país no tiene más de 70000 habitantes, así que tampoco es que haya mucho que ver de ese palo, más que pueblos perdidos por ahí en mitad de la nada. Ya digo, lo bonito es perderse por el campo y disfrutar de los prados con las vacas y las ovejas, y abadías o castillos en ruinas cada poco. Irlanda es el paraíso de los animales. Si yo tuviera que nacer de nuevo alguna vez, querría ser una oveja en Irlanda. Qué gustazo da verlas por allí a su bola, con pasto para aburrirse y sin más preocupación que echarse una siestecita de vez en cuando.

ovejitas a su bola en medio de Connemara

castillo de Caher

Así que, lo que he visto esta vez ha sido Kinsale, un pueblo de la costa al sur de Cork, y Galway y la región de Connemara, que están al oeste-noroeste. Ver mapa más grande

Kinsale es bastante cuco, aunque demasiado turístico. Los putos turistas, que nos cargamos cualquier sitio a donde vayamos.

centro de Kinsale

Kinsale desde el Charles's Fort

De Galway me habían hablado muy bien antes de ir, y la verdad es que es muy bonito, el centro sobre todo. Bonito, y muy pequeño, lo que lo hace un poco más mono si cabe.

centro de Galway

centro de Galway

De Connemara, lo que vimos fue la polla. Connemara es una región al oeste de Irlanda, una de las tradicionalmente más pobres (por el tema de que es un suelo bastante árido), y por eso es donde acabaron metidos buena parte de los irlandeses antiguos, echados por los ingleses del resto de tierras más fértiles. Así que esa es una de las zonas donde se habla el gaélico como primera lengua (no sé si se hablará el inglés aunque sea como segunda) y donde se conserva una cultura irlandesa más tradicional.

Pero aparte de eso, lo verdaderamente espectacular es el paisaje. Es precioso: lagos, islas, montañas y bosques por todos lados, alternándose unos y otros en paisajes increíbles e inesperados. Yo no podía ni conducir porque estaba mirando constantemente a los lados, flipando con las vistas… y eso en las carreteras irlandesas es peligroso.

paisaje de Connemara

paisaje de Connemara

Abadia de Kylemore

vista desde el Connemara National Park

paisaje de Connemara

paisaje de Connemara

El último día estuve en Dublín, yo solo. No tiene mucho de particular, es una ciudad grande más, con algunos lugares bonitos y demás. Pero lo que sí tiene es mucho ambiente, da gusto pasear por allí y ver el movimiento de la gente. Además de que hay una cantidad de guiris no irlandeses brutal. Tampoco estuve mucho tiempo como para verla muy a fondo, pero no estuvo mal la cosa.

Así que bueno, este ha sido mi mes en aquella tierra. La verdad es que me he quedado con las ganas de estar más tiempo y saborearla mejor, pero no ha podido ser esta vez. Qué se le va a hacer. Aunque en el futuro nunca se sabe.

Conversación entre profesionales

El otro día viendo una peli fui testigo de una gran y sórdida conversación que me hizo soltar una gran carcajada. Los individuos responsables son dos médicos anónimos en Mad Max: su diagnóstico no tiene mucho que ver con los que sueltan el Dr. House y su equipo en cada capítulo. Y es que cuando no hay presupuesto, se nota.

[después de inspeccionar al herido]

– ¿Qué te parece?

Yo soy médico, no adivino. ¿Este caso es tuyo?

– Sí, claro.

– ¿Muchas complicaciones…?

– Múltiples traumas. Bazo, hígado, pulmones, costillas, lado izquierdo del fémur, riñones…

Parece una lista de la compra. ¿Se puede salvar?

– Sí, anoche recobró sus constantes vitales.

– ¿Tiene familia?

– El marido.

[enfermera] Perdieron al niño, murió al llegar.

– Dígale que se va a curar pronto, y que no se preocupe. Si lo desea hablaré con él.

[aparece Mel Gibson escuchándolo todo]

[enfermera] No creo que desee hablar con nadie. Ha estado ahí todo el día como una estatua.

Un par de médicos bastante malos
Mad Max

Vamos, yo soy Mel Gibson, y en vez de irme corriendo a matar malos lo que hago es cargarme al hijo de puta de la lista de la compra de momento.