Un paseíto por la Patagonia

Aquí está mi entrada patagónica, relato de mi visita a lo más cerca que he estado del Fin del Mundo.

Ya desde el mismo avión, cuando sobrevuelas la Patagonia, solo se ven campos de hielo, lagos y montañas. Prácticamente ni un atisbo de actividad humana. Y esta es su característica fundamental. Luego, cuando recorres en bus la XII región chilena, la de Magallanes y Tierra del Fuego -aunque no llegué a pisar esta última- te puedes tirar 4 horas sin ver nada más que estepa y tundra en kilómetros y kilómetros; kilómetros y kilómetros de nada. Aunque dentro de esa nada hay, entre las típicas vacas y ovejitas, muchos guanacos y ñandús, halcones y cóndores,  pastando y volando en libertad sin ser molestados por nadie, que le dan un aspecto muy exótico y pintoresco.

sobrevolando el campo de hielo patagónico

estepa patagónica

guanacos

Nosotros en concreto fuimos al Parque Nacional Torres del Paine, que es lo más turístico de la parte chilena de la Patagonia. La otra cosa más turística de por allí son las pingüineras, accesibles desde Punta Arenas, pero cuando nosotros llegamos -el 10 de abril-, los pingüinos ya habían emigrado a finales de marzo.

Punta Arenas

Torres del Paine es una maravilla para el trekking -o senderismo para los que hablamos en algo parecido a castellano-, pero es durísimo. Nos tiramos 4 días para hacer el recorrido de la W y acabamos destrozados: dos con los tobillos flamencos, yo con la cadera hecha misto y los pies que no daban más de sí -fallo, eso de no haberme llevado calzado de montaña xD- y en definitiva todos reventados. Porque además el primer día nos llovió, y aquello se convirtió en el Infierno®. La sensación de meterse al día siguiente las zapatillas mojadas, con calcetines mojados, a las 8 de la mañana con 0º, es indescriptible; pero nada agradable, os lo aseguro. Luego, el resto del tiempo es subir y bajar montañas y andar mucho esquivando ríos y charcos de barro: caminatas del orden de 8 horas al día. Aunque la recompensa bien lo vale. Lo mejor, sin duda, el Glaciar Grey; aunque lo demás no desmerece en absoluto.

árbol solitario

bosque

la cima y las Torres

amanecer en los Cuernos del Paine

paisaje

lago y montaña

árboles muertos

Cuernos del Paine

Glaciar Grey

Luego nos acercamos un día a El Calafate, localidad argentina desde donde se va al Perito Moreno. Es una ciudad muy turística, no solo por el glaciar, sino porque en Argentina es un sitio de turismo veraniego pijo, al estilo de Puerto Banús o algo así, pero con un lago en vez de playa; y carísima, claro. Estando los precios en general en Argentina mucho más baratos que aquí en Chile, por una cerveza nos podían cobrar unos 2 € o más, y cenar nos salió por unos 14 € por cabeza en un buffet libre de parrilla argentina. Carísimo, sí, pero lo amortizamos bien amortizado, como no podía ser de otro modo.

parrilla argentina

De todos modos la sensación que me quedó de esta visita a la civilización argentina no fue muy buena: allí tratan de timarte a la mínima. A veces te dicen un precio y luego te dicen otro, o si muestras dudas te lo rebajan por las buenas –si venís 4 os hacemos un descuento de X-, y cosas así. Además, mientras que en Chile hay carreteras más o menos a lo largo de todo el territorio, en esta parte de Argentina hay solo una (1) asfaltada. Con lo cual, nuestra idea de subir desde El Calafate hasta Bariloche -si miráis el mapa podéis ver que están más o menos directos subiendo al lado de los Andes- se nos desveló imposible, porque habríamos tardado entre 28 y 32 horas en hacer el trayecto, ya que la carretera buena daba una vuelta del copón y la mala era eso: muy mala. Así que desistimos de esa idea y tampoco pudimos ir a Chaltén, que es otra montaña donde se hace senderismo un poco más al norte de El Calafate y de la que todo el mundo nos había hablado muy bien, porque no teníamos más tiempo.

Pero vimos el Perito Moreno. Es increíble. Mereció completamente la pena haber ido solo para él. Aunque no vimos cómo se cayó ningún trozo de glaciar, solo el presenciar los crujidos que recorren sus 14 kms de largo es de por sí un espectáculo. Así que nos hicimos unas cuantas fotos, disfrutamos de la imponente presencia del amigo Moreno, y nos volvimos a Puerto Natales, desde donde fuimos al aeropuerto de Punta Arenas para coger el avión de vuelta a Santiago.

Perito Moreno

Perito Moreno

Si os han gustado las fotos echadle un vistazo a mi álbum del viaje en flickr, merece la pena; son muchas fotos, pero es que ha sido muy difícil seleccionar entre tantas fotos guapas.

4 Respuestas a “Un paseíto por la Patagonia

  1. Como molan estos pots tuyos de tus viajes. Me encantan. Me ha gustado mucho la foto del glaciar, me ha recordado al Gran Cañón… solo que más frío y rellenao.

  2. Impresionantes las imágenes, me quedo con la boca abierta, ¡qué envidia! La Patagonia es uno de esos lugares que no me gustaría dejar de conocer bajo ningún concepto.

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