De lo absurdo de las modas

Pues venía yo tan feliz con mi gorrito que me compré en Buenos Aires -un moro me estafó en Buenos Aires, manda cojones-… cuando llego y veo que ahora aquí todo Dios lleva sombreros. Bueno, todo Dios no, pero sí mucha gente en comparación con lo que venía siendo habitual. Porque hasta ahora el que llevaba sombrero o era medio tonto o era un viejuno. Pero ahora no, ahora vuelve a ser guay llevar sombrero. ¿Somos todos tontos o qué coño pasa?

En verdad no le descubro nada a nadie si ahora digo que las modas dependen de la necesidad de cambiar y del contexto social de cada sitio. Solo hay que ver los pijos cortijeros que siguen abundando en mi tierra; van todos iguales en rebaños con sus náuticos, vaqueros, camisas o polos y patillacas a lo Curro Jiménez. Vamos, solo conseguiréis distinguir a unos de otros por el tono pastel de su polo/camisa y por el lado hacia el que se echan el pelito -y suerte que ya no suele ir engominado-. Es para coger alguno y decirle a la cara ¿¿Pero no os dais cuenta de la pinta de tontopollas que lleváis??. Pero no, es increíble pero no se dan cuenta. Porque como todos sabemos, esa manera de vestir no existe porque sea bonita a la vista, que obviamente no lo es, sino por la herencia del señoritismo en mi tierra y de la asunción social de que implica tener mucho dinero. Y luego están los canis, aunque de ellos no pienso hablar, porque esa gente sencillamente es que no tienen educado el sentido del gusto… Vamos, ni el sentido del gusto ni nada, a esos lo que les hace falta es educación a toneles.

Luego están los sectarismos sociales, por los que si te gusta tal cosa o piensas de tal modo, te tienes que vestir de este otro. Que yo sepa, te puede gustar el heavy metal sin tener que llevar esas greñacas tan feas. O el rap sin tener que ir con ropa para 2 como tú. O ser un tío triste con tendencia al suicidio sin tener que ir todo de negro y con pinchos y mierdas por todo el cuerpo; coño, vístete de colorines, que así vas a llamar la atención el triple. Pero los que más gracia me hacen son los neohippies, los cuales también tienen sus códigos de vestimenta para demostrar que están contra el Sistema. Sin darse cuenta que de ese modo están creando su propio sistema dependiente del Sistema, porque del mismo modo que toda regla tiene su excepción, todo sistema tiene su antisistema; y al final en su protesta acaban integrados el uno con el otro…

Nada, reflexiones de una mañana de verano, que la dirección financiera me tiene la cabeza loca…

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Etapa I: San Pedro de Atacama

San Pedro de Atacama es un pueblucho con 2000 habitantes y 40 agencias de turismo. Con eso ya he dicho todo. Es el centro neurálgico del turismo en el norte de Chile. ¿Por qué? Por su situación. Se encuentra en una especie de oasis en medio del desierto de Atacama formado por el río San Pedro, en el centro de una zona con una gran cantidad de accidentes geológicos muy singulares, además de algunas ruinas de poblados indígenas. Y claro, ha desarrollado toda su economía hacia el turismo y se ha convertido en el lugar obligatorio hacia el que dirigirse, si quieres conocer esta zona de Chile.

Prácticamente todo el mundo que va de turismo al norte de Chile va a San Pedro. Lo que hay allí es básicamente turismo de naturaleza, y las posibilidades son muchísimas: están el Valle de la Muerte, donde se hace sandboard, el Valle de la Luna, el Salar de Atacama y sus varias lagunas saladas llenas de flamencos, las Lagunas Altiplánicas, excursiones a los géiseres del Tatio, etc, todo con con unos paisajes preciosos, llenos de cadenas montañosas, volcanes y formaciones rocosas caprichosas; y te ofrecen hacer todo eso de varios modos, alquilándote unas bicis, un coche, mediante tours o a caballo. Así que hay para todos los gustos. Además también es el punto de partida de otra excursión muy solicitada, con la que cruzas hacia Bolivia pasando por los Andes, el Salar de Uyuni y algún que otro parque natural, mientras conoces todos esos parajes naturales durante 3 días, que son verdaderamente espectaculares [esa fue mi siguiente etapa y será mi próxima entrada respecto al viaje]. También, al haber tanto turismo y tanto guiri aventurero, hay mucho ambiente y un aire bastante cool, así que da gusto estar por allí.

calle Caracoles (la principal)

iglesia de San Pedro

Pukara de Quitor

pilotando por el desierto

Salar de Atacama

Laguna de Chaxa

paisaje desértico

Laguna Salada

Tengo que hacer una mención especial sobre los atardeceres, que viéndolos en determinados lugares (atestados, por supuesto, qué le vamos a hacer) son realmente espectaculares. A nosotros nos pilló uno en medio del Salar de Atacama -nos volvíamos huyendo del sitio donde estábamos antes, invadido repentinamente por turistas, precisamente para ver el atardecer-, que posiblemente ha sido el atardecer más espectacular de mi vida. No se puede expresar con palabras: el sol ocultándose por una cordillera, mientras se refleja en las montañas de la cordillera que tienes detrás, con las nubes encendidas con colores vivísimos. Inolvidable. Pero también hay otros lugares donde se ven puestas de sol muy muy bonitas.

atardecer en el Salar de Atacama

atardecer en el Salar de Atacama

atardecer en el Salar de Atacama

atardecer en el Salar de Atacama

atardecer en el Valle de la Luna

Valle de la Luna

Replanteándome cosas

Hace no mucho me dieron un bofetón en forma de palabras. Fueron 4 frases más bien escuetas que me mandaron a través de un teclado, pero que fueron directas a estamparse en mi cara. ¿Eran necesarias? ¿No lo eran? No lo sé, pero el caso es que me hicieron replantearme muchas cosas a muchos niveles. Ahora mismo y desde hace un tiempo soy una persona en reconstrucción. Hay ciertos problemas internos, para los que he dejado pasar demasiado tiempo, que ahora he de solucionar sin falta. Y junto a ellos, hay otros aspectos de mi persona con los que no me siento cómodo. Unos son consecuencia de lo primero, pero otros son exclusivamente responsabilidad mía; el problema es que no sé hasta qué punto lo son unos y no lo son otros; hasta qué punto no se retroalimentan y acaban unos y otros montando una juerga autodestructiva dentro de mí.

Lo que sí sé es a dónde quiero llegar, y que, por suerte, tengo la voluntad y la honestidad suficiente para conseguirlo.

Rapa Nui

Mi primera parada tras acabar el curso fue la Isla de Pascua. Tuvimos suerte porque una amiga tenía un contacto a través del cual nos pudimos quedar en casa de unos nativos, que fueron un verdadero encanto y una maravilla de anfitriones, y nos dejaron montar la tienda de campaña en una casa a medio construir en su jardín. El pueblo de la Isla de Pascua se llama Hanga Roa. Allí las casas son casi todas así, grandes parcelas en las que toda una familia se va construyendo casas para los hijos/hermanos/etc sin ningún orden establecido. Les suele sobrar bastante pasto como jardín o para montar un huerto.

los pequeños

casa rapa nui

Nos recibieron más que bien, con un típico collar de flores (de verdad) y todo y nos hicieron de guía un par de días, no solo por la isla, sino también por la noche pascuense. Impacta bastante ir a una discoteca y verse junto al par de coches aparcados que hay siempre, otros tantos caballos. Pero es bastante habitual ver a los nativos moverse a caballo. Porque es curioso, pero la impresión que da la isla no es la de un sitio megaturístico, que es lo que yo esperaba. Claro que yo no fui en temporada alta, supongo que en otras fechas será distinto. Pero la sensación es que allí los locales hacen su vida igual que si no hubiera turismo; aparte de las típicas tiendas de recuerdos, que hay bastantes, los guiris no llaman mucho la atención, o no invaden más de la cuenta el pueblo, y el ambiente que hay es el de cualquier pueblecito costero polinésico. Eso sí, delincuencia 0.

nativo con su montura

Lo de los caballos es otro tema. Por el campo hay millones a su aire, más que chuchos en el continente, salvajes, domesticados… da igual. Según nuestra anfitriona, hay 10 caballos por cada persona: eso haría 40000 caballos, lo cual es tirando a excesivo; pero en cualquier caso hay muchísimos pastando por los campos isleños.

caballos salvajes

El caso es que estuvimos allí 5 días, haciendo turismo y conviviendo con nuestros amigos y sus pequeños. Nos dio tiempo a hacer de todo: alquilar un jeep, otro día unas bicicletas, otro día montamos a caballo -los caballos y yo no nos entendemos muy bien, la verdad-, ir a la playa -mis amigas del norte de Europa, yo de playa ya he tenido mucha en mi vida-, etc. El problema es que todo es carísimo. Todo cuesta como el doble o más que en el continente. Pero todo, desde la mantequilla o la leche hasta ver un show de baile rapa nui por la noche. Y claro, entre eso y el precio por el que me salió el vuelo -más caro de la cuenta por tardar en decidirme-, tuve que cortarme un poco.

La isla no es pequeña, pero sí bastante abarcable. Tardas como media hora en cruzártela de punta a punta en coche. Solo hay una carretera asfaltada, así que esa parte casi que te la ves en un día con un poco de prisa. Hay también varios caminos de tierra que puedes ver con el mismo jeep, si no son muy malos, o con bicicleta o caballo otro día. Luego está la parte norte, que no la conocimos bien porque había que montarse una excursión de un día entero para ir para allá, y entre unas cosas y otras nos tomamos la visita pero que muy relajada.

a caballo pascuense

Lo interesante de la isla, obviamente, son los moais, y más que eso, la cultura rapa nui. Los moais son unos auténticos bichos, que estando al lado impresionan bastante, pero cuando visitas los ahu (plataformas donde se colocaban en fila) te enteras de que los que están de pie son todos restaurados. Digamos que esos ahu restaurados son los más importantes y la visita obligada de la isla. Luego hay muchísimos ahu con sus moai tirados y destrozados por el suelo, que quizá impresionan hasta más. Una de las razones de que se encuentren así, especialmente los de la costa noreste, es el terremoto de Valdivia de 1960, en la costa de Chile, pero que provocó un tsunami que llegó hasta la isla y derribó los moai que quedaban de pie. Otra razón, documentada históricamente, es que en algún punto entre la primera mitad del siglo XVIII y la segunda -entre el primer visitante europeo, el holandés Jakob Roggeveen, y los segundos, un grupo de navegantes españoles– hubo una especie de revolución social en las tribus de la isla y al parecer las clases bajas tomaron el poder e impusieron un cambio en el organización social y en el culto existente hasta ese momento. Los moai representaban los ancestros de los rapa nui, cuyas estatuas se supone que les protegían del mar o de las cosas malignas que vinieran de él -por eso la mayoría, todos menos un grupo, están de espaldas al mar-. Pero llegados a ese punto, los vencedores cambiaron el culto de los moai -o ancestros- por el del Hombre-Pájaro; en el transcurso de ese cambio parece que se llevaron unos cuantos ahu por delante, producto de las guerras entre tribus, ataques, etc. Supongo que en todo esto tuvo algo que ver la superpoblación de la isla -llegaron a vivir allí 22000 rapa nui; hoy día solo hay 4000 habitantes- y la escasez de recursos resultante.

ahu Tongariki

ahu derruido

Esto que acabo de contar se ve perfectamente en Rano Raraku, el volcán del que hacían los moai. En su ladera y en su cantera hay un montón de moai abandonados, como si los hubieran dejado ahí a medio camino de algún sitio, o a medio hacer. O en la cantera de los pukao -los gorritos que representan el pelo de los moai-, exactamente igual.

Rano Raraku

A partir de ahí vino la decadencia de la isla y la cultura autóctona, agravada por la visita de cada vez más foráneos, casi nunca para nada bueno. Fue hogar de mucho pirateo, objetivo de los esclavistas -los peruanos la asolaron, llegando a dejar 111 habitantes en su mínimo histórico; aparte de devolver muchos esclavos enfermos de tuberculosis y viruela que contagiaron a los que quedaban-, hasta que Chile se la anexionó a finales del XIX.

Sigue habiendo muchas cosas sin resolver, ya que se arrasó con la población nativa. Para todo el tema de la construcción y transporte de los moai se tiene prácticamente asumido que lo hacían con troncos de árboles -árboles que ya casi no hay, por cierto-. Aunque sigue siendo impresionante ponerse a pensar en transportar esos bicharracos y hacerlo además de pie hasta su correspondiente ahu. Hay que tener en cuenta además que las herramientas de esta gente eran todas de piedra y/o madera, ya que en la isla no había más materiales, con lo que hay que hacerse una idea de lo que debe ser sacar un moai de la roca con un cacho de piedra mal tallado. Pero hay más. Por ejemplo, existe una escritura autóctona, el rongo rongo, que al desaparecer en su momento la élite de la isla ha quedado como imposible de descifrar. O la aldea de Orongo, que se sabe que era usada de manera estacional a modo de poblado ceremonial, pero no mucho más.

villa de Orongo

Pero ya digo, los rapa nui siguen siendo los habitantes de la isla, y muchas de sus tradiciones se han mantenido. Una vez al año son sus fiestas, en las que se hace el descenso de cierta colina sobre troncos de plátano -así se decidía anteiguamente el líder de todas las tribus-, se visten como sus antepasados indígenas, pintándose los cuerpos, hacen competiciones a lo largo de la isla, etc. Pero día a día también viven distinto. El modo de vivir allí es polinésico, completamente distinto al del Chile continental, aunque llegues allí y te hablen en perfecto español chileno; aunque lo que veas allí para comer sean ceviches, empanadas e italianos (cosas de las que me he hartado este año). Además, los nativos rapa nui son bastante tirando a salvajes: algo agresivos, bastante machistas, y con un comportamiento en general asalvajado. Cosa de los genes, supongo.

De hecho hoy día se vive como un resurgimiento de la cultura rapa nui, y se nota que los autóctonos viven con mucha libertad y a su modo, algo que no se puede decir del resto de indígenas de Chile por lo que se ve en las noticias y llega a conocimiento público. Por ejemplo, los mapuches, que son la etnia más importante en el Chile continental, siempre están manifestándose y creando problemas y altercados públicos porque no llegan a poder vivir a su modo en sus áreas; mientras que los rapa nui están como Dios en su islita sin que nadie les moleste. Uno de ellos me comentó que existe una ley que no permite comprar terrenos en la isla ni siquiera a los chilenos continentales, solo a los pascuenses. Así que así poco a poco van preservando su cultura y su modo de vida.

Y nada, esta fue mi visita a grandes rasgos. El resto fue disfrutar de los paisajes, de las esculturas que hay repartidas por la isla y de las buenas temperaturas (entre 20º y 25º, mientras que en Santiago era pleno invierno), integrarnos un poco en la cultura pascuense y aprovechar para hacer cosillas al aire libre. Una muy buena experiencia en general.

ahu Tongariki

moai

ahu Tepeu

playa de Anakena y ahu Nau Nau

ahu Te Ata Hero

Como siempre, más fotos en mi álbum de flickr

Criado en Cádiz

Yo nací en Cádiz, y en el famoso barrio de la Viña, que no es hoy, ni menos era antes, academia de buenas costumbres. La memoria no me da luz alguna sobre mi persona y mis acciones en la niñez sino desde la edad de seis años; y si recuerdo esta fecha, es porque la asocio a un suceso naval de que oí hablar entonces: el combate del cabo de San Vicente, acaecido en 1797.

(…)

La sociedad en que yo me crié era, pues, de lo más rudo, incipiente y soez que puede imaginarse, hasta tal punto, que los chicos de la Caleta éramos considerados como más canallas que los que ejercían igual industria y desafiaban con igual brío los elementos en Puntales; y por esta diferencia, uno y otro bando nos considerábamos rivales, y a veces medíamos nuestras fuerzas en la Puerta de Tierra con grandes y ruidosas pedreas, que manchaban el suelo de heroica sangre.

Gabriel
Episodios Nacionales: Trafalgar, Benito Pérez Galdós

Reencuentros

De las despedidas a los reencuentros. Es el orden natural de las cosas. Y yo fui de las despedidas de Chile al reencuentro en España; con mis amigos de Sevilla primero y unos cuantos de Bologna después. ¿La excusa? La Fiesta Hawaiana que monta Xavi con sus amigos todos los años cerca de Gandía.

Así que gracias a mis colegas de Sevilla nos montamos un road trip de esos como los de las pelis gringas en el que fuimos (fueron) desde Sevilla a Madrid para recogerme en Barajas con todos los maletones, de allí a Gandía, y de allí medio grupo, los que estamos en vacaciones, tiramos pabajo hacia Alicante y Murcia visitando amigos en cada lugar. Todo en 5 diítas. Los únicos 5 días del verano español en que ha habido nubes y tormenta por todos los lugares que íbamos pisando. Pero fue divertido igualmente :D.

de fiesta por Madrí con mi regalo de bienvenida

cargados en el coche

playa de San Pedro

La putada de conocer tanta gente de tantos sitios distintos es esto, que solo puedes verlos 1 o 2 veces al año. Pero lo bueno es que esas 2 veces al año suelen ser eventos importantes y al final se convierten en momentos espectaculares, sobre todo porque convocan muchos amigos. Como la Hawaiana, que para mí ya se ha convertido en visita obligada todos los veranos que pueda.

Bueno, y a partir de ahora preparaos porque toca una retahíla de entradas con todos los lugares a los que me han llevado mis viajes en este último mes. Aunque será según vaya subiendo todo el material digital que tengo, que es bastante.