Rapa Nui

Mi primera parada tras acabar el curso fue la Isla de Pascua. Tuvimos suerte porque una amiga tenía un contacto a través del cual nos pudimos quedar en casa de unos nativos, que fueron un verdadero encanto y una maravilla de anfitriones, y nos dejaron montar la tienda de campaña en una casa a medio construir en su jardín. El pueblo de la Isla de Pascua se llama Hanga Roa. Allí las casas son casi todas así, grandes parcelas en las que toda una familia se va construyendo casas para los hijos/hermanos/etc sin ningún orden establecido. Les suele sobrar bastante pasto como jardín o para montar un huerto.

los pequeños

casa rapa nui

Nos recibieron más que bien, con un típico collar de flores (de verdad) y todo y nos hicieron de guía un par de días, no solo por la isla, sino también por la noche pascuense. Impacta bastante ir a una discoteca y verse junto al par de coches aparcados que hay siempre, otros tantos caballos. Pero es bastante habitual ver a los nativos moverse a caballo. Porque es curioso, pero la impresión que da la isla no es la de un sitio megaturístico, que es lo que yo esperaba. Claro que yo no fui en temporada alta, supongo que en otras fechas será distinto. Pero la sensación es que allí los locales hacen su vida igual que si no hubiera turismo; aparte de las típicas tiendas de recuerdos, que hay bastantes, los guiris no llaman mucho la atención, o no invaden más de la cuenta el pueblo, y el ambiente que hay es el de cualquier pueblecito costero polinésico. Eso sí, delincuencia 0.

nativo con su montura

Lo de los caballos es otro tema. Por el campo hay millones a su aire, más que chuchos en el continente, salvajes, domesticados… da igual. Según nuestra anfitriona, hay 10 caballos por cada persona: eso haría 40000 caballos, lo cual es tirando a excesivo; pero en cualquier caso hay muchísimos pastando por los campos isleños.

caballos salvajes

El caso es que estuvimos allí 5 días, haciendo turismo y conviviendo con nuestros amigos y sus pequeños. Nos dio tiempo a hacer de todo: alquilar un jeep, otro día unas bicicletas, otro día montamos a caballo -los caballos y yo no nos entendemos muy bien, la verdad-, ir a la playa -mis amigas del norte de Europa, yo de playa ya he tenido mucha en mi vida-, etc. El problema es que todo es carísimo. Todo cuesta como el doble o más que en el continente. Pero todo, desde la mantequilla o la leche hasta ver un show de baile rapa nui por la noche. Y claro, entre eso y el precio por el que me salió el vuelo -más caro de la cuenta por tardar en decidirme-, tuve que cortarme un poco.

La isla no es pequeña, pero sí bastante abarcable. Tardas como media hora en cruzártela de punta a punta en coche. Solo hay una carretera asfaltada, así que esa parte casi que te la ves en un día con un poco de prisa. Hay también varios caminos de tierra que puedes ver con el mismo jeep, si no son muy malos, o con bicicleta o caballo otro día. Luego está la parte norte, que no la conocimos bien porque había que montarse una excursión de un día entero para ir para allá, y entre unas cosas y otras nos tomamos la visita pero que muy relajada.

a caballo pascuense

Lo interesante de la isla, obviamente, son los moais, y más que eso, la cultura rapa nui. Los moais son unos auténticos bichos, que estando al lado impresionan bastante, pero cuando visitas los ahu (plataformas donde se colocaban en fila) te enteras de que los que están de pie son todos restaurados. Digamos que esos ahu restaurados son los más importantes y la visita obligada de la isla. Luego hay muchísimos ahu con sus moai tirados y destrozados por el suelo, que quizá impresionan hasta más. Una de las razones de que se encuentren así, especialmente los de la costa noreste, es el terremoto de Valdivia de 1960, en la costa de Chile, pero que provocó un tsunami que llegó hasta la isla y derribó los moai que quedaban de pie. Otra razón, documentada históricamente, es que en algún punto entre la primera mitad del siglo XVIII y la segunda -entre el primer visitante europeo, el holandés Jakob Roggeveen, y los segundos, un grupo de navegantes españoles– hubo una especie de revolución social en las tribus de la isla y al parecer las clases bajas tomaron el poder e impusieron un cambio en el organización social y en el culto existente hasta ese momento. Los moai representaban los ancestros de los rapa nui, cuyas estatuas se supone que les protegían del mar o de las cosas malignas que vinieran de él -por eso la mayoría, todos menos un grupo, están de espaldas al mar-. Pero llegados a ese punto, los vencedores cambiaron el culto de los moai -o ancestros- por el del Hombre-Pájaro; en el transcurso de ese cambio parece que se llevaron unos cuantos ahu por delante, producto de las guerras entre tribus, ataques, etc. Supongo que en todo esto tuvo algo que ver la superpoblación de la isla -llegaron a vivir allí 22000 rapa nui; hoy día solo hay 4000 habitantes- y la escasez de recursos resultante.

ahu Tongariki

ahu derruido

Esto que acabo de contar se ve perfectamente en Rano Raraku, el volcán del que hacían los moai. En su ladera y en su cantera hay un montón de moai abandonados, como si los hubieran dejado ahí a medio camino de algún sitio, o a medio hacer. O en la cantera de los pukao -los gorritos que representan el pelo de los moai-, exactamente igual.

Rano Raraku

A partir de ahí vino la decadencia de la isla y la cultura autóctona, agravada por la visita de cada vez más foráneos, casi nunca para nada bueno. Fue hogar de mucho pirateo, objetivo de los esclavistas -los peruanos la asolaron, llegando a dejar 111 habitantes en su mínimo histórico; aparte de devolver muchos esclavos enfermos de tuberculosis y viruela que contagiaron a los que quedaban-, hasta que Chile se la anexionó a finales del XIX.

Sigue habiendo muchas cosas sin resolver, ya que se arrasó con la población nativa. Para todo el tema de la construcción y transporte de los moai se tiene prácticamente asumido que lo hacían con troncos de árboles -árboles que ya casi no hay, por cierto-. Aunque sigue siendo impresionante ponerse a pensar en transportar esos bicharracos y hacerlo además de pie hasta su correspondiente ahu. Hay que tener en cuenta además que las herramientas de esta gente eran todas de piedra y/o madera, ya que en la isla no había más materiales, con lo que hay que hacerse una idea de lo que debe ser sacar un moai de la roca con un cacho de piedra mal tallado. Pero hay más. Por ejemplo, existe una escritura autóctona, el rongo rongo, que al desaparecer en su momento la élite de la isla ha quedado como imposible de descifrar. O la aldea de Orongo, que se sabe que era usada de manera estacional a modo de poblado ceremonial, pero no mucho más.

villa de Orongo

Pero ya digo, los rapa nui siguen siendo los habitantes de la isla, y muchas de sus tradiciones se han mantenido. Una vez al año son sus fiestas, en las que se hace el descenso de cierta colina sobre troncos de plátano -así se decidía anteiguamente el líder de todas las tribus-, se visten como sus antepasados indígenas, pintándose los cuerpos, hacen competiciones a lo largo de la isla, etc. Pero día a día también viven distinto. El modo de vivir allí es polinésico, completamente distinto al del Chile continental, aunque llegues allí y te hablen en perfecto español chileno; aunque lo que veas allí para comer sean ceviches, empanadas e italianos (cosas de las que me he hartado este año). Además, los nativos rapa nui son bastante tirando a salvajes: algo agresivos, bastante machistas, y con un comportamiento en general asalvajado. Cosa de los genes, supongo.

De hecho hoy día se vive como un resurgimiento de la cultura rapa nui, y se nota que los autóctonos viven con mucha libertad y a su modo, algo que no se puede decir del resto de indígenas de Chile por lo que se ve en las noticias y llega a conocimiento público. Por ejemplo, los mapuches, que son la etnia más importante en el Chile continental, siempre están manifestándose y creando problemas y altercados públicos porque no llegan a poder vivir a su modo en sus áreas; mientras que los rapa nui están como Dios en su islita sin que nadie les moleste. Uno de ellos me comentó que existe una ley que no permite comprar terrenos en la isla ni siquiera a los chilenos continentales, solo a los pascuenses. Así que así poco a poco van preservando su cultura y su modo de vida.

Y nada, esta fue mi visita a grandes rasgos. El resto fue disfrutar de los paisajes, de las esculturas que hay repartidas por la isla y de las buenas temperaturas (entre 20º y 25º, mientras que en Santiago era pleno invierno), integrarnos un poco en la cultura pascuense y aprovechar para hacer cosillas al aire libre. Una muy buena experiencia en general.

ahu Tongariki

moai

ahu Tepeu

playa de Anakena y ahu Nau Nau

ahu Te Ata Hero

Como siempre, más fotos en mi álbum de flickr

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7 Respuestas a “Rapa Nui

  1. El vuelo más barato desde Santiago salía por unos 250 €, q es el q se pillaron mis amigas. A mí me costó como 360 por tardar más de la cuenta :S. Pero bueno, depende de la temporada, como siempre con estas cosas.

  2. Sí, sí lo he visto antes. A esto venía lo del resurgimiento de la cultura rapanui, se están haciendo muchas cosas para protegerla. Pero por lo demás me parece a mí q a los pascuenses no les importa tanto pertenecer o no a Chile. Allí había un tímido movimiento independentista, un par de carteles colgados en un sitio, pero nada más. Pq política aparte, varios me dijeron q es habitual q los de la isla se vayan al continente a hacer el instituto o la universidad, así q tan mal no les viene ser parte de un país más grande

  3. Hola….quiero ir en junio a la Isla….tengo muchas ganas y poca plata…así que por fis….dame buenos datos para ahorrar….como lograr que un nativo me preste su patio para instalar mi carpa???? y ahorrarme el alojamiento

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