Etapa III: Bolivia

Continúo con el relato de mi viaje de verano. Pues el tema es que desde Uyuni nos cogimos un bus nocturno hasta La Paz -nota: los que vayáis a hacer lo mismo, llevaos calcetines dobles o triples en los pies-. Era de noche, pero fue suficiente para comprobar la fantástica calidad de los autobuses bolivianos: a ratos por grava, a ratos por camino de tierra y con un frío congelador que entraba por abajo. Aún así logré dormir un poco. Y llegamos a La Paz.

La Paz es El Caos. Allí las aceras no existen para que la gente camine, sino para poner puestecitos, que es donde la gente compra, no en las tiendas. O donde la gente almuerza. O donde la gente cambia dinero. Y así.

La Paz

La Paz

La Paz

Otro tema son los microbuses, de los que está plagada la ciudad, que son algo así como una mezcla entre taxis muy colectivos y autobuses, muy baratos, y que funcionan así: a grito pelado.

microbuses

Así que ya os podéis imaginar lo que es la ciudad: un puto caos. Microbuses con gente gritando por todos lados, las aceras llenas de puestos y de gente comprando, comiendo o esperando al primer microbús que pase, y todo con algún cierto orden que se me escapa. La parte del centro histórico tiene su punto, ya que es donde están ubicados el Palacio de Gobierno, el Congreso Nacional y la Catedral Metropolitana, y unos cuantos museos y casonas coloniales. La Paz también tiene su centro financiero con edificios altillos y tal, pero es poca cosa en verdad.

Plaza Murillo y Palacio de Gobierno

Plaza Murillo

La zona más turística son 3 calles, y no hay mucho más aparte de puestecitos con bolivianos dispuestos a sangrarte a la mínima -para los precios normales bolivianos, claro-; porque si te vas un par de calles más allá vas a encontrar las mismas cosas por 1/5 de lo que en la calle de las Brujas por ejemplo, que es la principal arteria para guiris de la ciudad. Ya, si te dedicas a caminar un poco más por la ciudad, adentrándote en otros barrios, puedes ver lo que es la vida normal de los paceños: puestos y puestos por todos lados, y gente comprando en ellos. Y las casas que más abundan por allí, que son las del tipo sin pintura ni na más que ladrillos. En concreto las laderas que suben hacia El Alto -La Paz es un valle y El Alto es otra ciudad hoy unida a ella que originalmente estaba en lo alto del mismo-, están todas plagadas de casuchas construidas sin mucho orden ni medios. Pero eso es Bolivia. Al menos lo que vi en la parte occidental, en la oriental, mucho más colonial según todo el mundo que me ha contado, es más bonita y está mejor conservada y cuidada.

La Paz

La Paz

La Paz

calle de las Brujas

La Paz

Para el que pretenda ir, una cosa: la pregunta mágica al buscar alojamiento es ¿Hay agua caliente?. No, no es broma, parece muy obvio para nosotros, pero allí no lo es tanto. Y de los enchufes en el cuarto olvidaos: el móvil se pone a cargar en la recepción, en los 10 enchufes que hay para todo el hostal. Ante esto sorprende que haya ordenadores con internet en casi todos los albergues, pero lo que no sorprende tanto es la velocidad prehistórica a la que va, digna de los tiempos del 56k. Aunque los precios son magníficos, entre 1 y 4 € el alojamiento; y la comida te puede salir por 1-1’5 € el menú completo, con primero, segundo, postre y bebida. Vamos, aunque tenga esas pequeñas carencias, da gusto tirarse allí unos días y prácticamente despreocuparse de mirar los precios de las cosas.

De allí me fui a Tiwanaku, que son unas ruinas de una ciudad-imperio anterior a los incas -al parecer eran sus predecesores dominantes en la zona hasta que unas cuantas sequías gordas seguidas acabaron con su poderío-. La visita fue bastante interesante como acercamiento a los pueblos precolombinos. De lo que era la ciudad antigua quedan los principales centros de poder, o sea, los templos y zonas de culto. Quedan la pirámide, aún por desenterrar completamente, que representaba al reino del cielo; el templo principal, que representaba al reino terrenal, y donde una combinación de la Puerta del Sol con distintos ángulos de luz anunciaba los diferentes equinoccios y otros momentos astronómicos importantes del año; y el templo subterráneo, que estaba lleno de agua y que representaba el reino del agua o el inframundo. Bueno, a grandes rasgos esto es lo que aprendí, aparte de otros muchos detalles bastante interesantes.

Tiwanaku

Tiwanaku

Tiwanaku

Tiwanaku

Entre Tiwanaku y La Paz estuve como 3 días, atrapado un día sin poder hacer nada al tragárseme la tarjeta un cajero automático -la recuperé al día siguiente en el banco-. Desde allí me fui a Copacabana (no confundir con la playa de Río). Copacabana es una localidad también bastante turística a orillas del lago Titicaca, parada obligada para todo el que pasa por allí. Desde allí se puede ir a la Isla del Sol, un lugar sagrado inca, en el que hay ruinas de un pueblecito suyo y poco más, pero también un paseo de punta a punta de la isla bastante bonito. Por desgracia todas las fotos de ese día y varios siguientes las perdí por un ordenador cuzqueño de mierda. Algunas tengo, sobre todo las que hicimos con la cámara de una compañera de viaje que encontré en Arequipa, pero eso será en la siguiente etapa.

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