Un año especial

Como los últimos años en el blog, voy a hacer un resumen de este año pasado. Aunque este año me voy a explayar más de la cuenta, dado que ha sido un año muy muy especial. De hecho es que esta vez me importa un carajo lo que haya pasado en el mundo, gracias a la tempestad de cosas que me han pasado a mí.

2009 ha sido a la vez el mejor y el peor año de mi vida. El mejor en cuanto a experiencias, a gente y lugares que he conocido, vivencias personales que me han hecho crecer; el peor en lo personal. De 2008 me despedía pensando que estaba saliendo de la peor racha que me ha tocado vivir. Iluso de mí: solo estaba empezando a salir. Ciertas circunstancias personales unidas a la inconsciencia de cierta persona me han hecho pasar por los peores momentos de toda mi vida. Gracias, cierta persona. Es fascinante cómo nuestro innato egoísmo nos hace inmunes hasta a los peores momentos ajenos.

Porque sí, porque resulta que después de mucho tiempo caminando en lo que podríamos llamar Oscuridad, encontré el camino hacia fuera. Pero es un camino duro. Demasiado duro para andarlo solo. La Oscuridad no tiene nada que ver con lo que pasa a tu alrededor, tiene que ver con cómo te afecta eso a ti; con cómo dejas que lo haga, con lo vulnerable que puedas ser en esos determinados momentos: la Oscuridad solo es un estado mental -como la concepción del Infierno del Papa Juan Pablo; pues podría ser, solo que sin haber cometido necesariamente ningún pecado-, un pozo anímico; es la consecuencia de la desarmonía con uno mismo. Esto me ha servido para comprobar lo fácil que es perderse en esta vida y lo difícil que es volver a encontrarse. Así que resulta que en mitad de este momento jodidamente complicado, me he encontrado con esa cierta persona, la que puede ser una de las personas más importante de mi vida, a lo mejor la que más; eso el Tiempo lo dirá. ¿Que cómo lo sé? Pues simplemente lo sé, eso se sabe dentro. Y encontrarla a ella antes de haber terminado de encontrarme a mí ha sido una putada. Que la vida es una perra bastarda que te jode cuando quiere del modo más inesperado ya lo sabemos todos.

Y eso ha sido mi 2009, especialmente la segunda mitad. Atrás quedan mis meses chilenos y todos los amigos que he dejado allí y desperdigados por el mundo, posiblemente los meses más reconfortantes que he pasado en mi vida; cuyo recuerdo ha sido emborronado por lo demás. Atrás quedan mis meses de Oscuridad profunda (y no solo por la falta de sol) de Gotemburgo. Atrás queda mi paso fugaz por Edimburgo, el simulacro de Hawai que nos montaron en Gandía -este año se repite- y los -pocos- meses que he pasado este año en Sevilla. Atrás queda toda la gente que he conocido en todos y cada uno de esos sitios -bueno, la gente importante no quedará atrás, eso está claro-. Delante de mí solo tengo algo de esperanza, un trecho aún cuesta arriba, mucha incertidumbre y pocos planes. Porque si puedo salir de ésta podré con cualquier cosa. Aunque ciertas cosas no puedo perdonarlas.

Ahora quiero dejar clara una cosa. Aunque a veces hable de chorradas como política o deportes, esto es un blog personal, muy personal. Esto lo escribo yo para mí mismo, y por eso no me peleo por las audiencias blogueriles; lo escribo para mí mismo y lo comparto con quien quiera leerlo: es gracias a los 9-10 suscriptores que tiene que esto tiene sentido. Con la gente que lo lee desde facebook es distinto. Cuando lo enlacé allí era muy consciente de lo que hacía, que no era simplemente por ganar visitas y que me leyera más gente; era sobre todo una declaración de intenciones: era decir me guardo mucho, pero no tengo nada que ocultar. Este blog es un registro de mi evolución personal. Me lo abrí en medio de un largo viaje interior, coincidiendo con la previsión de mi año en Bolonia; un momento en el que cuestionaba todo lo que giraba a mi alrededor y todo lo que salía de mí, un momento en que no sabía quién era. Fue un modo de sacar las dudas y mis descubrimientos de dentro de mí; pero al contrario que escribiéndolas en un papel, donde las sacas pero se quedan entre tú y él, donde las dudas siguen siendo dudas y los miedos siguen siendo miedos, las saqué a la intemperie. Decidí dejarme de gilipolleces y echarlas directamente a los leones para que se hicieran fuertes. Ha sido un modo de reafirmarme a través de la palabra. ¿A qué debería tener miedo?. Y después de todo este tiempo, siento que el destino de este viaje está no muy lejos de aquí, y estoy deseando llegar. Pero en ese momento en que llegue al final empezará otro viaje distinto, de eso estoy seguro.

Así que, después de soltar esta parrafada, voy a emborracharme para despedir este puto año, que me lo merezco :). Feliz año a todos.

En la búsqueda del Tao (I)

Si quieres ser todo,
acepta ser parte.
Si quieres ser recto,
acepta estar torcido.
Si quieres ser pleno,
acepta estar vacío.
Si quieres renacer,
acepta morir.
Si quieres que te sea todo dado,
abandónalo todo.

Tao Te Ching, Lao-Tsé

Todos somos una fachada

A mí me hace mucha gracia todo el rollo de las relaciones sociales. Me divierte observar a la gente representando su papel y efectuando su pose. Pero lo que más me divierte de ese juego es buscar los resquicios; encontrar en dónde se pone de evidencia tal o cual inseguridad, ver de qué pie cojea cada uno. Porque hay una cosa cierta, y es que todos jugamos a lo mismo. Todos tenemos que hacerlo: en la sociedad humana reina la ley de la selva; el fuerte se come al débil, y de lo que se trata es de mostrar la menor debilidad posible, de construirte la mejor fachada. Pero todos las tenemos, todos compartimos miedos, inseguridades, heridas sin cerrar… En el momento en que te das cuenta de eso le pierdes el respeto a lo que los demás puedan pensar de ti. Porque sabiendo eso, ¿quién es nadie para juzgarte? ¿Cómo puede alguien valorarte a ti?.

La gente utiliza muchas herramientas para ocultarlas: la familia, los grupos sociales, una pareja, el éxito laboral… ¿Pero eso cambia algo? Nuestras debilidades no se pueden tapar desde fuera, solo se pueden rellenar desde dentro. Si algo supuestamente exitoso está sustentado en humo, eventualmente saldrá a la luz y se derrumbará todo lo construido.

Por eso, la única mano ganadora es simplemente no tener nada que ocultar. No tener que ocultar debilidades porque no las tengas, haber sabido identificarlas y arrancarlas de raíz. Por supuesto, nadie ha dicho que eso sea fácil, pero si nuestro objetivo vital se podría resumir como encontrar la felicidad, eso pasa necesariamente por encontrarnos a nosotros mismos primero. En ese momento la seguridad te nace de dentro y te envuelve contra cualquier cosa que venga de fuera; y puedes apoyar en ella lo que sea, porque no habrá ninguna fisura por la que puedas quebrarte. Porque, como dijeron los Led Zeppelin, te habrás vuelto una roca: to be a rock and not to roll.

Hacia dónde nos dirigimos

He estado pensando sobre el tan demandado cambio de modelo de negocio que exigimos a los productores culturales (esos ‘mecenas por interés‘ que tanto se quejan), así que voy a intentar hacer una apuesta sobre hacia dónde vamos. Yo creo que vamos hacia un modelo transversal.

Me explico. Estamos saliendo del modelo industrial de la hiperespecialización, y hoy, cada vez más, se requieren de nosotros múltiples habilidades cada vez que hacemos algo. Vendría a ser algo así como el renacimiento del hombre del renacimiento -ese que le daba a todo: ciencia, arte, ingeniería…-. Así que ya, quieran los señoritos autores o no, se está acabando esa forma de vida en la que tu jefe te hacía un contrato por 4 libros o 4 discos, y tú te dedicabas a vivir mientras te salían las palabras o las notas. Es que aunque siguiera ese modelo y se cortaran las descargas, no tendrían nada que hacer ante unos nuevos autores que no necesitan esos productores ni esos intermediarios para llegar al público: ya no se decidiría desde arriba quién es bueno y quién no para hacerlo llegar al público, sino que se haría por aclamación popular, compitiendo directamente los que cobrarían por sus trabajos con los que los ofrecerían gratis por internet, en igualdad de condiciones. O sea, no solo es cuestión del precio, es que se multiplicaría la competencia -se está multiplicando de hecho-, y ya no saldrían tan rentables esos contratos millonarios aunque cobraras por cada copia vendida, puesto que serían muchas menos.

Entonces ahí aparece lo que yo creo que tendrá que llegar tarde o temprano: nos tendremos que convertir en personas transversales, que sepamos de muchas cosas en vez de una sola. Ya no existirá eso de dedicarse a una sola cosa y y vivir relajado haciendo solo eso. Dentro de poco me parece a mí que el modelo que existirá es el de dedicarse a la creación como afición -no es tan así: servirá para crearse un nombre, como publicidad-, y ese nombre se explotará como uno buenamente sepa, probablemente para que te contraten para hacer otra cosa relacionada, como, no sé, si eres dibujante te pedirán un diseño exclusivo para una empresa, o si te dedicas a lo audiovisual un anuncio personalizado con tus personajes, o colaborar en algún otro medio escrito si eres escritor. Obviamente es algo que no conseguirá todo el mundo, pero ahora el filtro es lo bueno que tú seas, o sea, el gusto del público, no el de un directivo, con lo cual hemos avanzado algo. Pero el caso es que está cambiando poco a poco, y el que la gente -los creadores, que somos potencialmente todos- se esté dando a la creación de un modo tan masivo y tan sincero -que se dediquen a lo que sea porque de verdad quieran transmitir algo; y luego ya llegan los ingresos si tienen que llegar-, y sin tantos filtros de por medio está elevando el nivel mucho, y con eso estamos ganando todos.

Un asunto económico

Bueno, pues voy a dar mi opinión sobre el tema. Dejando de lado todo lo que se ha montado estos días, que era necesario porque se han pasado de la raya y han querido tocar lo que no se puede dejar que toquen, esto no es más que un asunto económico. Al menos en la práctica, en esencia es otra cosa, para mí, que diré más abajo.

La cuestión, como ya han señalado muchos otros, es que los señores autores no se quieren reconvertir, no les da la gana de cambiar su modelo de venta, y el Gobierno mientras les hace caso. Que el Gobierno lo haga es un problema, pero no deja de ser lo corriente, ya que está demasiado sometido al poder económico -en este caso, más que de los autores, de los intermediarios y productores; y no olvidemos a los EEUU, cuyo lobby audiovisual es muy fuerte en todo el mundo y su Gobierno siempre mete presión donde haga falta- y a la presión social de los poco inteligentes -la gente inteligente no suele manifestarse, sino buscar soluciones realistas; salvo que sea un asunto clamoroso en el que se toquen cosas esenciales como este-. Pero esta vez se han pasado. Se pasaron primero colocando a la presidenta de la Academia de Cine como ministra, y ahora se han pasado dejándola legislar para sus amigos. Pero como ya digo, el problema no es ese.

Bien, ahora tratemos a la industria cultural como industria, que es lo que les gusta hacerse llamar. Aunque más que de ella, el problema es de la industria de la intermediación cultural, que es otra cosa distinta de la creación cultural. Bueno, pues todos sabemos que en los últimos tiempos su sector ha sufrido una revolución: por un lado los costes de producción se han reducido muchísimo -a mí que no me jodan, ya pocos se gastan miles de millones en decorados de cartón piedra o extras habiendo ordenadores, o en equipos de grabación que ahora están mucho más extendidos-, y los costes de distribución prácticamente se han eliminado con los archivos digitales; mientras que por otro lado, el precio de esos contenidos en sus soportes materiales se ha disparado. Señores, aquí hay un problema: si yo puedo conseguir algo gratis, porque la tecnología lo permite, no pretendan hacerme pagar cada vez más. Esos 15-20 € que quieren sacarme los pagaría por algún añadido que los valiera, pero no por el material digital en sí, que se puede conseguir gratis perfectamente, mediante compartición -en ningún caso robo-. Bueno, claro, pero alguien tiene que pagar a los que han creado eso, ¿no?. Pues sí, pero como ya he dicho, los costes son mucho menores, por lo tanto el precio debería ser mucho menor; aunque por supuesto, no lo será si al mismo tiempo que bajan los costes de producción subes los de publicidad o los del contrato del artista en cuestión, o simplemente sube tu avaricia. Por lo tanto aquí hay un problema y los señores productores no han sabido adaptarse a él.

Por otro lado, a mí me ofende completamente que los artistas o creadores se manifiesten haciéndose llamar tal cosa. Señores, por si no se han dado cuenta, yo soy tan creador como ustedes -no me autodenominaré artista por principios-, tanto en cuanto creo en este blog. Y no voy a WordPress, que se enriquece a mi costa y la de tantos otros a pedirle un duro. ¿Por qué? Porque esto funciona así: ellos me ofrecen la plataforma para exponer mis pensamientos y opiniones a cambio del dinero que ellos obtienen en publicidad o lo que sea a través del pequeño aumento de visitas que yo les supongo. Quid pro quo. Esto traducido a la música sería así: las plataformas “”””piratas“””” que se enriquecen a costa de vuestro trabajo os ayudan a distribuir vuestras creaciones a un público muchísimo más amplio –¿qué objetivo tiene una obra artística si no es llegar a cuanta más gente mejor?– a cambio de recibir sus dineros en publicidad. Lo que pasa es que a vosotros -los artistas, llamémosles, consagrados (los comerciales con contratos millonarios, vaya) (+ Ramoncín y Loquillo, que no sé qué hacen ahí)- os cuesta renunciar a los millones de vuestros contratos discográficos, ya que las discográficas, cual Florentino Pérez que se gasta 90 millones de euros en un futbolista, los hacían rentables a base de machacarnos con publicidad. Y gracias a ella vender muchos discos. Pero eso ya no es así, porque la distribución -y con ella, la publicidad- ha dejado de hacer falta.

O sea, ahora estamos hablando de un sector en crisis. ¿Qué se hace cuando un sector económico está en crisis? Varias cosas. Una de ellas es reducir el tamaño de la empresa: o sea, despojarse de lo que sobra o no es suficientemente rentable; en el caso que nos ocupa, para mí está bastante claro que el tema es disminuir los desproporcionados sueldos de los llamados artistas -venga Rosario, no nos jodas, que si vendes alguna de tus casas o dejas de ir a alguna fiestecita hambre no vas a pasar-. La otra opción es diversificar: buscar nuevos mercados o nuevos productos. Respecto a los productos, en este caso serían nuevas formas de distribución, que es lo que están haciendo a duras penas, y obligados por la situación; y en cuanto a los nuevos mercados, cojones, Latinoamérica hace tiempo que la estamos utilizando como mercado, aunque todavía no ha explotado del todo, pero hay muchos más lugares donde podría llegar la música o el cine españoles que ni se han planteado, o lo han hecho muy poco -¿por qué tengo que tragarme yo toda la música en inglés y un alemán no puede escuchar algo en español?-. En fin, puro miedo al cambio, a perder el poder de decidir qué va a triunfar y qué no. Pero en este escenario, lo que no se debe hacer nunca es ser reaccionario con los cambios y oponerse de manera frontal a ellos, porque te acabarán atropellando. Porque de hecho, la necesidad es lo que hace buscar alternativas y ser creativo. Sin la presión de todo el mundo bajándose cosas gratis, los que las venden ni se habrían planteado que hay que buscar otro modelo.

Porque si un Gobierno trata de sostener un sector insostenible, al final lo que estamos haciendo es tirar el dinero. Ejemplo. Si se dejan de usar las centrales térmicas y no se exporta el carbón, la minería del carbón no tiene sentido. Los mineros montarán un pollo de la hostia, montarán piquetes y barricadas para proteger sus trabajos, como ya hicieron los de los astilleros. Y el gobierno probablemente les haría caso. Sí, me da mucha pena por los señores mineros y sus familias, pero en vez de gastarse tanto dinero en mantener a flote algo que se hunde sí o sí, que apuesten por una reconversión, por ejemplo con cursos de formación en otro empleo y subvenciones o rebajas fiscales para que empresas de esos nuevos sectores los contraten; o cursos y subvenciones para autoemplearse; al final será mucho más beneficioso para la sociedad en conjunto a medio-largo plazo y nos ahorraremos tirar el dinero en algo que no tiene futuro ninguno. Bueno, esto era por poner uno cualquiera. Luego está el ejemplo del progreso tecnológico, que ya lo resumió Escolar bastante bien: “Es como si nos obligan a volver a viajar en tren de vapor”. O a caballo, añado yo. Y por último, el ejemplo del progreso social. El otro día el señor Fontdevila hizo una viñeta del tema: a mí que no me vengan con que nos quejamos para no renunciar a la gratuidad de algo que no lo es. ¡Claro que no se puede renunciar nunca a derechos adquiridos previamente! Vete ahora a los colectivos femeninos y diles que las mujeres no pueden votar más, a ver qué te dicen. ¿Por qué no puedes? Porque ya todos tenemos asumida la igualdad entre hombre y mujer -y eso no siempre ha sido así, recordemos-, y es algo a lo que las mujeres no van a renunciar nunca más. Ahora, ¿por qué no podemos renunciar a la gratuidad de la cultura? Porque la tecnología la ha hecho posible. Ha hecho posible la gratuidad de su distribución, no de su creación, de eso somos conscientes todos; pero por ello nosotros hemos asumido desde ese momento como un valor nuestro que la distribución de la cultura -como activo intangible- es gratuita, y eso ya no lo va a cambiar nadie nunca más. Lo inteligente sería que los señores dueños de esa cultura lo aceptaran de una santa vez, y se pusieran a pensar en otros modos de sacarle provecho a esa autoría, en vez de tratar de frenarlo. Y en este punto no me olvido del canon digital, que es algo con lo que hemos tragado, pero completamente injusto y que no sirve para nada, solo para sostener lo insostenible un poco más.

Así que, después de este intento de análisis doy mi opinión: al final todo es cuestión de saber aceptar la realidad o no. Es cuestión de querer progresar o no, de ver venir el progreso y adelantarse a él, o tratar de frenarlo, que es lo que está pasando aquí; y esto es lo que en definitiva marca las diferencias entre los países que se quedan atrasados y los que no. O sea, en esencia, se trata de saber tener la mente abierta o ser un puto reaccionario con los cambios. De que la gente aprenda a ser dinámica, a tener iniciativa al ver venir las cosas. Y eso es un problema social más que otra cosa, de una sociedad apalancada, que solo cambiará, fundamentalmente, con educación y formación, con cultura; que es un problema que venimos arrastrando desde hace tiempo y agravando cada vez más. Y más aún si atacan al lugar con mayor enfoque y difusión de la misma: internet.

Pero hay por lo que ser optimista a pesar de todo.