El sufrimiento

El sufrimiento es ese sentimiento que siempre tratamos de evitar, pero que es tan necesario experimentar en uno mismo. Aunque siempre tratemos de evitarlo, tiene una función muy importante en esta vida: la de hacernos comprender el funcionamiento de las cosas. Cuando sufrimos es porque no entendíamos algo y actuamos equivocadamente; como una fricción entre tu entender y el de los demás, que provoca el terremoto del dolor. No siempre en ti: a veces el terremoto cae de la otra parte. A veces nuestro no-entender provoca sufrimiento en los demás. Pero incluso en este caso, indirectamente también lo sufriremos nosotros.

Nos pasamos la vida buscando el modo de evitar pasarlo mal. La mayoría de nuestras acciones están guiadas por el miedo al sufrimiento, sin que seamos plenamente conscientes de ello. La experiencia, dicen, es el nombre que damos a nuestros errores; y esa misma experiencia la usamos principalmente para evitar nuevas situaciones dolorosas, haciendo de esa evasión nuestro norte vital. En definitiva, es el miedo al sufrimiento el que toma una gran parte de nuestras decisiones; lo demás suele ser accesorio. Pero, ¿por qué deberíamos tener miedo? ¿Acaso no es el sufrimiento el que nos hace crecer? El sufrimiento, como todo lo demás, hay que vivirlo intensamente, hay que aprovecharlo para aprender de él, hay que hacerse preguntas y buscarle sus porqués. Es en ese proceso en el que crecemos, en el que comprendemos el funcionamiento de las cosas. Porque por mucho que te cuenten o razones las cosas, solo las aprendes realmente cuando las asimilas, cuando acaban implícitas en tu alma; y eso, sin sentirlas, no es posible. El experimentar algo en ti mismo es como un sello para tu alma, un aprendizaje para siempre. Por eso, no hay que tener miedo al sufrimiento. Hay que perderle el respeto a ese miedo; hay que lanzarse hacia él para comprenderlo, para entender cómo funciona y perderle el miedo para siempre, porque si no nuestras acciones siempre estarán guiadas por esa mano invisible. Porque el sufrimiento no viene de fuera, sino de dentro. Cuando comprendes cómo funciona todo, cuando aprendes a aceptar las cosas que pasan, incluso las dolorosas, el sufrimiento deja de ser tal.

Cuando pienso en las religiones, no veo absolutamente ninguna diferencia entre ellas. Son simples guías espirituales, métodos para evitar el sufrimiento a las personas. ESA es la mayor preocupación del Hombre. Por eso, las religiones son el camino de los débiles. El camino de los cobardes. Los preceptos que la gente se toma como dogmas no son más que las conclusiones del proceso de aprendizaje de un hombre que consiguió no sufrir; los demás solo tratan de emularle saltándose el camino que hay por medio. Están motivados por el miedo a sufrir. Es mucho más fácil seguir un camino ya transitado, por conocido, que no uno por conocer que no sabemos qué traerá; pero eso no quiere decir que sea mejor. Y hay muchos caminos por recorrer aún sin descubrir. Pero esos caminos serán de los que no tienen miedo.

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