La leyenda del Foskito Chanelador

En todos estos años de viajes y de darme vueltas por el mundo, uno de los mayores personajes que he tenido el honor de conocer fue uno con el que además me tocó compartir techo. Estoy hablando ni más ni menos que del Foskito Chanelador, más conocido en todos los lugares allá donde va (porque se hace conocer sí o sí el condenao) como Foski. Para los que llevéis por aquí mucho mucho tiempo, ya le dediqué una entrada allá cuando estaba comenzando mi etapa boloñesa y llevaba solo varios meses con este blog. Pero desde entonces su leyenda no ha hecho más que agigantarse.

Pues eso, el sr. Foski fue una de las 3 primeras personas que conocí al bajarme del tren en Bologna. Yo recién llegado y sin conocer a nadie, con las maletas y todo, me acerqué a un grupo de chavales que se veía a leguas que eran españoles y estaban en la misma situación que yo (uno de ellos llevaba una camiseta del Sevilla para hacer notar su orgullo sevillista por el mundo –¡argh!-, no digo más). Pues ahí ya nos dimos números y quedamos para más tarde. Y ese encuentro marcaría el resto de mi estancia en Bologna hasta el punto que acabé viviendo con dos de ellos, los dos granaínos: Foski y Félix.

Así que como 2 semanas después estábamos en la misma casa, junto con otros 3 compañeros: Álex, Pepa y Edi. Bueno, al principio, el Foski, viniendo de la noche granaína, nos acostaba a todos la mayoría de las noches. Lo menos gracioso -aunque ahora te acuerdas y te ríes; pero en el momento no tanto- era cuando venía con 4 o 5 personas y se quedaban en el salón charlando a las 9 de la mañana mientras los demás hacíamos como que dormíamos -porque gracias a él no podíamos dormir, no por otra cosa-. Pero se lo decías y se la soplaba -pero de buen rollo-, así que no podíamos hacer mucho más. Otras veces llegaba a las mismas horas pero solo, y no se le ocurría otra cosa que abrir la puerta de tu cuarto y quedarse ahí diciendo ¡Buenos días chavales!, a lo que tenías que responder Pero Foski, ¡¿te quieres ir al carajo ya, cojones?!, momento en el cual él empezaba a descojonarse -eso sí, sin irse ni cerrarte la puerta; o yéndose pero sin cerrártela igual-. Y así pasaron los dos/tres primeros meses.

De vez en cuando el tío se ponía a cocinar -un maestro de la cocina, todo hay que decirlo-, y él te decía A mí me encanta cocinar, porque además así luego es otro el que recoge. Lo que pasa es que el hijo de puta te dejaba hasta las cáscaras de los ajos y las cebollas por ahí por medio. – ¿Pero tío, no sabes dónde está la puta basura?, – Nah, da igual. Esas eran las conversaciones que seguían a las comidas hechas por él. Claro, el tema es cuando el tío empezó a invitar a gente a comer a casa de modo unilateral, que se empezó a hacer muy habitual, y nos tocaba recoger a los demás todo el berenjenal sin esperárnoslo -aunque comiendo bastante bien, eso sí es verdad-.

Otro momento mítico para recordar de esta época es cuando entre varios erasmus españoles decidieron hacer un equipo de fútbol-7. A la cuestión de Pero tío, necesitamos un portero, saltó el Foski sin dudarlo Yo soy el mejor portero de to Bolonia. Así, como suena. Así que dijeron Pos venga, del carajo, ya tenemos portero. Luego los partidos eran una cosa tal que así (ver foto abajo). Hasta que a las pocas semanas dejó de asistir a los partidos por culpa de las lesiones y de que sus obligaciones sociales le requerían demasiado tiempo. Y entonces empezamos a ganar algún partido que otro.

En la cena de Navidad nos dejó otro momento para el recuerdo, que es del que ya escribí en su día. Y la segunda parte como a final del año.

Luego, al volver de las vacaciones comenzó otra época. Era un tiempo en que el Foski desaparecía durante días. Salía y no volvía a dormir a casa la mayoría de las veces, quedándose casi siempre en casa de algún amigo (o donde fuera). Al final nos acabamos acostumbrando. Hubo una vez que estando yo en Gante, en el museo de la tortura que hay en el castillo de la ciudad, recibí una llamada:

– ¿Qué tal, cómo estás?
– Yo bien, ¿y vosotras?
– Bien, bien… Oye, que el Foski durmió ayer en casa.
– ¿Sí?, ¿y eso?
– Na, que nos lo encontramos por la calle y estaba fatal, no podía ni hablar… Así que nos lo trajimos como pudimos a casa. Y na, pa que no os preocuparais.
– No, no os preocupéis vosotras, si ya estamos acostumbraos. Pero vamos, que yo estoy en Bélgica. Aunque no creo que los otros se hayan preocupado mucho, la verdad.
– ¿¿En Bélgica?? Joder, pues nada entonces. Ya nos veremos por aquí cuando vuelvas.
– Claro hombre. Bueno, pues eso, que nos va a salir mu caro. Un beso, ¡hasta luego!
– ¡Hasta luego!

Memorable fue aquella vez también en el carnaval de Venecia en que desapareció y se lo volvieron a encontrar a las 6 de la mañana en la estación de trenes con una brecha en la cabeza y sin acordarse de nada (y todavía nadie sabe qué ocurrió aquella noche). Lo raro entre todas estas es que siga vivo, vaya.

Aunque hubo otra vez que, en una discoteca, intentando demostrar sus habilidades en artes marciales -que decía que había estado 2 años en full contact- fue a pegar una patada y debió apoyar mal el pie o algo que acabó cayéndose. Esguince para 1 mes.

Otro día, volviendo yo de nosedónde con la bici, me lo encuentro por la calle a las tantas a él solo, así que me pongo a acompañarle camino de la Cueva -casa de otros amigos erasmus-. En esto que ve una scooter aparcada, se fija y dice:

– Hostia, ¡que no tiene pitón!
– ¿Y qué? No me la vayas a liar, ¿eh Foski?
– ¿Cómo que y qué? Esto lo cojo yo, lo despiezo y vendo las piezas del tirón.
– ¿Qué coño estás diciendo? Deja eso ahí anda.
– Que no cojones, voy a dejarlo en casa de estos y ya vengo mañana a por ella y la veo.

Y así fue. Fue con el scooter y lo dejó en el salón de nuestros amigos. Y allí se quedó una semana. Hasta que a base de ¡Foski, llévate esto de aquí ya, copón! alguien cogió y se lo llevó para dejarlo de nuevo en la calle. Que daba bastante mal rollo convivir con un scooter robado en tu salón, la verdad.

Pues así transcurrió todo nuestro año. Hasta que ya casi al final, nos fuimos los otros 5 de viaje a la vez y se quedó el Foski solo en casa. Podéis imaginaros la fiesta que lió. Según reportes posteriores, llamó a un taco de gente, y entre ellos a un amigo nuestro que hasta se trajo la mesa de dj para pinchar en casa. Que nosotros vivíamos en una zona residencial de abueletes y familias con niños, eh; y de hecho ya teníamos un aviso por una fiesta anterior de que a la siguiente nos echaban. Pero nada, él vio la oportunidad y se lanzó de cabeza. Así el tema, cuando el domingo, Álex y yo volviendo en tren desde Niza, nos llamó Pepa, por un lado no nos lo podíamos creer, pero por otro nos lo esperábamos:

– Álex, tío, que el Foski la ha liado en casa
– ¿Qué ha hecho?
– Tíotío, que ha cortado con Alejandra las asas de las ollas.
– ¡¿¡¿Cómo?!?!?
– Que sí tío, las asas de las cacerolas y también la esquina del salón.
– ¿¡¿¡¿¡¿¡Cóóóómo?!?!?!?! ¿¿¿Pero cómo va a cortar una esquina con un cortafríos???
– Pues sí tío, lo ha hecho. O lo ha intentado, vamos. Y también hay un charco de vino reseco en el suelo de su cuarto… Y un carrito de la compra en lo alto de la litera… Y han pintado mucho más en las paredes.
– Joder. Bueno, lo de las paredes da igual, ya íbamos a tener que pintarlas de nuevo igual. Pero no me lo creo. Este tío está fatal.

Pues eso. Llegamos y el panorama era desolador.

El tema es que al Foski le hablaban de la fiesta y se descojonaba: Fue muy guapa, jajajaj. De las esquinas no te preocupes, que yo compro masilla y las arreglo -al final acabó siendo Álex el que las arregló para que no perdiéramos la fianza-. Como ya digo, reportes posteriores nos comentaron la fiesta, entre otras cosas que estuvo a punto de tirar el carrito de compra por la ventana, en pleno apogeo alcohólico-festivo.

Pues así fue nuestro año con Foski, amén de otras muchas historias, suyas y de todos los demás. Luego nos hemos reunido más veces, con liadas gordas buenas; como cuando apareció en la puerta de mi facultad en pleno Julio desde Cádiz, sin haber dormido, y me la lió allí también.

Pero es que las de nuestro año erasmus fueron míticas y han dado lugar a muchas historias. Se cuenta por ahí que cuando hay una reunión de erasmus bologneses siempre se acaba contando historias del Foski. De hecho, es que en cada reunión que participa él, su leyenda se va haciendo más y más grande. Esta fue la última, en Murcia hace un mes, y la que ha dado lugar a esta entrada:

Grande Foski. Pero lo más grande es que luego en su casa es un santo. Señores, caso clínico o crack de la vida, según como queráis verlo.

Y ahora se va unos meses a Nigeria a seguir liándola. Así que, desde aquí, mucha suerte (y mucho cuidado) en tus nuevas aventuras, Foskito.

2 Respuestas a “La leyenda del Foskito Chanelador

  1. Madre mía, a Nigeria en este plan… el Foski este no sale de ahí. Menudo personaje.

    Por cierto, el único reproche que le voy a hacer a tu amigo es eso de “que sabe cocinar”. Por mu buena que hagas la paella si no recoges la cocina mientras la haces es que no sabes cocinar. Que lo dice Arguiñano, hombre ya.

  2. Lo dice Arguiñano y se lo decíamos nosotros casi tos los días xD.

    Y de Nigeria, seguro q vivo sale.. no sé cómo, pero el cabrón siempre la lía pero se las apaña pa salir airoso. Aunq por si acaso yo le deseo buena suerte..😛

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