28

¡28 años ya, qué putada! Me cago en todo lo que se menea, 28 años y todavía no he hecho nada con mi vida. Lo más jodido es que el verdadero cambio es que ahora pienso en 28 como 30-2, la cuenta atrás hacia la madurez; mientras que 27 eran para mí algo así como 25+2, un poco como la prolongación de la juventud. Pero no, eso ya se ha acabado. Me cago en la puta. Es cierto que cuando uno se acerca a esa edad va sintiendo las ganas de estabilizarse, o por lo menos, de no andar por ahí sin pensar en el futuro ni en cómo va a vivir en él.

La verdad es que aunque no haya hecho nada todavía con mi vida, estos 2-3 últimos años han sido los más duros de mi vida. Primero enfrentarme conmigo mismo, el demonio de mi interior, después añadir a eso el hacerlo con un puto bicho con forma de mujer y su inmadurez, y al mismo tiempo intentar vivir la vida. Es jodido. Pero bueno, también es cierto que cuanto peor lo pasas más aprendes y mejores son los cimientos con los que te reconstruyes. ¿Ese es el efecto de la experiencia, de ir acumulando los años?. Pues seguramente, aunque muchas veces me gustaría haberme quedado en mi frágil inocencia para siempre.

Pues nada, a seguir sumando. Es lo que tiene el paso inexorable del tiempo, que no hay nada que lo pare; al menos, todavía.

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Todo nosotros

– Creo que somos unos archipámpanos si nos fiamos de Napoleón. Este hombre que ha conquistado la Europa como quien no dice nada, ¿no tendrá ganitas de echarle la zarpa a la mejor tierra del mundo, que es España, cuando vea que los Reyes y los príncipes que la gobiernan andan a la greña como mozas del partido? Él dirá, y con razón: «Pues a esa gente me la como yo con tres regimientos». Ya ha metido en España más de veinte mil hombres. Ya verás, ya verás, Gabrielillo, lo que te digo. Aquí vamos a ver cosas gordas y es preciso que estemos preparados, porque de nuestros reyes nada se debe esperar y todo lo hemos de hacer nosotros.

Pacorro Chinitas, el Amolador
Episodios Nacionales: La Corte de Carlos IV, Benito Pérez Galdós

Y así, esas sabias palabras del amolador de Benito Pérez Galdós, se pueden dar por buenas de nuevo a principios del siglo XXI.