La inercia

Todo esto del 15m me ha hecho reflexionar sobre una cosa. En lo que respecta a España y los españoles, estamos entregados por completo a la inercia. Eso significa varias cosas. En primer lugar, en lo que respecta al 15m, significa que cuando el pueblo español se levanta, no hay nada ni nadie que lo pare. Porque es imposible contener la inercia acumulada. Por eso, una de nuestras mayores virtudes, o defecto, según lo quieras mirar, es que somos muy resignados. La otra cara de esa misma moneda, es que cuando nos levantamos, nadie nos para.

Cuando tenemos una inercia, nos pueden putear mucho, que nos cuesta muchísimo cambiarla. Por eso de que requiere mucho esfuerzo hacerlo. Pero precisamente por eso también, en el momento en que cambiamos el sentido de la inercia, cuando nos putean hasta tal punto que estallamos, eso ya no se puede contener; porque el nuestro no es un levantamiento puntual: cogemos toda esa fuerza o rabia acumulada hasta el punto que no se podía contener más, cambiamos el sentido de nuestra inercia, y utilizamos todo eso acumulado como fuerza para movernos hacia donde queremos, y así no nos puede parar nadie. Y si no que se lo digan a los franceses. Por eso no se nos puede frenar ahora mismo. Sabemos lo que queremos y no vamos a parar hasta conseguirlo. Esa es nuestra parte positiva.

Porque todo tiene una explicación. Todo el mundo sabe que los españoles somos amigos de la ley del mínimo esfuerzo. Pero el esfuerzo no lo necesitamos para trabajar, o para hacer lo que sea, sino ante todo para cambiar de estado. O sea, un español puede trabajar 12 horas de sol a sol, pero lo que realmente nos cuesta esfuerzo es hacerlo después de haber estado un tiempo sin hacerlo. En el momento en que entramos en la dinámica, no nos cuesta tanto. Somos gente de idea fija, por lo general. Por eso, si entramos en la dinámica de la rebelión, no hay nada que nos haga cambiar ese estado hasta que no consigamos nuestro objetivo. Porque otro rasgo, derivado de esto, es que la sociedad española va muy a la par: nos apoyamos los unos en los otros para cualquier cambio de estado, y así nos cuesta todo menos. Como ya he dicho, lo difícil es romper la inercia, cambiar el rumbo tú cuando ves que todo lo que te rodea va hacia otra dirección. Pero en el momento en que empieza a cambiar uno, o algún grupo, hacia la dirección que la mayoría quiere, nos vamos apoyando los unos en los otros, hasta que nos dirigimos hacia donde queremos. Eso nos hace ser aún más imparables; porque hacer que la sociedad española se mueva y salga de su letargo, que cambie esa inercia de crucero, es tremendamente jodido, pero cuando lo hace, nada se puede poner enmedio del nuevo rumbo de toda esa masa de gente. Eso es algo que nos diferencia de los demás países. Nos pasa para todo, para lo bueno, y para lo malo, como hemos podido comprobar en los últimos años, que nos hemos estado yendo a pique sin poder hacer nada para evitarlo. Hasta que algo estalló y nos hizo cambiar el rumbo a todos.

Al final, la cuestión no es cambiar esta manera de ser nuestra, que no va a poder ser cambiada nunca me parece a mí. Al final, lo importante, es aprovechar este rasgo para nuestro bien; o sea, lo ideal es encontrar el modo de entrar en una inercia positiva, y de ahí ya nada podrá pararnos. Para cualquier cosa.

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