Balcanes

Bueno, pues varios meses después (más concretamente 2), me pongo a escribir sobre mi viajecito por los Balcanes de Semana Santa. Que estoy mu perro, la verdad, como para ponerme a escribir; además de por todas las cosas que han pasado en estos meses de revoluciones y tal.

Pues mi viaje consistió en una semanita por la mitad noroccidental de los Balcanes: esto es, Eslovenia, Croacia y Bosnia y Hercegovina. Estuve conociendo las ciudades más representativas de la zona y alguna otra, donde tenía algún amigo que visitar. Aunque una vez metido en el tema, siempre te quedan ganas de conocer otras ciudades, que estando allí te enteras de que tienen cosas que ver, y de profundizar más en la cultura y el modo de vida de la gente de esos lugares. Pero bueno, eso se tiene que hacer viviendo allí y requiere mucho más tiempo; casi una vida si queremos conocer en profundidad los matices de cada sitio que visitamos (y ni aun así lo conseguiríamos creo yo).

El caso es que primero estuvimos en Trieste, que era paso obligado para coger el autobús que nos llevara a Croacia. Yo ya había estado en Trieste hace 5 años, durante mi erasmus, pero mi hermana no, así que nos entretuvimos en dar una vueltecita por la ciudad. Trieste es una ciudad que me resulta bastante agradable de ver. Al menos el centro. Luego si te vas un poco fuera no es tan bonita. Pero el centro es agradable, bastante neoclásico, con muchos edificios bonitos especialmente de la época en que formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, del cual era el puerto más importante; más unos cuantos restos romanos que la hacen una ciudad bastante interesante de ver, aunque no sea de las más famosas turísticamente hablando de Italia.

Trieste

Muelle de Trieste

Luego de allí tiramos para Croacia, para Pula más concretamente, a visitar a una amiga mía. Pula es un pueblecito turístico de la península de Istria, con sus bastantes playas alrededor, bosquecitos, y un lugar muy agradable para pasar las vacaciones en general. La sorpresa fue cuando llegamos a Pula, que yo sinceramente no me esperaba nada, pero allí tenía su arena romana casi entera (una de las 4 que quedan en el mundo enteras; a saber: las de Roma, Verona, Nimes y ésta, según me dijo mi amiga). Pero luego no sólo tenía esto, sino que el pueblo, aun siendo muy pequeñito su centro histórico, tenía sus pocos edificios venecianos, un templo romano reconstruido pero enterito, arco del triunfo, y sus bastantes detalles históricos dando fe de sus épocas de esplendor pasadas, tanto con la Antigua Roma como con la Serenísima República de Venecia. Porque la península de Istria siempre ha sido una zona de influencia itálica, y hasta hace no mucho (desde la II Guerra Mundial) parte de Italia; de hecho hoy día es una zona bilingüe italiano-croata (aunque cada vez menos) y el dialecto de la zona es una especie de italiano-veneciano-medio croata un poco raro. Pues eso fue el primer día, que tuvimos una buena anfitriona (hola Paola :P) que nos llevó por allí enseñándonos los sitios interesantes y nos dio buen alojamiento y un sitio donde dormir agusto.

Arena de Pula

A partir de ahí fuimos más a pelo. Durmiendo en autobuses nocturnos o de vez en cuando en algún albergue. Al día siguiente partimos para Zágreb, porque era la capital y porque era zona de paso obligada para ir al siguiente destino: Sarajevo. Pues nada, estuvimos por allí dando unos cuantos paseos, y la sensación fue un poco agridulce: se podía adivinar la grandeza aristocrática de un pasado no muy lejano, pero se entremezclaba con edificios comunistas superfeotes y con una dejadez típica de un país que no tiene mucho dinero para gastar en reparaciones estéticas de los edificios, que al final dejaban una ciudad pues bastante gris y sin mucha gracia. Pero a pesar de todo, hay un par de zonas bonitas: la del centro, con la plaza central, la Catedral y la iglesia de San Marco; y una calle que sale hacia el norte que debe ser muy típica o turística porque está bastante bien conservada y con personalidad, y es donde se concentraban los restaurantes para guiris y los bares de copas ‘guays’. Pero bueno, estuvimos unas horas dando vueltas y la verdad es que más de 3 o 4 horas no hay que echarle.

Zagreb

velas (Zagreb)

Por la noche partimos para Sarajevo en nuestro albergue con ruedas. La verdad es que el transporte allí es bastante más caro de lo que esperábamos, alrededor de 20-30 € cada trayecto; que bueno, eran sus buenas 7 horas, pero siendo nocturno y una zona no comunitaria con peor economía (a priori) que en la Zona Euro me lo esperaba más barato. Pero no era así. Además, también se ve que el turismo por la zona empieza a florecer, sin llegar a ser agobiante todavía, y los precios se van inflando poco a poco.

Pues eso, llegamos a Sarajevo a las 6 de la mañana, con una rasca del copón, y nos metimos en la primera cafetería que pillamos para hacer tiempo mientras salía el sol. Aunque entre medias, claro, tuvimos que sacar moneda local, marcos convertibles bosnios. Eso fue otro berenjenal, aprenderte primero el cambio de €uros a kunas croatas, y luego el cambio de kunas croatas y €uros a marcos convertibles bosnios, para tratar de entender cuánto dinero tenías encima y cuánto costaba cada cosa. Y bueno, aunque en general es más barato que aquí, tampoco lo es tanto como pueda parecer. Pero bueno, estábamos en Sarajevo y había que salir a darse una vuelta. Lo primero que ves por allí impacta, porque la estación de autobuses, donde nos dejaron, está un poco fuera del centro, y para llegar hasta él tienes que andar por zonas un poco devastadas y con bastantes signos de guerra todavía. También hay que pasar por el famoso hotel Holiday Inn, donde se alojaban los corresponsales de guerra extranjeros durante el Sitio de Sarajevo, y justo al lado de la “Avenida de los Francotiradores“, por donde también había que pasar puesto que es una de las calles principales de la ciudad. Luego poco a poco vas llegando al centro, donde sigue habiendo detalles chungos: edificios tiroteados, otros en reparación, monumentos en honor a las víctimas de la guerra, etc; junto con lo que es la Sarajevo histórica: mezquitas, iglesias, catedrales (católica y ortodoxa), sinagogas, y en general una mezcla de religiones y etnias tan extraña y brutal que uno acaba entendiendo que estallase la guerra, y fuera precisamente allí donde fue más larga y cruenta, tras la disolución de Yugoslavia.

Cementerio musulmán y Sarajevo

Porque lo chungo no es que se disolviese Yugoslavia ni la idea de la Gran Serbia de los nacionalistas serbios; no, lo chungo es que en Bosnia, al estar justo en el medio del antiguo país federal, había de todo: un montón de población serbia, otro montón croata, y los bosníacos musulmanes originarios, y también, claro, comunidades judías, todo mezclado en ese territorio, y en esa ciudad que es Sarajevo especialmente. Hay que recordar que fue precisamente aquí donde estalló también la I Guerra Mundial (más concretamente ahí), y por un nacionalista serbio además. Claro, ellos serían de etnia serbia o croata, pero nacidos o criados allí, con lo cual se sentían tan bosnios como serbios o croatas, y normal que no quisieran separarse de lo que es su patria originaria.

Pero aparte de todo lo que es la reciente Guerra de los Balcanes, la verdad es que Sarajevo es bonita. Bonita y curiosa. Por lo que ya digo: la mezcla de culturas y religiones. Porque uno piensa que Europa en su mayoría es cristiana, sea católica o protestante, pero cuando va por aquella zona se da cuenta de que no, de que hay una parte de Europa musulmana, consecuencia de la influencia turca durante tanto tiempo, que no solemos ver o hacer caso pero que también es importante. Y los bosnios son parte de ese legado musulmán europeo. Se ve en todas partes: en la gran cantidad de mezquitas, en el antiguo bazar, en los minaretes que surcan el cielo de la ciudad, en la gran cantidad de tumbas y cementerios musulmanes que hay por todas partes… en fin, por todos lados. En las mujeres también. Se ven muchas mujeres con velo, aunque también se ven tantas otras sin él. Lo cierto es que la convivencia, sin saber que ha habido una guerra entre ellos, parece perfecta; pero supongo que habrá un montón de diferencias y rencillas ocultas que a la mínima chispa saltarán a flor de piel.

plaza de la fuente

Piedad en los Franciscanos de Sarajevo

Porque de los bosnios me llamó especialmente la atención una cosa: su amabilidad. No sé si se deberá a que todavía no están muy acostumbrados al turismo, pero te veían por allí sacando fotos y, incluso sin tener ni papa de inglés, se paraban a tu lado a explicarte qué era eso a lo que le hacías fotos. Y así pues con todo. En cualquier tienda, en el albergue donde dormimos, donde fuera, se les veía gente amable y cercana, bastante accesible, vamos, buenos en general. Luego ya no sé hasta qué punto será cierto, pero era la sensación que dejaban. Claro, menos los policías, que tenían bastante pinta de chungos.

Por cierto que en Sarajevo se dio la anécdota del viaje. Fue durante la visita al túnel de la ciudad, por el que colaban mercancías y víveres durante el asedio serbio. Fuimos para allá mi hermana, yo, y nuestro amigo japo que habíamos conocido en el albergue, y nos metieron en una sala a ver un vídeo con imágenes de la gente traficando con cosas por el túnel durante la guerra. Y fue sentarnos a ver el vídeo, y se escuchó desde el fondo de la sala: ¿Agustín?; yo me giré y lo primero que propelí fue un ¡Coño! ¿Qué haces tú aquí?. Claro, a eso siguió un descojone general de las 6 o 7 personas que estábamos allí. Pues eso, una chavala que conozco de Sevilla, que sin ser mi amiga hemos coincidido varias veces por ahí, y voy y me la encuentro en Sarajevo. En el puto túnel. Un martes de Semana Santa a las 2 de la tarde. Vamos, lo mires por donde lo mires, no hay muchas posibilidades de encontrarte alguien conocido de Sevilla en el túnel de la ciudad de Sarajevo un martes de Semana Santa a las 2 de la tarde. Pero el mundo es un pañuelo, como dijo alguna vez alguien.

"Sarajevo city gate"

De allí nos fuimos a Móstar, y en Móstar nos encontramos tres cuartos de lo mismo. Si Sarajevo es la capital de Bosnia, Móstar lo es de Hercegovina, por lo que tiene cierta importancia tanto histórica como política. Y también sufrió bastante los efectos de la guerra, hasta el punto de que su monumento más importante, el Puente Viejo, acabó destruido -y reconstruido hace bien poquito-. Lo cual es una pena, y deja una buena idea de lo que tuvieron que ser los combates allí en su momento. De hecho se siguen viendo heridas de la guerra por todos lados. Paseando por allí me daba por pensar que tiene que ser tremendo vivir viendo todos los días las cicatrices de lo que tuvo que ocurrir allí, cuando vecinos se mataban unos a otros. ¿Seguirán viviendo las mismas personas que un día se mataban en la misma ciudad donde lo hacían?. No lo creo, tiene que ser algo durísimo. No creo que nadie pueda vivir bajo esa presión.

el Puente de Mostar

maquillaje tras la guerra

Pues eso, en Móstar vimos algo parecido a lo que había en Sarajevo, aunque sin tanta mezcla; aquí había sobre todo mezquitas, y alguna que otra iglesia, aunque no muchas. Mezquitas, eso sí, muy bonitas, que junto con la parte del centro histórico y el Puente Viejo hicieron que mereciera la pena la visita. Y la impresión de los bosnios (o hercegovinos en este caso) seguía siendo la misma: gente muy amable que te trataba bastante bien, dentro de lo que cabe. Aquí además nos alojamos en casa de una señora que nos acometió al bajarnos del autobús para ofrecernos su casa, que la utilizaba como pensión para turistas. Según me ha contado un amigo que hizo un viaje parecido al mío el verano pasado, esto es muy común por esta zona, y en temporada alta es incluso peor (o mejor, como lo quieras ver), según él te asedian al bajarte en cualquier sitio para ofrecerte alojamiento; relativamente barato además (como 5-7 € la noche). Bien por ellos, me parece muy bien que se saquen su dinerito con los turistas así, en vez de timarles de cualquier manera.

fotógrafo y fotografiada

Pues después de los dos días y pico en Bosnia, hartándonos de Burek tanto para desayunar como para cenar varias veces, volvimos a Croacia. Esta vez fuimos hacia la costa dálmata, a Dubróvnik, que tenía muchísimas ganas de conocerla por todo lo que me habían hablado de ella, que al final te acaban despertando la curiosidad. Y no decepcionó. Dubróvnik en sí es bastante más grande, una ciudad típica de veraneo con sus casitas y sus chalets subiendo por las colinas, pero cuando llegas a la parte antigua eso no tiene nombre. Es como caminar por una ciudad del siglo XVI en pleno siglo XXI. Está todo perfecto, y aunque en otros sitios puede parecer que artificial y muy reconstruido, aquí es como si no hubiera pasado el tiempo, como si se hubiera mantenido congelada la ciudad mientras pasaban los siglos a su alrededor. Claro, luego te pones a informarte y sí, aquí ha pasado la guerra como por todas partes, pero los pocos edificios que fueron dañados por los obuses serbios fueron luego reconstruidos cuando llegó la paz. Normal, esta gente necesita turismo para conseguir divisas, y Dubróvnik se merece como pocos otros destinos una o unas pocas visitas.

Dubrovnik

calle principal de la antigua Ragusa

El caso es que la antigua República de Ragusa es preciosa, con sus calles empedradas, sus muros y sus fortalezas intactas (no por intactas, sino por reparadas), sus torres y sus iglesias, y toda la parafernalia de una ciudad renacentista. En los libros de Historia no nos lo enseñan, o por lo menos no mucho más allá que de pasada, pero la República Ragusina aguantó desde el siglo XIV hasta el XIX como ciudad independiente, hasta que llegó el amigo Napoleón y se puso a configurar Europa como le dio la gana. Y por suerte para nosotros, nos llegó la ciudad casi entera de cómo fue hasta nuestros días. Paseando por las callejuelas, a uno le parece hasta raro no cruzarse con gente vestida a la manera renacentista, o asomarse al puerto y no ver los galeones o bergantines que tuvo que haber en su momento.

puerto antiguo de Dubrovnik

Me dio pena no poder conocer la parte más moderna, sobre todo para contrastar y para poder ver qué parte del glamour y el encanto de la ciudad antigua se había contagiado con el resto; pero íbamos con bastante prisa. Aunque realmente la ciudad vieja te la ves en 2 o 3 horas, porque grande, lo que viene a ser grande, no es, y luego ya por muy bonitas que sean las callejuelas no dejan de ser todas muy parecidas. Así que estás por allí, dejas que te apuñalen con un par de helados o cafés, y ya. Poco más hay que hacer allí. Porque pasarse una temporada allí tiene que ser muy agradable (no en vano es una zona de veraneo pijo), abrir la ventana y ver esas espectaculares vistas tiene que curarle todos los males a cualquiera. Pero lo que es de turismo exprés, de ir a un sitio a conocerlo y punto, e irse al siguiente, en Dubróvnik no hay mucho para entretenerse. Así que a la noche nos cogimos otro de nuestros albergues rodantes, aka artobús, y nos largamos a Zágreb de nuevo, con destino Liubliana.

Dubrovnik

Pues después de un par de horitas de nuevo en Zágreb, que nos dio para echar un cafelillo y bichear alguna tienda y poco más, nos cogimos el tren hacia Eslovenia. Los paisajes eran bastante bonitos, con sus montañas, y sus valles, y demás -aunque no tan bonitos como los del trayecto Sarajevo-Mostar, lo que viene siendo el valle del río Neretva-, y tras un buen puñado de horas llegamos a la capital eslovena. Al principio era bastante escéptico, porque llegamos y allí no había nada recalcable, después de que hubiéramos añadido la ciudad al viaje improvisadamente al ver que teníamos un día libre; pero conforme te acercas al centro la cosa mejora. Y la verdad es que es muy bonita, el centro tiene un aire aristocrático bastante cuco, que no había visto hasta ese momento en el viaje en ninguna parte. El centro es pequeñito, pero son varias calles repletas de caserones nobles y edificios artísticos y bien cuidados; aunque si sales un poco de allí, ya empiezas a ver proliferaciones de arte más tirando a comunista y calles que se caían a pedazos. En cualquier caso la sorpresa fue muy agradable, aquí se notaba ya la influencia más germánica y menos mediterránea en lo que se veía por la calle, tanto estéticamente como en la manera de interactuar de la gente. Y esto hace que, aunque tenga un aire de pueblecito cuidado con mucha gente, a pesar de ser la capital, la hace un sitio muy atractivo para querer habitar una temporada, tranquilo y agradable. Aunque la verdad es que viendo el mapa me faltó mucha ciudad por ver, porque lo ves y los barrios se extienden por lo que sería 10 veces la parte del centro, y a lo mejor viendo alguno de esos barrios cambiaba de opinión; pero ¿en qué ciudad actual no pasa eso?.

los Tres Puentes

Ljubljana

Ljubljana desde el Castillo

Así que nada, estuvimos allí en Liubliana un día y pico, de relax total, porque la ciudad invitaba a ello, y nos fuimos hacia Italia, desde donde salía nuestro avión. Eso ya sí que fue una paliza, en un día pasamos por Gorizia y Treviso (que me encantó, típica ciudad italiana medieval: es flipante cómo conservan los italianos sus ciudades y sus obras de arte) para echarnos una siestecita nocturna como pudimos en el aeropuerto de Treviso y coger el avión de vuelta a casa.

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