La apariencia

Pues sí, vivimos en un mundo lleno de puta apariencia. Un lugar donde la gente lo primero que hace es analizarte y hacerse una idea de ti por cómo vistes o el papel que interpretas; donde lo que más importa es caerle bien o gustarle al de enfrente, y la gente se aprende los clichés o las poses más generalizadas para esto en vez de tratar de ser mejor persona él o ella misma. Pero yo hace tiempo que me negué, hace tiempo que decidí ser yo mismo y a pesar de los palos que esto conlleva hacia delante que voy con esta idea fija sin que nada me haya hecho cambiarlo hasta ahora. Porque sí, ser uno mismo quiere decir que si me apetece decirle a alguien ‘hijo de puta’ porque se lo merece, se lo digo sin problemas, aunque eso signifique que alguien me pueda tachar de maleducado y me pueda ganar algún que otro enemigo por expresarle en la cara lo que es y que él no sepa aceptarlo; porque ser uno mismo también significa poder decirle a alguna tía que me gusta ‘oye, me gustas’, y al mismo tiempo significa llevarse el palo de su parte al verla volverse arrogante contigo, como la que se siente superior porque te hayas abierto a ella; porque ser uno mismo quiere decir que si estoy triste o lo estoy pasando mal, no me apetece poner caritas para que la gente se sienta mejor: no, yo estoy así, y así me muestro, y si a ti no te gusta verme abatido y te vas a otra parte por ello, sólo me estás demostrando la mierda de persona que eres; y entonces seré yo el que no te quiera a ti a mi lado. Porque luego cuando a ti te toque pasarlo mal y todos esos amiguitos de mentira te den de lado, te pondrás a llorar y a maldecir tu vida, pero la culpa habrá sido tuya por no haber querido mirar más allá de las apariencias cuando tuviste que hacerlo.

Porque en estos últimos años del siglo XX y primeros del XXI vivimos una especie de fantasía multicolor de mierda, donde todo el mundo quiere aparentar ser superfeliz y todos quieren ser muy amiguitos unos de otros, y todo son experiencias maravillosas; hasta que llega el momento en que los necesitas y te dan la espalda. Como toda la vida, supongo; pero ahora es incluso más exagerado. Este mundo en que vivimos hoy día, dominado por la corrección política, nadie quiere ser el que diga ‘pues yo no soy feliz’, ‘pues tú no eres mi amigo, salgo contigo sólo por salir’, porque entonces se le derrumba la mentira a todo el mundo. Todo el mundo ha aceptado tácitamente que viviendo esta mentira feliz nos hace automáticamente más felices a todos, y nadie se atreve a cuestionarlo. Pues yo no lo voy a hacer tampoco, no lo voy a cuestionar; allá vosotros con vuestras historias y vuestras mentiras de colorines. Pero no me pidáis tampoco que las comparta.

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