Mi padre

Este título tan soso, de esta entrada tan personal, encierra muchas cosas. Para empezar, creo que si algún día me hice un blog, fue para poder escribir esta entrada en algún momento; reunir el valor necesario y la habilidad con la escritura suficiente para poder decir exactamente lo que quiero decir. Estos últimos 5 años de blog han sido solo un entrenamiento para esto, simplemente para poder hablar de esto, para poder coger confianza con el medio escrito y poder abrirme desde dentro hasta aquí.

Con esto solo quiero decir que voy a hablar de la persona que más me influido en mi vida: mi padre. La peculiaridad del tema es que lo ha hecho solo una vez muerto. Un padre normalmente es un modelo de vida, un ejemplo a seguir, la persona adulta en la que nos reflejamos cuando somos niños. A veces demasiado, puesto que podemos anularnos a nosotros mismos intentando ser él. Pero para mí no, para mí ha sido mi ejemplo a no seguir, la persona que no quiero ser. No porque fuera mala persona, que no lo era, sino por una cosa fundamental: se rindió. No fue capaz de resolver lo que le atormentaba. Desde el momento en que lo supe, y quizá desde antes porque lo intuía, me dije a mí mismo que no me rendiría jamás; que seguiría día tras día analizando mis problemas hasta encontrarles una solución, para no verme nunca en la situación de estar en un callejón sin salida. Para no verme en la situación de decir ‘tiro la toalla’, y dejarle toda mi mierda a los demás, que no han hecho nada para merecérsela. Y es una lucha dura; aunque necesaria.

Porque mi padre, sin ser nunca mala persona, nunca fue capaz de afrontarlos. Siguió huyendo y huyendo, buscando el placer inmediato, incapaz de pararse y mirarse a sí mismo. Y seguramente no fuera por mala voluntad, seguramente fue por miedo, miedo al dolor, a afrontar una realidad demasiado dura, una realidad que hace temblar los cimientos más íntimos de nuestra persona. Pero eso lo único que causó fue que no fuera capaz de ponerle freno, y ir acumulando mierda encima de mierda, haciendo la bola cada vez más grande; hasta que un día explotó. Un día tuvo que explotar, y lo hizo, causando tal terremoto en su familia y seres cercanos, que sus problemas siguieron sin resolverse: los traspasó a los demás. ¿Por qué nadie quiere volver la vista hacia la parte desagradable de la realidad? ¿Por qué todo el mundo no hace más que huir?. Pero bueno, esto no va sobre los demás, esto va sobre mi padre, que además de cobarde, fue un irresponsable, dejando toda la mierda que él no fue capaz de afrontar a los demás. Y así se crea una cadena de mierda hasta que a alguien se le ocurre cortarla; y ese alguien me parece que me ha tocado ser a mí. Pero no por nada, sino porque quiero ser feliz, no quiero vivir con esta mierda dentro de mí, que yo no he hecho nada para tenerla y me ha impedido vivir en condiciones durante demasiado tiempo ya. Demasiado limitado en mis adentros, sin haber hecho nada para estarlo.

Luego piensas que sí, que todo el mundo tiene sus problemas, pero me la pela: yo tengo los míos y trato de resolverlos para siempre, no de huir hacia delante poniendo parches aquí y allá. Si para los demás hacer eso es una solución, allá ellos: ya pasarán a pasarles la factura, ya que nunca se habrán ido del todo. Si uno es capaz de aceptar sus límites interiores nunca crecerá, si acepta las cosas que no funcionan en su vida como algo normal nunca las resolverá; porque además los hay que hemos tenido unos límites demasiado opresivos, demasiadas cosas que no han funcionado, y haberlas aceptado habría sido lo mismo que dejar de vivir. Y me niego a dejar de vivir. Yo no pedí nunca esta vida, pero ya que me la han dado, voy a disfrutarla en toda la plenitud que me sea posible: y eso se hace por dentro, no por fuera.