Amigo, amigo

Pues este fin de año, como viene siendo tradición siempre que podemos, hicimos un viajecito. Este año ha tocado un destino al que le teníamos muchas ganas, que siempre está tan cerca y tan lejos a la vez: Marruecos. La verdad es que teniéndolo ahí al lado, y habiendo aun así muchos españoles de turismo, no entiendo por qué no es un destino más turístico de lo que es ahora mismo. O sea, sí, se entiende en parte: las infraestructuras, turísticas y no, son peores, la información es menor, los riesgos son mayores… Pero ya digo, aun así, es que lo tenemos ahí al lado, y prácticamente no le hacemos ni puto caso en beneficio de la Europa del norte.

Pero bueno, como ya digo este año nos ha tocado ir a Marruecos, porque parte de los que hemos ido tenían muchas ganas de conocerlo, y yo muchas ganas de volver, y sobre todo, de conocer las ciudades importantes, como las que hemos conocido en este viaje: Fez y Marrakech. Nos han quedado muchas cosas por ver, como para volver 2 o 3 veces más, pero bueno, eso lo dejaremos para más adelante. Nuestro itinerario en este viaje ha sido: Tánger, Tetuán, Chauen, Fez y Marrakech. Hay que tener en cuenta que el país, aun siendo de los pequeñitos de África, es casi tan grande como España (sin contar con el Sáhara Occidental, claro, porque por ahí  no paso amigo Mohamed), y nos hemos dejado bastantes cositas, como Mequínez y las ruinas romanas de Volubilis, Rabat y Casablanca, Asilah (Arcila en español), Esauira… y sobre todo, el Atlas y el desierto al sur de Marruecos, que según me han dicho es lo más bonito y completamente distinto de lo que hay en el norte, en la parte donde vive la mayoría de la población.

Tánger

Así que bueno, fuimos para allá prácticamente sin ninguna idea preconcebida. Yo ya había estado una vez hace como 7 u 8 años, pero fue en un rollo completamente distinto: con familia, solo 4 días, solo por el norte muy norte… Y la verdad es que tenía muchas ganas de volver, porque vi muy poquito y me faltaba lo más importante. Pues nada, nos planteamos el viaje con un coche de alquiler, ya que cogíamos el avión de vuelta desde Marrakech a Sevilla. Además, el tener matrícula marroquí nos evitaría alguna que otra situación complicada. Así que llegamos a Tánger Med, el nuevo megapuerto que se ha hecho el Rey marroquí para quitarle el tráfico marítimo a Algeciras, y de allí nos fuimos a Tánger a pasar la noche, ya que teníamos reservado el coche para la mañana siguiente.

Al llegar a Tánger, primer choque con lo que es el país: para empezar, al bajar del autobús, en el momento en que nos estaban dando las maletas con el consiguiente barullo formado, uno de los que había por allí intentó mangarme la cartera. Me di cuenta porque tenía los bolsillos muy apretados, pero si no llega a ser por eso podría haber sido distinto y haberla perdido en el minuto 1 en tierra marroquí. Estábamos en una ciudad que no conocíamos, fuera del centro, sin hablar el idioma, y sin poder fiarnos de nadie. Nos dijeron que fuéramos en taxi, pero yo, conociendo cómo son los taxistas, no me fiaba, y mucho menos en Marruecos. Así que preguntamos por allí en una gasolinera, con mi francés patatero, y nos dijeron que el centro estaba andando a unos 20 minutillos. Pues para allá que nos fuimos.

Estuvimos caminando un rato por la zona nueva de Tánger en dirección a la medina, por donde caía nuestro hotel. La ciudad nueva la verdad es que no tiene nada de particular: es como cualquier ciudad europea, con sus avenidas, su especulación urbanística, sus restaurantes de comida rápida y demás comercios, y poco más. Llegando a la medina se nos acercó un abuelete marroquí y nos empezó a hablar en español perfecto Hola qué tal, de dónde sois, ¡ah, españoles!, muy bonita España, etc etc etc. Hasta que llegó el momento que nos esperábamos: ¿Queréis hachís? ¿No queréis? ¿Necesitáis alojamiento? Yo conozco… Yo me pegué un rato diciéndo que no, que muchas gracias, que no necesitábamos nada, que ya teníamos alojamiento, y el tío seguía ahí, haciéndonos preguntas, que si en qué hotel estábamos, que él nos podía guiar, que si qué necesitábamos, que si nos pasaba algo que no queríamos hablar. Ya a los 10 minutos sin que el tío pillara las indirectas, que no le queríamos con nosotros, nos empezamos a mosquear y a poner violentos. No decíamos nada, ni le respondíamos, pero el abuelo seguía: ¿a qué hotel vais? Yo lo conozco, os puedo llevar… Ya no sabíamos qué coño hacer para largarlo. Si el tío nos decía Es por aquí, nosotros íbamos por la calle que no era, y aun con esas, el puto abuelo seguía siguiéndonos. No había manera de hacerle un puto quiebre, al abuelo. Ni Cannavaro, joder. Menos mal que teníamos una guía y en ella había un mapa, en el que tras buscar un poco (y con el abuelo parado a nuestro lado sin que le hiciéramos ni puto caso y sin que quisiera largarse tampoco) encontramos la calle de nuestro hotel. Que por la medina no es fácil orientarse, pero de algún modo lo conseguimos; y por fin, llegamos a nuestro hotel. Y el abuelo se tuvo que quedar en la puerta. Qué pesado, cojones.

medina de Tánger

Así que llegamos al hotel, nos dieron las llaves y subimos a la habitación esperando encontrarnos quién sabe qué. Pero no, la habitación no estaba mal. O sea, el hotel este en Marruecos era de 4 estrellas, creo, pero esa habitación sería la de uno de 2 o 3 en España. Pero bastante contentos estábamos, ya que nos esperábamos cualquier cosa, que nos habían contado cada historia sobre los alojamientos marroquíes… Pues nada, dejamos las cosas y salimos a cenar. Un rico showarma marroquí (el primero de unos cuantos).

Y nada, cenamos y nos fuimos a dormir temprano, que no teníamos ni energías ni grandes esperanzas en la noche marroquí xD. Así que al día siguiente nos levantamos, nos dimos un paseo por la medina, y nos fuimos a esperar al miembro de nuestro grupo perdido el día anterior (percances con el pasaporte…). Pues le recogemos y ponemos rumbo a Tetuán. Por las carreteras se ve un paisaje bonito y muy peculiar, ya que Marruecos tiene ahora mismo una vida como de bastantes años atrás en comparación con España, y eso se ve perfectamente por la carretera, al pasar por los pueblos: hay cosas que en España ya no se ven mucho: personas arando con los bueyes, pueblos que tienen la mitad sin asfaltar, y cosas así; además de un montón de burros ayudando a transportar o trabajar la tierra. Lo dicho, como España pero hace 50 o 60 años. Además no tuvimos ningún problema con la policía, nos pararon una vez los gendarmes marroquíes llegando a Tetuán pero no nos pusieron ninguna traba, así que tiramos para adelante y bien.

arando

Pues una vez llegamos a Tetuán aparcamos el coche, un poco a tomar por culo, y nos fuimos a la medina a buscar nuestro hostal. El hostal de Tetuán fue el único que no teníamos cuando fuimos a Marruecos, y lo encontramos el día anterior buscando en el ordenador de nuestro hotel de Tánger. Hay que decir que si quieres un buen alojamiento en Marruecos los precios están en torno a los 20-30 € mínimo. Si vas a algo por debajo de eso te arriesgas a encontrarte cualquier cosa. Pues en Tetuán nos arriesgamos, ya que al ser la ciudad menos turística de todas a las que fuimos había menos información sobre alojamiento por internet y menos alojamientos para turistas. Pero bueno, el caso es que llegamos con las mochilas a cuestas y nos metimos por la medina a buscar nuestro hostal reservado el día anterior. En un principio habíamos quedado con el dueño o encargado del hostal, de nombre Nordit, en la Plaza de la Paloma blanca. Claro, llega a Tetuán y ponte a buscar la Plaza de la Paloma Blanca, cuando ni siquiera entendíamos las letras en las que estaban escritas los nombres de las calles xD. Así que llegando nos pusimos a buscar por todos lados una paloma blanca o algo que se le pareciera, mientras los amigos marroquíes se nos enganchaban al coche para intentar hacer de nuestros guías, incluso corriendo a pie detrás nuestra mientras nosotros íbamos en coche. Pero después de dar unas cuantas vueltas encontramos la famosa plaza, pues en cuanto la vimos nos fue bastante obvio, con una pedazo de estatua de una paloma blanca en medio de la plaza xD. Nos pusimos a llamar a Nordit y no lo cogió, pues nos tocó buscar el sitio por nuestra cuenta. Así que nada, andando y andando, y tras preguntar a un farmacéutico (apunte para los futuros turistas en Marruecos: si os perdéis preguntadle a un farmacéutico, son bastante más de fiar que la gente de a pie, que están deseando sacarte unos dirhams en cuanto pueden), llegamos a nuestro hostal, La Gacela, y allí encontramos al amigo Nordit, que resultó ser un personajazo de los buenos.

la famosísima Plaza de la Paloma Blanca xD

Llegamos a nuestro hostal, en un riad (casa típica marroquí), y la primera impresión fue un poco… regular. Hablamos con el encargado para que nos la enseñara y la sensación que daban las habitaciones era de más bien poca higiene. Bueno, para empezar nos enseñó la primera habitación y de allí salió una peste entre de humedad y de cerrado que nos hizo mirarnos con una carita un poco chunga. Pero las demás estaban un poco mejor (poco xD), así que ya que no teníamos otra cosa, y que era barato (como 5 €), nos quedamos allí. Luego a la hora de dormir nos dimos cuenta que las camas no tenían sábanas, y las colchas, que era lo único que cubría los colchones, llevaban bastante tiempo sin cambiarlas. Así que esa fue la noche en que peor dormimos con diferencia (apunte para turistas: aquí uno de mis amigos se llevó un saco de dormir que fue una idea genial para aquella noche, fue sin duda el que mejor durmió de todos). Además hay que contar con que en mitad de la noche, el encargado se había puesto a limpiar el cuarto de baño (o sea, el agujerito en el suelo típico marroquí, del que salía una peste a mierda curiosa, que invadía toda nuestra planta), y entre el ruido de la limpieza y los amagos de potar nos dio la noche. Y también, en torno a las 6 de la mañana, debía haber habido una llamada a la oración, porque lo único que se oían eran cantos o rezos, pero como si fueran los de una secta de las películas, porque además se escuchaban cercanísimos, y la cosa la verdad es que acojonaba bastante.

Pero bueno, esa fue nuestra noche. Entre que soltamos nuestras cosas y nos fuimos a dormir nos dimos una vuelta por la medina, con un marroquí que se nos enganchó de guía. Éste nos hizo la jugada bastante bien, porque estaba en el hostal cuando llegamos, y empezó a contarnos que era el sobrino de Nordit, así que nos fiamos de él. Además los marroquíes siempre hacen lo mismo: hacen como que no tienen interés, y poco a poco se te van enganchando: Hola amigo, bienvenido a Marruecos. -se va unos pasos hacia delante- ¿De dónde eres? Ah, España, Andalucía. Bonita. Yo tengo familia allí. Muy bonita, se vive muy bien. -se va otros pasos hacia delante- Yo quiero practicar español, no quiero dinero, sólo practicar, porque me gusta mucho tu idioma. -se va otros pasos hacia delante- ¿Queréis ver la mezquita? Es por aquí, venid. ¿O la kasbah? Por aquí, por aquí. ¡Amigo, amigo, por aquí!. Y claro, uno acaba hasta los cojones de decir que no queremos ver nada. De hecho, lo peor de todo, es que hacen que tengas que evitarles, y si de verdad querías seguir ese camino, con tal de no tener que aguantarle te vas por otro. Caminar por una medina en Marruecos significa decir 40 veces a la hora que no. Pero bueno, éste del hostal se nos enganchó con la historia de que era el sobrino de Nordit, que la verdad, todavía no sé si es verdad o no, y creo que nunca lo sabré. La ruta turística típica que hacen estos ‘guías’ no oficiales siempre incluye algún bar de comida típica marroquí (que la verdad es que al que nos llevaron en Tetuán era un antro muy auténtico, pero la comida, sin estar mala, tampoco nos flipó), y un montón de negocios cuyos dueños serán amigos del tío en cuestión. El nuestro nos llevó a una tienda de alfombras, desde la que había una vista muy guapa de las azoteas de Tetuán, eso sí, y una supuesta tienda de perfumes e hierbas berebere donde nos intentaron timar. Y teniendo Marruecos una renta per cápita rondando los 5000 $ (en España está en torno a los 30000 $) hay muchísima gente dispuesta a pegarse todo un día haciéndote de guía por unos cuantos €uros o dirhams. Así que nos dio una vuelta por la medina de Tetuán, que la verdad, no nos vino mal del todo, porque nos dio tantas vueltas que yo creo que nosotros nos habríamos perdido a la segunda si hubiéramos ido solos; y además el llevar un guía nos espantó a todos los demás pretendientes y no tuvimos que estar todo el rato diciendo que no. Al final el precio por esas cuantas horas de visita fueron unos 10 l€rus entre todos, y porque nos estuvo comiendo la oreja para que le diéramos más de los 5 € que queríamos darle en un principio.

tejados de Tetuán

Tetuán y el resto de ciudades marroquíes tienen una estructura un poco curiosa. Casi todas las que vimos se componen de dos partes (o más, pero fundamentalmente dos): la medina, o centro antiguo, y la ciudad nueva, o centro nuevo. Las medinas son las típicas ciudades árabes, enrevesadas y estrechas, y datan la mayoría de varios siglos atrás; pero las ciudades nuevas vienen de la época del colonialismo francés, que cuando estuvieron por aquí se dedicaron a hacer ciudades más del estilo europeo, con avenidas, comercios como los que conocemos nosotros, etc. Aunque la zona de Tetuán y Chauen pertenecían al Protectorado español, del que de hecho Tetuán era la capital, y allí esa zona nueva se llama directamente Ensanche. En Tetuán la verdad es que se nota mucho la influencia española. Hay muchos carteles de negocios y vestigios de aquella época en español, y bueno, más gente de lo normal habla español, porque en Tánger por ejemplo se notaba que fue mayor la influencia francesa y la gente hablaba mayoritariamente francés.

Cine Español

Pues una vez nos dejó el guía nos dedicamos a pasear un poco por el Ensanche de Tetuán, y la verdad es que no hay nada reseñable. Nos tomamos el típico té a la menta y unos pastelitos. Creo que de toda la comida que comimos/probamos esta semana, lo mejor fueron los pasteles y los dulces. Son los típicos dulces árabes, o parecidos, que a diferencia de los europeos se componen más de hojaldre, miel, frutos secos, etc. Ya los había probado en Marsella, pero siguen estando muy buenos y siendo completamente diferentes, además de baratos, aunque para no variar también nos intentaron timar. Cuando alguien se os acerque ofrenciéndoos ser vuestro intérprete, guía, ayuda, o simplemente conversación en plan buena gente, sed conscientes de que no es por simpático, sino que más bien os va a intentar cobrar el servicio de alguna manera, os deis cuenta o no. Luego ocurrió la anécdota del viaje en casa de Nordit, que os cuenta mi amigo David en este vídeo. Entre eso y varias cosas, nuestro amigo Nordit se ganó el apodo de Ñordit, así que cada vez que íbamos, ejem, al excusado, nos acordábamos de él.

La noche que pasamos en Tetuán ya la he contado un poco más arriba, así que una vez nos hubimos levantado, recogido y todo, nos fuimos a buscar el coche para hacernos al camino en dirección a Chauen. El paseíto en carretera fue entretenido y sin problemas, y más tranquilo de lo que hubiéramos pensado en un primer momento. Así que llegados a Chauen a mediodía más o menos, nos dimos un par de vueltas por allí. Chauen es un pueblo muy turístico, es muy pequeñito, pero es tan bonito y tan especial con todas esas casas pintadas de celeste, allí enclavadas en mitad de la montaña, que merece una visita por huevos. Aunque lo que hicimos allí fue prácticamente solo eso: pasear, para arriba y abajo, hasta que nos aburrimos. También tuvimos un encuentro con un personajazo marroquí que a mí me dio un susto de muerte. El típico borracho del pueblo, como imagino que habría en España o cualquier otro país en cada pueblo antiguamente antes de que existiera la tele y demás entretenimientos caseros, pero que en Marruecos sigue existiendo; estuvo a punto de pegarme un codazo en la cara por las buenas, aunque por suerte controlaba lo suficiente como para parar antes. La cosa es que allí te puede pasar cualquier cosa, tienes la sensación de que es una aventura porque es un sitio mucho menos estructurado de lo que es hoy día Europa (al menos Europa Occidental, que es a lo que estamos acostumbrados).

placita

Así que después de pasear por la bonita Chauen nos dirigimos a Fez, que es el sitio que más me intrigaba de todos. Me intrigaba porque es una ciudad muy conocida, pero menos que Marrakech, la ciudad turística por excelencia de Marruecos, en la cual ya habían estado y me habían contado varios de mis amigos. Así que llegamos, y para empezar fue una locura encontrar el camino hacia nuestro hostal. Llegamos con el coche y lo único que había era murallas por todos lados, la preguntabas a uno que por dónde se llegaba al sitio donde teníamos que ir y nos mandaban a quién sabe dónde, pero luego siempre acabábamos volviendo al mismo sitio. Mirábamos el mapa y claro, la cosa parecía muy clara: estaba cerca de la muralla, al sur. Pero llega ahí con tus huevos. Nos metíamos por la medina y no había manera: callejuelas por todos lados, calles por donde ni siquiera cabía el coche, calles sin salida… Hasta que le preguntamos a un chavalín que nos guió con muy buena disposición -esperando, claro, que le diéramos algo-. Tuvimos que salir de la medina hacia el sur, coger la carretera, y entonces volver a entrar. Ni de coña lo habríamos encontrado solos. Pero bueno, el caso es que al fin llegamos al hostal, con bastante sorpresa por nuestra parte, porque por fuera parecía un casa hecha polvo, sin cartel ni nada, pero al entrar había un albergue auténticamente europeo, muy cuidado y bien decorado. Con precios también europeos, eso sí. Pero el sitio era muy agradable, así que nos quedamos allí un rato tranquilitos.

Nuestro plan en un origen era irnos al día siguiente a Rabat, pero dando una vuelta por Fez vimos que era inabarcable en el tiempo que teníamos si queríamos irnos al día siguiente a Rabat, así que decidimos quedarnos allí un día más. Y mereció la pena, porque Fez me encantó. Es la ciudad más auténtica de todas las que visitamos, además de bonita y con muchísima historia por todas partes. Ni pisamos la ciudad nueva en este caso, pero ni ganas que teníamos, porque la medina sola era gigante, había demasiado que ver. Nuestro hostal organizaba excursiones regularmente, así que nos apuntamos a la de la medina del día siguiente, por primera vez con un guía oficial. Y estuvo bien, más o menos, aunque es que ni con los guías oficiales puedes fiarte de lo que te dicen. Nos llevaron -de nuevo- a una tienda de hierbas berebere, en principio con objeto turístico, pero claramente también para que le compráramos algo al colega; y luego a los curtidores, que están muy guapos y merecen la pena, pero que también, claro, tuvieron un momento para intentar conseguir que compráramos algo. Y lo típico: el guía diciéndonos que la calidad de los de Fez es la mejor, que la de Marrakech es mala y poco cuidada, etc. Es que nunca te puedes fiar de lo que te dicen, nunca sabes si es verdad o te quieren camelar.

curtidores de Fez

Pero bueno, nos dimos la vuelta, y comimos (lo mismo: en un sitio muy turístico, donde tenía la sensación de que nos estaban timando, pero que el guía nos decía precios sólo para vosotros, esto en otro sitio no lo encontráis, etc; y todo mientras el guía se pegaba un banquete con sus amiguetes al lado nuestra, y que me parecía que era a nuestra costa). Ya una vez por la tarde decidimos pegarnos un paseo hasta la Mellah, la parte judía, que se encontraba al otro lado de la medina, en un lugar aparte pero todavía formando parte del centro histórico. Era un buen paseo, pero fue bastante interesante, porque pudimos deambular a nuestro aire por primera vez. Fez lo bonito que tiene es que es una ciudad de verdad: la gente vive su vida allí, no es ningún escenario restaurado para el turismo. Y la vida que se da allí me da la sensación de que es más cercana al estilo de vida medieval que al moderno que tenemos nosotros. Te ves las calles de la medina llenas de gente yendo y viniendo, otros transportando cosas en sus burros para todos lados, los artesanos trabajando en sus talleres de cara a la calle, y todo el centro lleno de gente y de vida, en definitiva, como debía ser antiguamente en los centros de las ciudades. Además la peculiaridad que tiene la medina de Fez es que es completamente claustrofóbica, estás siempre cerrado, las calles están todas definidas por muros y no se distinguen prácticamente los edificios unos de otros; y por si no fuera poco, hay partes que también están cerradas por arriba, con toldos, tejadillos, etc, supongo que para evitar la lluvia o el sol cuando pega demasiado fuerte.

medina

pollos listos para comer

la Mellah

La Mellah, por el contrario, es completamente distinta: tiene calles, más anchas que las de la medina, se distinguen los edificios y estos tienen balcones, etc. Pero sigue siendo una zona con un estilo peculiar, bastante arabizado. Allí además está el Palacio Real. El Rey debe tener un buen puñado de palacios, porque en Tetuán también había otro, y en todos además hay bastante presencia de guardias y mucha seguridad -en Tetuán estaba toda la plaza del palacio cortada al público-. Esto de ser Rey en Marruecos tiene que ser la hostia, creo que fue nuestro guía de Fez, que nos dijo que este rey era bastante más abierto que su padre, porque aparecía en actos públicos con su mujer oficial, mientras que su padre nunca lo hacía. Luego, claro, puede tener todas las mujeres que quiera, que para algo es el rey y es musulmán, pero éste por lo visto tiene una oficial, y los marroquíes por fin pueden ponerle cara. Además, por cierto, era una constante en cualquier negocio de cualquier ciudad, encontrarse con una foto del amigo Mohamed VI, con su mujer o sin ella. Me parece verdaderamente increíble que todavía haya pueblos que participen en un culto a la personalidad de alguien como esto, y es que además, los tenemos ahí al lado, no son un país perdido por ahí entre las montañas ni nada parecido.

hala, para q la conozcáis vosotros también

Mohamed VI con la princesa Lalla Salma (foto: Hola.com)

Pues eso, la medina de Fez tiene además el récord de zona peatonal más grande del mundo; y para nosotros también obtuvo un récord: el de la gente más pesada de todas las ciudades en las que estuvimos. En este post interactivo, perfectamente escrito en español de Argentina, está bastante bien explicado el tema, para el que le interese y quiera vivirlo. Y es que es verdad: aquí los lugareños no te dejan ni a la de 3, y como además es un puto laberinto, no tienes cojones de despistarles porque al final el que acaba perdido eres tú. Nos pasó una vez que casi nos vimos peleándonos con un grupo, porque hubo uno de ellos que nos estuvo persiguiendo durante 15 putos minutos, hasta que conseguimos dejarle atrás. Fueron 15 minutos eternos, en los que ya no sabía cómo decirle que nos dejara en paz: llegué a pedírselo por favor, que nos dejara, que no queríamos nada; y el tío ahí sigue que sigue, hablándonos en español, italiano, inglés, francés… lo que hiciera falta con tal de conseguirse unas perrillas. Es que viendo que no le hacíamos ni caso el tío hasta nos insultaba, en cualquier idioma que se le ocurriera (a mí me llamó racista por no hacerle caso xD, y en inglés me dijo ‘fuck off”), para medio minuto después volver con palabras amables otra vez a ver si conseguía algo. O sea, increíble lo pesados que pueden llegar a ser. De hecho nos perdimos yendo para el hostal por culpa del tipo este, porque nos metíamos en cualquier calle que encontráramos para poder perderle y al final quienes nos perdimos fuimos nosotros, como era de esperar. Pues eso, después de dejarle atrás nos lo volvimos a encontrar con unos amigotes y casi nos peleamos porque llegaron a acercarse demasiado y nos sentimos verdaderamente amenazados. Por suerte allí son pesados pero parece que violentos no. O por lo menos con nosotros no llegaron a serlo.

Así que nada, nos fuimos al hostal y allí estuvimos hasta el día siguiente que cogimos el coche en dirección a Marrakech. Fue una paliza de viaje de unas 8 horas, en el que hasta pinchamos nuestro amado Picanto. Gracias a eso nos tocó cambiar la primera rueda de nuestra vida, pero menos mal que estábamos cerca de una estación de servicio y esta cerquísima de Mequínez, por lo que un simpático marroquí (simpático por la previsión de la más que probable comisión que se iba a llevar) dejó su puesto de trabajo en la estación y nos guió con su motillo hasta los proveedores de neumáticos de Mequínez, al que fuera más amigo suyo, imagino. Pero por suerte nos cambiaron la rueda en un plis, no salió muy caro teniendo en cuenta la urgencia que era para nosotros y lo que podrían haberse aprovechado los amigos del taller, así que nos pusimos en camino otra vez hacia abajo.

El viaje fue tranquilito, jugando a divisar burros como gente madura que somos, y disfrutando del paisaje, porque conforme vas yendo hacia el sur cambia bastante. Deja de ser un paisaje típicamente mediterráneo, con sus bosques, sus montañas, sus zonas de arbustos y de vegetación seca, para ir convirtiéndose en otra cosa: cuando vas llegando a Marrakech atravesar el bosque de palmeras en el que se encuentra es una auténtica maravilla, sumado además a las montañas nevadas del Atlas al fondo, tras las que empieza el desierto. Vamos, un paisaje precioso.

bosque de palmeras

Eso sí, cuando entras a Marrakech eso deja de ser precioso para ser un puto caos. Conducir allí es una locura, parecido a lo que puede ser Nápoles. Hay semáforos y pasos de peatones, pero los respetan sólo de cuando en cuando; lo normal es ver coches atravesados por todas partes en atascos en cualquier sitio, haciendo giros imposibles para tomar la dirección que quieren, peatones cruzando por enmedio de los coches, bicicletas incluidas, y para empeorarlo todo, scooters y motos que aparecen por el sitio que menos te lo esperas. Vamos, una locura. Estuvimos como una hora o dos dando vueltas por Marrakech entre que salíamos de atascos y encontrábamos la oficina de nuestra compañía de alquiler de coches para dejarlo.

Por suerte llegamos a tiempo (bueno, un poco tarde, pero eso allí da un poco igual), dejamos el coche y nos pusimos a caminar hacia el hostal. Y otra vez lo mismo: para empezar caminata larga porque la oficina estaba en la zona nueva, con un loco pegado a nosotros durante parte de la misma, y luego, una vez llegados a la zona amurallada, incapaces de orientarnos. Le preguntamos a 50 personas más o menos, y al final llegamos a nuestro hotel. Que qué maravilla de hotel, gracias al amigo que lo encontró con un descuento por internet. Un 5 estrellas a precio de uno de 3 en España, y llegamos y flipamos. Que si dos televisiones, que si neverita, que si cama que te cagas, que si jacuzzi… Y entre que estuvimos haciendo el tonto un rato, ya descansando de tantas pamplinas, escuchamos un golpeteo en lo que era una puerta corredera en nuestro propio dormitorio -o sea, no la puerta principal, sino una que ni siquiera nos habíamos dado cuenta que estaba-. Va uno de mis amigos a mirar y dice Aquí hay un tío. En principio no nos lo creímos, pero de repente asoma la cabeza de un nota y se pone a mirarnos. Mi asombro en ese momento me hizo quedarme sin habla, pero el nota empezó a hablar y hablar, y de repente teníamos 4 polacos y un polaquito en nuestra habitación. Nos pusimos a presentarnos, y el tío empezó a decirnos -todo en inglés, claro- que habíamos despertado al niño con tanta tontería de perroflautas en un hotel pijo, pero nada, nos pusimos a hablar y el tío era buena gente, así que nos despedimos y fuimos a buscar la cena: nuestra cena de Nochevieja, intentado encontrarla antes de que nos dieran las uvas (literalmente); pero las de España, que eran una hora antes.

nuestro hotel

Nos fuimos a buscar la cena, pizzas para llevar xD, y nos fuimos corriendo para comernos gajos de naranja en vez de uvas, que es lo que había por allí xD. Pero yo llegué justo cuando habían acabado las campanadas, aunque eso no fue excusa para no abrir el cava y echarnos unos copazos. A lo que al momento aparece nuestro amigo polaco llamando por la puerta que nos unía, con una botella de absenta. Y eso nos mató. Eso y la dialéctica de este chaval, que parecía no tener fin. Así que esa fue nuestra Nochevieja, visto además que en Marruecos no esperábamos encontrar mucha fiesta así improvisadamente.

nuestro locuaz amigo

Pero bueno, mejor estábamos al día siguiente para ver la ciudad. Una vez completado nuestro traslado nos dispusimos a pegarnos el pateo de la ciudad. Y la verdad es que Marrakech es muy bonita, y tiene un aire tan auténtico que hechiza -aunque eso se pierde un poco con tanto turista-. Tiene además bastantes más sitios interesantes de lo que me esperaba: estuvimos en el Palacio Bahia, que es precioso, en el Palacio Badi, que ahora ya no son más que ruinas, y varios sitios más. Me quedé con las ganas de visitar a fondo la Madraza Ben Youssef, pero al final nos quedamos sin mucho tiempo. Aparte de eso, lo más conocido: la plaza Jamaa el-Fna, y el alminar de la mezquita Koutoubia, hermano de la Giralda. En esa época, en la que se construyó la Giralda, compartían capitalidad del Imperio Almohade Marrakech y Sevilla, habiéndose trasladado por primera vez la capital árabe de la península de Córdoba a Sevilla. Y en esas construyeron la Giralda, que fue además la torre más alta de Europa por unos cuantos siglos, lo cual yo no lo sabía. La de la Koutoubia es un poquito más baja, pero aun así es imponente. Aunque de la mezquita hay media que está sin construir y te deja un poco desencantado porque podría haber sido mucho más magnífica de lo que ya es.

Alminar de la Koutoubia

Luego la plaza de Jamaa el-Fna tiene un encanto increíble. En la práctica esta plaza es como cualquier otra, un terreno de cemento muy grande, pero mucho más asimétrico de lo que suelen ser las plazas en Europa. Lo bonito es el uso que se le da a ese espacio: por un lado puestos de recuerdos para los turistas, por otro restaurantes bajo carpas, por otro un montón de puestos de zumo de naranja, que te lo hacen en el momento y fresquísimo (aunque da un poco de asquito porque los vasos son muy muy reutilizados, sólo limpiados pasándolos por un barreño con agua); y luego la noche, que la llena con gente de toda especie y pelaje: que si encantadores de serpientes, que si músicos de alguna tribu, que si cuentacuentos, que si malabaristas de cualquier tipo. Es una locura la cantidad de gente que hay montando y viendo los espectáculos por ahí. Lo malo es que los amigos ya se conocen de qué va el rollo y a la que te ven sacando alguna foto (y están más que atentos, os lo aseguro) se acerca uno de ellos a ti y te pide pasta por el mero hecho de haberles sacado la foto. Al final saqué una de escaqueo, pero aun así me vieron y estuvieron buscando al dueño de la cámara que había sacado esa foto mientras yo me alejaba discretamente.

Place Jamaa El-Fna

frutos secos

Alminar de la mezquita Koutoubia

Luego tuvimos otra mañana más antes de coger nuestro avión, pero la verdad es que para mi gusto nos faltó tiempo para Marrakech. Pero bueno, ya volveremos, que para eso hay vuelos directos desde una capital almohade a la otra. Lo que me hizo este viaje, es ver mi tierra andaluza con otros ojos. Ahora veo el centro de Córdoba o Sevilla y me lo imagino lleno de musulmanes andalusíes viviendo de un modo parecido a como lo hacen los marroquíes en sus medinas hoy día, con sus talleres abiertos al público, gente por todos lados y yendo en todas direcciones, otros intentando venderte especias -porque, si hay algo absolutamente característico de Marruecos, es el inconfundible olor a especias-, todos caminando por la antigua medina de Granada -el Albaicín-, en alto como la mayoría de medinas que hemos visto en el viaje, y transportando con sus burros cuesta arriba sus mercancías… O sea, me hace ver mi tierra de un modo completamente distinto. Porque hay que recordar que hace unos mil años, la región más próspera, desarrollada y culta del mundo era Al-Ándalus. Que mientras al norte de la frontera con los reinos cristianos, ni siquiera la mayoría de los reyes y gobernantes de dichos reinos sabían leer ni escribir, en Al-Ándalus la cultura era algo muy extendido entre el pueblo y cualquiera sabía escribir poesía o hacía estudios sobre alguna materia. Que mientras en Europa se vivía la Edad Media (o Edad Oscura en inglés), en Al-Ándalus no conocieron eso: aquí no se sufrió en demasía el apagón cultural del resto de Europa. Todo eso vino luego con los cristianos, cuando echaron a los moriscos, aunque aun así Andalucía siguió siendo la región más próspera gracias al comercio con América (aunque con mucha más desigualdad ahora) durante unos cuantos siglos más.

Yo por eso a los musulmanes les tengo muchísimo respeto, porque ellos nos dieron a los antiguos andaluces la mayor época de prosperidad que ha conocido esta tierra, y si ellos son ahora quienes están viviendo una época de oscuridad no puedo tratarles con desprecio: por lo que fueron y por lo que nos dieron. Porque además esto de las civilizaciones es cíclico, un día estás en lo más alto y con el tiempo te desgastas y acabas cayendo a lo más bajo. Y volverá a pasar, seguramente, con ellos, con nosotros, y con todo el mundo, sin duda.

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