Yo hubiera hecho lo mismo… creo

De todas las muchas rayadas que me pueblan, la que más me jode es la que he tenido con una persona durante estos últimos años. El que siga esta cosa que llamo blog, o mi twitter, sabrá de qué hablo. Resulta que esta chavala, a la cual he llegado a querer como nunca a nadie, pues por varias circunstancias o lo que fueran no nos terminamos de entender al principio, y eso ha terminado en una historia de búsqueda y destrucción. Lo cual no me hace ni muy feliz ni que me sienta orgulloso, lo más mínimo.

Algo que empezó como una historia bastante estúpida, que despertó cosas en mí que quería sentir desde hace mucho tiempo, y a la que me agarré de un modo bastante desesperado en un principio porque estaba pasándolo muy mal por otras cosas, pues por una serie de malentendidos, de incapacidad de ceder o de orgullo exagerado, ha acabado desencadenando una serie de sentimientos bastante chungos. Y no la puedo culpar a ella, porque yo en su situación probablemente habría hecho lo mismo: a saber, si te encuentras con una persona que se engancha a ti de repente y que está anímicamente bastante regular, mientras que tú lo que quieres es solo golfear un poco, pues ¿qué haríamos todos?. Pues eso.

Pero lo cortés no quita lo valiente: a mí el daño me lo hizo, y yo esas cosas, más en esa situación, que estaba muy mal por otras y el daño fue amplificado, pues no las sé perdonar. Claro, para entender una situación así hay que conocer a esa persona y todo su trasfondo personal. Pero eso no se hace en 3 días. De hecho la mayoría de la gente no conoce ni el suyo propio. Ahí fui yo, yo que sí podía, el que tardó en explicar las cosas; en parte también porque no entendía buena parte de ellas. Ese maldito sentimiento de ingenuidad que te hace pensar que todo va a salir bien porque las cosas buenas salen bien… Vaya gilipollez, compadre. Y a eso hay que añadir que en ese momento en el que me encontraba, en el que estaba anímicamente bastante regular, me resultaba virtualmente imposible digerir más daño. Estos son todos los ingredientes de una historia bastante chunga.

Porque una vez que se ha hecho el primer daño y no se pone remedio, esto ya no hay quien lo pare. Una vez que se hace daño inconsciente a una persona que te quiere, con el consiguiente desprecio o menosprecio de sus sentimientos, esto toma unos derroteros bastante chungos. Un daño en una dirección, otro en la otra: y así se va sumando y sumando hasta que ya no hay nada que lo arregle. En esta situación, he decidido varias veces ya destrozarlo todo para que no quedara ni un miserable rayo de esperanza a la cuestión.

Pero era algo tan profundo que no lo conseguía, siempre quedaba algo. Y cada intento de destruirlo todo solo añadía más daño a la ecuación. Y cada vez que se añadía más daño más se añadía de la otra parte, y más y más difícil era repararlo, y más y más necesitaba que se terminara de destruir. Cada pizca de daño que se hacía añadía rencor que iba sustituyendo poco a poco al cariño que había habido antes; pero, al menos por mi parte, ese cariño había sido tan inmensamente grande que he necesitado demasiado daño para que se acabe. Y aún no sé si se habrá acabado. Eso será el tiempo el que me lo diga.

Y aparte de todo esto están los que juzgan desde fuera, sin saber. Aquellos que te llaman de todo, que toman partido, normalmente el más cercano a ellos mismos, sin comprender nada. El que me conoce sabe que soy una persona muy razonable; muchas veces creo que más de lo que debiera. Pero el que sea razonable no implica que no sienta cosas: las siento, unas veces buenas, y otras veces otras que no quiero sentir. En esta sociedad hipócrita de mierda, resulta que el más cercano a la “normalidad”, es aquel que menos siente; es decir, el que menos está dominado por sus pasiones. Cuando resulta que son estas pasiones las que nos hacen humanos. Otra cosa es que seamos capaces de controlar las malas y podamos sentir solo las buenas, que parece que es el ideal que se ha impuesto: ese buenrollismo gilipollas que recorre buena parte de la sociedad, que a mí me pone de los nervios. A mí eso me parece verdaderamente imposible, sin caer en la alienación. Significa negar una parte de sí mismo. Y por mi experiencia, sé que eso no es bueno.

Por supuesto, sé que actuando de otra manera, existe el riesgo de que haya demasiadas pasiones negativas flotando por aquí. Que creo que es algo que nadie quiere. Pero la cuestión está en el equilibrio, claro, como siempre. Que yo quiera el bien para la sociedad no significa que quiera un bien fingido, sino un bien auténtico, genuino, sentido desde dentro; y para ello, creo que muchas veces hay que dar rienda suelta a nuestros sentimientos negativos, bien sea para liberarlos de dentro de uno mismo, o bien para que los demás entiendan que ciertas cosas no se deben hacer.

Hay gente que es capaz de vivir negándose a sí misma. Negando una parte que está dolida y potenciando solo aquella que provoca placer a los demás. Vivir según los patrones que dicta la sociedad, lo que está bien y lo que está mal, para no hacerle daño a nadie y que seamos solo un instrumento más que ayude a crear esa sensación de felicidad ficticia. Pero eso solo dilata en el tiempo el afrontar los problemas; solo provoca que la crisis que advenga sea mucho más gorda y cruenta. Lo estamos viviendo hoy día en la política española, o prácticamente mundial; pero se puede aplicar perfectamente también a las relaciones personales. Las cosas hay que resolverlas cuando suceden; y si uno se equivoca, creo que debe estar atento a ello y dispuesto a rectificar en cualquier momento. Pero bueno, es mi manera de pensar: se ve que no la comparte mucha gente, que la mayoría de la gente prefiere acatar como ciertos esos dictados de la sociedad sin que lo sean realmente en la mayoría de los casos.

Por nuestra parte, de ella y mía, creo que hemos sido demasiado orgullosos. Yo hay cosas que no he sabido perdonar; aunque tampoco es que me haya pedido perdón nunca. Si lo hubiera hecho, es posible que sí; pero como no lo ha hecho, pues no he podido, supongo que ella también movida por su hay cosas que no sé perdonar. Así que ahora mismo solo quiero ser libre, no mirarme adentro y saber que algo queda. Que no quede nada. Ni un cimiento. Puesto que el daño ha sido demasiado grande y creo que ya no hay solución posible. He necesitado destruir para así poder volver a construir otro edificio fuerte desde sus fundamentos. No quiero historias con partes corruptas, con rencores ocultos, que puedan acabar saliendo en cualquier momento y hagan de la relación un martirio. Eso es lo que suele ocurrir en las relaciones tóxicas, y es algo que no quiero para mí. En ese caso, yo prefiero volarlo todo por los aires.

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