Comienzo de la cuarta década

Hace mucho tiempo, cuando era pequeñito, me imaginaba que con treinta años ya tendría mi novia, quizá mi familia, un trabajo que me gustara y la vida más o menos encauzada. No voy a decir eso de ¡qué ingenuo!, porque todos a esas edades lo somos; pero sí que es sorprendente lo verdaderamente lejos que me encuentro ahora a mis treintauno de esos ideales. No solo por el tema parienta, sino también por el del trabajo. Que la vida es impredecible y que no se sabe por qué derroteros nos va a llevar no es algo que haya descubierto yo; pero sí que soy yo, y muchos más de mi generación, los que nos encontramos ahora mismo de lleno en esta situación. También es verdad que desde que nací, en la parte del mundo que me toca no ha ocurrido nunca nada serio. Hemos vivido una época de paz, si acaso alterada por alguna que otra crisis económica, pero en la que hemos dispuesto de cierta libertad y capacidad de hacer lo que queramos en este mundo occidental en que vivimos; que tenía truco, ya lo hemos visto, y ya lo estamos sufriendo. Ha sido una especie de Pax Romana, establecida por el imperio dominador en la segunda mitad del siglo XX, pero que como en aquella, hemos disfrutado de relativa paz y estabilidad a cambio de estar sometidos económicamente.

A nivel personal ya he ido contando mi evolución en estos últimos años: un periodo de oscuridad que nunca me hubiera esperado, pero que es más común, creo, de lo que nos pensamos. Ha sido una putada, pero creo que necesitaba pasar por ahí, y ahora ya me encuentro muy cerca del final y con otra energía renovada para afrontar mis proyectos personales. Pero ha sido igualmente inesperado. Conjugando ambas cosas, mi situación personal y la situación social del lugar en el que vivo, me encuentro que tengo unas ganas increíbles de hacer algo, de hacer cosas que influyan en el mundo, o al menos, en mi entorno. Que esa situación de adormecimiento y de apatía en la que nos hemos criado, en la que cualquiera que hiciera algo fuera de la corriente mayoritaria era mirado mal y raro, y despreciado, creo que se está rompiendo. Somos muchas las personas a las que nos han obligado a reprimir nuestras ideas, nuestras ganas de hacer cosas, nuestra manera de entender la vida, por no encajar exactamente con lo que había impuesto; porque antes iba bien, pero ahora ya se ha mostrado la cara oculta de todo eso, y hacen falta ideas nuevas y que gente distinta haga cosas para salir de todo esto.

Y en eso estoy. Así es como me encuentro en este comienzo de mis treintaiún años. Porque además, ahora que estoy con algo más de ganas, no quiero perder la costumbre que tenía de escribir una entrada por cada día de mi cumpleaños.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s