El dogma de la no violencia

Es una discusión que he tenido en varias ocasiones en los últimos tiempos: ¿por qué estoy en contra de la no violencia? Es decir, esto hay que matizarlo, como siempre. No estoy a favor de la violencia; simplemente estoy en contra de la no violencia de manera absoluta.

Me ha pasado hasta con gente modernita, supuestamente progresista, que dicen que “no violencia siempre, pase lo que pase”. Bueno, ya hemos visto cómo acabaron esas manifestaciones pacíficas y no violentas: con gente con la cara partida, sin haber cambiado nada, y algunos hasta en la cárcel por el simple hecho de no querer pasar por el aro ante varios gobiernos criminales que hemos tenido, y protestar (lo cual por cierto es nuestro derecho; y aunque no lo fuera también lo apoyaría).

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típica manifestación no violenta en España.. la violencia ya la ponen los policías

 

No es que esté en contra del dogma de la no violencia en particular: es que estoy en contra de todo tipo de dogmas. Los dogmas son afirmaciones o reglas impuestas de manera absoluta sin que la mayoría de la gente conozca su motivo ni su origen. Así, hacen que las personas actúen por inercia y como auténticos borregos, sin preguntarse ni cuestionarse nunca nada. Dentro de estos dogmas, tengo que reconocer que el de la no violencia es de los mejorcitos que puede haber; pero sigue siendo un dogma.

Todo esto viene del mito de Gandhi, que no sé hasta qué punto será verdad o estará construido a posteriori por algunos interesados en ello; pero como suelo decir, revoluciones no violentas (y eso hay que relativizarlo, puesto que murió mucha gente inocente igualmente, aunque fuera por parte de las tropas británicas) ha habido una en la Historia, mientras que todas las demás lo que han sido es justo eso, violentas. Porque en la mayoría de los casos no les dejaron otra opción, básicamente. Pero aun así, es verdad que ese tipo de revolución contiene muchos riesgos.

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malditos violentos! si lo hablamos, nos vamos por las buenas seguro..

 

También Jesucristo decía aquello de “poner la otra mejilla”, pero curiosamente los cristianos nunca han sido un ejemplo de pacifismo cuando se trata de defender o expandir su modo de vida.

El tema de que sea un dogma es para evitar que un brote violento se convierta rápidamente en una espiral en la que acabe todo el mundo envuelto en una especie de guerra civil. Por esa parte bien. Pero luego, como está pasando hoy día, existen situaciones en las que el sistema está tan podrido y tan al servicio de unos pocos y en contra de la mayoría, que existe el riesgo de que la no violencia bloquee la capacidad de respuesta de la sociedad. ¿Qué pasa cuando nos damos cuenta que los jueces sirven a los más poderosos y dejan de impartir Justicia? ¿Nos tenemos que quedar parados sufriendo injusticias una y otra vez? ¿Eso no es violencia institucional? ¿Que te roben tus impuestos y tus ahorros para dárselos a unos incompetentes, no es también violencia institucional?

 

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esta apacible escena, a mí me resulta violenta

 

La violencia debe ser el último recurso que se utilice, puesto que antes hay muchas opciones que se pueden utilizar. Pero tampoco hay que descartarla por completo. Porque además los corruptos y los delincuentes utilizan esta misma idea para seguir haciendo de las suyas mientras nos exigen a los demás que nos estemos quietos, ya que “la violencia es mala”. La violencia es mala en un sistema en el que funcionen las instituciones y no sea económica ni socialmente violento con la mayoría; pero no en algunas otras ocasiones. Es más, al ser un dogma puede ser utilizado tanto para unos hacer el bien, como para otros hacer el mal; como sucede con todo, por otra parte. Por ejemplo, cuando la policía infiltra policías como manifestantes violentos en manifestaciones pacíficas, para hacer quedar mal al conjunto. El Poder sabe utilizar cualquier recurso que tiene a mano para perpetuarse y tratar de acabar con las reivindicaciones legítimas de los que están en su contra.

Es como cuando los intolerantes utilizan ese argumento con los demás, diciendo que como somos tolerantes tenemos que tolerar su intolerancia. Luego, si somos intolerantes con los intolerantes, utilizan eso para justificar su propia intolerancia, y si somos tolerantes con ellos al final acaban imponiendo su intolerancia. En cualquier caso siempre ganan. Como en todo lo demás, la cuestión es saber distinguir qué intolerancia es mala (generalmente la retrógrada) y cuál buena (generalmente la que actúa contra la primera intolerancia), pero no la intolerancia en sí.

Hay que tener en cuenta que la idea de Justicia es inherente al ser humano, y aunque hemos creado sistemas que tratan de impartirla de manera mejor o peor, nunca son perfectos y a veces se equivocan (unos más, y otros menos). En los casos más flagrantes, esta idea de Justicia interna explota en un brote violento, y tiene todo la razón del mundo en hacerlo. Otra cosa son los ataques violentos gratuitos como el de ayer al mongolo de las gafas, que no tiene justificación posible por muy sinvergüenza que sea (o por muchos sinvergüenzas que se escondan tras su impasibilidad y su careto de cemento armado).

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te lo mereces desde hace mucho, aunque no como lo de ayer

 

En cualquier caso es un recurso muy delicado que hay que tener cuidado al utilizar. Si se utiliza, hay que hacerlo con sabiduría, contra los responsables de una situación y por parte de los que han sufrido esa situación, no nadie más: con proporcionalidad. Si nos ponemos a ajustar cuentas contra unos por lo que han hecho sus cercanos, acabamos justamente en el ojo por ojo, en una guerra civil: matando a un hermano o compañero por algo que hizo otro, y así hasta el infinito, hasta que estalle de manera abierta. Para saber si alguien que ha sido violento con otro tiene razón de serlo hay que investigar las razones y motivos que le han llevado a eso antes de juzgarlo.

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violencia buena y violencia mala según los mismos.. sospechoso, no?

 

Yo creo que el problema son los dogmas en general. Aquí de lo que estamos hablando es de una lucha por el poder, de que hay unos cuantos que lo detentan desde hace demasiado tiempo y no lo han sabido utilizar para lo que sirve: para mejorar nuestro país; y se resisten a abandonarlo. Por eso nos imponen reglas morales a los demás que luego se pasan por el forro de los cojones cuando les conviene. Por tanto, al final lo que se tiene que imponer es la fuerza de la mayoría, que no necesita de violencia para conseguirlo puesto que generalmente tiene la razón, pero que el uso puntual de ella cuando sea pertinente no debería darle miedo.

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