Paradojas

Resulta que cuanto uno más conoce la vida, menos tiene la sensación de hacerlo. Hace mucho tiempo que todo me parece una paradoja, a cada cual mayor. Cuando uno entra en el significado más profundo de la vida, menos acaba importándole. Sobre todo con las personas, que se toman esta vida demasiado en serio: y es que cuanto más serio es uno, menos en serio se lo toman los demás. La gente inteligente, para demostrar sus opiniones más interesantes, las suelen envolver con sentido del humor.

Sobre todo cuando entran en juego las relaciones personales. Siempre me ha jodido que cuanto más te interesa y te importa una persona, menos te valora. Cuanto más te gusta alguien, más pasa de ti. Especialmente ocurre con las mujeres. Cuanto más cerca o encima te tiene, menos te quiere, y cuanto más lejano te ve, más se raya por ti. ¿Por qué tiene que ser así?.

Sin embargo, cosas como estas se dan también en otros ámbitos: por ejemplo, que mientras más cosas tienes, menos las valoras; menos las valoras, pero más las necesitas. Cuanto más pobre eres, más generoso te vuelves; y viceversa: cuanto más rico, más egoísta. Por qué ocurre así, es un misterio. O quizá no, pero desde luego a priori escapa a toda lógica. Como que es con la gente que más quieres con la que te salen tus peores sentimientos. No debería ser así, pero sin embargo, es.

Luego uno intenta luchar contra esta lógica ilógica, y con lo que se encuentra es con muros. Parece que la gente, y la sociedad, están empeñadas en seguir esta inercia tan nociva; y si uno intenta ser más o menos lógico, con lo que se encuentra es que va contracorriente, que todo el mundo le da señales indicando que para allá no es.

Pero bueno, habrá que seguir intentándolo. Por un mundo mejor, o eso creo.

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Dimensiones diferentes

Pues el otro día estaba hablando con un amigo, un follador compulsivo, de estos que vive solo para eso y además te cuenta cada historia que te quedas patidifuso. Pero es que, hablando con él, me daba la sensación de que, aun estando en el mismo plano material, en el mismo lugar del espacio en el mismo momento del tiempo, estábamos en dimensiones diferentes. O sea, él contaba sus historias, de sexo desenfrenado y sin ataduras morales, y yo me quedaba (y me sigo quedando cada vez) rayado pensando en todas mis rayaduras, morales e intelectuales, que me impiden de algún modo utilizar eso como él. O quizá, más bien, sea al revés, que al no poder tener sexo así, el que a uno le gustaría tener, me raye con la moralidad y sus muertos. Más bien es eso. Porque últimamente he vivido, quizá demasiado, en ese mundo, el mundo de lo inmaterial, de lo abstracto e intangible, ya que aunque sean dos dimensiones distintas, se interfieren e invaden la una a la otra constantemente. Porque por todo lo que he aprendido en este último tiempo, la cosa funciona así: uno se equivoca y le hace daño a alguien, o incluso sin equivocarse, solo por estar cerca de alguien dañado por sus propias circunstancias o por una tercera persona, y recibe parte de ese daño que ha hecho o que ese tercero le ha hecho a esa otra persona cercana, y ese daño interfiere y obstruye nuestros canales exteriores, impidiéndonos disfrutar correctamente del resto de cosas. Viéndolo de un modo más gráfico, si nuestra cabeza es un ordenador con una programación muy lógica y racional, cuando alguien nos hace daño es como si nos entrara un virus dentro, impidiéndonos realizar algunas operaciones básicas. Así, me pregunto con todo esto: ¿es que hay gente capaz de vivir solo en el plano material? ¿Que pueden nada más que disfrutar de lo físico, como si no hubiera otra cosa, como si ninguna otra cosa les interfiriera? Como si no hubiera consecuencias de lo que hagan, o como si no les importaran. Me lo pregunto y me parece imposible, seguramente por lo limitado de mi punto de vista, que ha vivido más de lo normalmente necesario en ese otro plano de este mundo, el de lo inmaterial.

Sé que la mayoría de la gente, al no entender lo que no pueden ver o tocar, lo ignora, como si no existiera. De ahí que la gente, la mayoría, no sea capaz de vivir plenamente, creo yo, porque ignoran sus impulsos, muchas veces guiados por una moral ajena, y otras porque no reconocen los impulsos a los que no están acostumbrados, digamos, los más profundos. Pero también es verdad que yo me he visto obligado a bucear por ese mundo que no mucha gente ve, el de las emociones y los sentimientos, buscando dónde estaba el hijo de puta que me invadía aquel otro mundo y no me dejaba disfrutar mejor de las cosas más materiales. No porque quisiera, sino porque no tuve más remedio. Es un poco como buscar el sentimiento de culpa que se nos enquista en algún lugar de nuestro alma, porque hasta que no lo haces no dejas de sentirlo, no llegas a sentirte bien en tu vida, sabiendo que no le has hecho mal a nadie, o por lo menos, que no has querido hacérselo voluntariamente. Pero el vivir sin ese sentimiento, o no ya de culpa, sino de responsabilidad de nuestros actos, se me hace verdaderamente extraño. Porque seamos sinceros, el daño existe y se hace hasta sin voluntariedad, y aunque lo hagas sin querer, sus consecuencias acabarás recibiéndolas. O sea, lo que mi amigo me hace pensar, o sentir, es que se puede vivir como si esto fuera un mundo solo de goce, de placer sin responsabilidad, un mundo donde no existe lo intangible, aquellas cosas que nos curten y educan el espíritu para bien y para mal. Y es que eso, se me hace verdaderamente imposible.

Tribulaciones

Las crisis existenciales, esas que te hacen cuestionarte hasta el sentido mismo de tu vida, tan jodidas como necesarias. Nadie quiere pasar por una, pero todos necesitamos hacerlo alguna vez al menos. Cuando algo te falla en tu vida, no te sale como querrías, y te das cuenta de que las cosas no son como pensabas, plof, te pegas la hostia y tienes que buscar qué era lo que no funcionaba como pensabas y ver cómo es en realidad. En esos momentos, cuando te vuelves más oscuro, no das nada por sentado, y cuestionas no solo tu manera de ver las cosas, sino también la de los demás; en ese momento, en ese justo momento, es cuando los demás empiezan a evitarte. ¿Para qué van a querer estar contigo si cuestionas todo lo que hacen, el sentido de hasta el más mínimo detalle?.

Jodido, pero como ya digo, necesario, para poder llegar a ver más allá de lo que todo el mundo da por sentado. El fin este de nuestra vida parece ser el que los demás te acepten, ese es el objetivo al menos de las apariencias, de la gente que miente y se engaña a sí misma para poder engañar a los demás. Y yo me pregunto: ¿tan importantes son los demás que necesitamos ser aceptados por su juicio?. Yo creo que eso sólo deberíamos usarlo como información de vuelta para ver qué podemos mejorar y qué no, pero nadie puede decirnos lo que valemos o lo que no. ¿Quiénes son ellos?.

Pero la cuestión es que hay que conocer la oscuridad para poder distinguir la luz. O como se deduce de la grandísima Divina Comedia: hay que pasar por el Infierno para llegar al Paraíso. Que se puede llegar sin haber pasado por ahí, pero en ese caso tan fácil tienes perderlo como lo hubiste conseguido. La Oscuridad, el dolor, curte al Hombre y le da la cimentación necesaria para disfrutar lo demás, y que su pérdida no resulte tan importante cuando ella ocurra. Los peores son los que siguen erre que erre con su manera de ver las cosas con tal de no cuestionarse nada, por puro miedo a sufrir. Como dice Nach en su último tema:

Somos puzzles incompletos,
esqueletos vagando histéricos,
mientras nuestro silencio se expande y hiere,
así el afecto muere triste y famélico.

Viendo que nada cambia,
que la rabia duerme tras la traquea,
siempre anclada en ese miedo que provoca arcadas,
pensando tanto diciendo nada.

Pero claro, ¿quién quiere sufrir?. Eso no lo haremos a menos que no sea necesario, justo cuando la hostia que nos peguemos sea lo suficientemente gorda.

Jesucristo, el Superhombre

Hace tiempo leí una entrada del amigo Copépodo que me encantó. Me gustó porque ilustraba perfectamente el tema de la religión cristiana en muy poquitas palabras, y además rememorando una anécdota prácticamente juvenil:

Resulta que allá por la EGB, en clase de religión, la profe de turno nos mandó hacer un cómic con la vida de Jesús trasladada a finales del siglo XX. Como en nuestro grupo éramos unos alumnos aplicados y conocedores del contexto social de la Palestina del siglo I, nuestro Chechu comiquero vivía entre yonquis, putas  y sidosos, predicaba en la parte del parque a la que nuestros padres no nos dejaban bajar y tenía por enemigos a los curas, los santurrones y los políticos. Nuestra profe estaba absolutamente encantada y colgó nuestra cartulina en la clase. Por lo bajini nos confesó, para nuestro orgullo, que habíamos sido los únicos que habíamos dado en el clavo. En nuestro cómic, Jesús moría con los brazos en cruz, tirado en una calle con coches abandonados y grafitis en los muros.

Resulta que Jesucristo sólo era un hombre con una moral superior. Y esa moral superior le llevaba a considerar leprosos y prostitutas, los despojos de la sociedad de la época, en seres humanos tan dignos como él; al contrario que el resto de su sociedad. Hoy día tenemos tres cuartos de lo mismo. Esa organización religiosa que se dice su sucesora y su intermediaria es la primera que condena ese modo de vida, cuando lo que debería es acogerlos. Los dichos seguidores y sacerdotes de esa religión son los fariseos de la Biblia, alentando el vivir con una determinada moralidad, mientras que ellos en la intimidad se comportan de otra manera. Nada nuevo bajo el sol, eso siempre ha existido y siempre existirá: la moral socialmente ‘correcta’ y la realidad de la vida por debajo. Pero lo que me hace gracia es que los mayores exponentes de eso hoy día sean los seguidores de un tío que hacía justo lo contrario. En fin, cosas de la vida.

La cuestión es que el tío, Jesús, sólo era una persona, un nota que se dedicó 3 años a meditar en el desierto y allí encontró la iluminación respecto a la condición humana. Ni Hijo de Dios ni hostias, eso creo que está bastante claro. Todo eso vino después por los que se dedicaron a establecer los dogmas de su vida para generaciones venideras. Y a esos dogmas es lo que se le ha ido añadiendo lo que a cada uno le ha venido en gana, las cualidades morales humanas en su grado más excelso, hasta formar lo que la gente cree que fue Jesucristo: un Superhombre, como ya dijo Nietszche, una especie de cosa idealizada absolutamente alejada de la realidad; un Superman al que rezas cada vez que no te salen las cosas bien para que venga Él y te salve la papeleta. Pero no, gilipollas, no va a venir nadie a salvarte, el que te salgan bien o mal depende sólo de ti. Es gracioso porque la Humanidad se ha dedicado a idealizarle hasta en su aspecto externo. ¿Cómo pensáis que sería Jesús en la realidad, del primer modo o del segundo?

El primero parece más un vagabundo que otra cosa, ¿no? Aunque bueno, luego habría que ver su manera de vestir y tal… Pero vamos, que sí, que si alguna vez hubo un Mesías se pareció más a un vagabundo que a un ángel sin alas. Y hoy día sus seguidores son los de la raya al lado y vestirse de domingo para ir a misa. Contrastes de la vida, oye.

Pero bueno, que esto de la idealización de las cosas no es algo exclusivo de la religión. Es más bien cosa de la ignorancia humana. Hoy día sabemos que si viene una tía diciendo ‘Oye, que me he quedado preñada porque sí, sin acto sexual ni nada’, lo primero que hacemos es descojonarnos en su cara. Luego, si eres el novio, te cabreas y te dedicas a buscarle en el móvil o en donde sea con quién te ha podido engañar. Y por último queda la posibilidad, más que remota, de que haya podido ocurrir así, por lo cual vas al médico y intentas averiguar qué ha podido pasar. En aquella época lo que había era

– Pues esta mujer se quedó embarazada gracias al Espíritu Santo…

– ¿En serio? ¿Pero eso cómo puede ser?

– Joder, pues sí, ¿no ves que toda esta gente lo dice también?

– Bueno, pues si tanta gente se lo cree será verdad…

Y así, hasta nuestros días, casi 2000 años después, sigue habiendo gente que se cree esa cantidad de pamplinas. Pero como ya digo, no es algo exclusivo de la religión. Cada uno idealiza lo que sale de los huevos, y se cree sus ideas de tal modo que si alguna vez las ve materializarse delante suya no es capaz de darle crédito por tenerlas demasiado idealizadas. Por ejemplo, las mujeres con la historia del ‘hombre de su vida’, que cada una se lo imagina de un modo, y luego puede tenerlo delante y no darse ni cuenta, obnubilada por su idea de la cuestión. O cuando vemos a los famosos en las revistas o la tele, que sólo podemos ver su parte más mediática, y parece que son algo más que personas, de tan lejos y tan perfectos que nos los hacen parecer. O etcétera etcétera. Yo creo que las ideas a la larga nos hacen perdernos tantas y tantas cosas que tenemos cerca. Creo que son más importantes y enriquecedoras las personas ‘marginales’ que las de moral rígida a intachable, porque ellas han conocido lo que es de verdad la vida, mientras que todos los demás se pasan el tiempo en busca de una realidad ideal que no existe. Y creo que la religión cristiana, que es la que conozco, es la mayor mentira y estupidez humana que ha habido en mucho tiempo. Pero bueno, si no hubiera ésta habría otra, puesto que se asienta sobre la ignorancia de las personas y esta siempre ha existido y siempre existirá; así que tampoco cambia mucho la cosa, me parece a mí.

El éxito

El éxito a los 20 es liarse con muchos/as cada fin de semana.

El éxito a los 30 es tener un buen sueldo, coche, casa, y el terreno sentimental cubierto.

El éxito a los 40 es tener cierta relevancia en tu terreno profesional y una pareja estable.

El éxito a los 50 es no haber perdido nada de lo anterior.

La mitología moderna

La mitología ha cumplido siempre una función muy evidente: la de contar las pasiones, los sentimientos humanos, a través de historias y personajes conocidos por todos. Lo que pasa luego es lo de siempre, que su cometido original se pervierte a través del tiempo, cuando los receptores de esas historias van dejando de ver a través de ellas cada vez menos y se las toman cada vez de un modo más literal. Es así como los dioses griegos y romanos dejaron de ser personajes representativos de un acto o una pasión humana, para tener personalidad por sí mismos, y al final, ser objetos de culto como si existieran realmente.

En el caso de los dioses griegos y romanos, o escandinavos incluso, todo esto es muy evidente ahora, pero no hace tanto (2 mil añitos de nada) eran algo casi tangible y a lo que se dedicaban enormes cantidades de dinero para construirles templos y obtener su favor. Algo no muy distinto de lo que pasó con todas las religiones reveladas modernas. En el caso del cristianismo, hay una gran diferencia, y es que se mezcló la religión original -muy parecida a las religiones politeístas antiguas, solo que con un solo dios-, con la filosofía adaptada de Jesucristo. Jesucristo no fue solo un profeta, sino un filósofo adelantado a su tiempo. Su error fue ponerse a predicar entre las masas que no eran capaces de comprender lo que decía y, como pasa siempre, tergiversaron todas sus enseñanzas hasta convertirlas en mandatos o todos sus hechos hasta convertirlos en milagros. Tergiversaron el concepto de salvación hasta convertirlo en el de Cielo, y tergiversaron el de pecado hasta convertirlo en irás al Infierno. Quizá su mayor error fue subordinarla entera todavía a la existencia del Dios judaico.

Musei Vaticani -Cappella Sistina, el Juicio Final (Roma)

Pero en esencia, la filosofía de Jesucristo es muy válida. No es muy distinta de la que hay en otros lugares del mundo y con fines parecidos -la salvación espiritual-, aunque cambien los nombres de cada concepto. No es muy distinta de la de Buda, en cuyo caso llama Nirvana al Cielo, que no es más que la iluminación, la comprensión de la verdad de lo que nos rodea. No es muy distinta de la taoísta, solo que él siguió llamando Dios al Tao (o lo que es lo mismo, la Verdad). En definitiva, no es muy distinto a todos los demás movimientos espirituales, que en esencia son todos lo mismo, aunque cambien los preceptos, los símbolos, y el modo de explicar sus enseñanzas. El Islam lo dejo aparte, porque la verdad es que no lo conozco bien aparte de lo que nos llega hoy día, que es la interpretación más estricta y radical de sus palabras -que no es más que el reflejo de la tremenda ignorancia de las sociedades que lo interpretan; es muy obvio que a mayor ignorancia de un pueblo, menos capacidad de comprensión real de las palabras que nos transmiten una religión-.

Jesucristo en la catedral de Frankfurt

Por tanto, lo que con el tiempo pretendían ser enseñanzas para que la gente se salvara y se liberara espiritualmente, ha quedado como un modo más de esclavitud espiritual de las personas; todo esto ha servido para ver que el problema no está en que la gente no conozca los pasos o el modo de salvarse, sino que el problema está realmente en la capacidad para hacerlo. Da igual que se le explique a alguien cómo uno ha conseguido liberarse, si esa persona no está preparada para comprenderlo no lo hará, y se asirá a esas enseñanzas alienándose igual.

Así que ahora estamos en una situación en la que quien no es capaz de ver un poco más allá, se toma cada religión como un estricto culto vacío a algo que realmente no existe como tal, sino que es la perversión de un montón de preceptos que nacieron con la mejor intención del mundo nosecuántos años atrás; y quien sí es capaz de ver al menos intuye que seguir los mandatos de alguien más no sirve para nada más que para mantenerse alienado él y toda la sociedad en definitiva.

Y mientras, los humanos seguimos contándonos y buscando el sentido de la vida y de lo que es ser humano a través de historias que forman lo que yo llamo la mitología moderna; con otros protagonistas esta vez, que de momento sabemos que son de ficción, pero que nadie nos puede asegurar que en el futuro -en muchos años- no se conviertan en algo más tangible para quienes oigan hablar de ellos. ¿Será Anakin Skywalker el nuevo Mesías que se sacrificó para salvar a la Humanidad y devolverla al equilibrio?, ¿será Jafar una nueva personificación del Demonio?, ¿se transformará el día que llegó Goku a la Tierra en el 25 de diciembre, Día del Renacimiento del Sol en un montón de culturas, por arte de magia? Porque en esencia casi todas las historias son la misma: todas tratan de algún ‘elegido’ que salva a los demás -a la humanidad- a través de su propio proceso de superación personal; del que acaba por superarse para luchar por los valores nobles de las personas en contra de los valores del ‘Mal’ (satisfacer el deseo propio a toda costa). Es una buena muestra de la debilidad de los seres humanos, que siempre necesitan pensar en alguien que venga a salvarles ante los problemas que surgen.

Bueno, yo no viviré para verlo, pero la duda me quedará ahí.

El sufrimiento

El sufrimiento es ese sentimiento que siempre tratamos de evitar, pero que es tan necesario experimentar en uno mismo. Aunque siempre tratemos de evitarlo, tiene una función muy importante en esta vida: la de hacernos comprender el funcionamiento de las cosas. Cuando sufrimos es porque no entendíamos algo y actuamos equivocadamente; como una fricción entre tu entender y el de los demás, que provoca el terremoto del dolor. No siempre en ti: a veces el terremoto cae de la otra parte. A veces nuestro no-entender provoca sufrimiento en los demás. Pero incluso en este caso, indirectamente también lo sufriremos nosotros.

Nos pasamos la vida buscando el modo de evitar pasarlo mal. La mayoría de nuestras acciones están guiadas por el miedo al sufrimiento, sin que seamos plenamente conscientes de ello. La experiencia, dicen, es el nombre que damos a nuestros errores; y esa misma experiencia la usamos principalmente para evitar nuevas situaciones dolorosas, haciendo de esa evasión nuestro norte vital. En definitiva, es el miedo al sufrimiento el que toma una gran parte de nuestras decisiones; lo demás suele ser accesorio. Pero, ¿por qué deberíamos tener miedo? ¿Acaso no es el sufrimiento el que nos hace crecer? El sufrimiento, como todo lo demás, hay que vivirlo intensamente, hay que aprovecharlo para aprender de él, hay que hacerse preguntas y buscarle sus porqués. Es en ese proceso en el que crecemos, en el que comprendemos el funcionamiento de las cosas. Porque por mucho que te cuenten o razones las cosas, solo las aprendes realmente cuando las asimilas, cuando acaban implícitas en tu alma; y eso, sin sentirlas, no es posible. El experimentar algo en ti mismo es como un sello para tu alma, un aprendizaje para siempre. Por eso, no hay que tener miedo al sufrimiento. Hay que perderle el respeto a ese miedo; hay que lanzarse hacia él para comprenderlo, para entender cómo funciona y perderle el miedo para siempre, porque si no nuestras acciones siempre estarán guiadas por esa mano invisible. Porque el sufrimiento no viene de fuera, sino de dentro. Cuando comprendes cómo funciona todo, cuando aprendes a aceptar las cosas que pasan, incluso las dolorosas, el sufrimiento deja de ser tal.

Cuando pienso en las religiones, no veo absolutamente ninguna diferencia entre ellas. Son simples guías espirituales, métodos para evitar el sufrimiento a las personas. ESA es la mayor preocupación del Hombre. Por eso, las religiones son el camino de los débiles. El camino de los cobardes. Los preceptos que la gente se toma como dogmas no son más que las conclusiones del proceso de aprendizaje de un hombre que consiguió no sufrir; los demás solo tratan de emularle saltándose el camino que hay por medio. Están motivados por el miedo a sufrir. Es mucho más fácil seguir un camino ya transitado, por conocido, que no uno por conocer que no sabemos qué traerá; pero eso no quiere decir que sea mejor. Y hay muchos caminos por recorrer aún sin descubrir. Pero esos caminos serán de los que no tienen miedo.