Ambivalencia

Creo que con solo esa palabra puedo resumir lo que es mi visión actual de la vida. Ambivalencia. ¿Qué significa? Dos sentidos. Dos explicaciones, a menudo contrapuestas.

Ejemplos; por miles: el fútbol puede ser el deporte más bonito o puede usarse para matar a uno que no te ha hecho nada; el dinero, la fama, pueden ser algo grandioso y merecido, con los que ayudar a hacer el mundo un lugar mejor… o pueden ser la causa de la autodestrucción de una persona, o el motivo por el que destruir tantas otras cosas; la familia, puede ser el refugio de cualquier persona, el bálsamo que cure cualquier herida… o puede ser el origen de esas heridas.

¿Qué es entonces bueno o malo? Bueno o malo no es nada en sí mismo, sino el uso que se le dé o deje de dar. Para dar usos buenos hace falta tener mucha sabiduría, mientras que el no tenerla implica equivocarse a menudo y causar más daño que otra cosa. Pero de nuevo, equivocarse tampoco es malo; de hecho, es necesario, para descubrir cuáles son esos usos buenos y cuáles son malos, mediante la observación y análisis de las consecuencias. Ya lo decía mi tocayo santo: “Errar es humano; lo que es diabólico, es perseverar en el error”.

El problema es que las personas necesitan reglas simples para vivir, porque la mayoría no usan esa cosa que tienen encima del cuello con ojos, pelo y otras cosas. “Insultar está mal”, aunque nadie te explica que hay veces en las que los insultos son merecidos y necesitan ser dichos; “La familia es lo mejor”, aunque muchas veces sea la causa de más problemas que soluciones. Etc, etc.

Pero por eso, en casa cosa material, en cada proyecto o idea que tenemos, está contenido el uso potencial bueno y el uso potencial malo al mismo tiempo. Cuál de los dos ocurra en la realidad, depende de la disposición personal nuestra. Y ahí está la verdadera cuestión de todo. Por más buenas intenciones que tengamos, si por dentro no estamos bien, lo que sea que hagamos probablemente cause más daño que buenas consecuencias. Pero a día de hoy (y me imagino que ha sido siempre así, aunque no puedo hablar más que de lo que he vivido yo), en este mundo tan rápido que vivimos, prácticamente nadie se para a mirarse por dentro. Todo consiste en vivir a todo trapo, ganar dinero, gastarlo, y que le den por culo al de al lado. Hasta que te toca dejar de vivir a todo trapo. Ahí ya es cuando te preocupas por todas estas cosas subrepticias.

«¿Qué es, pues, el bien?. La ciencia. ¿Qué es el mal?. La ignorancia»

Séneca

El dinero y la dignidad

“Si quieres dinero, solo tienes que comerle la polla al que lo tiene”

Proverbio guzmareño

No, en verdad no es ningún proverbio ni nada parecido; pero quedaba mejor así :P. Lo que sí es, es cómo funciona el mundo en realidad: si uno necesita pasta, lo más fácil y sencillo que puede hacer es vender su dignidad. Por eso hemos llegado a esta situación. Nada de trabajar, ni esforzarte, ni nada parecido: siempre habrá alguien con dinero al que le gusta que le coman la polla (literal y figuradamente); o que le pongan la alfombra y le tiren pétalos de rosa al pasar. No hay nada tan fácil como eso para ganarse la vida. Ni tan triste.

Ruego a la Ventura

Fasta oy, toda vía
toviste porfía
en me maltraer:
faz ya cortesía
e dame alegría
gasa[ja]do e plazer.

El Libro de Buen Amor, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Somos nuestro pasado

“Somos nuestro pasado, Srta. MacFarlane, y no hay nada que pueda cambiar eso.”

John Marston
Red Dead Redemption, Rockstar San Diego

De aquella República

Y no se hable de ideología, que no hay tal. No es sino barbarie, zafiedad, soecidad, malos instintos, y lo que es -para mí, al menos- peor, estupidez, estupidez, estupidez. De ignorancia no se hable. He tenido ocasión de hablar con pobres chicos que se dicen revolucionarios, marxistas, comunistas, lo que sea, y cuando, cogidos uno a uno, fuera del rebaño, les he reprochado, han acabado por decirme: “Tiene usted razón, don Miguel; pero, ¿qué quiere usted que hagamos?”. Daba pena oírles en confesión. Pero luego se tragan un papel antihigiénico en que sacian sus groseros apetitos y ganas ciertos pequeños burgueses que se las dan de bolcheviques y de lo que hacen servil ganapanería populachera. Tragaldabas que reservan ruedas de molino soviético para hacer comulgar con ellas a los papanatas que les leen. ¿Papanatas? Otra cosa. Que así como se leen los clandestinos libritos pornográficos para excitarse estímulos carnales, así se leen estas soflamas para excitarse otros instintos. La doctrina es lo de menos.

(…)

Cada vez que oigo que hay que republicanizar algo me pongo a temblar esperando alguna estupidez inmensa. No injusticia, no, sino estupidez. Alguna estupidez auténtica, y esencial, y sustancial, y posterior al 14 de abril. Porque el 14 de abril no lo produjeron semejantes estupideces. Entonces los más de los que votaron la República ni sabían lo que es ella, ni sabían lo que iba a ser “esta” República. ¡Que si lo hubieran sabido…!

Miguel de Unamuno, en un artículo llamado Justicia y Libertad
3 de Julio de 1936, en el diario Ahora (aunque transcrito entero aquí)

No se trata de desprestigiar el término República, como hace el diario ABC rememorando ese artículo. Se trata de que se deje de idealizar la II República, que mal que le pese a muchos no fue un modelo de Estado ejemplar ni de lejos. ¿Que puede que haya una Tercera República que sí lo sea? Pues sí, puede ser. Pero la Segunda no lo fue, dejemos de decir más gilipolleces al respecto.

Todo nosotros

– Creo que somos unos archipámpanos si nos fiamos de Napoleón. Este hombre que ha conquistado la Europa como quien no dice nada, ¿no tendrá ganitas de echarle la zarpa a la mejor tierra del mundo, que es España, cuando vea que los Reyes y los príncipes que la gobiernan andan a la greña como mozas del partido? Él dirá, y con razón: «Pues a esa gente me la como yo con tres regimientos». Ya ha metido en España más de veinte mil hombres. Ya verás, ya verás, Gabrielillo, lo que te digo. Aquí vamos a ver cosas gordas y es preciso que estemos preparados, porque de nuestros reyes nada se debe esperar y todo lo hemos de hacer nosotros.

Pacorro Chinitas, el Amolador
Episodios Nacionales: La Corte de Carlos IV, Benito Pérez Galdós

Y así, esas sabias palabras del amolador de Benito Pérez Galdós, se pueden dar por buenas de nuevo a principios del siglo XXI.