El dogma de la no violencia

Es una discusión que he tenido en varias ocasiones en los últimos tiempos: ¿por qué estoy en contra de la no violencia? Es decir, esto hay que matizarlo, como siempre. No estoy a favor de la violencia; simplemente estoy en contra de la no violencia de manera absoluta.

Me ha pasado hasta con gente modernita, supuestamente progresista, que dicen que “no violencia siempre, pase lo que pase”. Bueno, ya hemos visto cómo acabaron esas manifestaciones pacíficas y no violentas: con gente con la cara partida, sin haber cambiado nada, y algunos hasta en la cárcel por el simple hecho de no querer pasar por el aro ante varios gobiernos criminales que hemos tenido, y protestar (lo cual por cierto es nuestro derecho; y aunque no lo fuera también lo apoyaría).

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típica manifestación no violenta en España.. la violencia ya la ponen los policías

 

No es que esté en contra del dogma de la no violencia en particular: es que estoy en contra de todo tipo de dogmas. Los dogmas son afirmaciones o reglas impuestas de manera absoluta sin que la mayoría de la gente conozca su motivo ni su origen. Así, hacen que las personas actúen por inercia y como auténticos borregos, sin preguntarse ni cuestionarse nunca nada. Dentro de estos dogmas, tengo que reconocer que el de la no violencia es de los mejorcitos que puede haber; pero sigue siendo un dogma.

Todo esto viene del mito de Gandhi, que no sé hasta qué punto será verdad o estará construido a posteriori por algunos interesados en ello; pero como suelo decir, revoluciones no violentas (y eso hay que relativizarlo, puesto que murió mucha gente inocente igualmente, aunque fuera por parte de las tropas británicas) ha habido una en la Historia, mientras que todas las demás lo que han sido es justo eso, violentas. Porque en la mayoría de los casos no les dejaron otra opción, básicamente. Pero aun así, es verdad que ese tipo de revolución contiene muchos riesgos.

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malditos violentos! si lo hablamos, nos vamos por las buenas seguro..

 

También Jesucristo decía aquello de “poner la otra mejilla”, pero curiosamente los cristianos nunca han sido un ejemplo de pacifismo cuando se trata de defender o expandir su modo de vida.

El tema de que sea un dogma es para evitar que un brote violento se convierta rápidamente en una espiral en la que acabe todo el mundo envuelto en una especie de guerra civil. Por esa parte bien. Pero luego, como está pasando hoy día, existen situaciones en las que el sistema está tan podrido y tan al servicio de unos pocos y en contra de la mayoría, que existe el riesgo de que la no violencia bloquee la capacidad de respuesta de la sociedad. ¿Qué pasa cuando nos damos cuenta que los jueces sirven a los más poderosos y dejan de impartir Justicia? ¿Nos tenemos que quedar parados sufriendo injusticias una y otra vez? ¿Eso no es violencia institucional? ¿Que te roben tus impuestos y tus ahorros para dárselos a unos incompetentes, no es también violencia institucional?

 

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esta apacible escena, a mí me resulta violenta

 

La violencia debe ser el último recurso que se utilice, puesto que antes hay muchas opciones que se pueden utilizar. Pero tampoco hay que descartarla por completo. Porque además los corruptos y los delincuentes utilizan esta misma idea para seguir haciendo de las suyas mientras nos exigen a los demás que nos estemos quietos, ya que “la violencia es mala”. La violencia es mala en un sistema en el que funcionen las instituciones y no sea económica ni socialmente violento con la mayoría; pero no en algunas otras ocasiones. Es más, al ser un dogma puede ser utilizado tanto para unos hacer el bien, como para otros hacer el mal; como sucede con todo, por otra parte. Por ejemplo, cuando la policía infiltra policías como manifestantes violentos en manifestaciones pacíficas, para hacer quedar mal al conjunto. El Poder sabe utilizar cualquier recurso que tiene a mano para perpetuarse y tratar de acabar con las reivindicaciones legítimas de los que están en su contra.

Es como cuando los intolerantes utilizan ese argumento con los demás, diciendo que como somos tolerantes tenemos que tolerar su intolerancia. Luego, si somos intolerantes con los intolerantes, utilizan eso para justificar su propia intolerancia, y si somos tolerantes con ellos al final acaban imponiendo su intolerancia. En cualquier caso siempre ganan. Como en todo lo demás, la cuestión es saber distinguir qué intolerancia es mala (generalmente la retrógrada) y cuál buena (generalmente la que actúa contra la primera intolerancia), pero no la intolerancia en sí.

Hay que tener en cuenta que la idea de Justicia es inherente al ser humano, y aunque hemos creado sistemas que tratan de impartirla de manera mejor o peor, nunca son perfectos y a veces se equivocan (unos más, y otros menos). En los casos más flagrantes, esta idea de Justicia interna explota en un brote violento, y tiene todo la razón del mundo en hacerlo. Otra cosa son los ataques violentos gratuitos como el de ayer al mongolo de las gafas, que no tiene justificación posible por muy sinvergüenza que sea (o por muchos sinvergüenzas que se escondan tras su impasibilidad y su careto de cemento armado).

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te lo mereces desde hace mucho, aunque no como lo de ayer

 

En cualquier caso es un recurso muy delicado que hay que tener cuidado al utilizar. Si se utiliza, hay que hacerlo con sabiduría, contra los responsables de una situación y por parte de los que han sufrido esa situación, no nadie más: con proporcionalidad. Si nos ponemos a ajustar cuentas contra unos por lo que han hecho sus cercanos, acabamos justamente en el ojo por ojo, en una guerra civil: matando a un hermano o compañero por algo que hizo otro, y así hasta el infinito, hasta que estalle de manera abierta. Para saber si alguien que ha sido violento con otro tiene razón de serlo hay que investigar las razones y motivos que le han llevado a eso antes de juzgarlo.

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violencia buena y violencia mala según los mismos.. sospechoso, no?

 

Yo creo que el problema son los dogmas en general. Aquí de lo que estamos hablando es de una lucha por el poder, de que hay unos cuantos que lo detentan desde hace demasiado tiempo y no lo han sabido utilizar para lo que sirve: para mejorar nuestro país; y se resisten a abandonarlo. Por eso nos imponen reglas morales a los demás que luego se pasan por el forro de los cojones cuando les conviene. Por tanto, al final lo que se tiene que imponer es la fuerza de la mayoría, que no necesita de violencia para conseguirlo puesto que generalmente tiene la razón, pero que el uso puntual de ella cuando sea pertinente no debería darle miedo.

Desconexión

Me resulta curioso que, con lo propenso que he sido yo hacia todo lo relacionado con las nuevas tecnologías, ahora esté un poco renegando de ellas. La culpa no la tiene otro que Internet.

Siempre, de pequeño incluso, cada vez que veía un cacharrito me ponía a investigarlo hasta sacarle el funcionamiento. Me pasó con los primeros vhs que aparecieron en mi casa, con las minicadenas, y vamos, con todo. Eso, a los de mi generación, nos daba una ventaja cualitativa en casa, ya que solíamos ser los únicos que sabíamos cómo funcionaba el cacharro que fuera. Y a veces tenía cierta utilidad privada, como cuando tus padres te decían ¡Se acabó la consola! y te apagaban la tele pensando que te habían apagado el juego; pero no: le dábamos a pausa y luego seguíamos.

El caso es que de un tiempo a esta parte noto cómo mi conexión con los aparatejos ha sufrido un cierto retraimiento. Y la culpa no es más que el hecho de que ahora ya todos tienen conexión a internet, y una gran parte de ellos incluso cámara. Todo esto, claro, después de leer las noticias relacionadas con el tema: 1, 2, 3. Que el tema no es internet, por supuesto, sino los que lo usan mal. Pero como pasa con todo, y ha pasado siempre, y seguirá pasando, en cuanto inventas algo que se supone que es para el bien, aparece alguien que empieza a darle mal uso y a joder al personal.

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el Gran Hermano se ha hecho real

Básicamente, teniendo cualquier cosa nuestra privada conectada a internet, estamos abriendo una ventana a nuestra privacidad que no sabemos quién coño va a utilizar para espiarnos. Yo no tengo nada que ocultar y estoy totalmente a favor de la transparencia, pero no me vale una transparencia unidireccional, donde haya quien nos pueda espiar y nosotros no podamos saber ni quién es, ni nada de ellos. No sé qué utilidad le puede sacar esta gente a nuestros chats privados, o nuestras fotos, o lo que sea; pero el hecho solo de que puedan espiarnos sin que nosotros nos enteremos en cualquier circunstancia ya es bastante perturbador; prefiero cortar esa posibilidad en la medida de lo posible y estar más tranquilo.

Obviamente es jodido vivir hoy día sin Whatsapp, por ejemplo; y eso no te asegura que no te espíen, pues los sms los interceptan igualmente, al igual que las llamadas de teléfono. Pero ya es una opción menos. Yo estoy tendiendo, no sé si me equivocaré o no, a procurar sacar lo menos de mí que quiero que sea público. Igual que antiguamente, que si no querías que algo se supiera, mejor que no se lo dijeras a nadie; pues hoy día lo mismo. Es más, si no quieres que algo se sepa, ni lo hagas. No hace falta que sea un gobierno, cualquier persona un poco versada en nuevas tecnologías puede hacerte un marcaje más estrecho del que pensamos: sólo llevando un móvil en el bolsillo todo el rato ya alguien puede saber nuestras coordenadas exactas a cada instante. Así que ahí hay que ponderar lo que queremos: si valoramos más la privacidad o la comunicabilidad. Yo lo que tengo claro es que ahora mismo me quiero volver todo lo análogico que pueda, aunque de momento sin renunciar a móvil, Facebook y etc. Pero si uno decide esto, tiene que ser consciente de los peligros que esa decisión entraña.

Ilusiones

Vivimos en un mundo lleno de mentiras. Mentiras alimentadas por esta bestia que es el capitalismo. Quizá sea este, la mentira, el mayor motor de esta bestia. Lo que la mueve y hace girar sus ejes.

Vivimos en un mundo de ilusiones. Ilusiones de que podemos ser lo que queramos ser. Mentira. En su día dije por ahí que “Nada es imposible, pero no todo es posible”. No todo es posible. Especialmente a corto plazo. Deberíamos grabárnoslo a fuego en las entrañas.

Ilusiones de que todo es inmutable, que las cosas son como tienen que ser, y que nunca han sido de otra manera; y por supuesto, de que ninguno de nosotros podemos cambiarlas. Mentira. La mentira más fundamental para que siga siendo verdad.

Ilusiones de que tenemos derecho siempre a lo mejor, al más guapo/a de la reunión, y a que todo sea perfecto, y de que es el dinero o el sistema el que nos garantiza este derecho. Mentira. Aunque vivamos en un mundo cada vez más hipócrita, donde la gente se mueva por apariencia y por intereses, no significa que todos seamos así; y mucho menos, que todos debamos ser así.

Ilusiones de que el dinero significa algo. De que las marcas de la ropa que llevas o el coche que conduces miden el éxito personal o alguna otra majadería capitalista engullida por el borrego que no se atreve a rascar más allá de la fachada.

Ilusiones de que un puesto de trabajo en un escalafón más alto te hace mejor que los demás. De que estás ahí porque te lo mereces y los demás no porque no se lo merecen. Ilusiones, como todas las demás.

Y ante todo, ilusiones de que ser honesto sirve de algo en esta vida, y quizá te ayude a que todo sea mejor o más fácil. Una mentira más de todo este tinglado. Quizá la más dolorosa de todas.

Publicaciones 2.0

Las cosas han cambiado mucho en los últimos pocos años. Hace alrededor de 10 años se pusieron de moda los blogs, con lo que cualquier mierdecilla como yo podía ponerse a escribir y soltar sus opiniones, más o menos desarrolladas, como si le pagaran por hacerlo. Antes de eso, si uno quería que su opinión fuera oída (o leída), tenía más bien pocas opciones: o eras un periodista de renombre, o escribías un libro, que lo más probable es que no lo leyera nadie, o te bajabas al bar de la esquina a discutir con los tertulianos de siempre (en mi caso era la evolución de esto: el botellón de los viernes o la barrilada universitaria correspondiente). De repente, con los blogs, uno podía opinar de todo y con su opinión pululando por la nube, algunos desconocidos hasta lo leerían, y así podría sentirse casi un columnista de El País.

JR+Mora+22M+manipulación+informativa+de+El+País

Antes de que se muriera el periodismo en él, claro.

Esto a mí en particular me ha ayudado mucho. Me ayudó sobre todo a superar la censura esa que decía que no se podía hablar ni de política, ni de religión, ni de fútbol (y menos en casa), y así poder hablar u opinar de cosas que me interesaban, aunque estuvieran “prohibidas”. Me ayudó también a tener que poner en orden muchos pensamientos antes de poder soltarlos y escribirlos, con lo que al final, mis opiniones estaban más elaboradas que las del típico parroquiano del bar o tertuliano de Tele5 o Telemadrid. Somos un país pasional, y esa norma había quedado establecida para evitar discusiones acaloradas que pudieran acabar en odios permanentes o peleas viscerales donde se acabaran sacando hasta los odios de la primera comunión. Por eso, a mí, estas dos cosas me han ayudado y me han servido a poder ser capaz luego de discutir en persona: sin apasionamiento, ya que por lo general lo he meditado todo antes, y sin miedo al qué dirán, porque ya lo he soltado antes en mi blog y no ha pasado nada, e incluso ha habido gente que me ha comentado y piensa lo mismo que yo. Esta es otra de tantas cosas que tenemos que agradecerle a internet.

Pero luego vino Facebook, y luego vino Twitter. Aquí han empezado a cambiar las cosas con la suma de muchas de esas personas que habían interiorizado al máximo esa regla de no se puede hablar de esto ni de esto ni de esto otro… junto a otras muchas más reglas que han hecho de nuestro país una masa de borregos sin cerebro. Yo hablo de mi país, que es España, porque es lo que he mamado y lo que conozco mejor; pero creo que es perfectamente extrapolable a muchos otros sitios y/o a muchas otras épocas. Cada sitio tiene sus cosillas buenas y sus cosillas malas, y en España el problema es lo que podríamos llamar el gen del borreguismo: que aquí se recompensa el no pensar, el obedecer y seguir a la masa ciegamente como un puto borrego que no sabe que tiene una cabeza con cerebro encima de los hombros. Esto es fruto de muchas cuestiones históricas, pero básicamente es la mediocridad del que no ha sabido todavía rebelarse y tomar control de su propio destino (hablando de España como ente, pero que al final se trata de la sociedad que formamos un montón de individuos como yo mismo). De ahí que nuestro país lleve tantos años (y siglos, podríamos decir) gobernado por chorizos y sinvergüenzas que sólo quieren sacar tajada a costa de los demás. Lo de los últimos años no es nada nuevo, aunque nos hayan engañado a todos con la película esa de la Transición, la democracia, y etc.

Con la llegada de la democracia sí que podríamos decir que parte de la responsabilidad de este desastre es de las personas que ahora sí participan activamente en la política (aunque sea votando). Antes no participaban, no hacían nada, simplemente dejarse llevar y procurar salir adelante en el día a día; ahora, ya no es solo el votar, que vale, uno se puede equivocar (que no pasa nada si somos capaces de reconocerlo y rectificar): el problema son los que se equivocan y se siguen creyendo en posesión de la verdad, dando lecciones por ahí y enmendándole la plana a todo el mundo, incapaces de hacer autocrítica y reconocer los puntos en los que estaban equivocados. Cuando todos los demás somos capaces de ver que las cosas no funcionan y no van bien, estos son los que siguen tragándose las mentiras (porque es mucho más fácil, claro, supongo yo), y encima, corrigiendo a todo el que tiene una visión ni medianamente crítica. Estos son los que hacen que el país esté hecho una mierda. Es decir, en términos empresariales, estos son el cuello de botella intelectual de España, en los que se apoyan los chorizos para encaramarse al poder y justificar su posición y todos sus abusos. Los que hacen que no avancemos.

España.

España.

De Facebook y Twitter, que los he mencionado antes, Twitter es otra historia. Si bien a mí me sirve mucho para informarme, al final acabas siguiendo a personas que piensan parecido a ti -incluso los que podríamos decir que no piensan-; y si te enzarzas en una discusión con uno que no lo hace, al final casi nunca se llega a nada -aunque haya dado lugar a unos cuantos ¡ZAS! épicos dignos de enmarcar. Por eso, para mí, la verdadera lucha se encuentra en Facebook.

ZASCA

ZASCA

En Facebook es donde te encuentras a aquellos que he comentado previamente que son nuestro cuello de botella. Por desgracia muchos son gente conocida, amigos, muchos con los que tienes aprecio personal sincero y habéis pasado muchas cosas juntos. A veces hasta familia. Pero una cosa no quita la otra: es gracias a esta gente desinformada y sin punto de vista crítico que nuestro país se encuentra hundido en la mayor mierda que hemos conocido -al menos, toda mi generación-, y es, en ellos, donde reside la clave del cambio: esa parte de la masa social que puede decantar la mayoría hacia un lado o hacia el otro. Por eso, desde hace un tiempo, y por desgracia, porque a nadie le gusta situarse en esta posición, he tomado una postura en Facebook bastante agresiva, ya que, si queremos que cambien las cosas en nuestro país, lo que tienen que cambiar ante todo son las mentalidades de las personas que lo formamos. No es agradable ponerse en plan porculero y tocapelotas con gente conocida, con la que has pasado muy buenos ratos en muchas ocasiones; pero alguien tiene que hacerlo: alguien tiene que decir las cosas poco agradables que han conformado la realidad que estamos viviendo, y ponernos en guardia ante las que pueden venir, que pueden ser mucho peores. Que es mucho más bonito vivir inconscientemente, viviendo solo para el fútbol o para salir por la noche y follar. Pero es que está todo conectado: si votas a unos chorizos que se dedican a saquear nuestro país y destrozar nuestro futuro, a lo mejor en unos años tu preocupación en vez de salir por la noche es qué coño vas a hacer para darle de comer a tu familia; como le está ocurriendo a mucha gente en España a día de hoy. Por eso, entre otras cuantas cosas, he tomado consciencia y me he sentido en la obligación de hacer algo al respecto. Por desgracia, porque me gustaría que fuera algún otro el que lo hiciera, y así no me tendría que haber ganado yo tantas antipatías y hasta odios, de gente que hasta hace no mucho era mi conocida. Alguien tiene que hacerlo, y creo que me ha tocado a mí.

Ambivalencia

Creo que con solo esa palabra puedo resumir lo que es mi visión actual de la vida. Ambivalencia. ¿Qué significa? Dos sentidos. Dos explicaciones, a menudo contrapuestas.

Ejemplos; por miles: el fútbol puede ser el deporte más bonito o puede usarse para matar a uno que no te ha hecho nada; el dinero, la fama, pueden ser algo grandioso y merecido, con los que ayudar a hacer el mundo un lugar mejor… o pueden ser la causa de la autodestrucción de una persona, o el motivo por el que destruir tantas otras cosas; la familia, puede ser el refugio de cualquier persona, el bálsamo que cure cualquier herida… o puede ser el origen de esas heridas.

¿Qué es entonces bueno o malo? Bueno o malo no es nada en sí mismo, sino el uso que se le dé o deje de dar. Para dar usos buenos hace falta tener mucha sabiduría, mientras que el no tenerla implica equivocarse a menudo y causar más daño que otra cosa. Pero de nuevo, equivocarse tampoco es malo; de hecho, es necesario, para descubrir cuáles son esos usos buenos y cuáles son malos, mediante la observación y análisis de las consecuencias. Ya lo decía mi tocayo santo: “Errar es humano; lo que es diabólico, es perseverar en el error”.

El problema es que las personas necesitan reglas simples para vivir, porque la mayoría no usan esa cosa que tienen encima del cuello con ojos, pelo y otras cosas. “Insultar está mal”, aunque nadie te explica que hay veces en las que los insultos son merecidos y necesitan ser dichos; “La familia es lo mejor”, aunque muchas veces sea la causa de más problemas que soluciones. Etc, etc.

Pero por eso, en casa cosa material, en cada proyecto o idea que tenemos, está contenido el uso potencial bueno y el uso potencial malo al mismo tiempo. Cuál de los dos ocurra en la realidad, depende de la disposición personal nuestra. Y ahí está la verdadera cuestión de todo. Por más buenas intenciones que tengamos, si por dentro no estamos bien, lo que sea que hagamos probablemente cause más daño que buenas consecuencias. Pero a día de hoy (y me imagino que ha sido siempre así, aunque no puedo hablar más que de lo que he vivido yo), en este mundo tan rápido que vivimos, prácticamente nadie se para a mirarse por dentro. Todo consiste en vivir a todo trapo, ganar dinero, gastarlo, y que le den por culo al de al lado. Hasta que te toca dejar de vivir a todo trapo. Ahí ya es cuando te preocupas por todas estas cosas subrepticias.

«¿Qué es, pues, el bien?. La ciencia. ¿Qué es el mal?. La ignorancia»

Séneca

Idealismo

Todo hay que reconocerlo: la verdad, la gentuza esta que nos gobierna (no los sucesivos gobiernos que hemos tenido, sino los que hay detrás), se lo ha montado muy bien. Nos han engañado que te cagas, haciéndonos creer que vivíamos en un país ideal, con un paso de una dictadura a una democracia ejemplar, y etc. Buena parte de responsabilidad en esas ideas las tienen los medios de comunicación; pero ha sido muy inteligente meterlos dentro de la ecuación. Y muy sorprendente, viniendo de todos estos catetos que han hecho todas las chapuzas que están saliendo a la luz últimamente. Me imagino que con dinero (u otras cosas) también se puede comprar asesoramiento externo, entre otras muchas cosas.

Aparte de esto, también les tengo que reconocer otra cosa: dado lo fácil que es engañar y manipular al pueblo español, lo tonto es ser un idealista. Es mucho más fácil (y está mejor pagado) ser un chorizo y un delincuente y tener tu yate y tus mansiones y tus fiestas llenas de droga y putas a costa del resto de tus compatriotas. Es lo fácil, y lo más rentable. Y además, hasta inteligente, visto que los muy capullos ni se dan cuenta; ni aun tras salir toda la información a la luz, se dan cuenta. Se siguen creyendo lo que les han metido en la cabeza durante tanto tiempo, aun con toda la evidencia empírica en su contra, porque son incapaces de mirar a la realidad con sus propios ojos. Y además, si después de años de vivir gobernados por delincuentes, sale alguien dispuesto a cambiar las cosas, no se lo creen; porque claro, lo normal es estar gobernados por delincuentes, y todo lo que sea salir de ahí, pues como que chirría. Es para daros la razón a los que habéis estado de chanchullo en chanchullo todos estos años a costa de los demás, sí señor. Porque ole vuestros huevos. Lo habéis hecho del carajo, la verdad.

Ahora, lo malo de ser un idealista es que uno sufre viendo el estado tan lamentable en el que se encuentra este país con tanto potencial. Sufre viendo gente con talento y que vale mucho desperdiciada, o dándole el fruto de su trabajo a otro en vez de utilizarlo para mejorar su tierra y ayudar a sus paisanos a ser mejores. Y sufre cuando ve que uno se tiene que ir de su tierra y su país para que le valoren sus capacidades de una manera justa. Pero claro, es la consecuencia de que haya en lo más alto gente inepta e inútil cuyo único mérito es ser una buena marioneta, y que solo es capaz de valorar el pelotazo y el dinero fácil a costa de los demás.

Lo malo del idealismo es eso. Pero lo bueno, es que se aspiran a ideales más altos y que no son alterables por ninguna ley, ni por ningún orden social. Que por más que gente sin ninguna capacidad para estar dirigiendo una sociedad se empeñe en estarlo, los que más valen van a seguir valiendo más, y solo tienen que ponerse a demostrarlo para empezar a revertir las cosas. Lo malo también es que hay que luchar mucho para conseguirlo, y ese es el escudo tras el que se esconden aquellos. Porque aprovechan cada vez que uno baje la guardia, para volver a pudrir y corromper la sociedad en su provecho. Eso es lo malo y contra lo que nos tenemos que vacunar para que no vuelva a ocurrir. Porque si uno les deja hacerlo, al final lo pagamos todos: nosotros, y los que vengan luego, y en la vida vamos a poder salir de este pozo.

A contracorriente

No sé por qué me ha tocado a mí. Con lo fácil que es dejarse llevar por el rebaño. No dar un ruido. Decir siempre lo que dice el de al lado, dejarse imponer la normas colectivas, sin jamás cuestionar qué sentido tienen ni por qué están ahí, o mismamente si son siquiera justas. Tratar de entender cómo hay que medrar en esta vida o conseguir las cosas que uno quiere sin molestar a nadie, siguiendo los cauces establecidos por esta sociedad.

Yo a la conclusión que he llegado, es que generalmente se hace no siendo honestos. Si uno elige ser honesto, en este mundo, se va a llevar más palos que un extra en una de Bud Spencer y Terrence Hill. La honestidad es esa cualidad tan exigida por todo el mundo en los demás, y tan poco respetada cuando se trata de uno mismo. Porque, como dice la canción de Calle 13, El Aguante”, y dentro de la lógica de nuestra Humanidad, nos creemos la mentira y nadie aguanta la verdad. No aguantamos la verdad porque generalmente duele, y de ahí tenemos que tragarnos mil millones de mentiras, a cada cual más absurda y a cada cuál más gorda. Queremos que nos mientan porque no soportamos el dolor que nos va a poder causar la verdad. Y eso lo sabe mucha gente. Eso es lo que se llama: ‘vivir en sociedad’.

¿Por qué no he podido yo entrar en ese círculo y ser un falsete como los demás que solo diga cosas agradables para conseguir las cosas que quiera?. Bueno, en primer lugar supongo que es porque siempre se me ha dado mal mentir; pero como no sé si eso es la causa o la consecuencia, creo que es algo un poco más profundo. Creo que si he elegido este camino tan jodido de ir diciendo por ahí verdades dolorosas (en muchas ocasiones; en otras muchas también me equivoco yo; la cuestión es saber reconocerlo), es porque sé que si uno se deja llevar por las mentiras al final vivimos una vida de mierda. Una vida en la que posiblemente seríamos felices; pues no hay mejor remedio para la felicidad que la ignorancia; pero no sé hasta qué punto se puede considerar felicidad algo insustancial, que exista en la mente solo del que la vive. Según esa manera de pensar, podríamos vivir todos drogados, como se ha propuesto ya en tantas obras de ciencia ficción distópicas, y ya habríamos resuelto el problema. Porque hoy día, a lo mejor no vivimos permanentemente drogados, pero sí que lo hacemos en buena parte alienados, que no tiene efectos muy distintos: gracias a los medios nos creemos lo que nos queremos creer, y así, nos inventamos nuestra particular visión de la realidad, la que más nos guste a nosotros, que generalmente estará bastante alejada de la realidad. Cuanto uno más se acerca a la realidad real de este mundo, más sufre, más se activa, y más quiere cambiar las cosas.

Me vuelvo a hacer la misma pregunta: ¿por qué me ha tocado a mí?. ¿Quizá porque yo he sufrido en mis carnes, en mis circunstancias personales, las consecuencias de no atenerse a la realidad sino a la que cada uno (en mi caso, algunas personas cercanas) se quiere inventar en su cabeza? ¿O a lo mejor porque yo soy capaz de ver, como tanta otra gente menos alienada, adónde nos pueden llevar las consecuencias de nuestros actos si no las medimos? Pero en ese caso la pregunta sería: ¿por qué tanta gente ha decidido alienarse? ¿Por qué hay tanta gente que da por buenas mentiras que le rodean, si en cuanto cruzas el umbral de tu familia o tu barrio, ya ves que no son así? Es verdad que la verdad duele, pero ¿tanto?.

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Yo personalmente creo que duele mucho más vivir en la mentira permanente. Ya lo hemos visto estos últimos años con la mal llamada crisis: nos podemos creer lo que queramos, pero tarde o temprano, la realidad te golpea. Yo no he querido elegir nunca un camino que le pueda hacer daño a la gente, aunque sea de palabra; pero creo que me ha tocado, cual Morfeo en Matrix, ir despertando a la gente, la que esté dispuesta a despertarse, aunque sea a base de hostias en vez de pastillitas. No porque yo saque nada de esto: sino porque si no, lo paga toda la sociedad. Aunque sea una sociedad que quiera ser engañada y que le cuenten milongas para acostarse más tranquilita todas las noches, y tener a alguien a quien poder echarle las culpas de todos sus males, en vez de hacerlo a sí misma; o algún salvador, sea Jesucristo, o sea la policía, o sea Batman, que pueda venir a rescatarla cuando se encuentre desvalida. Aunque sea una sociedad que creo que no tiene remedio. Pero no me queda otra que intentar arreglarlo, a pesar de mis más que limitadas capacidades, y de todos los palos que me voy a llevar, por nuestro futuro y el de los que puedan venir.