Publicaciones 2.0

Las cosas han cambiado mucho en los últimos pocos años. Hace alrededor de 10 años se pusieron de moda los blogs, con lo que cualquier mierdecilla como yo podía ponerse a escribir y soltar sus opiniones, más o menos desarrolladas, como si le pagaran por hacerlo. Antes de eso, si uno quería que su opinión fuera oída (o leída), tenía más bien pocas opciones: o eras un periodista de renombre, o escribías un libro, que lo más probable es que no lo leyera nadie, o te bajabas al bar de la esquina a discutir con los tertulianos de siempre (en mi caso era la evolución de esto: el botellón de los viernes o la barrilada universitaria correspondiente). De repente, con los blogs, uno podía opinar de todo y con su opinión pululando por la nube, algunos desconocidos hasta lo leerían, y así podría sentirse casi un columnista de El País.

JR+Mora+22M+manipulación+informativa+de+El+País

Antes de que se muriera el periodismo en él, claro.

Esto a mí en particular me ha ayudado mucho. Me ayudó sobre todo a superar la censura esa que decía que no se podía hablar ni de política, ni de religión, ni de fútbol (y menos en casa), y así poder hablar u opinar de cosas que me interesaban, aunque estuvieran “prohibidas”. Me ayudó también a tener que poner en orden muchos pensamientos antes de poder soltarlos y escribirlos, con lo que al final, mis opiniones estaban más elaboradas que las del típico parroquiano del bar o tertuliano de Tele5 o Telemadrid. Somos un país pasional, y esa norma había quedado establecida para evitar discusiones acaloradas que pudieran acabar en odios permanentes o peleas viscerales donde se acabaran sacando hasta los odios de la primera comunión. Por eso, a mí, estas dos cosas me han ayudado y me han servido a poder ser capaz luego de discutir en persona: sin apasionamiento, ya que por lo general lo he meditado todo antes, y sin miedo al qué dirán, porque ya lo he soltado antes en mi blog y no ha pasado nada, e incluso ha habido gente que me ha comentado y piensa lo mismo que yo. Esta es otra de tantas cosas que tenemos que agradecerle a internet.

Pero luego vino Facebook, y luego vino Twitter. Aquí han empezado a cambiar las cosas con la suma de muchas de esas personas que habían interiorizado al máximo esa regla de no se puede hablar de esto ni de esto ni de esto otro… junto a otras muchas más reglas que han hecho de nuestro país una masa de borregos sin cerebro. Yo hablo de mi país, que es España, porque es lo que he mamado y lo que conozco mejor; pero creo que es perfectamente extrapolable a muchos otros sitios y/o a muchas otras épocas. Cada sitio tiene sus cosillas buenas y sus cosillas malas, y en España el problema es lo que podríamos llamar el gen del borreguismo: que aquí se recompensa el no pensar, el obedecer y seguir a la masa ciegamente como un puto borrego que no sabe que tiene una cabeza con cerebro encima de los hombros. Esto es fruto de muchas cuestiones históricas, pero básicamente es la mediocridad del que no ha sabido todavía rebelarse y tomar control de su propio destino (hablando de España como ente, pero que al final se trata de la sociedad que formamos un montón de individuos como yo mismo). De ahí que nuestro país lleve tantos años (y siglos, podríamos decir) gobernado por chorizos y sinvergüenzas que sólo quieren sacar tajada a costa de los demás. Lo de los últimos años no es nada nuevo, aunque nos hayan engañado a todos con la película esa de la Transición, la democracia, y etc.

Con la llegada de la democracia sí que podríamos decir que parte de la responsabilidad de este desastre es de las personas que ahora sí participan activamente en la política (aunque sea votando). Antes no participaban, no hacían nada, simplemente dejarse llevar y procurar salir adelante en el día a día; ahora, ya no es solo el votar, que vale, uno se puede equivocar (que no pasa nada si somos capaces de reconocerlo y rectificar): el problema son los que se equivocan y se siguen creyendo en posesión de la verdad, dando lecciones por ahí y enmendándole la plana a todo el mundo, incapaces de hacer autocrítica y reconocer los puntos en los que estaban equivocados. Cuando todos los demás somos capaces de ver que las cosas no funcionan y no van bien, estos son los que siguen tragándose las mentiras (porque es mucho más fácil, claro, supongo yo), y encima, corrigiendo a todo el que tiene una visión ni medianamente crítica. Estos son los que hacen que el país esté hecho una mierda. Es decir, en términos empresariales, estos son el cuello de botella intelectual de España, en los que se apoyan los chorizos para encaramarse al poder y justificar su posición y todos sus abusos. Los que hacen que no avancemos.

España.

España.

De Facebook y Twitter, que los he mencionado antes, Twitter es otra historia. Si bien a mí me sirve mucho para informarme, al final acabas siguiendo a personas que piensan parecido a ti -incluso los que podríamos decir que no piensan-; y si te enzarzas en una discusión con uno que no lo hace, al final casi nunca se llega a nada -aunque haya dado lugar a unos cuantos ¡ZAS! épicos dignos de enmarcar. Por eso, para mí, la verdadera lucha se encuentra en Facebook.

ZASCA

ZASCA

En Facebook es donde te encuentras a aquellos que he comentado previamente que son nuestro cuello de botella. Por desgracia muchos son gente conocida, amigos, muchos con los que tienes aprecio personal sincero y habéis pasado muchas cosas juntos. A veces hasta familia. Pero una cosa no quita la otra: es gracias a esta gente desinformada y sin punto de vista crítico que nuestro país se encuentra hundido en la mayor mierda que hemos conocido -al menos, toda mi generación-, y es, en ellos, donde reside la clave del cambio: esa parte de la masa social que puede decantar la mayoría hacia un lado o hacia el otro. Por eso, desde hace un tiempo, y por desgracia, porque a nadie le gusta situarse en esta posición, he tomado una postura en Facebook bastante agresiva, ya que, si queremos que cambien las cosas en nuestro país, lo que tienen que cambiar ante todo son las mentalidades de las personas que lo formamos. No es agradable ponerse en plan porculero y tocapelotas con gente conocida, con la que has pasado muy buenos ratos en muchas ocasiones; pero alguien tiene que hacerlo: alguien tiene que decir las cosas poco agradables que han conformado la realidad que estamos viviendo, y ponernos en guardia ante las que pueden venir, que pueden ser mucho peores. Que es mucho más bonito vivir inconscientemente, viviendo solo para el fútbol o para salir por la noche y follar. Pero es que está todo conectado: si votas a unos chorizos que se dedican a saquear nuestro país y destrozar nuestro futuro, a lo mejor en unos años tu preocupación en vez de salir por la noche es qué coño vas a hacer para darle de comer a tu familia; como le está ocurriendo a mucha gente en España a día de hoy. Por eso, entre otras cuantas cosas, he tomado consciencia y me he sentido en la obligación de hacer algo al respecto. Por desgracia, porque me gustaría que fuera algún otro el que lo hiciera, y así no me tendría que haber ganado yo tantas antipatías y hasta odios, de gente que hasta hace no mucho era mi conocida. Alguien tiene que hacerlo, y creo que me ha tocado a mí.

Ambivalencia

Creo que con solo esa palabra puedo resumir lo que es mi visión actual de la vida. Ambivalencia. ¿Qué significa? Dos sentidos. Dos explicaciones, a menudo contrapuestas.

Ejemplos; por miles: el fútbol puede ser el deporte más bonito o puede usarse para matar a uno que no te ha hecho nada; el dinero, la fama, pueden ser algo grandioso y merecido, con los que ayudar a hacer el mundo un lugar mejor… o pueden ser la causa de la autodestrucción de una persona, o el motivo por el que destruir tantas otras cosas; la familia, puede ser el refugio de cualquier persona, el bálsamo que cure cualquier herida… o puede ser el origen de esas heridas.

¿Qué es entonces bueno o malo? Bueno o malo no es nada en sí mismo, sino el uso que se le dé o deje de dar. Para dar usos buenos hace falta tener mucha sabiduría, mientras que el no tenerla implica equivocarse a menudo y causar más daño que otra cosa. Pero de nuevo, equivocarse tampoco es malo; de hecho, es necesario, para descubrir cuáles son esos usos buenos y cuáles son malos, mediante la observación y análisis de las consecuencias. Ya lo decía mi tocayo santo: “Errar es humano; lo que es diabólico, es perseverar en el error”.

El problema es que las personas necesitan reglas simples para vivir, porque la mayoría no usan esa cosa que tienen encima del cuello con ojos, pelo y otras cosas. “Insultar está mal”, aunque nadie te explica que hay veces en las que los insultos son merecidos y necesitan ser dichos; “La familia es lo mejor”, aunque muchas veces sea la causa de más problemas que soluciones. Etc, etc.

Pero por eso, en casa cosa material, en cada proyecto o idea que tenemos, está contenido el uso potencial bueno y el uso potencial malo al mismo tiempo. Cuál de los dos ocurra en la realidad, depende de la disposición personal nuestra. Y ahí está la verdadera cuestión de todo. Por más buenas intenciones que tengamos, si por dentro no estamos bien, lo que sea que hagamos probablemente cause más daño que buenas consecuencias. Pero a día de hoy (y me imagino que ha sido siempre así, aunque no puedo hablar más que de lo que he vivido yo), en este mundo tan rápido que vivimos, prácticamente nadie se para a mirarse por dentro. Todo consiste en vivir a todo trapo, ganar dinero, gastarlo, y que le den por culo al de al lado. Hasta que te toca dejar de vivir a todo trapo. Ahí ya es cuando te preocupas por todas estas cosas subrepticias.

«¿Qué es, pues, el bien?. La ciencia. ¿Qué es el mal?. La ignorancia»

Séneca

Idealismo

Todo hay que reconocerlo: la verdad, la gentuza esta que nos gobierna (no los sucesivos gobiernos que hemos tenido, sino los que hay detrás), se lo ha montado muy bien. Nos han engañado que te cagas, haciéndonos creer que vivíamos en un país ideal, con un paso de una dictadura a una democracia ejemplar, y etc. Buena parte de responsabilidad en esas ideas las tienen los medios de comunicación; pero ha sido muy inteligente meterlos dentro de la ecuación. Y muy sorprendente, viniendo de todos estos catetos que han hecho todas las chapuzas que están saliendo a la luz últimamente. Me imagino que con dinero (u otras cosas) también se puede comprar asesoramiento externo, entre otras muchas cosas.

Aparte de esto, también les tengo que reconocer otra cosa: dado lo fácil que es engañar y manipular al pueblo español, lo tonto es ser un idealista. Es mucho más fácil (y está mejor pagado) ser un chorizo y un delincuente y tener tu yate y tus mansiones y tus fiestas llenas de droga y putas a costa del resto de tus compatriotas. Es lo fácil, y lo más rentable. Y además, hasta inteligente, visto que los muy capullos ni se dan cuenta; ni aun tras salir toda la información a la luz, se dan cuenta. Se siguen creyendo lo que les han metido en la cabeza durante tanto tiempo, aun con toda la evidencia empírica en su contra, porque son incapaces de mirar a la realidad con sus propios ojos. Y además, si después de años de vivir gobernados por delincuentes, sale alguien dispuesto a cambiar las cosas, no se lo creen; porque claro, lo normal es estar gobernados por delincuentes, y todo lo que sea salir de ahí, pues como que chirría. Es para daros la razón a los que habéis estado de chanchullo en chanchullo todos estos años a costa de los demás, sí señor. Porque ole vuestros huevos. Lo habéis hecho del carajo, la verdad.

Ahora, lo malo de ser un idealista es que uno sufre viendo el estado tan lamentable en el que se encuentra este país con tanto potencial. Sufre viendo gente con talento y que vale mucho desperdiciada, o dándole el fruto de su trabajo a otro en vez de utilizarlo para mejorar su tierra y ayudar a sus paisanos a ser mejores. Y sufre cuando ve que uno se tiene que ir de su tierra y su país para que le valoren sus capacidades de una manera justa. Pero claro, es la consecuencia de que haya en lo más alto gente inepta e inútil cuyo único mérito es ser una buena marioneta, y que solo es capaz de valorar el pelotazo y el dinero fácil a costa de los demás.

Lo malo del idealismo es eso. Pero lo bueno, es que se aspiran a ideales más altos y que no son alterables por ninguna ley, ni por ningún orden social. Que por más que gente sin ninguna capacidad para estar dirigiendo una sociedad se empeñe en estarlo, los que más valen van a seguir valiendo más, y solo tienen que ponerse a demostrarlo para empezar a revertir las cosas. Lo malo también es que hay que luchar mucho para conseguirlo, y ese es el escudo tras el que se esconden aquellos. Porque aprovechan cada vez que uno baje la guardia, para volver a pudrir y corromper la sociedad en su provecho. Eso es lo malo y contra lo que nos tenemos que vacunar para que no vuelva a ocurrir. Porque si uno les deja hacerlo, al final lo pagamos todos: nosotros, y los que vengan luego, y en la vida vamos a poder salir de este pozo.

A contracorriente

No sé por qué me ha tocado a mí. Con lo fácil que es dejarse llevar por el rebaño. No dar un ruido. Decir siempre lo que dice el de al lado, dejarse imponer la normas colectivas, sin jamás cuestionar qué sentido tienen ni por qué están ahí, o mismamente si son siquiera justas. Tratar de entender cómo hay que medrar en esta vida o conseguir las cosas que uno quiere sin molestar a nadie, siguiendo los cauces establecidos por esta sociedad.

Yo a la conclusión que he llegado, es que generalmente se hace no siendo honestos. Si uno elige ser honesto, en este mundo, se va a llevar más palos que un extra en una de Bud Spencer y Terrence Hill. La honestidad es esa cualidad tan exigida por todo el mundo en los demás, y tan poco respetada cuando se trata de uno mismo. Porque, como dice la canción de Calle 13, El Aguante”, y dentro de la lógica de nuestra Humanidad, nos creemos la mentira y nadie aguanta la verdad. No aguantamos la verdad porque generalmente duele, y de ahí tenemos que tragarnos mil millones de mentiras, a cada cual más absurda y a cada cuál más gorda. Queremos que nos mientan porque no soportamos el dolor que nos va a poder causar la verdad. Y eso lo sabe mucha gente. Eso es lo que se llama: ‘vivir en sociedad’.

¿Por qué no he podido yo entrar en ese círculo y ser un falsete como los demás que solo diga cosas agradables para conseguir las cosas que quiera?. Bueno, en primer lugar supongo que es porque siempre se me ha dado mal mentir; pero como no sé si eso es la causa o la consecuencia, creo que es algo un poco más profundo. Creo que si he elegido este camino tan jodido de ir diciendo por ahí verdades dolorosas (en muchas ocasiones; en otras muchas también me equivoco yo; la cuestión es saber reconocerlo), es porque sé que si uno se deja llevar por las mentiras al final vivimos una vida de mierda. Una vida en la que posiblemente seríamos felices; pues no hay mejor remedio para la felicidad que la ignorancia; pero no sé hasta qué punto se puede considerar felicidad algo insustancial, que exista en la mente solo del que la vive. Según esa manera de pensar, podríamos vivir todos drogados, como se ha propuesto ya en tantas obras de ciencia ficción distópicas, y ya habríamos resuelto el problema. Porque hoy día, a lo mejor no vivimos permanentemente drogados, pero sí que lo hacemos en buena parte alienados, que no tiene efectos muy distintos: gracias a los medios nos creemos lo que nos queremos creer, y así, nos inventamos nuestra particular visión de la realidad, la que más nos guste a nosotros, que generalmente estará bastante alejada de la realidad. Cuanto uno más se acerca a la realidad real de este mundo, más sufre, más se activa, y más quiere cambiar las cosas.

Me vuelvo a hacer la misma pregunta: ¿por qué me ha tocado a mí?. ¿Quizá porque yo he sufrido en mis carnes, en mis circunstancias personales, las consecuencias de no atenerse a la realidad sino a la que cada uno (en mi caso, algunas personas cercanas) se quiere inventar en su cabeza? ¿O a lo mejor porque yo soy capaz de ver, como tanta otra gente menos alienada, adónde nos pueden llevar las consecuencias de nuestros actos si no las medimos? Pero en ese caso la pregunta sería: ¿por qué tanta gente ha decidido alienarse? ¿Por qué hay tanta gente que da por buenas mentiras que le rodean, si en cuanto cruzas el umbral de tu familia o tu barrio, ya ves que no son así? Es verdad que la verdad duele, pero ¿tanto?.

contracorriente

Yo personalmente creo que duele mucho más vivir en la mentira permanente. Ya lo hemos visto estos últimos años con la mal llamada crisis: nos podemos creer lo que queramos, pero tarde o temprano, la realidad te golpea. Yo no he querido elegir nunca un camino que le pueda hacer daño a la gente, aunque sea de palabra; pero creo que me ha tocado, cual Morfeo en Matrix, ir despertando a la gente, la que esté dispuesta a despertarse, aunque sea a base de hostias en vez de pastillitas. No porque yo saque nada de esto: sino porque si no, lo paga toda la sociedad. Aunque sea una sociedad que quiera ser engañada y que le cuenten milongas para acostarse más tranquilita todas las noches, y tener a alguien a quien poder echarle las culpas de todos sus males, en vez de hacerlo a sí misma; o algún salvador, sea Jesucristo, o sea la policía, o sea Batman, que pueda venir a rescatarla cuando se encuentre desvalida. Aunque sea una sociedad que creo que no tiene remedio. Pero no me queda otra que intentar arreglarlo, a pesar de mis más que limitadas capacidades, y de todos los palos que me voy a llevar, por nuestro futuro y el de los que puedan venir.

A volar de nuevo

Llevo ya tres años en mi tierra desde la última vez que vine. Nunca pensé que fuera a volver tanto tiempo. Desde que empecé a viajar, que coincide justo con cuando me abrí el blog –casi-, me imaginé que mi vida iba a ser un ir de aquí para allá constante. Tenía muchas ganas de conocer mundo, de aprender, de que lo que viviera me cambiara, siempre en un lugar distinto del planeta. Pero mira por dónde, las cosas nunca salen como uno las planea. La vida te trae las cosas que menos te esperas, y del modo que menos te lo esperas y cuando menos te lo esperas. Cuando yo empecé a viajar, pensaba que iba a aprender muchos idiomas, recetas gastronómicas, distintos tipos de arte y maneras de expresión… pero lo que no sabía es que eso me iba ayudar mucho a conocerme a mí mismo. Que tenía dentro cosas con las que tenía que enfrentarme y que me iban a doler mucho. Y que iba a necesitar estar un tiempo parado dedicado exclusivamente a eso, de lo duro que era. No es nada nuevo, supongo que es la eterna historia del hombre que se retira un tiempo de la vida y vuelve a aparecer mucho más sabio y cambiado; lo que no sabemos o no nos cuentan es qué motiva a esas personas a hacer eso, porque a nadie le apetece pegarse 3 años en el desierto o en la montaña solo alimentándose de cucarachas y lagartijas. Yo ahora lo sé; o por lo menos, en mi caso sé que fue necesario retirarme de ese modo, que no lo hice por gusto. Y poco a poco, van viniendo los resultados.

Ahora en unos mesecitos, como ya digo, voy a hacer 3 años desde la última vez que volví de un viaje, o un amago de viaje, que fue aquel de Montpellier. Allí, y en los meses posteriores, fue cuando ya me dije no puedo seguir así. En este mundo donde todo va tan rápido, donde queremos vivir todo de golpe y toda la gente te juzga por el trabajo que tienes y el dinero que ganas, fue una decisión durísima. Durísima pero necesaria. Estos 3 años han sido 3 años de mierda, pero los necesitaba: aislarme de la gente, de la sociedad, de la presión, ir construyendo de nuevo, tranquilamente, los cimientos de mi persona para hacerlos más fuertes. Ahora puedo decir que soy distinto. Todavía no estoy del todo como quiero estar, pero desde luego estoy mucho más cerca.

El caso es que en unos meses me toca largarme de nuevo. No tiene nada que ver con la situación del país, ya que creo que tal como están las cosas, lo mejor que podemos hacer es, quien pueda, quedarnos y seguir luchando contra este gobierno de delincuentes e hijos de puta. Pero yo quiero seguir creciendo y seguir aprendiendo, y seguir haciendo todo aquello que me imaginé cuando empecé a viajar y que no he podido hacer como me gustaría, especialmente en toda esta última racha. Es otra época, tengo otra edad, se supone que debería tener más responsabilidades; pero uno no tiene, o no debería tener, más responsabilidades que las que esté dispuesto a afrontar. Yo ahora mismo necesito seguir disfrutando un poco más. Que las obligaciones ya llegarán, más temprano que tarde.

Así que, llegado el momento de elegir destino, lo tengo relativamente claro. No sé cómo me iré ni en qué plan, pero mis opciones son dos: o a que me gaseen en Turquía, o a profundizar en mi vena romántica celta en Irlanda. El tiempo me dirá cuál es mi destino, y será pronto.

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Rutina anual, como la de todos los años, que quiero mantener. Una especie de felicitarme a mí mismo, pero que en realidad, de lo que se trata, es de dejar impronta de lo aprendido en este último año, desde la última vez que hice esto mismo; para así algún día, poder mirar atrás y poder ver lo madurado o inmadurado con el paso de cada año. Todavía no me he puesto a hacerlo, pero si uno echa un vistazo a mi blog y a sus archivos, que es el verdadero valor de tener un diario, puede ver por dónde andaba cuando cumplí los 28; por dónde no andaba cuando cumplí los 27, porque no escribí ninguna entrada al respecto, y que me da una idea perfecta de por dónde andaba: perdido y casi destruido; cómo fue la entrada en los 26, que fue increíble, pero al mismo tiempo fue la antesala de la perdición, y el día que marcó el comienzo de ella. Es curioso lo que digo en ella, en esa entrada justo: “este lustro, el que va de los 26 a los 30, es el más crucial para lo que voy a ser yo en el futuro“. Joder, y tanto que lo fue. Crucial, digo. Me marcó ese puto día los 3 años siguientes, aunque no diré por qué. El que me conoce lo sabe. Y sí que me marcó, aunque no sé si fue para bien o para mal, eso el tiempo lo dirá. Pero desde luego aquel día, viéndolo en retrospectiva, sí que fue importante, mucho más de lo que pensaba cuando escribí eso, pero lo fue para ese lustro y creo que para el resto de mi vida; aunque todavía no sepa el alcance exacto que va a tener. Y para terminar con el repaso, aquí está la entrada de mis 25, y aquí la de mis 24. La de los 24, que fue el comienzo de todo. Porque esa entrada, la de los 24, fue mi primer cumpleaños del que di cuenta por aquí, y es importante, puesto que creo que para mí, el empezar a escribir en un blog, fue el inicio de mi búsqueda personal. Una búsqueda que di por terminada con esta otra entrada, pero que supongo que no lo estará, porque de buscar uno no termina nunca.

Pero sí, como dije en mi artículo sobre mi entrada en los 26, y a falta de un año para terminarlo cuando llegue a los 30, este lustro ha sido importantísimo. Muy distinto de lo que esperaba, ha sido encontrarse con un problema tras otro, a cada cual más difícil, pero que al mismo tiempo me ha hecho darme cuenta que son los problemas los que marcan nuestra personalidad. No son los momentos de paz, alegría y felicidad, son los momentos en que las circunstancias te pueden, en los que te exigen, y te hacen pensar y repensar la manera de salir airoso y sobrevivir a ellas. Los momentos de felicidad nos hacen disfrutar de lo aprendido en los momentos de dificultad, porque sin ellos, no podríamos disfrutar los otros plenamente. Como por ejemplo, la feria, que es en lo que estamos este año. Porque además, como mandan las tradiciones cordobes-sevillanas de que soy parte, este año mi cumpleaños ha caído en feria. Así que, qué coño, a celebrarlo me voy con todo el que se preste; ya me tocará afrontar dificultades en otro momento, pero esta semana es de feria.

Pues eso, besitos y rebujitos pa tol mundo.

Portada

Mi padre

Este título tan soso, de esta entrada tan personal, encierra muchas cosas. Para empezar, creo que si algún día me hice un blog, fue para poder escribir esta entrada en algún momento; reunir el valor necesario y la habilidad con la escritura suficiente para poder decir exactamente lo que quiero decir. Estos últimos 5 años de blog han sido solo un entrenamiento para esto, simplemente para poder hablar de esto, para poder coger confianza con el medio escrito y poder abrirme desde dentro hasta aquí.

Con esto solo quiero decir que voy a hablar de la persona que más me influido en mi vida: mi padre. La peculiaridad del tema es que lo ha hecho solo una vez muerto. Un padre normalmente es un modelo de vida, un ejemplo a seguir, la persona adulta en la que nos reflejamos cuando somos niños. A veces demasiado, puesto que podemos anularnos a nosotros mismos intentando ser él. Pero para mí no, para mí ha sido mi ejemplo a no seguir, la persona que no quiero ser. No porque fuera mala persona, que no lo era, sino por una cosa fundamental: se rindió. No fue capaz de resolver lo que le atormentaba. Desde el momento en que lo supe, y quizá desde antes porque lo intuía, me dije a mí mismo que no me rendiría jamás; que seguiría día tras día analizando mis problemas hasta encontrarles una solución, para no verme nunca en la situación de estar en un callejón sin salida. Para no verme en la situación de decir ‘tiro la toalla’, y dejarle toda mi mierda a los demás, que no han hecho nada para merecérsela. Y es una lucha dura; aunque necesaria.

Porque mi padre, sin ser nunca mala persona, nunca fue capaz de afrontarlos. Siguió huyendo y huyendo, buscando el placer inmediato, incapaz de pararse y mirarse a sí mismo. Y seguramente no fuera por mala voluntad, seguramente fue por miedo, miedo al dolor, a afrontar una realidad demasiado dura, una realidad que hace temblar los cimientos más íntimos de nuestra persona. Pero eso lo único que causó fue que no fuera capaz de ponerle freno, y ir acumulando mierda encima de mierda, haciendo la bola cada vez más grande; hasta que un día explotó. Un día tuvo que explotar, y lo hizo, causando tal terremoto en su familia y seres cercanos, que sus problemas siguieron sin resolverse: los traspasó a los demás. ¿Por qué nadie quiere volver la vista hacia la parte desagradable de la realidad? ¿Por qué todo el mundo no hace más que huir?. Pero bueno, esto no va sobre los demás, esto va sobre mi padre, que además de cobarde, fue un irresponsable, dejando toda la mierda que él no fue capaz de afrontar a los demás. Y así se crea una cadena de mierda hasta que a alguien se le ocurre cortarla; y ese alguien me parece que me ha tocado ser a mí. Pero no por nada, sino porque quiero ser feliz, no quiero vivir con esta mierda dentro de mí, que yo no he hecho nada para tenerla y me ha impedido vivir en condiciones durante demasiado tiempo ya. Demasiado limitado en mis adentros, sin haber hecho nada para estarlo.

Luego piensas que sí, que todo el mundo tiene sus problemas, pero me la pela: yo tengo los míos y trato de resolverlos para siempre, no de huir hacia delante poniendo parches aquí y allá. Si para los demás hacer eso es una solución, allá ellos: ya pasarán a pasarles la factura, ya que nunca se habrán ido del todo. Si uno es capaz de aceptar sus límites interiores nunca crecerá, si acepta las cosas que no funcionan en su vida como algo normal nunca las resolverá; porque además los hay que hemos tenido unos límites demasiado opresivos, demasiadas cosas que no han funcionado, y haberlas aceptado habría sido lo mismo que dejar de vivir. Y me niego a dejar de vivir. Yo no pedí nunca esta vida, pero ya que me la han dado, voy a disfrutarla en toda la plenitud que me sea posible: y eso se hace por dentro, no por fuera.