Publicaciones 2.0

Las cosas han cambiado mucho en los últimos pocos años. Hace alrededor de 10 años se pusieron de moda los blogs, con lo que cualquier mierdecilla como yo podía ponerse a escribir y soltar sus opiniones, más o menos desarrolladas, como si le pagaran por hacerlo. Antes de eso, si uno quería que su opinión fuera oída (o leída), tenía más bien pocas opciones: o eras un periodista de renombre, o escribías un libro, que lo más probable es que no lo leyera nadie, o te bajabas al bar de la esquina a discutir con los tertulianos de siempre (en mi caso era la evolución de esto: el botellón de los viernes o la barrilada universitaria correspondiente). De repente, con los blogs, uno podía opinar de todo y con su opinión pululando por la nube, algunos desconocidos hasta lo leerían, y así podría sentirse casi un columnista de El País.

JR+Mora+22M+manipulación+informativa+de+El+País

Antes de que se muriera el periodismo en él, claro.

Esto a mí en particular me ha ayudado mucho. Me ayudó sobre todo a superar la censura esa que decía que no se podía hablar ni de política, ni de religión, ni de fútbol (y menos en casa), y así poder hablar u opinar de cosas que me interesaban, aunque estuvieran “prohibidas”. Me ayudó también a tener que poner en orden muchos pensamientos antes de poder soltarlos y escribirlos, con lo que al final, mis opiniones estaban más elaboradas que las del típico parroquiano del bar o tertuliano de Tele5 o Telemadrid. Somos un país pasional, y esa norma había quedado establecida para evitar discusiones acaloradas que pudieran acabar en odios permanentes o peleas viscerales donde se acabaran sacando hasta los odios de la primera comunión. Por eso, a mí, estas dos cosas me han ayudado y me han servido a poder ser capaz luego de discutir en persona: sin apasionamiento, ya que por lo general lo he meditado todo antes, y sin miedo al qué dirán, porque ya lo he soltado antes en mi blog y no ha pasado nada, e incluso ha habido gente que me ha comentado y piensa lo mismo que yo. Esta es otra de tantas cosas que tenemos que agradecerle a internet.

Pero luego vino Facebook, y luego vino Twitter. Aquí han empezado a cambiar las cosas con la suma de muchas de esas personas que habían interiorizado al máximo esa regla de no se puede hablar de esto ni de esto ni de esto otro… junto a otras muchas más reglas que han hecho de nuestro país una masa de borregos sin cerebro. Yo hablo de mi país, que es España, porque es lo que he mamado y lo que conozco mejor; pero creo que es perfectamente extrapolable a muchos otros sitios y/o a muchas otras épocas. Cada sitio tiene sus cosillas buenas y sus cosillas malas, y en España el problema es lo que podríamos llamar el gen del borreguismo: que aquí se recompensa el no pensar, el obedecer y seguir a la masa ciegamente como un puto borrego que no sabe que tiene una cabeza con cerebro encima de los hombros. Esto es fruto de muchas cuestiones históricas, pero básicamente es la mediocridad del que no ha sabido todavía rebelarse y tomar control de su propio destino (hablando de España como ente, pero que al final se trata de la sociedad que formamos un montón de individuos como yo mismo). De ahí que nuestro país lleve tantos años (y siglos, podríamos decir) gobernado por chorizos y sinvergüenzas que sólo quieren sacar tajada a costa de los demás. Lo de los últimos años no es nada nuevo, aunque nos hayan engañado a todos con la película esa de la Transición, la democracia, y etc.

Con la llegada de la democracia sí que podríamos decir que parte de la responsabilidad de este desastre es de las personas que ahora sí participan activamente en la política (aunque sea votando). Antes no participaban, no hacían nada, simplemente dejarse llevar y procurar salir adelante en el día a día; ahora, ya no es solo el votar, que vale, uno se puede equivocar (que no pasa nada si somos capaces de reconocerlo y rectificar): el problema son los que se equivocan y se siguen creyendo en posesión de la verdad, dando lecciones por ahí y enmendándole la plana a todo el mundo, incapaces de hacer autocrítica y reconocer los puntos en los que estaban equivocados. Cuando todos los demás somos capaces de ver que las cosas no funcionan y no van bien, estos son los que siguen tragándose las mentiras (porque es mucho más fácil, claro, supongo yo), y encima, corrigiendo a todo el que tiene una visión ni medianamente crítica. Estos son los que hacen que el país esté hecho una mierda. Es decir, en términos empresariales, estos son el cuello de botella intelectual de España, en los que se apoyan los chorizos para encaramarse al poder y justificar su posición y todos sus abusos. Los que hacen que no avancemos.

España.

España.

De Facebook y Twitter, que los he mencionado antes, Twitter es otra historia. Si bien a mí me sirve mucho para informarme, al final acabas siguiendo a personas que piensan parecido a ti -incluso los que podríamos decir que no piensan-; y si te enzarzas en una discusión con uno que no lo hace, al final casi nunca se llega a nada -aunque haya dado lugar a unos cuantos ¡ZAS! épicos dignos de enmarcar. Por eso, para mí, la verdadera lucha se encuentra en Facebook.

ZASCA

ZASCA

En Facebook es donde te encuentras a aquellos que he comentado previamente que son nuestro cuello de botella. Por desgracia muchos son gente conocida, amigos, muchos con los que tienes aprecio personal sincero y habéis pasado muchas cosas juntos. A veces hasta familia. Pero una cosa no quita la otra: es gracias a esta gente desinformada y sin punto de vista crítico que nuestro país se encuentra hundido en la mayor mierda que hemos conocido -al menos, toda mi generación-, y es, en ellos, donde reside la clave del cambio: esa parte de la masa social que puede decantar la mayoría hacia un lado o hacia el otro. Por eso, desde hace un tiempo, y por desgracia, porque a nadie le gusta situarse en esta posición, he tomado una postura en Facebook bastante agresiva, ya que, si queremos que cambien las cosas en nuestro país, lo que tienen que cambiar ante todo son las mentalidades de las personas que lo formamos. No es agradable ponerse en plan porculero y tocapelotas con gente conocida, con la que has pasado muy buenos ratos en muchas ocasiones; pero alguien tiene que hacerlo: alguien tiene que decir las cosas poco agradables que han conformado la realidad que estamos viviendo, y ponernos en guardia ante las que pueden venir, que pueden ser mucho peores. Que es mucho más bonito vivir inconscientemente, viviendo solo para el fútbol o para salir por la noche y follar. Pero es que está todo conectado: si votas a unos chorizos que se dedican a saquear nuestro país y destrozar nuestro futuro, a lo mejor en unos años tu preocupación en vez de salir por la noche es qué coño vas a hacer para darle de comer a tu familia; como le está ocurriendo a mucha gente en España a día de hoy. Por eso, entre otras cuantas cosas, he tomado consciencia y me he sentido en la obligación de hacer algo al respecto. Por desgracia, porque me gustaría que fuera algún otro el que lo hiciera, y así no me tendría que haber ganado yo tantas antipatías y hasta odios, de gente que hasta hace no mucho era mi conocida. Alguien tiene que hacerlo, y creo que me ha tocado a mí.

Acabemos con el hambre en África

El que llegue aquí atraído por el título se va a encontrar justo lo opuesto. Pero bueno, creo que me ha tocado cargar un poco contra el buenrollismo mundial reinante. Y es que me toca mucho los cojones todo el tema de Luchemos por África, con todos esos millones de € vivirían 4 aldeas africanas durante 3 años, etc. Vamos a ver, que no es tan fácil. Que esas comparaciones son falsas y no basta con trasladar unos numeritos de un continente a otro. El hambre en África es solo el síntoma más evidente de un problema estructural mucho más grande. Lo mismo podríamos decir de Latinoamérica, aunque allí el problema es ligeramente distinto: si bien ellos están integrados dentro del mundo occidental, por ser herederos de nuestra cultura española, sus problemas actuales son el resultado de haberse quedado con lo peor de ella: su elitismo y grandes diferencias sociales; e incluso haberlo agravado con el tiempo. Mientras que Norteamérica, habiendo sido una colonia igual, se quedó con lo mejor de aquellas potencias que la colonizaron: la pujanza de las clases medias, que es la contraposición de los imperios europeos que hubo: mientras el Imperio Español venía del feudalismo y una monarquía absolutista (algo que le sirvió para gobernar bien durante un par de siglos o tres), el Imperio Británico estaba cimentado sobre una clase media con mucha fuerza y mucha iniciativa (y por eso, de hecho, se independizaron pronto de aquéllos).

Pero en fin, a lo que venía es a hablar de África. ¿Alguien de verdad se cree que firmando alguna petición online se va a arreglar algo? Es que incluso llevando comida a África, lo único que estamos haciendo de ellos es unos yonquis dependientes de nosotros, sus camellos. No digo que me guste verles morir de hambre, pero es un hecho que hasta que no aprendan a ser autosuficientes no van a salir adelante. Que encuentren algo para lo que valen de una vez y consigan venderlo. Porque aunque se construyeran muchas escuelas por parte de voluntarios muy voluntariosos europeos u occidentales, ¿eso de qué les sirve?. Evidentemente ayuda a mejorar algo la situación, pero si el padre del niño que sea le obliga a ponerse a trabajar a los 10 o 12 años, ¿para qué sirve esa escuela?. Algo les habrá ayudado al principio, un poco por obligación, pero luego la bofetada de las necesidades materiales les devuelve de nuevo a la realidad. Por lo menos les mejoran las condiciones, eso es cierto, pero siguen siendo los últimos del mundo y no tiene vistas de mejorar. ¿Y cómo podrían tener menos necesidades, donándoles nosotros las cosas que necesitan?. Pues a lo mejor podrían, pero como depender de lo que te donan los demás es algo irreal y absolutamente insostenible, pues ahí siguen como siempre.

Los únicos que están haciendo algo por África son los chinos. Sí, los chinos. Mientras aquí llevamos años haciéndonos pajas mentales con las campañas del 0’7, de ongs por el mundo, y etcétera, etcétera, los chinos, que necesitaban mano de obra barata (aún más barata que ellos, se entiende), se han dedicado a invertir allí en África para convertirles en sus productores. Y así es, una sociedad no sale adelante con la construcción de escuelas u hospitales de campaña por parte de 4 o 5 chavales bienintencionados. Sale adelante con dinero. Con un flujo de dinero estable y constante. Sale adelante cuando tú le pagas a un grupo de locales africanos por un trabajo que te han hecho, y ellos luego van a gastárselo en su barrio para el resto de cosas que necesitan, y así se crea una espiral económica positiva. Y si siguen ganando dinero, sus hijos no tendrán que trabajar en edades infantiles, además se creará una economía interrelacionada en la que unos se ofrecen servicios y cosas unos a otros, y ganará dinero más gente; con suerte podrán invertir algo de ese dinero en la educación de sus hijos, y así irán formando mejores ciudadanos y mejores personas, más tolerantes y menos fanáticos y talibanes, que demandarán aún más a su sociedad y a su gobierno; y así es como esa sociedad podrá salir adelante y dejar de depender de la buena voluntad extranjera. Por supuesto que se puede viciar el proceso, y por el camino habrá que lidiar con la precariedad de esos empleos, con las condiciones de justicia social, etc, pero desde luego, tendrán algo por lo que luchar, no como ahora, que no tienen NADA.

Que no es tan fácil, claro que no, porque primero hay que romper muchas barreras, cada uno en su sociedad; esquivar las prácticas corruptas de cada gobierno, o ir aguantándolas hasta que haya mucha gente en posición de hacerles frente. Pero desde luego, dándole clic a una petición online no va a arreglar nada. Ni va a acabar con las lapidaciones ni con las abluciones, porque no les podrá dar a esa gente educación suficiente para que se den cuenta que lapidar o hacerle una ablución a una mujer no está bien. Ni les va a dar dinero suficiente para que los niños tengan que dejar de trabajar. Ni para que tantos otros tengan que dejar de empuñar un arma para tener qué comer. Me hace mucha gracia la corriente buenrollista que hay ahora en el mundo: queriendo movilizar a la gente para qué, ¿para acabar con un tirano maníaco de Uganda? ¿Es que no se dan cuenta que si aquellos pobres siguen sin tener trabajo, dinero para vivir, educación… se van a cargar a uno para que al poco salga otro?. África será un mucho mejor lugar el día que, en vez de hacer vídeos virales de mierda, nos dediquemos a invertir dinero allí, a construir y crear trabajo estable para los africanos del lugar. Obviamente eso no es tan fácil, y por eso la gente no lo hace: porque es altamente arriesgado, porque allí hay golpes de Estado cada 4 o 5 años, porque no hay infraestructuras que hay que construir, porque hay que sobornar a miles de funcionarios corruptos… Pero si nos preocupamos de verdad por África, ese es el único camino: darles no dinero, sino trabajo, que aprendan a salir adelante por sí mismos. Y dejémonos de hipocresías, que preocuparnos por los niños africanos desde nuestra casa es muy fácil. ¿Quieres hacer algo por los niños africanos? Crea un negocio y dale trabajo a unos cuantos locales de algún país africano. De ese modo estarás haciendo algo; firmando una petición online no: absolutamente nada.

Tomar el sol

Tomar el sol es uno de los comportamientos más estúpidos engendrados por la raza humana. Todo para ponerse moreno, y ¿qué significa eso?. Nada, porque estar moreno no es ni más bonito ni más feo estéticamente hablando. Simplemente, por los códigos sociales, se puso de moda el ponerse moreno porque eso significa que habías tenido tiempo libre, que habías estado de viaje o de relax en algún lugar de sol y playa (viniendo además esta moda, con toda la lógica del mundo, de los países del norte), y en general, que te lo habías pasado bien. Y de ahí se ha asumido que estar moreno es ‘bueno’. Pero de ahí a pegarse horas como un gilipollas sin moverse al sol hay un rato. Que me hace especial gracia cuando lo hacen los guiris en las terrazas de alguna de nuestras ciudades interiores: ¿¿pero de verdad hay necesidad de sufrir tanto y voluntariamente?? Que hacerlo en la playa a la brisa del mar o en un parquecito con los árboles tiene su pase; pero hacerlo bajo los 40º o 45ºC de Córdoba o Sevilla en verano es de masoquista con saña. Porque es así: pones en juego tu salud, pierdes tu tiempo sin hacer absolutamente nada, y encima, por si fuera poco, lo pasas jodidamente mal; porque no me jodas, tomar el sol en España la mayor parte del verano es como una tortura china, como si te metieran en un horno o te tuvieran con varias lupas al sol apuntándote todo el rato.

Pero bueno, es una moda social, y como tal hay que seguirla. Sin que la gente se pregunte por qué. Simplemente hay que tomar el sol. Más bien: hay que estar moreno. Porque mucha gente lo que quiere es estar morena sin tomar el sol. Y eso, que me lo expliquen, por favor. Porque además de perder su sentido social, como ya he explicado antes, es feo y antiestético: qué gracia me hacen los morenos esos color café tostado más artificiales que la playa de Barcelona. Eso, además de no ser bonito, a mí por lo menos me da la sensación de que esa persona es más bien gilipollas: si se preocupa de su apariencia hasta tal punto de que quiere estar moreno/a a toda costa aun incluso sin haber ido a la playa, es que es tonto/a del culo. Mira que antiguamente pasaba lo mismo pero al revés: el canon de belleza era estar blanquito, como los nobles, que eran entonces quienes estaban todo el día de jolgorio y sin muchas preocupaciones laborales; y había quien tendría un blanquito natural, y habría quien querría conseguirlo a toda costa, haciendo cosas como beber vinagre y porquerías así, para conseguir parecer lo más desmejorado posible. Pero ahora ha cambiado. Es la misma gilipollez, pero de distinto sentido. Ahora bien, que echar un rato en la playa o en el parque con los amigos es una maravilla; o leyendo; o para estar un poquito en contacto con la naturaleza, el sol, la arena, el mar; o viendo tetas, vamos a no ser demasiado políticamente correctos. Pero lo justo, que es lo equilibriado, como siempre: ni estar todo el día pasándolo mal y perdiendo la salud y el tiempo por el camino para poder enseñarlo en la oficina luego, ni tampoco estar todo el día encerrado en casa: que nos tiene que dar un poco el sol, hombre. Pero sin querer que nos dé para poder decir luego ‘¡Mira cuánto me ha dado!‘. Que una cosa es que nos dé, que es lo sano, y otra es tomarlo, que suele tender al exceso.

tomando el sol

De los nombres propios y su transcripción

Desde hace un tiempo le llevo dando vueltas al tema. Más concretamente desde el viaje q hice a Italia en septiembre. Allí conocí un par de chavalas gerundenses, y, en especial una de ellas, ellas con su radicalismo catalán no concibían que Gerona, su Girona, tuviera algún otro nombre en el mundo que Girona. Más concretamente una de ellas, la ya comentada como un poco más radical, no aceptaba un gentilicio para ellas que no fuera gironina. Me dijo explícitamente Yo no me identifico con otra palabra que no sea gironina. O sea, que la palabra gerundense ya deberíamos estar tirándola a la basura, según ella. Y esto, señores, seamos claros, es una gilipollez como un castillo. No por nada, a mí me encantan las lenguas y soy muy partidario de que se preserven y fomenten todas ellas, las más regionales incluidas. Pero si estamos hablando castellano/español decir Girona es una gilipollez como un tráiler de grande. Para eso ya existe una palabra en castellano que es Gerona. Porque, puestos ya en un caso un poco más lejano, nadie dice cuando habla con un amigo ‘Oye que me voy a London este fin de semana’. O ya más extremo todavía, si nos vamos a Aarhus, en la vida podremos pronunciar esa ciudad como hacen los daneses, porque su nombre original proviene de otro idioma con un sistema fonético completamente distinto. Por eso, existe la transcripción de esa palabra a nuestro idioma, y a todos los demás, para poder usarla y entendernos entre hispanohablantes cada vez que nos refiramos a esa ciudad sin tener que aprender danés por el camino. En ese sentido, la ley que hubo hace un tiempo de transcribir todos los nombres oficiales de las ciudades de España a su lengua regional, que está bien para determinadas cosas, se ha llevado a un extremo absurdo (por no hablar de lo de las lenguas regionales en el Senado, pero eso es otro tema). Está bien para darle un poco de preeminencia a cada lengua regional en su región, pero no hay que olvidar que la lengua oficial de todo el Estado, en las regiones también, es el castellano, y no se debería obviar esto. O sea, debería existir el nombre regional y al lado también el nombre en español; porque si no luego pasan gilipolleces como esa que he comentado antes, que uno de Gerona se cree que Girona es el único nombre que existe en el mundo para su ciudad y tratan de imponerlo a los demás, y no.

Con los nombres de pila es distinto. Existen las traducciones de los nombres también a cada lengua, pero en este caso cuando una persona se presenta no le cambias el nombre. Al menos no ipso facto. Creo que aquí la perdurabilidad en el tiempo tiene mucho que ver. Si uno conoce un día a un François, los primeros días puede probar a decirle François, en francés; pero si vuestro idioma de comunicación es el español fijo que acabas cambiándoselo, a Fran, Paco, Paquito, o lo que sea, porque decir François para un castellanohablante es muy fatigoso, y un par de veces puedes hacer el esfuerzo, pero ya si se convierte en algo habitual no. Por eso cuando los hispanohablantes hablamos entre nosotros los nombres los leemos como los vemos escritos, y así nos referimos a ellos. Por ejemplo, cuando hablamos de Angela Merkel no decimos Anguela Megkel, como se diría en alemán, decimos Ángela Merkel, que es como lo leemos nosotros. Y tratar de alemanizar el nombre cuando se habla de ella en un telediario, por ejemplo (lo he escuchado), es una gilipollez: si las cosas se hicieran así un presentador de telediario se tendría que saber todos los idiomas del mundo para poder pronunciarlos. Con respecto a los nombres de pila como digo lo normal es decirlos como los leemos, o tratamos de reproducir como los escuchamos con nuestro sistema fonético, pero no los transcribimos, sin que eso sea algo raro ni esté mal. Al menos no en un momento inmediato. En el Renacimiento por ejemplo sí se hacía, y así Thomas More en español se escribe Tomás Moro, o los reyes eran Francisco I de Francia o Enrique VII de Inglaterra, sin que nadie se pusiera tonto con los idiomas: era simplemente para un uso más sencillo de un nombre que en aquella época era común.

Yo lo que quiero decir con esto es que se tiene que hacer un uso sensato de los idiomas. Ni imponer un idioma central a todos los demás, que el patrimonio lingüístico y cultural de España debería ser mucho mayor de lo que es ahora mismo; ni tampoco irse al otro extremo, al del fundamentalismo lingüístico, que es lo que se está dando más de lo que debería en Cataluña y el País Vasco. Como el del amigo Josep Lluis, que no es capaz de entender que yo no puedo pronunciar un nombre en catalán porque no estoy acostumbrado a su fonética.

Fomentar el uso de las lenguas regionales en sus regiones sí, pero sin radicalizar la cuestión y sin marginar el castellano, que es lo que nos une a todos.

El Décimo Arte

Hasta el siglo XIX existían 6 artes, las artes clásicas, o sea, las ahora llamadas bellas artes: arquitectura, escultura, pintura, música, declamación (literatura) y danza. Esta clasificación nos viene de la Grecia antigua, y se mantuvo así por los siglos hasta el siglo XIX, y especialmente el XX. Estos siglos vieron nacer 3 artes más: el cine (el séptimo arte), la fotografía y el cómic (aunque en realidad fue anterior al séptimo y octavo, pero su reivindicación como arte sí es posterior). Y hay uno más, que creo que todavía no se tiene en cuenta, pero que con el tiempo se le reconocerá como tal: los videojuegos.

Pong

Pong

Los videojuegos empezaron siendo un mero entretenimiento electrónico, un juego para niños y chavalillos, y quizá por eso ahora mismo tienen un valor residual. Pero esto ya ha dejado de ser así para entrar en nuestras consciencias al máximo nivel. ¿Quién no recuerda la musiquita del Mario? ¿o la del Zelda?. ¿Quién no se acuerda de los desquiciados diálogos de los Monkey Island?. ¿Quién no ha pasado un miedo que te cagas con el Resident Evil o el Silent Hill?. Los videojuegos a estas alturas han alcanzado la capacidad de transmitir muchísimas cosas, a través de sus gráficos, sus músicas, sus guiones y argumentos, sus mecánicas de juego… han creado su propio lenguaje. Empezaron como un entretenimiento electrónico pero han adquirido su propia personalidad y su propio lenguaje hasta el punto de convertirse en una forma de expresión artística más. Desde el modo de colocar y dibujar sus píxeles o texturas, hasta el uso de la música y los efectos de sonido en cada situación o el desarrollo de cada personaje o la historia en función de las acciones del jugador. Pero ya con el desarrollo de las máquinas que los soportan cada vez se han vuelto más complejos y nos han dado muchas más posibilidades; que claro, para aprovecharlas, hay que ser muy bueno y tener una gran capacidad artística además de informática. Hay videojuegos que son casi películas: por la trama que tienen, por el desarrollo de los personajes, por las situaciones en que te meten; y los hay que aunque no tienen un argumento, sí que tienen un componente artístico muy fuerte: los de coches o carreras, como el Gran Turismo, o los Wipeout, que me encantan y consiguen que me metan en cada carrera; los de lucha, con sus personajes cada uno con una historia personal y estilo de pelear propio; los de tiros, que es otro subgénero diferente; etcétera. Ahora llegan al mismo nivel de emociones que cualquiera de las artes mayores.

Pero bueno, primero creo que deberíamos pensar qué es arte. La RAE lo describe perfectamente: Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. Aunque yo pondría entre paréntesis lo de desinteresada. Porque puede serlo o no. Pero aquí ya podemos hacer una interpretación más o menos amplia de la cosa: para mí, arte podría ser un anuncio de televisión, el dibujo de un envoltorio de chicle, una composición de una escena mundana con personas sin que se den cuenta, estupideces del márketing, como los tazos o los vasos de la Nocilla… Todo eso tiene parte de arte. Y no sólo, también, con todo eso, han creado lo que se ha venido a llamar cultura pop, que es básicamente dar valor cultural (porque lo tiene) a cualquier cosa corriente y vulgar a nuestro alrededor, porque fue diseñado con emociones y sentimientos e ideas, desde lo más zafio y vulgar, hasta lo más elevado, para el pueblo llano, y que se pueden apreciar perfectamente teniéndolos delante. Para mí, el arte es un medio por el que transmitir entre personas emociones, ideas o sentimientos. Y en esa definición cabe prácticamente todo, sólo hay que saber imprimirle a tu medio elegido lo que quieres transmitir.

Fistrooorl

Puro arte

Luego está lo que podríamos definir como ARTE con mayúsculas. Que hoy día no es más que, por lo general, el hogar de la pretenciosidad y el culturetismo de los que se creen algo más, como intelectualmente superiores, o yo qué sé. Que no lo entienden ni ellos, vaya, y tratan de buscarle un significado más allá del que se puede ver sólo para sentirse por encima de los demás. Pero con esto me refiero a hoy día. Cuando hablamos de ARTE nos referimos normalmente a artistas consagrados a lo largo del tiempo, maestros y virtuosos cada uno de su respectiva disciplina artística, que han influido en el resto de personas, de su época o posteriores, o en el devenir de su propio arte evolucionándolo. Básicamente los que han grabado sus nombres en la Historia dedicándose a alguna de las artes ya mencionadas. Que esos no son muchos, y de los que hay hoy día pocos llegarán a serlo.

La Fragua de Vulcano

Esto SÍ es ARTE

Por ejemplo, podríamos hablar de Banksy, que para mí ha revolucionado el concepto del arte tal como se entendía hasta ahora. Aquí es donde podemos ver a lo que me refiero un poco más arriba: el medio da igual, lo que importa es que te transmita. Y ahí está Banksy, que igual utiliza una acera o un muro, o se cuela en un museo, o hasta con un puto elefante es capaz de expresar cosas. Para el que las sepa entender, claro, que en este caso no suelen ser los culturetas, porque en la mayoría de sus obras lo que hace es meterse con ellos y con su concepto elitista del arte.

Banksy

Guardando la mierda donde no se vea

Pero bueno, eso ya es otro tema, a lo que venía es a hablar de los videojuegos como arte. ¿A qué videojuegos has jugado que no te hayan transmitido algo?. Los que más y los que menos lo conseguían; a no ser, claro, que fueran malos del copón. Desde aquel lejano Pong, que hoy podría considerarse arte minimalista pero que entonces lo único que era era una patata, técnicamente hablando; hasta los juegos híper3D, o incluso 4D de hoy día, pasando por los gráficos 2D para cualquier cosa, desde carreras (que hoy es vergonzoso pararse a recordar esos circuitos en 2D y cómo iban acercándose a medida que avanzabas) a partidos de fútbol, o lo que fuera. Pero hay auténticos hitos en la historia de los videojuegos como arte: los ya citados Mario Bros y Zelda, los primeros Final Fantasy (y los posteriores hasta el 8 -en mi opinión-), los Monkey Island y casi todas las aventuras gráficas de Lucasarts, los Metal Gear Solid, los Gran Turismo, que aun si no te gustan los coches te acaban gustando de la pasión por el motor que son capaces de imprimirles sus creadores, los Street Fighter y Tekken… En fin, podríamos seguir así hasta el infinito, pero como yo no he jugado a todos los videojuegos del mundo tampoco quiero extenderme porque fijo que algunos se me acabarían olvidando. Para eso ya hay muchos artículos por ahí.

Lo único que yo quiero decir es que los videojuegos se han convertido en un auténtico arte, que cada vez tienen más importancia como producto, no de entretenimiento, sino cultural, y ya mismo dejarán de considerarse un producto cultural o de entretenimiento menor. Cualquiera ha disfrutado de un buen videojuego igual que hemos disfrutado de una buena película o un buen libro, y aunque parezcan cosa de niños o de personas inmaduras, no lo son, ni lo serán, en tanto buenos creadores y artistas se encarguen de ellos, que es lo que ocurrirá. Y ahí estaremos nosotros para disfrutarlos.